La Princesa derriba banderas – Capítulo 42: La reunión de la Princesa Reencarnada

Traducido por Yousei

Editado por Sakuya


Mi deseo debió haber sido escuchado, porque oí a alguien acercarse, una hermosa mujer poseedora de una bella figura.

Ella lleva un vestido azul bajo una túnica del mismo color, botas altas y su cabellera negra elegantemente peinada.

En uno de sus brazos carga unos pesados libros.

Se volvió y nos examinó, uno por uno, con los ojos entrecerrados a través de su monóculo. Sus labios carmesí se curvaron en una sonrisa.

—Oh, vaya. Algo verdaderamente divertido está pasando.

Es la Maga principal, Lady Irene von Artmann. Tras su entrada, Lutz y Theo estaban notoriamente en estado de pánico, y un pequeño gemido escapó de sus labios.

Lady Irene les dio una sonrisa dulce.

—Deben estar llenos de energía si pueden causar este alboroto en el corredor. Si ese es el caso, debería desarrollar una rutina de entrenamiento físico para ustedes que no contenga descansos ¿Deberíamos encargarnos de eso tan pronto como regrese? Y bien, mis tontos aprendices.

— ¡Por favor, perdónenos! —se disculparon ambos inmediatamente.

Se levantaron e inclinaron con una agilidad tal, que incluso aquellos con tendencias atléticas envidiarían. Ustedes chicos, ¿Qué harán ahora? Respecto a mí, observaba con una sensación de indiferencia.

La reunión aún no había comenzado, pero ya me sentía exhausta.

—Tú también, Klaus. Baja tu arma. —le ordené, mirándolo. Enfundó su espada con recelo y una mirada infeliz en su rostro.

Alzar una espada dentro del castillo, cuando no había una emergencia, era  claramente un problema.

— ¡Bien dicho! No importa la época, los hombres siempre serán como niños. Que problemáticos. ¿No lo crees?

Después de darles una simple mirada al grupo de chicos, Lady Irene me sonrió gentilmente. La diferencia en la calidez era impresionante.

Rompería el corazón de los muchachos si me pusiera de acuerdo con ella, por lo que dudé y evadí la pregunta con una sonrisa.

— ¿Oh?

Lady Irene bajó la mirada, sus ojos se abrieron ampliamente cuando vio al gato negro en mis brazos.

El amigable Nero no mostraba signo alguno de temor, considerando que lo estaban mirando fijamente, miré a Lady Irene cuya cabeza movió un poco. Cuando le maulló ella sonrió ampliamente.

— ¡Que encanto! ¿Usted lo está criando Princesa?

—Sí. Su nombre es Nero.

Ella acarició la barbilla de Nero con su brazo libre. A él no le molestó, le gustaba ser mimado.

Se me ocurrió de repente que a ella probablemente le gustaban los gatos, porque incluso estaba siendo más amable de lo usual. Si iba a preguntárselo, ¿no era este el mejor momento?

Aunque, me sentí un poco incómoda al aprovecharme de la ternura de Nero.

—Em, Lady Irene. Me disculpo por traer efectos personales conmigo, pero ¿podría otorgarme permiso para llevarlo adentro conmigo? —pregunté tímidamente.

Ella asintió rápidamente.

—No importa. Estamos por tener una reunión únicamente con conocidos suyos, además, parece ser que él es muy dócil y bien portado. Confío que no causará ningún problema. A diferencia de mis tontos aprendices. —añadió Lady Irene con un poco de veneno en sus palabras mientras dirigía una mirada glacial a Lutz y a Theo. Ambos tenían su mirada pegada al piso y sus bocas completamente cerradas.

—Supongo que ninguno de ustedes tiene alguna queja.

Eso no era una pregunta, era una afirmación. Pese a que estaba disfrazada como una pregunta, ¿no era más parecido a una orden?

Ambos se enderezaron, y respondieron al unísono — ¡Ninguna en absoluto!

Su nueva actitud, la cual era para no incurrir en la ira de su maestra, era un cambio refrescante.

Podía entender porque Lutz, con su contextura delgada, no quisiera someterse a ningún entrenamiento físico. Pero Theo, ¿también? Interesante.

Sin embargo, por ahora, vayamos a ver a los invitados que están esperando.

Y a causa de esta extraña situación, que causó nuestro retraso, nos dirigimos en grupo a la sala.

Era una sala de 46 metros cuadrados, con pinturas colgadas en tres de las paredes y el techo estaba decorado con un fino decorado de hiedras. Bajo el cual colgaba un esplendoroso candelabro, Georg y Michael se levantaron de sus asientos.

Me disculpé por mi tardanza y los saludé con una sonrisa. Georg me dirigió una mirada curiosa cuando vio al gato y expliqué la historia de Nero.

A su lado, Michael dijo en voz baja, —El de la otra vez.

—Sí. Es el que salvaste.

Michael miraba a Nero estirarse en mis brazos, examinándolo con gran interés.

—Se ve bien, me alegro.

El tono de Michael y la mirada en sus ojos era muy gentil. Sonreí.

—Su herida ha sanado rápidamente y la verdad es que ya puede caminar.

Dije para calmarlo, pero por alguna razón, el rostro de Michael se puso tenso. Contuvo el aliento, como si se hubiera lastimado en algún lugar por accidente.

La mano que había acercado para acariciar a Nero se detuvo a medio camino y la retiró.

— ¿Michael?

Su extraño comportamiento me preocupaba, por lo que lo miré con atención, pero él ya había desviado la mirada.

Como mantenía la cabeza baja, me sentí confundida.

¿Dije algo malo?

— ¿Princesa deberíamos comenzar? —preguntó Lady Irene.

—Oh, uh, sí.

Tomé asiento.

Como era la primera reunión, todos se tomaron su tiempo en presentarse. Incluso en esa instancia, Michael nunca volteó en mi dirección.

Estaba un poco… no, estaba completamente en shock.

Peleé con mis deseos de bajar la mirada y me dirigí al punto principal. —Bien, Lady Irene, si usted fuera tan amable, me gustaría escuchar cuál es su opinión acerca de la medicina que le entregué.

Tienes cosas que hacer antes de siquiera pensar que estas triste, me reproché a mí misma.

Lady Irene sacó un cartucho y lo puso sobre la mesa de caoba. La píldora había sido rota y convertida en polvo.

—Cuando intenté ver más de cerca el material refinado, me percaté de que tenía un suave tono rojizo. Por la textura del material, me inclino a pensar que se trata de corteza.

Georg miraba la medicina concentrado, repitiendo sus palabras. — ¿Corteza?

—Es muy grueso para que se haya originado de hojas o raíces. Podrías transformarlo en una pasta añadiendo un agente vinculante para unir las especias. El aroma es débil, y el sabor es un poco amargo.

Lady Irene abrió el grueso libro que traía consigo.

—Las medicinas hechas a base de corteza, no son muy comunes. Los que he hallado en nuestro reino son…

Ella giró el libro en nuestra dirección.

En la página que apuntaba con su pálido dedo, había varias ilustraciones de árboles y comentarios. Un árbol que tenía pequeños brotes dorados, uno que tenía hojas grandes y brillantes, y otro, con corteza amarilla en su interior. Lady Irene explicó pacientemente los usos de cada uno.

—Sin embargo, cada característica es diferente. Incluso si combinamos estos y los pulverizamos, lo que tenemos aquí es una píldora que ya ha sido procesada, por lo que hacer algo similar sería casi imposible. En la situación en la que nos encontramos ahora, encontrar alguna pista sobre sus componentes ya es un gran reto.

Una vez que terminó con la explicación general, sus cejas bajaron y soltó un pequeño suspiro.

Una vez más, una pista tan pequeña nos había llenado de esperanzas, y sin sorpresa alguna volvió a irse. La habitación cayó en el más profundo silencio.

Theo levantó su mano.

— ¿No es posible rastrearla con magia? Los hechiceros usamos el poder de la naturaleza, por lo que alguien con el mismo atributo podría ser capaz de hacerlo.

—Cierto. Por ejemplo, si fuera un mago con atributo de agua podríamos localizar un río. O si fuera un mago con el atributo del viento, podría leer la atmósfera o el clima. Y si fuera un mago con el atributo de la tierra, entonces sería capaz de encontrar el origen de ciertas especies. Sin embargo, como algunos de ustedes saben, no hay ningún mago con el atributo de tierra en este palacio.

En las áreas rurales, al parecer viven un par de magos que se desempeñan como doctores. No obstante, ya que no están bajo el patrocinio del reino, podemos deducir fácilmente su capacidad.

Según Lady Irene, sus poderes incluían habilidades en la jardinería, pero eran tan normales como los demás. Podían acelerar el crecimiento de un cultivo por uno o dos días, por ejemplo, o evitar que las plantas se secaran. Cosas de ese estilo.

Pero incluso si lo intentaban, había una gran posibilidad de que fallaran.

— ¿No hay ninguna posibilidad de encontrar alguna pista? —preguntó Georg.

Era sobrecogedor, pero en este punto, no había ningún otro método.

Me quedé mirando el registro de embarques del puerto, ya sabía que la nave era originaria del Reino de Flamme. La rastreé desde la ciudad portuaria que daba al mar del este hasta donde había embarcado. El resto se lo dejé al Maestro Julius.

La nueva información podía provenir de aquí. No podía darme por vencida. Esperaba tener suerte.

Por ahora, dimos por finalizada la junta y todos se levantaron de sus asientos.

Agradecí a Lady Irene por su tiempo y conversaba con ella amigablemente, cuando alguien me habló por detrás.

—Umm, ¿Señorita Marie?

— ¿Si?

Me voltee para encontrar a Georg con una mirada nerviosa en su rostro.

La discusión había concluido, ¿Qué era lo que lo ponía tan nervioso? Me pregunté. Cuando mi cabeza se movió un poco hacia un lado, su expresión se volvió aún más tensa.

¿Qué te ocurre, Georg?

¿Una herida? ¿Espasmos crónicos? Si ese es el caso ¿no debería llamar al doctor de la corte?

— ¿Qué ocurre?

Desviando la mirada, Georg murmuró vacilante —Uhh, umm…

Su apariencia mientras miraba hacia abajo, era la de una encantadora doncella, con sus mejillas sonrojadas. Pensé que su apariencia se había vuelto más digna, sin embargo, aún tenía rasgos que pertenecían a su madre.

¡Su feminidad es tan alta—!

—S-si no te importa, ¿podrías guiarme al invernadero?

— ¿Al invernadero? —repetí.

No me estaba burlando de él. Sólo estaba un poco sorprendida de que Georg mostrara interés en las plantas, pero impacientemente habló para justificarse.

— ¡Err, bien, lo que ocurre es, arg …no tengo nada de lo que avergonzarme! ¡Escuché que aquí cultivan un abundante número de plantas medicinales, y sólo quería verlas por lo menos una vez!

—Oh… ¿bien?

Me sorprendió de algún modo y di un paso hacia atrás.

Georg se dio cuenta de que retrocedí y aclaró su garganta, disculpándose con una voz muy suave. Movió su cabeza con el fin de darme a saber que no me preocupara por él, quien estaba completamente sonrojado por la vergüenza.

Estaba sorprendida por su coraje, pero asentí.

Para Georg quien había ayudado al Maestro Julius, algo valioso sería… ¿no debería ser natural para el pensar en los objetos que pueden convertirse en mercancía?

El invernadero tenía una estricta política de entrada cuando se refería a los restantes sin acceso autorizado, pero no debería haber problema alguno porque era Georg. Cuando volteé hacia Lady Irene buscando su opinión, ella asintió magnánimamente.

Con el permiso otorgado, me voltee a Georg.

—Muy bien, si te complace ir solo conmigo…

— ¡Esperen un momento!

Iba a sentir y a sonreír, pero antes de que pudiera hacerlo, una mano muy pálida cubrió mi vista. Al momento siguiente, un cuerpo se había interpuesto entre Georg y yo. La sombra de una túnica negra de tela fina se movió suavemente.

Sólo podía ver lo negro de su túnica en su cabeza porque me estaba dando la espalda. Pero pese a que no podía verle el rostro, conocía ese cabello con un tono cercano al blanco.

— ¿Lutz?

—Si él necesita un guía, nosotros podemos llevarlo.

— ¿Huh?

¿De dónde salió esto?

¿Por qué el extremadamente tímido con los extraños, Lutz, repentinamente se estaba ofreciendo para guiar a alguien a quien apenas había conocido? No podía comprenderlo.

¿Y por qué tenía que ponerse justo en medio de nosotros?

Estaba perpleja, y una pregunta era rápidamente seguida por otra. Theo vino y se paró a mi lado. Examinó mi rostro, con una sonrisa gentil.

—Princesa —dijo — ¿No debe regresar a ese gato a sus aposentos?

Miró a Nero quien estaba en mis brazos.

Nero debió haber estado consciente de ello; porque ya estaba completamente dormido cuando me di cuenta. Ciertamente no sería muy gentil llevarlo de aquí para allá. —Tienes razón, entonces, ¿podría pedirles este favor?

—Si.

Lutz miró hacia atrás dirigiéndome una sonrisa. Asintió —Por supuesto, déjelo en nuestras manos.

Tenía la sensación de que Georg también había dicho algo, pero Lutz y Theo me estaban bloqueando por lo que no podía verlo. Ambos estaban creciendo, y la diferencia de nuestras alturas sólo estaba aumentando. Ellos formaron una barrera entre nosotros.

Repentinamente una cara saltó fuera de la sombra de Lutz, y pude ver a Georg.

—Muy bien, Georg, ¿estás de acuerdo?

Sus cejas estaban juntas y, tras meditar un rato, asintió —…Si.

Cambié mi atención hacia Michael quien aún estaba sentado.

—Michael, ¿irás con ellos?

Al menos me miró esta vez.

— ¿S-si? ¿Qué… qué era?

Parece que no había puesto atención.

—Lutz y Theo llevarán a Georg al invernadero, pero ¿qué hay de ti? —le expliqué pacientemente.

—Yo… —dijo vacilante, mientras se mordía el labio.

Su mirada curiosa, algo indecisa, se detuvo en Lady Irene quien estaba recolectando los libros, que había traído, sobre el escritorio.

Ella se percató de su mirada. — ¿Hay algún problema?

Michael habló desesperadamente, tropezando con sus palabras. —Er, disculpe, Su Excelencia… ¿podría usted ser tan amable… de emmm…darme un momento de su tiempo?

Lo miré atónita. No esperaba que dijera eso, pero todo lo que hizo Lady Irene fue parpadear. Tras su monóculo, sus ojos oscuros brillaban con inteligencia mientras veía a Michael.

Sus hombros se tensaron mientras ella lo veía fijamente, pero pese a que estaba temblando, no desvió la mirada.

—Muy bien.

Miro hacia abajo y suspiró.

—Ven. —le dijo mientras reunía todos los libros en su brazo y comenzaba a caminar. Volviendo a sus sentidos, él la siguió, dejando la habitación.

Me quedé pensando mientras lo veía salir.

¿Acaso Michael quería hablarle de sus poderes? Pero si ese era realmente el caso, ¿que lo hizo cambiar de parecer?

Hasta este momento, pensé que continuaría ocultándolo.

— ¿Hay algún problema con Michael? —preguntó Georg, confundido.

No sabía cómo responder a eso.

 

♥ ❤ ♥

               

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5 thoughts on “La Princesa derriba banderas – Capítulo 42: La reunión de la Princesa Reencarnada

  1. misha says:

    Amo a Theo y Lutz, son tan…. apetecibles xD los amo a todos… excepto a Sir Leonhard, y no se por que. Mis favoritos son Theo y Lutz, oh pero ya quiero que aparezca el Siscom hermano menor…

    Gracias por la traducción

  2. Blood A says:

    Pobre George apenas había ganado valor y llegan Theo y Lutz, tratando de disminuir la competencia, me hizo falta Klaus sacando la espada y habría estado el cuadro completo 😂😂😂😂
    Gracias por el capítulo

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