La Princesa derriba banderas – Capítulo 36: La investigación de la princesa reencarnada (5)


—Verdaderamente imperdonable.

—Por favor, ignoralo.

Sonreí irónicamente a las dos personas inclinándose una a la otra dentro de la residencia de la familia Eicher.

Justo después del último incidente, se preguntaron… —A todo esto…¿Quién eres tú? —Entonces Georg y Michael comenzaron a presentarse. Parecía que iba a tomar al menos veinte minutos que recordaran que yo seguía ahí.

Percatandose de mi presencia, sola, aún en la entrada, todos se apresuraron a disculparse.

No estaba enfadada. Sin embargo, sentía envidia de cómo los dos muchachos pudieron volverse amigos tan fácilmente.

Más importante, era la “medicina” que el Señor Julius había mencionado.

Me apresure a abordar el tema, y Georg me lo explicó de forma sencilla.

Esto es lo que ocurría. Un comerciante que trabajaba para el Señor Julius había tropezado con eso.

Cuando estaba en la ciudad portuaria de Nebel, un marino que estaba quedándose en la misma posada había presentado una fiebre alta.

Cuando el mercader escuchó de ello por primera vez no captó su interés, sin embargo, esto era porque no representaba ninguna situación fuera de lo común. Si el viaje era largo, era natural que la salud se viera afectada, y aquellos que presentaban síntomas o se sentían enfermos no eran pocos. Sumado a esto estaban en invierno, por lo que un resfrío común no habría llamado la atención de nadie.

En el mejor de los casos el marinero se recuperaría en un par de días.  

El pronóstico del mercader no estaba del todo errado, pero tampoco era del todo correcto.

Al día siguiente la fiebre disminuyó, y el marinero parecía haberse recuperado, pero volvió a presentar fiebre dos días más tarde.

El médico le había prescrito un antipirético, pero era prácticamente inefectivo, por lo que el marinero rápidamente comenzó a verse más débil.

Ese fue el momento en que el médico se percató de que no era un resfriado común, pero era la primera vez que se enfrentaba a estos síntomas. Es en estos momentos, cuando todos esperan lo peor, que la ayuda viene de sitios inesperados.

Coincidentemente, una embarcación extranjera había desembarcado en el puerto debido a una tormenta, y cuando uno de los marineros les contó la historia, ellos le dieron la medicina al doctor. Ellos habían visto esa sintomatología previamente.

Como precaución, le aconsejaron que tomara la medicina por los siete días siguientes, y le dejaron un poco de medicina extra al médico, y partieron en cuanto la tormenta se calmó.

Tomando en serio las palabras del marino extranjero, el médico y su ayudante, cuidaron al paciente.

El subordinado del Señor Julius pensó que indudablemente se encontraba ante una medicina extraordinaria, y compró lo que quedaba de ella.

Sin embargo aquí comenzaba el problema.

Como Georg había mencionado antes, los materiales necesarios, el método de producción y todo lo demás, aún eran desconocidos. No había tecnología alguna que pudiera analizar las propiedades de la medicina a diferencia del mundo moderno, incluso si tenían el fármaco mismo en sus manos.

Si se buscaba en los registros del puerto, podrían saber a qué reino pertenecía  la nave extranjera con el sujeto clave, pero encontrarlo era casi imposible.

Incluso si lograban encontrar al sujeto, entrar en contacto con él tomaría tiempo. Y por sobre todo eso, el médico dijo que el marino había obtenido la medicina de otra persona.

Todo estaba en nuestra contra.

—Es un elemento fascinante, pero… tenemos muy poca información para continuar. Como una mercancía y un ítem de propiedades desconocidas, tomaría una buena cantidad de tiempo y dinero, y eso no sería todo. —dijo Georg en un suspiro.

El Señor Julius sonrió irónicamente.

—Y ahí lo tienes, deprimido por ese tipo de pensamiento.

—No es que no confie en tu juicio, pero creo que no es algo en lo que debamos trabajar por ahora. Manejar esa investigación mientras aún nos estamos expandiendo representa mucho riesgo.

Ese era el mayor problema. Con casi ninguna prueba, incluso con algún hallazgo, algo que no podía ser añadido como mercancía representaba un enorme riesgo y el gasto de una buena cantidad de dinero.

Pero aunque mi cerebro comprendía perfectamente, no estaba dispuesta a rendirme.

Algo estaba haciendo presión en mi pecho. Si hablábamos de mis memorias del juego, no había nada que se me viniera a la mente, pero tenía la sensación de que las respuestas que podía dar se presentaban frente a mí.

Ya sea si decidía investigar o rendirme, el futuro iba a cambiar. Tenía esa sensación de que me encontraba en un punto sin retorno.

— ¿Podría sostenerla…?

—Adelante.

Con el permiso concedido, busqué el cartucho sobre la mesa. Incluso mirándolo de cerca, ninguno de nosotros tenía la menor idea de sus componentes.

Intenté olerlo mientras estaba en mis manos, pero fue en vano. Comparada con la medicina china tradicional, este era un objeto inodoro. Y, por un instante sentí el aroma de tierra o plantas. Era todo.

He tenido muchas oportunidades de entrar en contacto con las hierbas medicinales, por lo que tenía la esperanza de reconocer algo, pero estaba equivocada. Estaba completamente en la oscuridad.

Estaba consciente de mi poca experiencia en el tema. Aún me encuentro aprendiendo muchas cosas, pero incluso si pretendo convertirme en una experta en todas ellas, solo he estado estudiando de forma superficial, sin especializarme en nada.

Inconscientemente, casi solté un suspiro.

— ¿…………?

Me percaté de algo por el rabillo del ojo, cuando me giré a ver, encontré a Michael observando la medicina con mucho interés.

— ¿Te gustaría verla? —le pregunté espontaneamente y él afirmó.

Después de que le entregué la medicina, dirigí mi mirada desde Michael a Georg.

—Señor Julius, Georg.

—Si.

— ¿Qué es?

Mirándolos a ambos, por un momento, estaba llena de indecisión.

Si, comenzaba a hablar y me detenía. No estaba pidiendo un favor de un amigo, estaba aquí por negocios. No estaba siendo arrogante.

Parpadeé una vez. Respire profundamente, y comencé de nuevo.

— ¿Me enviarían esta medicina?

—…………

Los ojos de Georg se abrieron, y la expresión del Señor Julius cambió.

—En el palacio hay hechiceros y boticarios. Ellos tienen más conocimiento que yo, y si pudieran examinar el original, creo que podrían hallar algo. Por supuesto también me encargaré de revisar los registros del puerto.

— ¿Quieres decir que tu vas a investigarlo?

—Si.

Si trataba de encontrar una pista, entonces podría regresar y negociar con estos dos. Pero un acuerdo comercial con tantos factores inciertos no podría llamarse un trato.

Sería tratado como simple egoísmo.

— ¿Podría saber tus razones? —preguntó Georg.

Sus ojos amatista me miraban de forma penetrante.

—Nuestro reino continuará teniendo relaciones diplomáticas con muchos otros reinos. Nuestros puertos especialmente, pues recibirán las naves que provengan de estos reinos lejanos. Será muy tarde cuando las personas comiencen a padecer una enfermedad similar a la que sufrió ese marinero. Además, dependiendo de las circunstancias, no es imposible que más personas se infecten.

Siguiendo la historia de Georg, era invierno cuando el marinero se enfermó.

La ruta de la infección era desconocida, pero en caso de que existiera un vector para esta, pero que se mantuviera en su forma inactiva como en los insectos o los animales, era posible que no hubiesen más contagios, sin embargo, no podía dejarle todo a la suerte.

—Es una enfermedad que  no puede ser curada con las medicinas que existen en nuestro reino, y existe la posibilidad de que pueda ser tratada, solo depende de mis esfuerzos, la razón es tan simple como esa.

—Señorita Marie…

—Por favor no se confundan. No estoy condenando a ninguno de ustedes. No diré algo tonto como que deberían lanzarlo todo por la borda con tal de salvar vidas ya que tienen poder y dinero. Una caridad y una empresa son diferentes. Hay cosas que ustedes deben proteger, por lo que no deben sentirse avergonzados.

Mis conocimientos y mi habilidad no podían prevenir una pandemia.

Ya era bastante difícil con el uso de la medicina moderna, por lo que una pequeña niña como yo, no tenía casi ninguna posibilidad en un mundo sin el equipamiento adecuado.

Pero era diferente para la Princesa Rosemarie. Incluso sin conocimiento médico, ella tenía poder.

—Sin embargo, soy una princesa. Con el fin de proteger a mi gente y sus vidas, haré todo lo que esté en mi poder.

—………

El silencio reino por un instante.

Georg inspiró profundamente, y miró al Señor Julius a su lado.

—Comprendo. —dijo el Señor Julius. El afirmó por alguna razón sonriendo con sus ojos llenos de vida —Hay tres reservas de medicina, por favor toma una de ellas.

— ¡Ah…!

—Tengo que disculparme por las otras dos, nosotros también investigaremos por nuestro lado, por lo que las necesitamos.

— ¿Huh…?

Gracias, abrí mi boca para decirlo, pero me congelé.

Estaba atónita por este rápido desarrollo.

¿Qué acaba de decir?

— ¿Podría solicitarle que revise los registros del puerto? Será mucho más rápido si lo hace usted en lugar de que nosotros enviemos la petición y esperemos el procesamiento de esta. Si el reino de donde provino el bote puede ser identificado comenzaremos a trabajar desde ahí.

—Uh…

—En cualquier caso, el doctor no tiene ningún conocido que sea hechicero, ¿por lo que debería dejarte a ti el trabajo de pedir la opinión de uno? Si es posible, uno con el atributo de la tierra, pero ¿Queda alguno en esta época?

—Eh, ummm… no tenemos ningún hechicero con el atributo de la tierra.

—Bien, entonces, investigaré si hay alguno en este distrito. Incluso uno con un nivel bajo de poder podría ser útil, alguien con conocimientos sobre plantas es preferible también, incluso más que un hechicero de otro atributo.

La conversación progresó rápidamente mientras yo aún permanecía en un estado de confusión.

No estoy segura de cómo estos dos hombres de la casa Eicher se unieron a mi investigación, pero ¿Por qué?… ¿Cuando ni siquiera pensaba pedirselos? ¿Me he quedado dormida con los ojos abiertos?… no, no, eso es tonto.

—Si hay algún progreso, lo reportaremos inmediatamente en detalle.

—Um, ¡Perdón! —interrumpí al Señor Julius.

— ¿Si?

—Ustedes… ¿están ayudándome? —pregunté, dudosa.

—Si.

La respuesta que esperaba me haría sentir mortificada si había confundido el significado de sus palabras, fue inmediatamente afirmada.

— ¿Por qué razón…? —Pregunté casi sin voz.

Se supone que debería estar determinando las cosas que deberíamos establecer, y preguntándoles si están de acuerdo… pero pese a que este giro de los acontecimientos se tornó completamente a mi favor y debería estar encantada con este desarrollo de los hechos, la confusión no desaparecía.

Debería haberme visto patética, porque el Señor Julius sonrió con una expresión en la que me era imposible distinguir si estaba preocupado o si se estaba divirtiendo.

Pero no sentí malicia. Su mirada era amable.

—La razón es muy sencilla. Tu eres nuestra…benefactora, la benefactora del Vizconde de Eicher.

— ¿Benefactora?

Me estremecí.

—Si no hubieses visitado nuestra casa, mi cuñada seguiría enferma, postrada en su cama.

No había hecho nada fuera de lo normal. Estaba segura de que no podía hacer nada sola.

—Eso no fue gracias a mi solamente… De hecho, mis capacidades son escasas. Con la ayuda de los demás, y es el fruto del esfuerzo de la tía.

Eso era lo que yo creía.

El Señor Julius sacudió su cabeza. Al momento siguiente, sus ojos se volvieron distantes como si evocara al pasado.

—No, si tu no hubieses venido aquí… si Su Alteza Real no nos hubiese visitado, nada de esto habría sido posible.

Mi ojos se abrieron ampliamente al ser llamada con ese título nuevamente.

—Mi hermano mayor ama a mi cuñada tanto, que es incapaz de ser estricto con ella. Incluso aunque yo decía que no era bueno para su cuerpo permanecer encerrada, él no hacía caso a mis sugerencias, diciendo que afuera hacía mucho frío. Incluso cuando traía comidas nutritivas o medicina, si mi cuñada se negaba a tomarlas, no había de otra más que resignarse, no había forma de forzarla.

—Bueno, no era nada fáciles de tomar, su sabor era horrible, no hay duda de porque las odiaba. —dijo el Señor Julius con una sonrisa irónica.

Asentí a modo de acuerdo mientras continuaba escuchando.

Además de las recetas y las rutinas higiénicas, nada de lo que hice fue especial. No fue idea mía, solo que no se habían puesto en uso.

El cabeza de la familia no estaba en posición de negarse, y su compañera, Lady Emma, a quien le encantaban los niños, no tenía fuerzas para intentarlo. Ella decía que yo era muy talentosa.

—A pesar de que creía que alguien podía cambiar las cosas por aquí, me había rendido hacía mucho tiempo. Después, cuando llegaste, y la condición de mi cuñada comenzó a mejorar, fue la primera vez que agradecí a Dios por el milagro que había ocurrido.

—Llamarlo milagro es una exageración…

—No es una exageración. Tu eras incluso más pequeña que mi sobrino, pero tener el conocimiento para cuidar de otros, es de hecho un milagro. Pues no solo ofreciste soluciones, sino que prestaste ayuda. Haciendo uso de tu propio tiempo para venir a esta casa desde el palacio, compartiendo nuestras penas y alegrías. ¿Sabes lo raro que es ese atributo? —Dijo el Señor Julius con energía.

El tono de su voz era inusualmente activo, como si se hubiese elevado y sus mejillas estaban encendidas, sus ojos brillaban como los de un muchacho.

Consternada, me eché para atrás un poco, antes de darme cuenta de lo maleducada que era, y aclaré mi garganta.

Georg, quien había permanecido en silencio mientras escuchaba, sonrió irónicamente a su tío y habló.

—Fue gracias a tí que mi madre recuperó su salud y que mi padre y mi tío puedan concentrarse en sus deberes, y del mismo modo, yo pueda estudiar tanto. Sin el miedo de que mi madre parta de mi lado cualquier día, hemos podido estabilizarnos. No cabe duda de que la persona que nos mostró el futuro y nos permitió seguir adelante eres tú.

Era una sonrisa gentil.

La distorsión y el enojo que estaban en el juego, no se veían por ninguna parte. Era suave y cálido, una sonrisa encantadora que me hizo sonreír de vuelta, y finalmente pude sentirlo.

El futuro había cambiado, una tragedia había sido evitada.

—Su Alteza Real, Princesa Rosemarie. A ti, quien ha dado tanto para salvar nuestra familia, es hora de que nosotros expresemos nuestra gratitud y respeto.

—Esta vez permítenos servirte.

Ambos se inclinaron ante mí en una profunda reverencia.

 

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