La Princesa derriba banderas – Capítulo 33: La investigacion de la princesa reencarnada (2)


Después del shock, el carruaje se detuvo repentinamente.

Me deslicé fuera del asiento, con el apoyo de Sir Leonhard. Su hermoso rostro tenía una máscara severa, y la atmósfera a su alrededor se volvió tensa.

—Iré a evaluar la situación. Su alteza, no se mueva.

Asentí en silencio. Sir Leonhard me soltó, y puso una mano sobre la puerta del carruaje.

— ¡Lo lamento mucho!

Sin embargo una voz del exterior lo detuvo antes de que pudiera abrir la puerta.

— ¿Su alteza no está herida?

—Su alteza está a salvo. ¿Qué ocurrió?

Sir Leonhard me mantenía segura tras él, mientras dirigía sus preguntas al exterior.

—Señor, alguien repentinamente saltó frente al carruaje.

—…………

Cuando Sir Leonhard abrió la puerta, vi a mi paje y al cochero al otro lado.

Espera, ¿Qué? ¿Dijo que alguien saltó? E-Esa persona no fue arrollada, ¡¿cierto?! Fue un golpe tan fuerte… ¡¿estaban bien?!

— ¿Esa persona está herida?

—Logramos esquivarla, y creíamos que estaba bien, pero-

Sir Leonhard bajó del carruaje, y cerró la puerta mientras conversaba con el cochero.

Deje mis cosas dentro del carruaje, no había nada más que hacer aparte de imaginar qué había ocurrido en base a su conversación. De acuerdo a fragmentos de esta, parecía que un muchacho se había lanzado frente al carruaje.

Aparentemente pudo evitar hacerse daño, por lo que las cosas parecían estar bien.

Respiré un poco más calmada, sintiéndome tranquila.

Pero la conversación repentinamente se detuvo. No oí ninguna indicación inquietante, pero había sorpresa en el tono de Sir Leonhard.

¿Qué pasó? Sentía mucha curiosidad.

—Su alteza.

— ¿S-si?

Había una grieta en la puerta, y podía oír las voces de afuera. Eso significaba que me había posicionado impropiamente con mi cabeza pegada a la puerta. En pánico, me apresuré a ir a mi asiento.

Su tono impaciente cambio por uno de sorpresa, pero Sir Leonhard continúo sin importarle mi conducta. En lugar de decir que dejó pasar mi extraño comportamiento, sería más correcto decir que no le dio importancia dado la situación.

—Tenemos un pequeño problema.

—Por favor deme su reporte. —Respondí arreglando mi postura.

No creo que alguien como yo pueda arreglar algo que Sir Leonhard considera un problema, pero la persona con mayor rango social era yo. Eso significaba que yo era la responsable.

Estaba obligada por mi deber, pero en contraste con mi entusiasmo, Sir Leonhard solo habló tras un incómodo silencio.

—El joven que saltó es el hijo de un noble de la casa del Vizconde de Diebold.

—………

Diebold. Sonaba terriblemente familiar.

Cerré mis ojos, y pensé.

Incluso si lo había oído antes, no pude recordarlo. Diebold, Diebold, me repetía a mí misma, buscando en mis memorias.

— ¡…………!

Repentinamente un recuerdo, los gráficos de un hombre con un fascinante rostro. Largo, cabello negro con un tinte de azul y ojos almendrados del mismo color. Finos labios que siempre llevaban una sonrisa misteriosa y que hacían difícil leer sus emociones.

El estaba completamente vestido con los atavíos blanco puro de un monje.

Con una simple mirada conseguía que las personas se confundieran. Un hombre con un atractivo peligroso —Michael von Diebold.

Entonces era él.

Estaba extasiada respecto a lo que había recordado, entonces palidecí al instante.

¡¡No es este el Señor Oscuro!!

El hijo de Diebold era el Señor Oscuro, ¡¡¿no?!!

Completamente sorprendida por el giro de los eventos y la bomba que me había sido lanzada, estaba completamente confundida y no sabía qué hacer.

Al final, escapé de la realidad. Así mismo. La casa de Diebold tenía dos hijos, si recordaba correctamente.

— ¿Es el hijo mayor?

Sir Leonhard me concedió el honor de destruir amablemente mi estado de negación. De algún modo parecía atónito.

—El es Michael von Diebold.

¡Y era el!

—Su alteza. No hay peligro para usted aquí. ¿Podría concedernos el honor de descender del carruaje? —Preguntó Sir Leonhard. Quizá pensó que no era lo suficientemente rápida.

Sus palabras me recordaron que Michael no era aún el Señor Oscuro, por lo que solté un suspiro de alivio.

El día en que él se convierta en el Señor Oscuro, aún está lejos, muchos años en el futuro. Suponiendo que fallara en destruir esa bandera.

—Comprendo.

Tomé aire profundamente. Abrí la puerta, y bajé del carruaje con mi mano tendida a modo de demanda. Uno de los guardias que me recibió con la cabeza baja, el cochero y… un chico desconocido.

—…………

¿Quién?

Un signo de pregunta afloró en mi mente, me quedé mirando al muchacho detenidamente.

Pensé que Sir Leonhard había dicho que Michael estaba aquí, pero no había rastro del apuesto y peligroso hombre – quien habría lucido estupendamente a la luz de la luna bañado en sangre.

—Ah, um…

Cabello negro con un matiz de azul, cortado uniformemente en la parte posterior de su cuello. Ojos almendrados que miraban a hurtadillas tras sus largos mechones.

El era alto, pero delgado, por lo que no pude evitar pensar en él como un enclenque. El término “niño destartalado” vino a mi mente.

Sus hombros estaban encorvados hacia adelante. Miró a su alrededor inquieto, con las cejas contraídas por la preocupación. Emitía sonidos sin sentido, con una voz quejumbrosa. Sea cual sea la posición en la que lo miraba, no pude encontrar en este chico al Señor Oscuro lleno de una autoconfianza desbordante.

El muchacho se agitó, incómodo bajo mis ojos escrutiñadores, y me quedé en silencio por un momento.

¿Cual era el punto de darle al Señor Oscuro, (El tipo en el que este chico se iba a transformar) fobia social?

—Alteza. —Sir Leonhard me dijo en tono de reproche, como si fuera incapaz de dejar al muchacho solo cuando parecía que estaba apunto de echarse a llorar.

Como si estuviera intentando protegerse a sí mismo, Michael emitió un tierno puchero que sonó como un maullido.

¿Hm? ¿Por qué un maullido?

Cuando me acerqué, había un gato completamente negro en sus brazos. Un par de gemas azules me devolvieron la mirada, mirándome con duda y sospecha. Pero mayoritariamente era lindo.

—Parece que estaba tratando de salvar al gato de ser arrollado cuando saltó frente al carruaje.

— ¿Es así? ¿Estás herido?

Michael se ruborizó furiosamente, y bajó la cabeza.

—Eh… uh…s-si. —respondió en pocas palabras con un tono muy fino.

Incluso si intentaba verlo con una luz favorecedora, él no era atractivo era… algo así como lindo. Aunque decirle lindo a un chico de su edad es un tanto inadecuado, creo.

—Ah… yo, yo soy un aprendiz de monje. M-mi nombre es Mi-Michael von Diebold. N-no tenía idea de que era un carruaje de la casa real. P-por favor perdóneme.

¡DETENTE AHORA MISMO! grité en mi mente.

Me sentía culpable de que intentara disculparse tan desesperadamente, incluso con la dificultad que tenía para hacer que salieran las palabras, pero no podía soportarlo más. Para ser franca, a causa de las memorias de mi vida pasada, no podía creer que la culpa de que su discurso inarticulado a causa de los nervios ocurriera por culpa de otra persona.

—Es maravilloso que nadie esté herido. —dije mientras le daba una sonrisa cargada de perdón.

El muchacho sonrojado bajo su cabeza a la altura de su pecho lo más que pudo. Era lamentable verlo retorcerse en sí mismo, por lo que quería dejarlo ir rápidamente, aunque había algo que me molestaba.

¿Qué estaba haciendo Michael en un lugar como este solo?

Pese a que estábamos en medio de la ciudad, había una gran distancia hasta el Gran Templo. ¿No era un poco lejos para un recado?

— ¿Qué trae a un honorable monje del Gran Templo hasta aquí? —Sir Leonhard hizo la pregunta en mi lugar.

¿El también pienso que hay algo raro?

Michael confundió sus palabras con una acusación.

—Er …aahh… um, no tengo la intención de ha-hacer algo malo.

La sangre se fue de su rostro mientras negaba con su cabeza desesperadamente.

—No se preocupe. No estoy interrogándolo. Pensé que tal vez necesitaba ayuda si algo lo preocupaba.

Sir LeonHard le dio su mejor sonrisa de negocios, la tensión dejó a Michael y él bajó sus hombros. ¿Inconscientemente? el abrazó al gato. El amistoso gato no parecía querer salir corriendo.

—M-mi trabajo está hecho, por eso tenía tiempo libre, y fui al orfanato.

De acuerdo con su historia, después de terminar sus deberes en el Gran Templo, él se iba al orfanato y les prestaba ayuda.

—Es probablemente por mi propio egoísmo. —dijo mientras miraba hacia abajo.

¡¿Quién era este pequeño ángel?! ¡Qué muchacho más bueno!

—No, para nada. De hecho creo que eres asombroso. —dije con una sonrisa y el rostro de Michael se tornó radiante.

—L-la v-verdad, es que quiero visitar villas lejanas, y no solo las que están en la ciudad real. Y-yo aún no he recibido permiso.

— ¡!

Había estado animándolo, como si consintiera a un niño pequeño, escuchaba a Michael que hablaba con placer, pero  me detuve a medio camino.

¿El dijo que quería visitar otras villas?

Incluso si no estalla la guerra, y la enfermedad no se propaga, ¿el futuro no ha cambiado?

El aprendiz de monje irradiaba energía mientras hablaba de sus planes para recorrer el reino entero si conseguía permiso. Su habilidad de tomar acción, se contradecía con su naturaleza introvertida.

—…………

Un mal momento. Definitivamente un mal momento. Necesito hacer algo, de una forma u otra, pero solo siento la presión y nada de lo que se me ocurre es bueno.

Sir Leonhard, quien había permanecido en silencio, intercedió.

—Su alteza, tengo una petición.

¿Una petición? Me volví hacia él interrogante, y él lentamente parpadeó dos veces para enviarme un mensaje.

—Me han reportado que se han detectado sujetos sospechosos previamente, en esta misma área. Si algo le llegara a pasar al señor monje si regresa solo. Si su alteza me da la autorización, yo podría escoltarlo. Cuando los deberes de su alteza terminen. ¿Qué piensa sobre enviarlo al Gran Templo?

—Lo apruebo.

—Eres muy amable.

¡Excelente jugada Sir Leonhard!

¡Eso es correcto, podemos secuestrarlo y persuadirlo en la marcha! ¡Incluso si sonaba irracional, la próxima vez que nos encontraramos sería maravilloso si él deseara hacer un acuerdo conmigo!

—Er, um……¿huh?

Incapaz de seguir el desarrollo de los hechos, Michael se confundió aún más y en sus brazos el gato despreocupado maulló.

 

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