Cenicienta – Capítulo 45: Priscilla, la angustia del cisne

Traducida por Den

Editada por Sakuya


¡Imperdonable!

La mujer que se está llevando bien con mi prometido, me pregunto cómo debería castigarla.

Los observé desde detrás del pilar.

♦ ♦ ♦

—Cuando tengas tiempo, ven y juega.

Como de costumbre, había sido invitada a tomar el té con Stephan.

—Me reuniré contigo para el té de la tarde. —respondí.

Corrí hacia la tercera cocina de nuestra familia.

A Stephan le gustan las cosas dulces, así que trabajé duro para aprender cómo hornear dulces para él y así construir un puente entre nosotros para llevarnos bien. Así que, cada vez que mi habilidad crece, nos acercaremos más el uno al otro.

Por esa razón, padre y madre, que se habían opuesto a que cocinara, me permitieron usar la tercera cocina para hornear. No hace falta decir que me he vuelto más ambiciosa en cuanto a los dulces que hago. No he anunciado que hago esto; es divertido hornear dulces en secreto para Stephan-sama.

Hacer dulces es divertido y delicioso.

Uso los mejores ingredientes conseguidos por el prestigio del Duque, y agrego mi amor; para que pueda ser delicioso.

Cometí errores al principio; hice que Stephan comiera trufas de chocolates y un pastel que estaban demasiado duros. Pero ahora eran recuerdos divertidos.

—…Se ve bien —dijo —práctica más para que sepan mejor.

Se había tapado la boca con una servilleta y fruncía el ceño. Me arrepentí una y otra vez de hacer que Stephan comiera tales cosas.

Mejoré mi apreciación de la degustación y mi cocina mejoró. Así que, incluso cuando Stephan no podía probarlos, estoy feliz con los dulces que hago.

Me regocijaba de felicidad cada vez que nos reuníamos a la hora del té… Hasta que esa chica comenzó a interponerse en el camino.

♦ ♦ ♦

Un día estábamos tomando el té juntos, mi querido Stephan dijo:

—Mañana no puedo tomar el té.

No tenemos que reunirnos todos los días, pero tenía curiosidad por saber la razón, así que le pregunté a Stephan.

— ¿Hay algo importante mañana?

Hizo una leve sonrisa y dijo:

—Viene un amigo.

Estaba muy feliz en mi corazón; ha hecho un amigo con el que podía hablar libremente.

Debido a su estatus como el Príncipe Heredero, existía una distancia que no podía ser superada. Incluso yo, como su prometida, y a pesar de mi atrevido esfuerzo por estar cerca de él con el poder de mis dulces, me quedaba corta. Estaba feliz de haberle preguntado a Stephan.

— ¿Quién es esa persona?

—Castley —respondió con facilidad.

No estaba sorprendida en ese momento.

Castley. Castley. Recordé el directorio aristocrático en mi cabeza, solo había una familia Castley y era el nuevo rico, el Vizconde Castley.

Tenía una única hija hasta donde sé. Ningún hijo. Y el único otro hombre en la familia era el Vizconde. Además de eso, se rumoreaba que la Señorita Castley estuvo comprometida con Eugene Cajés y fue plantada, pero, poco después, se comprometió con el Caballero Real, el General Brennan.

La razón por la que Eugen dejó plantada a la Señorita Castley fue porque tenía malos modales, era una derrochadora y era desagradable estar a su alrededor. Dio su opinión en el baile.

Aunque no me encontraba ahí, oí hablar sobre eso de otros. Sentí que había sido una mala manera dejar plantada a la Señorita Castley en un lugar tan público como un baile. Si hubiera sido yo, no me habría podido recuperar y me retiraría de la sociedad.

Sin embargo, parece que ese era el precio a pagar por mancillar el prestigio de un duque.

De todos modos, estaban en contra de la familia Cajés.

Espero que nuestra familia no sea como el Duque Cajés.

—He oído rumores sobre los Castley —dije mientras tomaba mi té. Fui cuidadosa de no poner burla en mi tono, pero había un pequeño temblor en mis manos.

—Yo también caí por esos rumores. La convoqué para decirle que se alejara de Brennan, pero parece que la malinterpretaron. Brennan se enfadó mucho conmigo —respondió Stephan. También añadió que cuando le había preguntado para arreglar las cosas, ella le pidió ser amigos dado que no tenía ninguno.

Stephan cogió el pequeño pastel y lo comió, disfrutando.

Estoy feliz pero no podía alegrarme.

Mi pecho se sentía como si hubiera una piedra incrustada ahí.

—Bien, nos vemos pronto. —le contesté.

—Eso es natural —dijo con los ojos claros, pero no pude dormir esa noche.

♦ ♦ ♦

Después de nuestro último té juntos, Stephan vino a visitarme. Quería hornear algo como de costumbre, pero todavía estaba molesta. El pudín esponjoso que solía hacer sin problemas, resultó horrible. No tuve más remedio que llevar un pastel hecho por el pastelero de nuestra familia.

Cuando Stephan se comió el pastel, sus ojos se abrieron de la sorpresa por un instante.

— ¿Sucede algo? —me preguntó.

—No, nada. —respondí.

La visita del té se volvió incómoda. Sólo se quedó media hora antes de irse.

Mi mente no estuvo tranquila por mucho tiempo.

Al final, escuché que el General de los Caballeros Reales se casó con la Señorita Castley, sonreí aliviada. Estaba impresionada conmigo misma por estar tan preocupada por la Señorita Castley. Bueno, ahora que era la esposa del General, no se acercará más a Stephan. Mi corazón también debe ser barato.

Pero un día, unos días después, Stephan preguntó:

— ¿Puedo dejar que mi amiga pruebe tus dulces?

Apreté los puños. Mis emociones se descontrolaron, arremolinándose dentro de mí en busca de una salida. No, para que él quiera hacer tal cosa, ¡Stephan debe odiarme! Apretaba mis puños tan fuerte que mis uñas se clavaron en mis palmas, pero me las arreglé para preguntar.

— ¿Qué te gustaría que hiciera?

—Hmm, supongo que unas galletas estarían bien.

Mis galletas favoritas, que Stephan calificó como deliciosas, quiere compartirlas con esta “amiga”.

—Está bien, ¿cuándo te gustaría que las hiciera?

Debo permanecer como una dama todo el tiempo sin importar la situación.

—Preguntaré su horario y te enviaré un mensaje más tarde.

—Ciertamente…

Era difícil para mí quedarme sentada aquí por más tiempo, así que me marché.

♦ ♦ ♦

El mensaje llegó de repente en la noche. Junto con un ramo. Escribió: “Sé que es poco tiempo, pero vendrá a tomar el té mañana por la tarde”.

No me importaba, tenía todos los ingredientes listos. Pero de repente me sentí tan idiota.

No iba a dormir bien.

A la mañana siguiente, unas horas antes del atrevido té de Stephan y su “amiga”, me desperté temprano y horneé las galletas.

Intentando evitar ser consumida por los celos o la ira, mantuve mi mente lo más serena posible y llené mi mente con pensamientos felices de Stephan.

No dormí la noche anterior, pero estaba decidida a comportarme como una dama con todas las habilidades que podía reunir.

Era la prometida de Stephan-sama, no tenía nada de qué avergonzarme.

Las galletas se miraban deliciosas. Las empaqué en una cesta y añadí algunas flores de temporada como decoración. No quiero transmitir mis horribles sentimientos a Stephan.

Yo misma las entregué al palacio y las llevé directamente a la oficina de Stephan.

—Priscilla, te he molestado. —Dijo poniéndose de pie. Hice una reverencia. Me condujo hacia el sofá para sentarme. Los dedos encima de mi regazo estaban fríos. Estaba nerviosa.

—Está bien; no tenía ningún compromiso urgente. —Respondí con una pequeña sonrisa. Pero Stephan frunció el ceño.

—Luces un poco pálida, ¿te sientes bien? —preguntó. Estaba sentado a mi lado y mirándome fijamente a la cara. Era amable conmigo. Las paredes blancas de su oficina lastimaban mis ojos, definitivamente necesitaba dormir.

—Solo estoy preocupada de que a tu “amiga” no le gusten las galletas.

Había hecho un extraño énfasis en la palabra, no debería haberlo hecho. De todos modos, era inapropiado de Fredericka-sama, que ahora era la esposa del General Brennan, fuera amiga de Stephan.

Sakuya
Cómo porqué….

—Qué estás diciendo, las galletas son mis preferidas. No hay razón para que no le gusten. —Dijo mientras cogía la cesta, tomaba una galleta y se la comía. —Deliciosa como de costumbre.

Le sonreí y le dije que me iba a casa.

De camino a la entrada principal, pasé junto a tres caballeros. Me hice a un lado para que pasaran, y los hombres se inclinaron ante mí. Mientras se alejaban, oí a uno de ellos decir:

— ¿Habéis visto a la nueva esposa del General?

Un escalofrío me recorrió el cuerpo, no seguí caminando.

—Sí, es joven, encantadora y muy sexy.

— ¡No seas tan raro!

— ¡Pero lo es!

—Sin embargo, no se puede confiar en los rumores. Es completamente diferente de lo que había escuchado.

—Sí, muchos rumores parecen entrar en conflicto con la realidad.

Joven.

Encantadora.

Sexy…

Una mujer así estará tomando el té con Stephan pronto.

No podía quedarme quieta aunque lo intentara. Me apresuré hacia el patio en el que sabía que estarían.

♦ ♦ ♦

Había un pilar perfecto, lo suficientemente ancho como para ocultar a una persona. Me paré detrás de él con un suspiro. No importa lo que me esté molestando, una dama no actuaba de esta manera. Esto es impropio de la prometida de Stephan. Es como si no confiara en Stephan.

Pero no pude marcharme. Y podía oírlos hablar.

— ¿Cómo fue? ¿Hubo éxito? —escuché a Stephan preguntar. Una voz bonita como una campana respondió a Stephan; muy diferente de mi tono bajo.

La vida de los recién casados iba bien. Podía escuchar la sonrisa en su voz. Era lo contrario a mi estado de ánimo actual.

Estaba más que irritada. Debido a ella, no he podido divertirme con Stephan. Ahora está comiendo las galletas que hice para Stephan, felizmente con Stephan… Mi corazón estaba lleno de rabia.

Sakuya
-_-U

¡Imperdonable!

¡Imperdonable!

Esa mujer que se estaba llevando bien con mi Stephan, ¿cómo la castigo?

Pero la conversación fue por una dirección inesperada.

Ella estaba elogiando mis galletas como las más deliciosas que había probado en su vida. Si pudiera, le gustaría comprarlas regularmente. ¿Era su cumplido realmente genuino? ¿Quiere gustarle a Stephan?

Y, no obstante, a pesar de mis preocupaciones y temores, podía sentir que la atmósfera entre Stephan y esa mujer no era dulce en ese sentido. Era más como una buena relación entre hermanos. Me pregunto…

En ese momento, la mujer exclamó en voz alta.

— ¿¡Quién haría esto personalmente para ti?! Estás comprometido con la hija del Duque Erschlen, Lady Priscilla; ¿no es así? ¿Es esto una infidelidad? ¿Cómo puedes hacerle eso a una dama tan hermosa, noble, inocente e imparcial? ¡Increíble! ¡Si su majestad no la quiere, la quiero yo!

¿Qué? ¿Qué ha pasado? Vi que se había levantado de su asiento y le gritaba a Stephan. Además de eso, dijo cosas embarazosas en mi defensa.

Parecía que pensó que Stephan estaba viéndose con otra persona además de mí. Y que esa persona hizo las galletas. Lo ha malentendido. Stephan la corrigió de inmediato, y ella abrió el puño y se volvió a sentar con un golpe. Desde mi escondite, vi su perfil teñido de rojo con un rubor de vergüenza y sus hombros temblaron.

De repente me di cuenta; ella era diferente a cómo me la había imaginado.

Por mucho que Stephan la viera como su amiga; no era normal darle una opinión tan abiertamente al Príncipe Heredero en una voz tan alta. Y no se trataba de sí misma, sino de alguien a quien nunca conoció formalmente.

Sin duda no se puede confiar en los rumores.

—No se puede confiar en los rumores. Es completamente diferente a lo que escuché.

Las palabras de los caballeros vinieron a mi mente.

De hecho, el dinero es malo, pero ella no parece una mala persona.

Entonces, Fredericka-sama le pidió a Stephan que le contara sobre mí. Pasó mucho tiempo jadeando en admiración, “¡Wow, es verdad!” y “Qué agradable” en su dulce voz.

Desde detrás del pilar, pude escuchar los sentimientos de Stephan por mí, desde un punto de vista diferente, y mi corazón se curó.

Me apoyé contra el pilar y suspiré.

También soy culpable por juzgar a una persona por un rumor irresponsable. Stephan me había dicho que llegó a darse cuenta de que ella era diferente después de que la acusara de maldad. Me sentí avergonzada de que mi mente haya sido nublada por los celos.

Pensé que debería disculparme con Fredericka-sama. Justo en ese momento, Fredericka-sama le estaba preguntando si podía conocerme. Stephan respondió:

—Si ella está de acuerdo.

Aunque trató mi decisión con consideración, he decidido ser amable.

No lo olvidaré: soy Priscilla Erschlen.

La prometida de Stephan y la futura Princesa Heredera.

He vivido de esta forma hasta el momento y lo seguiré haciendo en el futuro.

Cabeza en alto. Espalda recta.

Salí de detrás del pilar.

— ¿Priscilla? —dijo Stephan en un extraño pánico. Miré hacia el patio con cuidado.

— ¿Stephan, estabas tomando tu té aquí? ¿Puedo unirme?

Mientras me acercaba, Fredericka, que estaba boquiabierta, se levantó de su asiento.

—Por favor, tome asiento —dijo ella.

El caballero en pánico rápidamente trajo otra silla, así que todos pudimos sentarnos.

Miré a Fredericka; tenía unos brillantes ojos verdes y unas mejillas rosadas. Sonrió ampliamente.

¡Wow! Quería exclamar.

Era como un lindo animal pequeño; muy lindo e interesante.

—Perdonad mi intrusión, Stephan-sama, Fredericka-sama.

—No me importa. ¿Acabas de llegar?

—Er… Sí —dije una pequeña mentira. Stephan probablemente estaba avergonzado, preguntándose si había escuchado sus comentarios anteriores. Pero, los he puesto en el cofre del tesoro, en mi corazón.

—Oh, um, Lady Priscilla…

— ¿Sí? —me giré para mirar a la tímida Fredericka-sama.

Elogió mis galletas entusiasmada con una sonrisa encantadora.

— ¿Tanto te gustaron? Me alegro —respondí mientras pensaba en su bonita apariencia. De alguna manera, me siento como si estuviera mirando a un simpático gatito. Quiero cuidar de ella, ponerla en mi regazo y acariciar su cabeza.

Me pregunto qué clase de deseo loco es ese.

¿El General Real también se sintió de esta manera?

A pesar de que nunca nos habíamos conocido, siento que solo reunirme con ella hoy era algo lamentable.

Me disculpé con ella en mi corazón y me decidí a ser su amiga, pero el comentario posterior de Fredericka lo llevó un poco más lejos…

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