Marietta – Capítulo 33: Primera noche juntos… (1)

Traducido por Maru

Editado por Sharon


Después de intercambiar besos con Belvant, Marietta saltó a su pecho. Su fuerte y robusto músculo pectoral atrapó fácilmente su cuerpo.

—Señor Belvant, te quiero.

Cuando se abrazaban con fuerza, el calor de su cuerpo se transmitía a través de la delgada ropa. Marietta exhaló un gran suspiro, y el aroma refrescante del jabón se hizo a un lado, pudiendo oler el aroma de Belvant al que estaba acostumbrada.

Feliz, frotó sus mejillas contra él y de repente se echó a reír.

—Marietta, eres una chica tan mimada…

Levantando la vista mientras le acariciaba la cabeza, una cara hermosa con una sonrisa muy amable la miró con cariño. Era una expresión que sólo le mostraba a Marietta.

—Está bien. Por eso, por favor, acompáñame tanto como sea posible.

—Te concederé tus deseos tanto como pueda.

Después de que el amado esposo de Marietta declarara tal cosa, le besó los párpados, las mejillas, la frente y toda la cara como si fuera una lluvia que caía. Sus labios formaban una dulce voz, y Marietta se rio tontamente cuando sintió que era delicado.

Luego de un tiempo, sus labios atraparon los de ella, y Belvant acarició suavemente el cabello de la joven. Mientras apoyaba la parte posterior de su cabeza, sus labios se encontraron una vez más.

Los labios de Belvant devoraron a Marietta con suavidad, chupándola y haciéndole cosquillas con la punta de la lengua.

Cuando Marietta abrió la boca, ya que no podía soportarlo, la lengua del hombre se deslizó en su boca.

Como Belvant conocía bien los puntos débiles de Marietta, movió la lengua con pequeños movimientos mientras le daba hábilmente estímulos.

Marietta, cuya boca estaba llena con su lengua y un placer que derretía, filtró na dulce voz nasal como la de un cachorro. La lengua al retirarse hizo un leve sonido, luego se lamió los labios.

—Mary, saca tu lengua.

 —Sí…

Marietta, que se distraía con los obscenos besos de Belvant, sacó obedientemente su pequeña lengua de sus labios rosados. Ella se entrelazó con la de Belvant, frotándose entre sí y, siendo arrastrada por sus besos, comenzó a temblar.

—Ah…

—Mary, ¿esos besos se sintieron bien?

Asintió como una niña mientras respiraba con pesadez.

—Buena chica. Esta vez, entrelazaré mi lengua a tu boca.

Marietta puso sus manos alrededor del cuello de Belvant cuando sus labios se encontraron, y su lengua atrapó la suya, explorando el interior de su boca.

Justo cuando ella pensó que le pillaba el tranquillo, su lengua se torció e invirtió la posición, y así, la lengua del hombre agitó con fervor el interior de su boca.

Cuando sus labios se separaron, se formó un hilo plateado que conectaba ambos labios.

Maru
Vaya forma de decir que era un hilo de babas

Las mejillas de Marietta se sonrojaron y con ojos humedecidos, miró a su esposo con ese encanto que le producía un deseo carnal.

Sin embargo, Belvant juró que mimaría a Marietta en su primera noche juntos, por lo que la acostó sobre la cama como si estuviera manejando un tesoro.

—Ya me perteneces —susurró mientras la molestaba lamiendo su oreja. —Mi linda Marietta, ¿cómo te sientes con esto?

—Ah… Ah…

—Eres tan sensible… Solo te lamí la oreja pero tu cuerpo ya está temblando.

Marietta se retorció cuando sintió que, de algún modo, el placer recorría su cuerpo como una descarga eléctrica cuando le molestaban la oreja.

Solo con escuchar la voz baja de Belvant resonar dentro de su oído, su abdomen se calentó. Como ella estaba desconcertada por el extraño cambio en su cuerpo, dejó salir un intenso jadeo.

—La noche es larga, así que tomaré mucho tiempo para bañarte con mi amor —dijo Belvant con una sonrisa.

En la profundidad de sus ojos azul hielo, una incontenible llama de deseo comenzó a prenderse.

Como ambas orejas estaban viciosamente atormentadas, Marietta jadeó con fuerza. A continuación, los labios de Belvant se arrastraron hacia su cuello.

—¡Auch!

Marietta gimió cuando él chupó con fuerza. Luego arrastró la lengua y lamió lentamente por todas partes.

 —Lo siento. Quería marcarlo como mío.

Desató la cinta de la ropa de dormir de Marietta y, mientras su vestimenta se aflojaba, sus labios se arrastraron a lo largo de su clavícula, mordisqueándola.

—Ah…

—Esto también es mío.

Aunque dolió, al mismo tiempo levantó la voz mientras aprendía del placer que recorría su cuerpo. Los labios de Belvant siguieron deslizándose por el cuerpo de la muchacha dejando huellas por todas partes.

—Mía.

Marietta pensó que Belvant era como un animal salvaje que estaba devorando a su presa lentamente. Él, que era gentil a pesar de tener una cara terrible, se rio con dulzura cuando la miró.

A medida que la bestia arrebataba rodo de la presa, lamiéndola con sus labios y lengua, ésta estableció su objetivo.

Aunque era bastante aterrador, pensó que ya no podía huir de estas manos. Mientras el calor se transmitía de alguna manera a través de su cuerpo, Marietta frotó sus rodillas.  Después de que Belvant le quitara la ropa interior y la de dormir, también se quitó la suya y se quedó desnudo.

—Muy hermosa.

—El señor Belvant también es de ensueño…

Un cuerpo robusto con hombros anchos y músculos firmes. Era el cuerpo de un hombre encantador que había luchado en innumerables batallas.

Marietta miró distraída a Belvant mientras estiraba las manos hacia su pecho. En respuesta, él alzó la voz y hundió el rostro en su par de colinas blancas.

—Realmente… Eres demasiado linda, es insoportable. Aunque no quiero ser rudo, no confío en que puede reprimir ese impulso.

Sus palmas grandes y voluminosas se arrastraron alrededor del cuerpo de Marietta como si estuvieran atrapadas ahí, mientras sus labios le besaban sus pechos hinchados.

A medida que aumentaban las marcas rojas, la respiración de Marietta se volvió áspera.

—Ah… Señor Belvant…

—Marietta, mi encantadora Mary. Eres mía.

Los senos de Marietta se frotaron a fondo hasta el punto de que su forma se adaptó a la de Belvant, y sus dedos jugaron con las puntas completamente rígidas, dándoles la vuelta dentro de la boca.

—Se han vuelto tan rígidos. ¿Te sientes bien?

La punta de color melocotón que decoraba los pechos ahora brillaba al estar completamente empapada en saliva. Cuando sus dedos tiraron hasta que indujo dolor, Marietta gimió y arqueó su cuerpo hacia atrás.

—Señor Belvant, perdóname, pero estoy empezando a sentirme extraña.

Desde que su amado le susurró palabras dulces y tocó su cuerpo por completo, la vergüenza dulce como la miel ya se desbordaba desde su interior.

—Es solo el comienzo. Este lugar ya está empapado, me ha estado anticipando. Buena chica, tengo que recompensarte bien —dijo acariciándole la cabeza.

Y tan pronto como dijo eso, puso las manos en las rodillas de Marietta y las extendió.

—Ah, ya… Es embarazoso. No mires tanto.

Marietta, cuyo empapado y secreto lugar estaba desnudo, intentó cerrar las piernas frenéticamente, pero no era rival para el poder de ese hombre.

—Marietta es linda aquí también. Tiene un color bonito…

—¡Noooo! ¡No pongas tu cara ahí!

Al ver que el rostro de Belvant se acercaba a ese vergonzoso lugar, Marietta, con ojos llorosos, luchó por resistirse.

—¡¿Qué estás haciendo?!

—Lamerlo.

—¿Qué…? —Marietta se sonrojó ante su tono varonil. —No, ese tipo de lugar está sucio.

—¿Qué dices? No está sucio en absoluto. Mira, huele tan bien.

—¡Nooo! ¡No lo huelas!

Marietta se retorció en la sábana por el exceso de vergüenza y Belvant se rió con una expresión llena de deseo.

—Además, ¿no has puesto el mío dentro de esa adorable boca tuya? Tengo que pagar mi deuda.

Belvant, que estaba sonriendo ampliamente, extendió su lengua y la insertó en la fuente de miel de Marietta.

—¡Aaaaah! No, ¡allá no!

Marietta tembló ante la lengua resbaladiza de Belvant, que violaba su lugar secreto mientras provocaba una sensación extraña que surgía de dicho lugar.

—¡No, no puedes lamerlo tan profundamente!

Belvant dobló su gran cuerpo e insertó profundamente su lengua para hacer palanca en el embarazoso agujero como un león bebiendo agua.

—Ah… Ah…

El rostro de Marietta se puso rojo brillante cuando su cuerpo se vio abrumado por el placer y la vergüenza. Levantó la voz mientras sus ojos acumulaban muchas lágrimas.

—¿Qué tal? ¿No se siente bien? Tu dulce miel rebosa sin parar.


Maru
Me agrada que te guste devolver favores, Belvant.

Sharon
No tienes idea, Maru. ¡He esperado ochenta y cuatro años para esto!

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