El Duque que odia a las mujeres – Capítulo 17: Julia va al Barrio Central

Traducido por Kiara

Editado por Tanuki


Después de lo que pase, James continuó viniendo a visitarme a la casa de los Borbons y me invitó a salir. No quería que me vieran con él, así que lo rechacé. Sin embargo, a él no le importó mi actitud fría; Continuó visitando la casa de los Borbons regularmente. Debido a esto, comenzó a circular un rumor sobre el amor entre la brecha del poder de estado entre el Tercer Príncipe de Basseterre y una Pobre Señorita. El conde y la condesa estaban sorprendidos por el desarrollo. Isabel hizo comentarios sarcásticos. No era difícil imaginar que si Isabel no se quedaba entre las novias candidatas del duque; Ella no sería tan optimista.

De todos modos, ahora era casi imposible encontrar a mi hombre destinado en la capital.

James me había visitado ayer, así que probablemente no vendría hoy. Es muy popular entre la sociedad. Tenía una amplia gama de amigos y conocidos y me presentaría como su mujer amada. Ah, tan molesto. Sabía su objetivo. Actualmente en el reino de Basseterre, el primer y segundo Príncipe están en competencia por el trono. No estaba interesado en apoyar ninguno de los dos lados, por lo que estaba creando una cortina de humo, usando su falso cortejo conmigo para hacer que pareciera un Príncipe frívolo, por lo tanto, no ser usado políticamente, pero hoy no tendría que pasarlo con el.

—Hannah, hoy vamos a ir al mercado central. La feria mensual se lleva a cabo hoy, así que prepara ropa sencilla para no destacar en la multitud.

Aparte de encontrar a mi hombre destinado, también estábamos en la capital por otra razón. La ganadería lechera era el comercio más grande en Hermiata, pero no tenía mucho dinero. Así que me pregunté si podríamos vender algo que pudiera ser clasificado como un producto especial hecho con nuestra leche. Se me ocurrió el caramelo. El caramelo se puede hacer usando solo azúcar y leche; se mantiene en buen estado durante mucho tiempo, por lo que podría ser transportado desde nuestro remoto condado a otros lugares sin problemas. El caramelo se hizo con la leche de las vacas Kaliminaco que eran nativas del país Hermiata; La leche tiene un sabor rico y profundo, aunque lo diga yo misma, pero es bastante sabrosa. Estaba convencida de que si el caramelo fuera reconocido en el mercado central de la capital, pronto sería conocido en todo el Reino.

Llevaba un sencillo vestido beige discreto. Hannah llevaba una camisa blanca sobre una falda azul. Como sea que lo mires, nos vemos como dos chicas lindas en un día de paseo. No se veía bien que se viera a una señorita aristocrática vendiendo cosas. Si nos pusiéramos una capa elegante sobre nuestra ropa simple, nadie se daría cuenta de lo que vestíamos. Además al personal de la casa de los Borbons no le importa nada de lo que hacemos.

Llevamos el carruaje Borbons a un pabellón cercano, le dijimos al cochero que nos esperara allí mientras nos quitamos nuestras elegantes mantas y tomábamos un ómnibus en dirección al pabellón central. Cada una llevaba una  pequeña cesta llena de caramelo. El vagón estaba lleno de pasajeros sentados en bancos unidos a lo largo de los lados del carruaje, y nos sacudimos durante el viaje hacia la sala central. Era bastante incómodo ser presionado por ambos lados.

—Señorita, escuché que Helmina abandonó la candidatura para el matrimonio del duque Magnaria —, Hannah me susurró al oído —Ahora, el duque ha sido visto en la ciudad con la señorita Muriel. Escuché que parecen ser muy cercanos y compatibles, y se encuentran todos los días. Puede que ya esté decidido.

—Es así… Muriel es considerada una dama aristocrática ejemplar, sería una pareja perfecta para el duque. No me sorprende que Isabel estuviera de mal humor esta mañana, me acosó tanto.

La verdadera naturaleza de Muriel estaba muy lejos de ser una dama ejemplar, pero el duque también ocultaba su verdadera naturaleza. Ambos estaban bien emparejados. ¡Sería perfecto si se casaran pronto!

Sentí un escalofrío de miedo cada vez que recordaba la mirada febril del duque en el Parque; sus hermosos ojos mirándome mientras descansaba sus brazos en la estatua y se inclinaba sobre mí, su suave cabello dorado colgando entre nosotros haciéndome cosquillas en la mejilla. Sus ojos azules estaban ligeramente entrecerrados, pero me miraba como si me devorara, como si estuviera mirando a su amada… sin embargo, todo era un acto.

Mientras estaba sumido en mis pensamientos, el ómnibus llegó a la Plaza del Mercado del Barrio Central. La mayoría de los pasajeros se bajaron allí. Me bajé del autobús en medio de la multitud y miré hacia arriba para ver un mundo diferente.   La expansión de la plaza estaba rodeada de edificios altos con una arquitectura asombrosa. Había muchos puestos de mercado en la plaza y carreteras cerradas. Estaba lleno de gente. Era la primera vez que veía a tanta gente.

—Oh mi Dios… —, jadeé inconscientemente. 

Me quedé boquiabierta cuando lo observe todo. Un anciano que había estado en el carruaje con nosotros se rió de mí, su barba se sacudió mientras lo hacía.

—Cariño, ¿es esta tu primera vez en la sala central? Bienvenido, este es el centro del Reino de Bosch; calle central Myseln.

Había tanta gente, y me contagió de su vivacidad. Fui arrastrada por las personas que se movian rapidamente hacias sus destinos, fui guiada por una ola humana sin saber a dónde iba, pero era imposible detenerme, así que me aseguré de arrastrar a Hanna conmigo. Todo lo que vi era nuevo y fresco. Viendo los destellos de las vidas de los ciudadanos a medida que avanzabamos; una señora que estaba absorta en la negociación, una pescadora que gritaba a un gato que acababa de robar su pescado, una niña que vendía flores. Incluso los perros que dormían a la sombra de un edificio eran distintos. Todo brillaba como un tesoro.

¡Esto es Myseln! No podía creer que estaba rodeado por los tres grandes poderes. Estaba en el distrito llamado el centro del comercio y la política. La hija de un noble probablemente nunca había pisado este lugar antes; Fue emocionante ver el centro de la vida cívica.

— ¡Señorita! ¡¿A dónde vamos?! —Hannah preguntó un poco acosada. Estaba agarrando la canasta cerca de su pecho para no dejarla caer, su cara era azul y estaba sin aliento.

— ¡Soy tu hermanita Julia! Hannah, entremos en ese callejón entre esos edificios y pensemos en nuestra estrategia.

Conseguimos escapar de la multitud y entramos en un estrecho callejón entre los edificios para recuperar el aliento. Después de confirmar que los caramelos estaban intactos, le dije a Hannah, que parecía un poco sudorosa y alcanzó su punto máximo: 

—Hoy hace sol, se derretirán si no nos movilizamos, deberíamos encontrar tiendas que estén dispuestas a venderlos. ¿Deberíamos probar tiendas en la calle principal? 

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