Mi hermana, la heroína – Capítulo 47

Traducido por Sharon

Editado por Tanuki


Surfania Calibrachoa estaba confundida.

Su amiga había llegado. Eso estaba bien. Eso era normal. Visitas sin programar y sin advertencia eran comunes para ella.

Pero su amiga lucía muy extraña.

Usualmente, entraría al cuarto y confiscaría el libro de Surfania para desafiarla a un juego de mesa. Pero hoy, Christina entró a su cuarto y cubrió su rostro en la cama de Surfania con un gemido y no hizo nada más.

Era lindo no tener su lectura perturbada por una vez, pero no podía evitar estar curiosa sobre lo que había sucedido.

Sin embargo, al final no hizo nada y terminó de leer su libro. Chris no parecía querer desafiarla a un juego hoy, sólo estaba pataleando con sus piernas en la cama.

Como tenía pocas opciones, Surfania finalmente miró de cerca a Christina.

—Chris, ¿por qué viniste aquí hoy? ¿No es el día en que el Príncipe Charles visita la Mansión Noir? ¿No deberías estar allí?

—Está bien. Estoy demasiado avergonzada para ver a Charles, no puedo…

¿De qué está hablando esta chica?

Incluso una persona de interiores como Surfania sabía que no era un problema de estar demasiado avergonzada para encontrarse con un miembro de la Familia Real.

Miró a Christina, quien ahora estaba ocupando su cama, con dureza. Como sólo podía ver su espalda, no tenía información para leer. Su espalda no le decía nada, lo único que sabía era que el cuello de Christina estaba completamente rojo.

—Oh, ¿por qué hice algo como eso ayer…? Qué vergonzoso… No podré mirarlo de nuevo… Quiero morir…

Christina gimió y murmuró algo incomprensible. Surfania suspiró, cansada de todo. Por ahora lo mejor sería ignorarla y leer otro libro, decidió mientras se giraba.

Pero entonces pensó en algo.

El libro que acababa de leer era una novela romántica sobre un Rey y una Princesa que se enamoraban a pesar de sus posiciones. Sentía que había una situación en el libro que se parecía al bizarro comportamiento de Christina.

Intentó recordar cuál era la escena. Era una conversación entre la Princesa y su sirvienta.

—Princesa, si puedo ser franca, ¿por qué decidió relegar al guardia imperial Allen a las fronteras? ¿Realizó un movimiento como ese porque se dio cuenta que lo amaba?

—Porque… ¡Porque estoy avergonzada!

—… ¿Qué?

—Él, él me protege como un guardia cercano, ¿sabes? Entonces debo enfrentarlo todos los días… ¡Siento tanta timidez que no puedo soportarlo!

—¡¿Pero cómo puede enviarlo lejos sólo por eso?! ¡Quizás no lo vea nunca más!

—… Ah.

—Ah. ¡¿Entonces no pensó en las cosas y sólo actúo basándose en sus emociones, Princesa?! ¡Lo entiendo! ¡Haré que revoquen la orden de inmediato!

La escala era un poco diferente, pero la situación era la misma.

Comparando a la Princesa con Chris, Surfania murmuró el nombre de la enfermedad que su amiga sufría.

—… ¿Mal de amores?

Chris levantó su cabeza de las sábanas y saltó a sus pies.

—¡¿Q-Q-Q-Q-Q-Q-Qué?!

Surfania no pudo entenderle, pero era evidente lo que quería decir.

Saltó con su rostro rojo y ahora la miraba de frente. Surfania le devolvió la mirada con sus ojos caoba.

—Quieres saber cómo lo sé.

—¡!

Al parecer no podía hablar apropiadamente. Chris permaneció en silencio, pero todavía podía mover su cuello así que asintió vigorosamente.

Así, Surfania puso el único volúmen en su nariz.

—No es nada en realidad, Chris. Pero lo que estás sufriendo y el remedio para ello, están escritos en este libro.

—¡¿Lo dices en serio?!

Los ojos obsidiana de Chris se abrieron por la sorpresa.

—¡¿Que, qué es este libro?! Dices que tiene el remedio para lo que sufro… ¡¿Qué renovado investigador escribió este tomo médico?!

—Este es uno de los libros que insultaste tercamente, declarado como aburrido e incluso sugeriste que me volvería estúpida por leer —dijo Surfania con frialdad. El rostro de Christina regresó a la normalidad.

—… ¿Huh?

—No actúes sorprendida, Chris. Este es uno de esos libros que clamaste que eran inútiles e incluso perjudiciales, ¡una novela de entretenimiento!

—¡¿Para qué me sirve a mí la ficción?! —gritó Chris con fuerza. Surfania le dio una mirada fría.

Ella recuerda muy bien el momento en que un libro similar fue arrancado de sus pobres manos y terminó cayendo al suelo. Surfania todavía la resentía por eso.

—Ficción o no, aquí se describe el corazón humano. Puede ser imaginario, pero el corazón de esta persona mueve el corazón de muchos y todos comparten sus sentimientos. Eso sólo puede significar que tiene cierta realidad, que la ficción está imitando la realidad. De hecho, el protagonista, que está enamorado, toma acciones parecidas a las tuyas, que también estás enamorada.

—¡¿Qué, qué…?!

Chris fue tomada por sorpresa ante las verdades que Surfania le arrojó al rostro.

No puede ser, pensó, pero también es cierto que Surfania describió su estado actual.

Chris fue asaltada por la confusión ante estos dos hechos que destruyeron sus pensamientos y por su interés difícil de ocultar hacia la novela.

Surfania vio este cambio,  una pequeña y fría sonrisa apareció en su rostro.

—Chris. ¿Quizás quieres leer esto?

—Gah. Um, bueno… Me gustaría… Sí.

—Ya veo.

Surfania asintió con calma. En la superficie, se mostraba fría y despiadada, pero dentro suyo, su corazón estaba extasiado con alegría.

¿Qué debería hacer?

Era increíblemente agradable quedarse allí mirando a Chris hacia abajo desde su posición ventajosa. Ver el rostro preocupado de su amiga, ver su debilidad, la hacía querer empujar con más fuerza y más profundo dentro del hoyo oscuro. Su espalda tembló sólo de pensarlo.

—Realmente no tienes esperanza, Chris. Tú fuiste quien me burló por él. Fuiste ignorante, aun así lo menospreciaste basándote puramente en tus asunciones. Pero una vez que descubriste la ganancia personal que tiene, lo deseas. Es vulgar. Demasiado vulgar para alguien que nació en la clase alta y que es la hija de un Duque. Bueno, Chris. ¿No estás de acuerdo?

—Uhh…

Probablemente estaba arrepintiéndose de sus acciones pasadas y de sus palabras. No respondió los insultos incontenibles de Surfania, sólo parecía algo triste.

Viendo a Chris de este modo, Surfania estaba emborrachándose con el sentimiento de euforia que le trajo la superioridad moral. Ella continuó.

—¿Debería permitirle a una persona como esta usar mi preciado libro…? En efecto. Si por lo menos puedes decir “Por favor, permíteme leerlo, mi Señora Surfania”.

—¡¿Quién te piensas que eres?!

Chris finalmente alcanzó su límite.

Saltó de la cama y se paró frente a su amiga para protestar.

—¡Yo, Christina Noir, no desecharé mi orgullo para hacer algo como eso! ¡Ya no me importa! ¡¡Como si fuera a confiar en un libro como ese!!

—Sí. Así que supongo que tampoco lo comprarás por tu cuenta. Sí, en efecto. No puedes hacer algo tan desvergonzado como pedirle a tu padre que compre un libro del cual te burlaste tanto. No la orgullosa Chris.

—¡Por supuesto que no! Escucha bien, Surfania. Las novelas no son más que un producto de dos dimensiones del mundo real. En otras palabras, están basadas en la realidad, pero están diluidas y combinadas intencionalmente con ilusiones e interpretaciones. Nada más. No voy a confiar en la ficción. Aprenderé de alguien con verdadera experiencia. ¡Sí! ¡Le preguntaré a Marywa, tú niña malvada!

—… ¿No está soltera la Señora Toinette?

—¡¡Es cierto, tú!!

Un grito doloroso hizo eco en el cuarto. Estaba alcanzando los cuarenta, pero Marywa permanecía como una mujer noble soltera, así que era dudoso que tuviera alguna experiencia romántica. Chris fue abrumada con el sentimiento de pesar.

El grito hizo eco en los oídos de Surfania, quien sonrió como el Gato de Cheshire.

—… Entonces, ¿qué es lo que harás, Chris? En efecto, las novelas son un producto en dos dimensiones de la realidad, pero están basadas en ella, así que deberían tener elementos que coincidan con ella, ¿no crees?

—G-Gugh.

No era posible para ella aprender de las experiencias de Marywa. No existían.

Tristemente, su única amiga era Surfania, quien había mostrado sus verdaderos colores. Una malvada intimidadora. Estaba fuera de cuestión confiar en su padre para obtener el libro. El orgullo de Chris no le permitiría mostrarle cualquier debilidad.

Sólo había dos personas en este cuarto. Chris, que gimió como si estuviera dolorida y Surfania, que sostenía el libro bajo la nariz de Chris y tenía la sonrisa de un diablo.

—Chris. Tu sabes, te hará sentir mejor si lo dices.

—¡Ughhhghghg…!

No pasaría mucho hasta que la orgullosa hija del Duque, Christina Noir, vendería un poco de su orgullo en el nombre del amor.

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