Lucia – Capítulo 3: ¿Nos casamos? (1)

Traducido por Maru

Editado por Tanuki


En primer lugar, no tenía intención de escuchar a escondidas. Lo había seguido en la misma dirección hasta que se detuvo.

¿Cómo en el mundo puedo empezar esta conversación?

Su mente se sentía como si estuviera en un agujero negro mientras imaginaba un oscuro futuro. Se había olvidado de prepararse para este momento porque había estado incansablemente de simplemente encontrarse con él en persona. Sin embargo, sus pies ya estaba moviéndose en su dirección. Cuando lo descubrió, Lucía detuvo sus pasos y vaciló. Justo en ese momento, perdió su oportunidad ante otra mujer.

Ya estaba demasiado cerca para irse. Tenía miedo de ser descubierta, así que se agachó detrás de la hierba alta. No quería escuchar su conversación, pero no podía evitar escucharlos debido a la proximidad.

¿La Señorita Lawrence…? ¿Es… Sofía Lawrence?

Sofía era famosa dentro del sueño de Lucía. No tenía ningún vínculo amistoso con ella, pero Lucía la había visto un puñado de veces. Había muchas bellezas en la alta sociedad, pero Sofía había alcanzado la cima entre todas ellas. Si uno usara una comparación con la cadena alimenticia, estaría entre los principales depredadores.

Sofía Lawrence… ¿Es su ex amante?

Lucía ya sabía que tenía numerosos amantes. Para empeorar las cosas, cambiaba de pareja frecuentemente sin dudarlo. Cada una de sus compañeras tenía pechos grandes como sandías, cinturas delgadas como hormigas, ataviadas con un hermoso rostro. Si uno tenía que elegir un rasgo común entre todas ellas, tenía que ser que todas eran unas idiotas hermosas. Todas las mujeres eran idénticas entre sí, por lo que Lucía había sumido que esta era su preferencia cuando se trataba de mujeres.

Pero Sofía Lawrence era diferente. Sofía era como un ramo de lirios blancos. Tenía una gran belleza que destacaba, incluso aun cuando estaba rodeada de bellezas. Su padre, un barón, tomó importancia en la educación de sus hijos, por lo que se sabía que era una señorita joven refinada y modesta.

No es modesta en absoluto. Es una loba disfrazada…

Un marqués se había enamorado de su belleza y Sofía ya se había casado cuando Lucía iba a asistir activamente a las fiestas de la alta sociedad. El marqués era viudo, pero como hija de un barón sería un matrimonio adecuado. En un futuro lejano, Sofía moriría dando a luz a un bebé muerto. Lucía se sintió rara por alguna razón.

Se aferra a él tan desesperadamente…

Sofía, una joven glamorosa y una dama, había desechado todo su orgullo y suplicado. Al escuchar sus palabras, Lucía sintió mucha pena.

No es el único hombre en el mundo, ¿sabéis? Quería decirles. Pero si Sofía insistía en que solo había un “Hugo Taran” en este mundo, Lucía estarían indefensa y solo podría quedarse callada.

Lucía nunca hubiera imaginado que sería capaz de presenciar su estilo de citas de una forma tan clara. Para colmo, en el peor momento posible.

Ah… pero aun así. Pensar que sería un hombre que amenazaría de muerte a una ex amante…

Si Lucía estuviera en el lugar de Sofía, se desmayaría en el acto.

Esto de verdad… supera con creces lo que imaginaba…

Lucía sabía muchas cosas sobre este hombre, pero eran todos rumores que había recogido aquí y allá. No conocía personalmente a Hugo Taran en absoluto. Dentro de su sueño, solo lo había saludado una vez. Siempre lo había visto desde lejos. Había dibujado una imagen de él mientras veía a muchas personas rodearlo durante el baile, pero todo eso se había roto en pedazos. Era mucho más cruel de lo que predijo, y sobre todo, no tenía ninguna simpatía en absoluto.

¿Matrimonio por contrato? ¿Qué pasa si se enfada conmigo por proponer algo tan absurdo?

Si lo hacía enfadar, ¿la mataría también?

¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?

Cuando Lucía se estaba preocupando hasta morir, él detuvo sus acciones indulgentemente.

—Salga. Es hora de dejar de espiar como un gato ladrón.

Lucía estaba asustada sin sentido. Contuvo la respiración por un breve momento, pero él la estaba llamando con seguridad. Decidió que ya era demasiado tarde para echarse atrás y se levantó de su posición agachada. Como era de esperar, estaba mirando en su dirección.

—Lo… siento, Su Gracia. No quise escuchar a escondidas…

—¿No estás un poco lejos para una discusión?

Lucía caminó vacilante por la hierba alta y se detuvo a un par de pasos de él.

—Otra vez… lo siento mucho. Realmente no quise escuchar su conversación. No era mi intención escuchar y no diré una palabra sobre esto. Lo prometo.

—Está bien. ¿Qué es lo que tienes que decir?

—¿Eh?

—Me has estado siguiendo durante los últimos días porque tienes algo que decirme.

Quería averiguar el objetivo de esa mujer y apresurarse a casa. Su anterior estado de ánimo entretenido ya no existía.

Oh, Dios mío. ¿Lo supiste todo el tiempo? ¿Sabías que te estaba acosando todo el tiempo?

Lucía estaba sorprendida, no, avergonzada. No sabía lo que sentía entre ambas emociones cuando sintió que sus ojos se movían hacia la parte de atrás de su cabeza. Sintió el sudor frío goteando por su espalda.

Hugo sintió que su estado de ánimo se iluminaba al verla congelarse como una figura de cera. Emitía una sensación diferente de cerca en comparación a cuando la veía de lejos. Su voz tranquila tenía un tono tranquilizador y sus expresiones eran muy animadas. Parecía que su figura limpia anterior se debía a la fatiga que había acumulado este tiempo. No era una belleza, pero, ¿cómo debería decirlo?

Linda.

Parecía un pequeño herbívoro. ¿Algo como una ardilla o un conejito? Nunca había mirado a una ardilla o un conejito y pensó que era lindo. Ni siquiera tenían el valor de cazar. Sin embargo, era un hombre que acogía cualquier contradicción de sí mismo.

—Tu propósito. No me hagas repetirme muchas veces.

—Así que… es así. Contrato… Quería proponer un contrato.

—¿Contrato?

Hugo estaba un poco decepcionado. Era más aburrido de lo que había esperado.

—Sí. Un contrato. Un contrato para cambiar una vida.

Mi vida. Añadió Lucía en sus pensamientos.

—¿Un contrato para cambiar una vida, dices?

Eso sonaba interesante.

—¿No te estás quedando atrás en la presentación?

—Ah, sí. Tiene toda la razón. Pero como ya dije, este es un contrato muy importante…

Lucía contempló con todas su fuerzas el método correcto para transmitir este mensaje.

Quiero escapar de mi situación actual. en cuanto a los problemas futuros, los trataré a medida que se presenten.

—Este es un lugar inadecuado para sacar a colación un tema así. Quién soy, los contenidos del contrato, todo.

Parecía sospechosa, pero decidió reconocer su petición. Según sus sentidos, no había nadie vagando por la zona. Sin embargo, si la información que necesitaba para transmitir era confidencial, no sería mala idea estar más seguro.

—¿A dónde quieres que vayamos?

—¿Estará bien hablar en su mansión?

Hizo una pausa para reflexionar un momento.

—Está bien. ¿Cuándo?

—Lo contactaré en el futuro.

Hasta ahora, siempre había sido el jefe del contrato. Hasta ahora, siempre había sido él el que tenía la ventaja, y seguiría siendo así también en el futuro. No se molestaba en contratos que lo ataran. Ella era la que solicitaba el contrato, por lo que él también tendría la ventaja en esto. Pero ella se había comportado como si fuera al revés. Era uno de los dos. O bien ella no sabía nada mejor y no tenía miedo, o estaba tratando de engañarlo.

—¿Me estás diciendo que espere un mensaje que se enviará en una fecha desconocida?

Un río de sudor comenzó a bajar por la espalda de Lucía. Sin embargo, puso un frente digno y valiente.

—Debería ser capaz de soportarlo. Es un contrato que cambia la vida, después de todo.

Fijó sus ojos en Lucía con diversión. Desde que nació, nadie se había comportado sin sentido. Era imposible juzgar su carácter por su apariencia, pero ella no parecía tan descarada como para tratar de engañarlo. Sin embargo, la forma en que le devolvió la mirada con los ojos abiertos, tratando de fingir ignorancia a su propio miedo, había despertado su interés.

—Espero que tus palabras sean como dijiste. No soy una persona hospitalaria.

Lucía corrigió en sus pensamiento que probablemente nunca tuvo un “momento” siendo hospitalario con nadie. Era un hombre cuyo lema en la vida era amenazar a otras personas. Podría ser que ella hubiera estado completamente fuera de lugar juzgando al Duque de Taran en su totalidad. Pero ella entendió una cosa. Este hombre no era un caballero.

—Sí… Lo tendré en cuenta.

♦ ♦ ♦

Lucía necesitaba a alguien que pudiera aconsejarla. Quería pensar esto a fondo con otra persona. La única en quien podía confiar adecuadamente para aconsejarla, era Norman. Norman era mayor que Lucía, aunque Lucía tenía más años de vida si contaba su sueño. Norman había escrito muchas novelas usando las dificultades y experiencias de su vida. Ella podría ayudarla.

No podía confesar cada detalle a Norman. Ella pensaba que era una criada de palacio.

En realidad soy una princesa. Estoy pensando en pasar por un matrimonio por contrato con el Duque de Taran. ¿Crees que podré tener éxito?

No había forma de que pudiera decir tales cosas.

—Norman, necesito hacer una elección importante en mi vida.

Lucía quería expresarlo de forma abstracta.

—Hay dos caminos delante de mí. Si no hago nada, terminaré yendo hacia el camino de la izquierda. Sé lo que me va a pasar en ese camino. Terminaré sufriendo mucho y viviré una dura vida. Sin embargo, puedo intentar ir por el camino de la derecha. No tengo idea de si ese intento tendrá éxito o no. Incluso si tengo éxito, no tengo idea de qué tipo de camino es. El camino de la derecha puede llevarme a una vida mejor, pero al mismo tiempo, existe la posibilidad de que acabe viviendo en un sitio peor que el infierno. Norman, ¿qué camino cogerías?

—Si fuera yo, me arriesgaría con el camino de la derecha.

—Ni siquiera necesitaste pensarlo…

—¿No dijiste que sabes lo que te pasará si coges el camino de la izquierda? Para empeorar las cosas, será una vida miserable. En tal caso, tienes que arriesgarte. Incluso si el camino correcto conduce a un caso peor, será algo que decidí por mí misma y no sentiré ningún arrepentimiento.

—Arrepentimiento…

—Y si supieras todo sobre tu futuro, ¿no sería aburrido? La vida solo es divertida cuando no sabes lo que pasará. Incluso si uno se siente solo hoy, ¿y mañana? La gente solo puede vivir con esta esperanza en sus corazones.

—Wow, Norman. Pareces sabia.

—Jajajaja. “Sabia”, ¡sal de la ciudad! Soy alguien que vive sin siquiera saber lo que significa la palabra “mañana”. La vida es una apuesta. Solo tienes un disparo. No hay forma de que ganes nada sin arriesgarte a algunos peligros.

Como Norman expresó, esto era una apuesta. Una apuesta con su vida en juego. Si ella tenía éxito y se convirtiera en la esposa del Duque, su vida cambiaría por completo. Incluso si se casara solo para terminar divorciada, se garantizaría una compensación básica para vivir. Su sueño de vivir en una pequeña casa de dos pisos ya no era un sueño tan lejano. La vida que había vivido en sus sueños había sido terrible. Quería vivir una vida tranquila y despreocupada.

Sí, vamos a por ello. Solo hay una oportunidad en la vida.

Ante de que el coraje de Lucía pudiera desaparecer, abandonó la casa de Norman y se dirigió a la mansión del Duque de Taran. Podía detener a cualquiera en la calle en busca de direcciones a la mansión del duque y podrían indicarle el camino. Todo estaba navegando sin problemas hasta este punto. Cuando se enfrentó a las imponentes puertas de acero de la mansión, no podía respirar. Todo el valor que había acumulado se convirtió en un pequeño guisante.

¿Por qué no hay nadie aquí?

No había un solo soldado custodiando la mansión del duque.

¿Mis esfuerzos fueron en vano?

Si un guardia real la hubiera interrogado preguntando quién era, habría tenido que huir, pero sintió un extraño vacío al no ver a nadie allí. Empujó la puerta para ventilar su frustración, pero la puerta se abrió con bastante facilidad.

Oh, Dios mío… se abrió.

Se asomó por la puerta muchas veces y vaciló antes de entrar con cuidado en la finca. Supuso que, dado que era la mansión del Duque, alguien la vería tan pronto como apareciera. Lamentablemente, no importaba cuánto pasease, no podía ver ni la sombra de otra persona.

¿Por qué este lugar está tan mal protegido? ¿Llegué correctamente a la mansión del Duque?

—¿Quién eres tú?

Un hombre apareció de repente frente a ella, que había estado merodeando por la mansión. Lucía se quedó sin aliento, mientras presionaba sus manos contra su pecho para calmarse. El hombre no parecía disculparse por sorprender a la chica sin motivo. En su lugar, la presionó más y comenzó a inspeccionar a la chica de cerca.

—No te ves como una empleada de este lugar. ¿Qué estás haciendo aquí?

Se tambaleó alrededor con un tono grosero. El hombre pelirrojo llevaba una imponente armadura grabada con un león negro. Lucía se mantuvo de pie.

—¿Eres uno de los caballeros del Duque?

—¿Qué es esto? —murmuró el hombre divertido mientras analizaba a Lucía de arriba abajo —Lo soy. ¿Y?

—¿Está Su Gracia en casa?

—Me pregunto. ¿Por qué estás buscando a Su Gracia?

—Me disculpo por interrumpir, pero, ¿estaría bien si le transmitieras a Su Gracia que tengo un mensaje para él? Solicito una audiencia con el Duque de Taran.

—Entonces, ¿quién eres?

—Yo… tengo un mensaje importante para Su Gracia. Él estará dispuesto a reunirse conmigo si le dices que soy la persona que le propuso un contrato en el Baile de la Victoria.

—No me importa eso. Te estoy preguntando quién eres. No puedo invitarte a la mansión de nuestro Señor cuando ni siquiera sé tu nombre. No pareces un noble. ¿Eres comerciante?

Lucía sintió que le ardían las orejas. En su estado actual, sería difícil insistir en que ella era una noble, y mucho menos una princesa. Incluso si él respondiera violentamente, ella no tendría nada que decirle. Lamentó no haber fingido ser una chica de los recados para transmitir el mensaje. Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse ahora.

—Aunque estoy vestida de esta manera y parezco insignificante, soy una noble.

El hombre se quedó helado mientras miraba a Lucía un momento. De repente, se dio la vuelta.

—Sígame.

♦ ♦ ♦

Alguien golpeó la puerta con fuerza.

—Voy a entrar.

El pelirrojo asomó la cabeza al interior de la oficina, donde un hombre de cabello negro y sombrío estaba sentado detrás de un amplio escritorio. El Duque miró al hombre que entraba en la habitación. Al momento siguiente, estaba leyendo documentos mientras los firmaba.

—¿Dónde está Jerome?

Si su riguroso mayordomo hubiera sido testigo del rudo comportamiento de este tipo, no habría guardado silencio.

—Tuvo que irse para ocuparse de algunos asuntos. Me dijo la razón, pero he olvidado de qué se trataba.

Debía ser una tarea bastante urgente. De lo contrario, Jerome no se habría ido, dejando a este tipo a cargo él solo.

Probablemente no tuvo que irse por mucho tiempo, por lo que decidió no molestar al Duque con este asunto.

—No tengo tiempo para jugar contigo. Hazlo solo.

—Shhh. Siempre me tratas como un mocoso inmaduro —se quejó. —Ni siquiera eres mucho mayor que yo —murmuró el pelirrojo por lo bajo.

—Si fueras un mocoso inmaduro, te habría dado una lección hace mucho tiempo.

—Wow, después de vencerme tanto durante nuestras sesiones de entrenamiento, ¿cómo puedes ser tan descarado con esas palabras?

—Hacía eso porque eras lindo.

—Ah, mierda…

Respiró con resentimiento. Hugo se mostró divertido, sonriendo un poco; luego volvió a su habitual actitud fría. La única persona a la que le mostraría esas expresiones era a ese mocoso.

—Tienes un invitado.

—No tengo esas cosas programadas para hoy.

Había una cantidad interminable de personas haciendo cola para reunirse con él. Si Hugo estuviera de acuerdo en reunirse con todos, nunca podría dormir.

La mayoría era respetuosa y enviaba cartas formalmente solicitando una audiencia. Sin embargo, había un  puñado de personas que interrumpían para encontrarse con él también. Ignoraban la advertencia del guardia y forzaban su entrada. Se acomodaban descaradamente en la sala de estar y afirmaban que ya tenían permiso desde que ya estaban en su casa.

Al final, era demasiado problemático y Hugo se deshizo de los guardias por completo. Si cruzaban la puerta, los reportaría por haber entrado ilegalmente en la casa de alguien. Para esos nobles, apuntaría su espada hacia sus gargantas. Cuando la espada cortaba la piel, caía una pequeña cantidad de sangre. Después de tal espectáculo, nadie se atrevió a irrumpir en la mansión nunca más. Pero al mismo tiempo, se hizo famoso como un Duque malvado.

—Ella es una invitada muy divertida. ¿Por qué no le echas un vistazo?

—¿La conozco?

—No. Aunque parece una pobre plebeya, dice ser una noble —dijo el pelirrojo mientras se reía. —Más que eso, su ropa es una mierda y no tiene sirviente. Aun así, ella tiene un aire muy seguro de sí misma. ¿No es divertida? Me muero por saber por qué tiene que encontrarse con el Duque.

Los ojos de Roy, el hombre pelirrojo, brillaron mientras Hugo chasqueaba la lengua. Un tipo desvergonzado que había interrumpido su trabajo solo para satisfacer su propia seguridad. Si su mayordomo, Jerome, estuviera aquí, estaría saltando de ira. Roy sabía que Jerome le daría largos discursos y los criticaría durante al menos dos horas. Aun así, su diversión inmediata era más importante.

Roy había estado hablando sin parar sobre lo aburrido que estaba. Si se negaba, Roy lo molestaría hasta el final. Justo en ese momento, Hugo se sentía fatigado por los interminables documentos que debían revisarse. Sería una buena idea tomar un leve descanso.

—¿Hubo otros mensajes?

—¿Qué… más dijo ella? Primero de todo, es una chica.

Hugo había pensado que sería un hombre todo este tiempo y frunció el ceño con ira. Roy se echó hacia atrás como si hubiera sufrido una quemadura y corrió hacia el rincón más alejado de la oficina.

—Ella habló algo sobre un contrato en el Baile de la Victoria. Dijo que Su Gracia se reuniría con ella sin importar nada.

Los ojos de Hugo temblaron. Después de diez días sin mensajes, había sospechado de las intenciones de esa mujer.

—¿Dónde está ahora?

—En la sala de estar. Oh, no la dejé sola en la habitación. Ordené a una criada que le sirviera té. Soy consciente de los modales básicos —la jactante figura de Roy se veía lamentable.

Dos hombres se sentaron frente a Lucía. Ella tomó un sorbo de té mientras miraba al Duque de vez en cuando. No podía creer que estaba sentada en la misma habitación que él de esa manera.

Aunque no era la primera vez que lo veía, era todavía más interesante ver al Duque en persona.

De verdad… es el Duque de Taran…

El contraste de su cabello negro azabache y sus ojos rojos escarlata asustarían a cualquiera que se lo encontrara. Su presencia era tan fuerte que dejaba una impresión inolvidable. Esta era su primera reunión desde el Baile de la Victoria, y estaban sentados uno frente al otro en una habitación muy iluminada.

—¿Viniste sabiendo que estaba en la mansión?

—N-No. Si no estuviera en casa, habría dejado un mensaje.

Su voz reflejaba mucho su apariencia física. Su voz era de un tono grave y bajo, pero tenía un aura dominante y penetrante.

Incluso su voz es asombrosa… Pensó mientras se encontraba en cuclillas junto a la hierba alta. Yo… No tenía idea de que me afectaría tan fácilmente por la apariencia y voz de una persona.

Dentro de su sueño, había sido estafada en numerosas ocasiones, pero nunca pudo aprender la lección. Ella había perdido todos los ahorros de su vida por un hombre guapo por el que había caído de cabeza. No importaba cuán amargamente sufriera en su vida, era difícil que tales sentimientos humanos cambiaran solo porque uno no deseaba que lo hicieran.

Probablemente sea por el Conde Matin.

Lucía nunca había visto o conocido a un hombre mientras vivía en el Palacio Real. El primer hombre que Lucía había conocido era viejo, obeso, bajo, feo y violento. Después de tal experiencia, no pudo evitar que un hombre guapo le robara el corazón.

Aunque ser guapo no lo hace un buen hombre…

El hombre frente a ella era la prueba de ello. Este hombre era un chico malo. No tenía problemas en pisar el corazón de una mujer como un juguete. Aunque Lucía era consciente de todo esto, no tenía confianza en que no se convertiría en alguien como Sofía en el futuro. Si él susurraba dulces palabras en sus oídos con esa cara y voz, se perdería.

Ten control de ti misma. Debes dominarte. Intentó calmar a su tembloroso corazón.

—He sido grosera solicitando una audiencia sin previo aviso. Por favor, discúlpeme por mi tardía presentación. Soy la princesa número dieciséis del Emperador, Vivian Hesse. Es un honor poder hablar con Su Gracia.

—Pfff

Cuando Lucía se presentó como la “princesa número dieciséis”, el chico pelirrojo que la había guiado por la mansión, se echó a reír. No pensó mucho en su risa burlona, solo lo observó sin pensar en lo desconsiderado que era. En ese momento, recordó quién era ese hombre.

Roy… Krotin.

El leal subordinado del Duque de Taran. Era conocido como el joven pelirrojo, el Perro Loco Krotin. La mayoría de las historias que hablaban de Krotin eran exageradas, pero justificando solo la mitad de las historias eran suficientes para calificarlo con el título de “Perro Loco”.

—Para no perder el tiempo de Su Gracia, iré directa al grano. He venido… a pedir la mano de Su Gracia en matrimonio.

Tan pronto como Lucía terminó su oración, contuvo el aliento. Se sentía como si su corazón explotara por la quietud. Después de cruzar el punto de no retorno, se sintió mucho mejor al decirlo. Lucía siguió observando su expresión. Sus cejas se torcieron momentáneamente, pero sorprendentemente, mantuvo su expresión indiferente. La reacción fogosa estalló a su lado.

—JAJAJAJAJA.

Roy se rió como si se estuviera muriendo. El Duque de Taran lo miró fríamente, preguntándose si se había vuelto loco. Aun así, la risa de Roy no se detuvo. Al final, el Duque le dio un golpe en la cabeza y consiguió detener su risa. A cambio, Roy lloraba de dolor.

—Ugh… ¿Estás tratando de matarme? —Roy sostuvo la nuca y gritó de rabia, mientras una lágrima solitaria colgaba de la esquina de su ojo. Lucía, que los observaba, dio un respingo.

¿Es por eso que lo llaman el Perro Loco?

—Eres ruidoso. Tú, vete.

—¿Eh? ¿Por qué?  Mantendré la boca cerrada. De verdad.

Roy cerró la boca con fuerza, mientras Hugo chasqueaba la lengua y volvía su atención a la joven que estaba sentada frente a él.

¿Una princesa?

Hugo observó a la joven que decía ser princesa. En el pasado Baile de la Victoria, parecía una dama noble. Ahora, en este momento, no parecía diferente a ninguna mujer común que se pudiera encontrar en la calle.

¿Y ella dice ser una princesa?

No le interesaba la familia real. El rey mismo probablemente no tenía ni idea de cómo se veían todos sus hijos. No eran solo uno o dos. Por lo tanto, asumió que realmente era una princesa. El rango de su estado era demasiado bajo para que ella pudiera hacer todo lo posible para fingir y mentir al respecto, además, era extrañamente detallada al respecto.

Amaba a las mujeres, pero tenía sus propias reglas. No se acercaba a nadie que el causara más problemas de los necesarios. Solo necesitaba una chica con quien dormir, alguien a quien pudiera dejar de lado mientras afirmaba que solo estaba borracho. Una princesa ocupaba el primer lugar en su lista de zonas prohibidas. Para empezar, no le daba espacio para mantenerse en contacto. Si hubiera sabido que era una princesa, no habría aceptado esta reunión.

—¿Quién fue?

—¿Qué…?

—Princesa, ¿quién la envió aquí? La discusión no puede continuar hasta que el autor intelectual esté presente.

—¿Cree que soy una princesa?

Lucía había pensado que se volvería loco por intentar engañarlo. Había decidido recibir palabras insultantes y ofensivas sin quejarse. Pero su reacción fue demasiado calmada.

—¿Estabas mintiendo?

—No. No estoy mintiendo. Yo… pensé que se enfadaría.

—Me hubiera vuelto loco si mentía.

Recordó sus palabras en el pasado Baile de la Victoria. Un escalofrío le recorrió la espalda. No había nadie que pudiera dar más miedo que él, cuyo peso de la palabra “loco” tenía un significado diferente.

—No estoy mintiendo. Aunque hay cosas que no puedo decirle… No soy alguien que miente. No hay nadie más tratando de tirar de los hilos. Soy una persona que decide todo.

—Princesa, ¿hay alguien que sepa que está aquí?

—Nadie lo sabe- nadie sabe que la Princesa Vivian ha abandonado el Palacio Real.

No era mentira. Había dejado el palacio como una criada que servía a la Princesa Vivian. Actualmente, se había registrado que la Princesa Vivian se estaba ocupando de sus propios asuntos dentro del palacio.

—Voy a averiguar cómo es posible en una fecha posterior. ¿No solicitó un contrato la última vez? Esto es diferente a lo que dijo antes.

—No es nada diferente. Le estoy proponiendo un contrato. Un contrato que cambia la vida con el matrimonio en el terreno de juego.

Estaba asombrado de que perdiera el tiempo en enfadarse. Un calor hirviente comenzaba a elevarse por su estómago. Una pérdida de tiempo total y absurdo. Estaba haciendo lo que él odiaba. Se burló con frialdad de ella.

—¿Estás jugando con tus palabras sin sentido?

—Sé que estoy diciendo palabras infundadas. Entiendo que sienta rechazo por mis palabras abruptas. Estoy aquí para presentarle todas las cosas que podrá obtener al casarse conmigo. Después de escuchar, estará bien rechazar la oferta. No voy a tomar mucho de su tiempo. No volveré a molestarlo nunca más.

Esta mujer que parecía un frágil conejo parecía estar nerviosa hasta los huesos, pero había sido elocuente con sus palabras. Sus honestos ojos miraron hacia él. Eran los desesperados ojos que había observado una vez en el Baile de la Victoria. Sus ojos parecían muy desesperados, pero al mismo tiempo, no tenían ningún indicio de codicia. Como resultado, había estado interesado en ella todo el tiempo.

La razón por la que estaba escuchando sus palabras sin sentido hasta ahora era simplemente por esos ojos. Decidió perder su tiempo un poco más.

—Bien. Hable.

—Umm… Antes de eso. ¿Estaría bien si la persona a su lado sale de la habitación?

—¡No! ¿Por qué?

Roy, que había estado observando con ojos brillante, de repente se enfureció. Protestó contra perderse un espectáculo tan interesante.

—Princesa, puede estar aquí y discutir esto solo por mi culpa. ¿Cómo puede apuñalarme por la espalda después de tanto tiempo?

—Mmmm… Gracias. Y lo siento. Sin embargo, las palabras que transmitiré son asuntos muy personales. Esta es información que puede dañarme fatalmente en el futuro. No es que no le crea, pero creo que puede entenderme en esto.

—No soy de los que chismosean por la ciudad pero… por casualidad, ¿me conoce?

—¿Ah? Ah… ¿no es una persona famosa?

—¿Lo soy? ¿Alguna vez fui tan famoso…?

Roy se frotó la barbilla e inclinó su cabeza mientras Lucía lo observaba, empapada de sudor frío. Era verdad que sería famoso en un futuro lejano, pero eso podría no ser cierto en este momento.

Lo controla bien.

 Roy, que había estado saltando de rabia, se había quedado quieto y callado; Hugo se rió por lo bajo. Roy tampoco se sintió muy cómodo tratando de ir en contra de una mujer tan noble. Tenía un temperamento violento con una gran constitución, no tenía filtros para sus palabras y expresaba sus pensamientos con claridad, a menudo bruscos y maleducados. Y, para rematar, su fuerte voz parecía oprimir e intimidar a todos a su alrededor. Pero si lo conocías, no había nadie más sencillo que él. Podrías verlo como un perro muy grande y obstinado.

Uno no podía señalar a esta joven, pero ella era interesante.

—Abandona la habitación.

—… che.

Roy gruñó en voz baja, pero se fue sin pelear. Ahora que estaban solos, Lucía sintió que sus nervios se tensaban una vez más. Volvió sobre el último escenario en su mente una vez más. Esta era una apuesta. Ella tiró los dados.

—Yo… Soy consciente de que Su Gracia tiene un hijo que le sucederá.


Maru
¿Un hijo? ¿Ya tiene un hijo? Jum... A ver qué pasa aquí.

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