La Princesa derriba banderas – Capítulo 48: La petición de la princesa reencarnada (2)

Traducido por Raine

Editado por Sakuya


Mirando a los ojos de Sir Leonhard, le mostré mi corazón.

Sus agudos ojos se abrieron con genuino shock cuando se encontró a sí mismo como el objetivo de mi mirada inquebrantable. Me vi reflejada en sus ojos de obsidiana: hombros alzándose con cada respiración, mi cara era un desastre febril.

Con eso, mi cabeza se enfrió rápidamente, como si le hubieran tirado agua helada sobre ella. Un enorme arrepentimiento vino, perseguido por la sensación de logro.

¿Realmente le dije esas palabras con una cara como ésa? Cielos, no. ¡¿No era lo mismo que proclamar que lo amo?!

Un gemido se me escapó.

No puedo limpiar las palabras que he derramado. De hecho, esperaba en vano que él no lo notara, pero una mirada a su expresión fue suficiente para borrar esa idea también. No podía romper el contacto visual con toda su atención puesta en mí.

Mi corazón golpeó un ritmo inestable contra mi palma, la cual, me di cuenta tardíamente, había colocado en mi pecho. Mi boca se había secado por la tensión y el sonido al tragar, parecía excesivamente fuerte.

Leonhard devolvió mi escrutinio con desesperación en sus ojos. Toda la sangre se drenó de mi cara cuando el miedo se apoderó de mí. Estaba tan asustada que quería salir corriendo.

Mis sentimientos por él nunca han sido ocultados.

Creo que lo descubrió, pero lo dejó pasar como admiración. El amor de cachorro que una joven tiene para con un hombre mayor. Una emoción demasiado fugaz para llamar amor, que cambiará con el paso de las estaciones.

Esta vez me he superado. Solté completamente la sopa.

Mis sentimientos no eran sólo una fantasía pasajera. Eran serios y problemáticos, lo suficientemente fuertes como para poner mi futuro en la línea.

Y cuando descubrió la profundidad de esas emociones, quedó claro como el día lo que haría Sir Leonhard. Por su primer amor, la joven princesa estaba tratando de deshacerse de su futuro, ¿y el hombre que le gustaba resultó ser él mismo?

Él lo terminaría sin pensarlo dos veces. Siendo cruel para ser amable.

Ya decidió por su cuenta que no lo necesita.

—Princesa Rosemarie —dijo en voz baja.

Era la primera vez que decía mi nombre. Por mucho que ese simple hecho me encantara, estaba nerviosa, enojada y segura de que no estaba equivocada.

No.

No, detente.

Por favor.

Sacudí mi cabeza una y otra vez, como un niño petulante. Mi pobre comportamiento me llenó de vergüenza, pero nada podría hacerme retroceder.

Incluso ser burlada y ser llamada desagradablemente obstinada no cambiaría de opinión.

—Yo…

Mientras trataba, con cuidado, de formar sus palabras para terminar con todo, escuché el susurro de la desesperación acercarse.

— ¡No! —grité.

Levantándome de mi asiento, más bien como caerme de él, me aferré a Sir Leonhard cuando él rápidamente se inclinó hacia adelante para atraparme. Mientras me sostenía con ambos brazos, yo cubrí sus labios con mis manos.

No había tiempo para avergonzarme de la sensación táctil de sus labios mientras presionaba contra ellos firmemente. Quedó impresionado con el contacto y claramente no sabía qué hacer mientras me miraba. Él no podía simplemente quitar mis manos, y yo lo miré fijamente mientras dejaba mis manos donde estaban.

— ¡No puedes decirlo! ¡No lo hagas!

Qué astuta, Rosemarie, rogándole con lágrimas en los ojos.

Estaba aprovechando al máximo todos los trucos sucios disponibles para una niña. El amable Sir Leonhard nunca sacudiría la mano de un niño a punto de estallar en lágrimas.

Sabía cómo estaba actuando, pero todavía no podía echarme atrás.

—Por favor, no me rechaces todavía —Mi voz tembló cuando le supliqué, pero me obligué a mirarlo a los ojos. —No me des una respuesta ahora.

[Traducido por Reino de Kovel]

Sir Leonhard me miró en silencio.

Sus manos se levantaron para separar lentamente cada dedo rígido por el temor.

Aunque su boca ahora estaba libre, no dijo nada. Me levantó y me puso suavemente en mi asiento, mis lágrimas se escaparon a pesar de mis mejores esfuerzos por contenerlas. Arrodillado en el suelo del carruaje, Sir Leonhard extendió una mano hacia mi rostro abatido y las limpió con suavidad.

—Por favor, no llores.

Levanté un poco la cabeza ante el sonido de su voz cansada y vi la misma confusión en su rostro.

—Estoy perdido cuando lloras.

Ante este amable gesto, incluso más lágrimas cayeron. Las presas se rompieron y gotas gigantes se deslizaron por mis mejillas.

—Ten paciencia conmigo un poco más —le supliqué a través de los sollozos, sacudiendo los hombros sin control. —Si me vas a rechazar, espera hasta que sea mayor. Por favor no me rechaces por mi edad. No hay nada que pueda hacer para cambiarla…

No podré renunciar a él por una razón como ésa.

—A no ser que… —corté. Me miró preocupado.

Se necesitaba coraje para continuar. Quería cerrar los ojos ante la posibilidad y obligarlo a que me hiciera una promesa.

Pero no pude.

— ¿Princesa?

Porque nunca podré atar a la persona que amo y dejarle sin salida. No se trataba de justicia o moral. Simplemente no quería ser odiada por él.

—A menos que encuentres a alguien que ames. —Una nueva ola de lágrimas se derramó en el momento en que las palabras salieron de mis labios. Sólo imaginándolo era suficiente para traer un dolor aplastante a mi corazón. Me mordí el labio para contener los sollozos que escapaban.

—Princesa…

Él limpió las lágrimas de la esquina de mis ojos, su mirada sorprendentemente amable.

Yo amaba todo sobre él.

No quería regalar ni una pulgada.

Las palabras que me dijo y las expresiones que me mostró… yo quería guardarlas todas para mí.

No puedes hacer eso, Rosemarie. Nada saldrá de ello.

Quedarse contigo por pena, ¿y qué?

Incluso si lo atas a ti, solo les hará daño a ambos.

Si él no puede devolver tus sentimientos, debes dejarlo ir.

Lucha. Sigue esforzándote mientras lo inevitable se retrasa. Si, lamentablemente,  todo fue en vano, todavía puedes tener un lugar a su lado apoyándolo, ¿verdad?

—Cuando llegue ese momento, aceptaré la derrota con gracia —lo dije con una voz decidida y una sonrisa.

Con dignidad, eso esperaba.

♥ ❤ ♥

               

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6 thoughts on “La Princesa derriba banderas – Capítulo 48: La petición de la princesa reencarnada (2)

  1. Becca says:

    Me dolió.
    Pero él no tiene 30 aún, ella dijo que Rosemarie tenía 15 cuando el tenía 30, o sea que él tiene 26 y ella 11.

  2. NaNa says:

    Wow, me da mucha pena porque ella por dentro es mayor, pero una niña de 11 años y un tipo como de 30…muy raro (aunque crezca después es una brecha de 20 años), prefiero que ella encuentre el amor con los otros intereses y que Leonhart también sea feliz.

    Muchas gracias por el capítulo

  3. Blood says:

    Espero que su amor tenga una retribución, ya que a esta esforzando mucho para llevarlo a cabo
    Gracias por el capítulo! 💕💕💕

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