La Princesa derriba banderas – Capítulo 37: La investigación de la princesa reencarnada (6)


Tras muchas deliberaciones y mortificaciones, decidí depender de su generosidad.

Tenía mis aprensiones. Sin embargo, más que mis propios conflictos, lo más importante en este momento era encontrar un método para reproducir esa medicina.

Este no es momento para dudar,  me obligué a entrar en razón.

Solicité su ayuda y dejé atrás la residencia del señor Julius.

Dentro del carruaje de regreso, pensaba utilizar mis habilidades de persuasión en Michael. Pero la persona en cuestión apenas estaba conmigo.

Pese a que respondía cuando se le llamaba, su mente estaba ausente. Él incluso miraba al piso en silencio, y era fácil decir que tenía la mente ocupada.

Su mano acariciaba gentilmente al gato sentado en su regazo, pero de una forma distraída. Algunas veces desordenaba el pelo del gato, y cada vez que lo hacía el gato movía su cola como si hiciera un puchero.

Al parecer la pierna del gato negro había sido mordida por otro animal y no podía caminar con ella, por lo que estaba agazapado en medio del camino cuando Michael lo salvó. Por ahora, le administramos primeros auxilios y he decidido llevarlo a casa. Y pese a que probablemente era callejero, era sorprendentemente dócil.

Incluso cuando la mano de Michael tocó sin querer la cola del animal, no le mordió. Todo lo que hizo fue alzar su voz en una queja, Nyaaa.

— ¿Michael?

Él levantó su cabeza.

— ¿S-si…?

—Al gato no le gusta que no le tomas atención cuando lo acaricias. —le dije gentilmente.

Mirándonos a mi y al gato, parecía muy avergonzado cuando dijo — ¿Eh? Ah, lo lamento…

Gentilmente acarició al gato, y se disculpó con el también, —Discúlpame tú también —El gato negro cerró sus ojos al mismo tiempo que comenzó a ronronear, como si le dijera a Michael que lo perdonaba.

Viéndolo tan deprimido, no pude evitar decir, — ¿Hay algo que te esté molestando? Si quieres, puedo escucharte.

—Princesa…

Disponía de poco tiempo para estar con él antes de que llegáramos al Gran Templo. No había otro momento para hablar. Si no conseguía persuadir a Michael aquí, el probablemente se iría a viajar por el reino. Y entonces, en algún lugar durante su viaje, el visitará el templo donde perderá su vida, y probablemente su cuerpo será poseído por el Señor Oscuro.

Yo ya sabía eso, pero no podía evitar preocuparme por Michael.

No podía ignorarlo simplemente, diciendo que era algo trivial comparado con la resurrección del señor oscuro. Quiero decir, no sabía nada de él. En el juego, apenas se hablaba sobre su vida antes del final.

Se hizo el silencio. Solo el sonido de las ruedas contra las piedras podía oírse.

Sus labios temblaban mientras dudaba, después los mordió. En lugar de apurar a Michael, lo miré atentamente y después de un breve hechizo él comenzó a hablar.

—………Su………Alteza………Princesa, ¿como es tan fuerte?

Lo miré fijamente.

¿Como soy fuerte…? ¿Acaso yo era fuerte para comenzar?

Era un cumplido un tanto extraño para una dama, pero no era desagradable en sí.

Sin embargo la pregunta quedó atrapada en mi mente, porque nunca me había considerado fuerte.

—Me pregunto, ¿lo soy realmente? —pregunté, y Michael asintió fervientemente. El era la representación de un niño muy pequeño.

Estaba sobrecogida por el deseo de protegerlo, del mismo modo en el que tomas a un infante en brazos.

—Podría preguntarte porque piensas de ese modo.

El asintió y sus ojos se llenaron de astucia.

—Antes, Su Alteza dijo que si una persona tiene poder y dinero no tiene la obligación de ayudar a otros. Porque tienen intereses propios que proteger y que no había que sentirse avergonzado por ello.

—Eso es cierto. —respondí, con estas palabras para proseguir con la conversación.

—Usted no fuerza nada en otros. Usted no dijo en ningún momento; Ustedes tienen dinero, deberían darlo a los pobres, o Son fuertes deben proteger a los más débiles. Pero aún así, usted parece creer que es natural cumplir con sus deberes como princesa. —dijo Michael en un elocuente discurso. Un par de horas atrás él había tenido muchos problemas para comunicarse, pero ahora su discurso fue tan fluido que me hacía preguntarme si había sido un acto.

Supongo que si él no estaba cohibido, entonces podía hablar con normalidad. Me preguntaba si ahora se encontraba menos nervioso porque su cabeza estaba llena con otras preocupaciones.

El tenía el mal hábito de mirar hacia abajo, pero levantó la mirada y me miró con una dolorosa desesperación.

—Eso no significa que usted disfrute haber nacido como una princesa, entonces ¿cómo es que puede aceptarlo tan fácilmente? Nunca ha deseado huir, ¿abandonar sus deberes? —Michael continuó hablando rápidamente sin ninguna pausa, como si no esperara una respuesta.

—Ah, por supuesto que lo he hecho.

— ¿Por qué…… no ha usted…… huh?

Pero parece que le llegaron mis palabras, porque se detuvo.

Su expresión estupefacta, me disculpo por esto, pero era hilarante que no pude evitar reír cuando respondí nuevamente.

—Han habido ocasiones cuando he deseado abandonarlo todo. Es natural.

—Um, n…natural, ¿dice?

—Si.

Sus ojos rasgados parpadearon incesantemente.

Al parecer Michael no esperaba que le diera esa respuesta. Sus ojos mostraban honestamente que estaba desconcertado. Mi sonrisa se ensanchó.

—Soy un humano con carencias. Incluso yo se lo afortunada que soy, pero hay días en los que siento como restringen mi vida. Cuando solo quiero dejar mis lecciones y mis estudios, para leer un libro fuera en un lugar soleado. Quiero romper mi incómodo vestido y correr descalza por la hierba fresca en un vestido de algodón, ¿sabes?

—La princesa quiere… —dijo Michael desconcertado.

—La razón por la que solo lo pienso y no lo pongo en práctica es porque deseo ser una espléndida princesa. Para el futuro que deseo, es esencial que no huya y enfrente todo lo que venga.

En sí, había una compensación si actuaba libremente.

¿Por un tentador futuro próximo, o la estabilidad de un futuro distante? Cual de ellos sería elegido, dependía de esa persona. Como las hormigas y los grillos, en las fábulas me habían enseñado que aquellos que viven establemente, estaban en lo correcto; pero de seguro esa no era la verdadera respuesta.

—Si hay algo que hace que quieras huir, tienes permitido imaginar. En ese momento, antes de que huyas, ¿cuál elegirás? ¿El camino que te lleve a ganar algo o a perder algo?

Miré a Michael directamente a los ojos, diciéndole, El que elige eres tú.

Al final, parece que no pude persuadirlo del todo, ahhhh.

Bueno el estaba tan preocupado que no fui capaz de darle órdenes, de decirle que esos pensamientos eran inútiles.

—Creo que lo hizo bien. —dijo Sir Leonhard mientras me miraba reflexionar.

No había mucha distancia entre el Gran Templo y el palacio. Solo nosotros dos estábamos en el carruaje.

—El parece tímido, pero me aventuro a decir que es muy obstinado. Incluso aunque tratara de detenerlo con una razón legítima, no daba la impresión de que fuera a rendirse, ¿no le parece?

Asentí para mostrar mi acuerdo.

En el juego, el deja el Gran Templo para ayudar a las personas porque tenía la determinación para hacerlo. Incluso aunque parecía del tipo que se rinde fácilmente, parecía ser una persona con un corazón fuerte.

—Más allá de eso, los problemas que él tiene podrían tener alguna relación. No detecte falsedad en su determinación para ayudar a otros, pero dudaba. Hasta que llegue a una decisión y ponga un pie en donde desea estar, es poco probable que se apresure.

—Si es así, entonces debería estar bien. —respondí vagamente, incapaz de calmar mis emociones.

—Todo va a estar bien. —dijo tranquilamente.

— ¡!

Automáticamente levanté la mirada y me encontré con sus calmados ojos. Sonreía amablemente, como si estuviera tratando de alejar mis preocupaciones.

—Los hombres son mucho más vanos de lo que piensa. Aunque una encantadora y joven dama tiene una determinación tan fuerte y un propósito, mientras su camino permanezca incierto y lo recorra cojeando con pasos desgastados, ellos no la seguirán.

—Sir Leonhard…

—Esta bien, no se ha equivocado.

Repitió en su letanía, y su fuerza emanaba de su cuerpo erguido.

Mi inquietud parecía escaparse a Sir Leonhard. Hoo, solté un suspiro, y él me sonrió al mirarme.

Esta persona es realmente hábil para manejarme.

No es como si no sintiera que me tiene comiendo de la palma de su mano, pero aunque lo sepa no me importa.

Cuando el dice que todo está bien, es cuando finalmente siento que no estoy sola. Nunca he recibido consejos de alguien antes, por lo que cuando me sentía inquieta, no había nada que pudiera hacer más que avanzar. Incluso cuando yo me digo Está bien, no estás cometiendo un error, estaba hablando solo conmigo misma.

Aunque las palabras fueran las mismas, viniendo de otra persona… eso no estaba bien. Sir Leonhard solo las había dicho, e inmediatamente había alcanzado la paz mental.

—Gracias. —dije, saboreando ese sentimiento de felicidad que se había encendido en mi corazón como una lámpara.

Muy gentilmente, él aceptó.

 

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