La hija de la Casa Albert – Capítulo 34

Traducido por Maru

Editado por Ayanami


La madre de Mary, la Señora de la Casa Albert, Carrel, no tuvo que pedirles que se apresuraran. Sin ninguna explicación o tiempo para cambiarse de ropa, para cuando se dieron cuenta, ya estaban en el carruaje.

Era una presión abrumadora, como era de esperar de la señora de la Casa Albert. El rumor acerca de que una vez hubo varias rivales fuertes en el amor pero, en un parpadeo, una de ellas se acercó al siguiente jefe de la Casa Albert y ganó la pelea, era probablemente cierto. Todos los que habían escuchado esa historia solo podían decir que fue algo brillante.

Aunque ella actuaba como una buena esposa y madre, después de su matrimonio con la Familia Albert, su capacidad coercitiva seguía siendo fuerte. Mirando hacia atrás, entre esa madre y el carruaje de caballos frente a ella, Mary miró el rostro de su madre.

—Mmmm…madre, puedo ir en mi propio carruaje.

—Oh, ¿qué estás diciendo, Mary? Tenemos prisa, así que sube.

Con resignación y un empujón en su espalda, Mary subió al carruaje y se sentó a regañadientes en el asiento frente a la parte trasera del carruaje. En otras palabras, en el asiento inferior.

—Oh, Mary, ¿por qué te sientas ahí?

—Madre, tenemos prisa, ¿no? Por ahora, vamos a partir.

Ser rápidos, esta vez era Mary quien urgía a su madre.

Carrel no pudo evitar subirse al carruaje, pero con una mirada extraña, se sentó en el lugar donde Mary normalmente tendría que sentarse. Sintiéndose fuera de lugar cuando enfrentaba a su hija, inconscientemente, inclinó su cabeza, balanceando su cabello ondulado suavemente.

El último en entrar fue Addie. Entró como un apropiado asistente, excusándose y disculpándose, antes de sentarse junto a Carrel.

Esta vez, los ojos de Carrel se ampliaron, porque realmente no entendió el significado de esa acción.

Mary y Addie, ambos deben entender el significado entre el asiento inferior y superior.

Pero de alguna forma, ambos se sentaron a la inversa. Mary actuó como si fuera algo normal, mirando por la ventana mientras disfrutaba del viento. Por otro lado, Addie miraba la ventana con expresión de disculpa. Se veía pálido.

De qué se trata…los miró, mientras el carruaje se balanceaba.

—Por favor, no te preocupes madre. —Dijo Mary tras fijarse en su mirada —Addie se marea con facilidad, hasta el punto de que se desmayará si va en el otro asiento.

— ¡Ah! ¿Entonces es por eso?

— ¡Mis disculpas, Señora! Sé que esto es grosero, pero no importa qué. El asiento inverso…solo el asiento inverso…

Quizás…imaginarlo también era malo, ya que Addie volvió a palidecer, mientras se disculpaba…y luego, volvió a apoyarse en la ventana con un aspecto cansado. Parecía que eso de marearse era verdad.

Su hija, que comprende su aflicción, se sentó en el asiento inferior, mientras pensaba en la posición de Carrel como madre. Carrel la miró, mientras parecía no tener cuidado y contemplaba el paisaje.

—Si Mary está de acuerdo con esto, yo también. ¿Te sientes bien?

—Sí. Incluso puedo leer el diccionario mientras estoy en ello. —dijo Mary.

—Eso es porque los canales semicirculares de la Señorita están protegidos por esos bucles taladro… [1]

—Sin embargo, el paisaje desde ese lado parece mejor. Addie, cambia de lugar conmigo.

—Lo siento, me callaré. Cualquier cosa menos eso. Si no, en el caballo o el techo es mejor…

—No quiero montar un carruaje con un humano pegado al techo. Cuando hablas empeoras las cosas. Solo mira el paisaje.

—Sí…

Carrel solo pudo mirarlos con asombro, mientras Mary terminaba la conversación con un “Honestamente”. Y luego, entendiendo la situación, sus ojos rojos se entrecerraron, mientras sonreía.

Cuando su hija salía, siempre lo hacía horas antes de la hora programada, pero aun así, no había gran diferencia con la hora de llegada. Cada vez que se le preguntaba, Mary siempre respondía que estaba disfrutando del paisaje y esquivaba las preguntas.

En primer lugar, era extraño cuando Mary, que no tenía deseos materialistas como otros nobles, pidió su carro personal.

— ¡Un carruaje de caballos es suficiente! —era lo que decía cada vez que otras personas se jactaban, pero cuando era necesario, ella siempre tomaba su propio carruaje.

Y todo eso era lo que la hacía diferente de los demás nobles…ya veo. Así que es por esto. Pensó Carrel, mientras sonreía levemente, pero ellos no se dieron cuenta.

Cuando llegaron al Palacio Real, todo estaba en un caos. La gravedad de ese caos llegaba a tal punto, que nadie los recibió a su llegada, a pesar de que quien los visitaba era la Casa Albert.

Si miraban de cerca, había gente que rara vez visitaba el Palacio Real. Incluso los eruditos. Todos ellos eran personas distinguidas, lo que daba a entender que la situación actual era muy importante.

—Esto es terrible…

—Bueno, no se puede evitar, después de todo, encontraron a la princesa desaparecida.

Este nivel de confusión era algo que no había sucedido antes, sin pensar que Mary y Addie también estaban allí. Una criada vino corriendo hacia los dos con prisa.

Solo hacer una leve reverencia a la Señora de la Casa Albert era algo impensable de imaginar en el Palacio Real. Aun así, Carrel se hizo cargo de la situación. Miró a su alrededor, atrapó e interrogó a una doncella cercana y tiró de la mano de Mary.

—Madre, ¿qué pasa? Si tienes asuntos aquí, ¿por qué me traes también…?

—Honestamente, qué hija tan problemática. Debes ayudar a tu amiga cuando está en problemas.

— ¿Amiga? ¡¿Quién?!

—Por supuesto, la señora habla de Alice. Además, mi Señorita no tiene ningún otro amigo.

—Addie, recordaré esto cuando regresemos al carro.

— ¡Ah! ¡Lo siento!

Mary le gritó de nuevo a Addie y él exclamó cuando le recordaron el carruaje de caballos. Frente a eso, Carrel los reprendió.

— ¡Hey, no discutan!

Parecía una madre común, pero eso era algo fuera de lugar en un noble.

Con una vivacidad y velocidad que no se adaptaban a la imagen de alguien de la Casa Albert, continuaron corriendo hacia el concurrido Palacio Real. Sin embargo, dentro del caos, nadie tuvo tiempo de prestar atención. No parecían darse cuenta de que Mary estaba allí en absoluto. La gente que decía lo que quería, la que irritaba y chasqueaba la lengua y la que gritaba a las criadas preguntando cuándo regresaría el Rey.

Pero, nada de esto se podía evitar en una situación tan confusa.

Debido a la pérdida de su primer hijo, la Reina no tuvo más hijos. No porque ya no los quisiera pero, el impacto de perder a su amada hija se lo puso difícil.

Ambos dejaron de tener hijos, a pesar de la insistencia de su entorno. Cuando las circunstancias lo permitieron, algunos familiares con conexión sanguínea con la Familia Real hicieron sus maniobras secretas, algunos incluso intentaron enviar concubinas al Rey. Hasta hubo una propuesta para abolir la monarquía.

Mientras pretendían estar en paz, el interior se arremolinaba con el deseo de cada persona. En esa situación, apareció Alice. Una niña con sangre real legítima. Y, como la niña estaba cerca del primer hijo de la Casa Dice, algunos incluso consideraron que este buen partido era un milagro.

Por supuesto, mientras había personas felices, había otros que no. Especialmente aquellos que apuntaban a ocupar la silla del Rey y se movían en las sombras, este acontecimiento era como echar sal al mar.

Y, para colmo, tanto el Rey como la Reina estaban fuera por asuntos diplomáticos, no había nadie que pudiera tomar una decisión y resolver el problema.

Sin nadie para aclarar la confusión a medida que pasaba el tiempo, todo estaba peor.

Con todo el mundo escondiendo su deseo interno, se prueban sus intenciones dentro del caos. Así el Palacio Real fue la mayor concentración del caos.

Dentro de la sala llena de personas de la realeza, el Primer Ministro y las personas que tenían autoridad en el país, Alice estaba sentada en medio de todo. La sala de reuniones del Parlamento, o como se llame, tenía una puerta pesada y el guardia de seguridad la vigilaba para evitar la entrada. Incluso cuando desconocían la situación del interior, la atmósfera era pesada.

Mary y Addie estaban de pie ante esa puerta con la cara pálida.

—M…Madre… ¿tú…quizá…?

—Señora…por favor tenga cuidado.

Con un “De ninguna manera” dentro de sus mentes, vieron a Carrel pararse dignamente frente a la puerta.

Sin embargo, aun si es la Señora de La Casa Albert, no, precisamente por serlo, debería ser consciente de la pesada atmósfera que proviene de la habitación.

En realidad, algunos de los nobles los observaban desde hace un tiempo pero, definitivamente, no se acercarían. Estaban interesados en lo que sucedía dentro, pero saben que si entran, la presión los aplastaría.

Los que estaban dentro, desprendían una pesada atmósfera. Con solo pensar en eso, Mary sintió que se le revolvía el estómago y dudó hasta en tocar la puerta.

—Madre, incluso si estamos aquí, la reunión aún no ha terminado. Vamos a tomar un poco de té en alguna parte.

—C…cierto, Señora. Estar de pie la cansará. ¿Qué tal si tomamos prestada la habitación y descansamos?

Mary y Addie intentaron apelar desesperadamente, pero como era habitual, Carrel se elevó a su máxima altura, sin responder a su hija, miró la puerta y llamó con su puño.

— ¡Madre!

— ¡Señora!

— ¡¿Te estás volviendo loca?!

Y así, la voz de Mary y Addie hizo eco en todo el pasillo alfombrado.


[1]: Los canales semicirculares constituyen una parte del oído interno que se encarga del equilibrio.

Maru
Bueno, supongo que de tal palo, tal astilla xD

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One thought on “La hija de la Casa Albert – Capítulo 34

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