Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 25

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Después de tomar un baño, vestirse apropiadamente y tener un breve desayuno, Matilda fue a visitar al Marqués Bellmud, quien se encontraba sentado en la cama, con algunas almohadas amortiguando su espalda.

— ¿Has estado llorando? —le preguntó cuándo vio su cara.

Las mejillas de Matilda se sonrojaron de vergüenza. No debería haber llorado tanto.

—Es bueno llorar pero, es inútil seguir haciéndolo, ¿no es así?

Matilda sonrió, estaba conmovida. Es la primera vez que alguien le decía que era bueno llorar. Tal vez, esta persona es alguien con quien podía hablar acerca de su mente confundida.

Ella se sentó y se apoyó en la cama.

—No soy buena confiando y hablando con otros acerca de mis cosas.

Bellmud sonrió y dijo— ¿No eres un ser humano?

—Lord Bellmud es el abuelo de Leann…

—Ya veo, puedes identificar personas, tienes tanto cerebro como un perrito, —dijo, riéndose aunque sus palabras fueron duras.

— ¿Un perro? —inclinando la cabeza, ella repitió.

¿Tenía ella un instinto salvaje?

—Los humanos creen lo que quieren creer, los animales dependen de sus instintos. El primero, evita el pensamiento profundo. Este último, es como una apuesta, cree que uno no es limitado y que es amistoso con todos.

—Parece una respuesta erudita.

Bellmud acarició la cabeza de Matilda, era muy compasivo, como si ella fuera uno de sus nietos.

Aún era confuso.

—Quiero creer pero, no puedo creer porque no tengo la confianza.

Ella dijo en voz baja

—Entonces, es en defensa propia.

— ¿Defensa personal?

—No quieres ser herida entonces, usas la falta de confianza como una excusa para no involucrarte con los demás. Así rechazas la realidad.

— ¿Eh? —Ella se sentó.

— ¿Crees que te gustaría creer en ese tonto de Leann o ya crees en él?

Sus palabras parecen una especie de acertijo.

Matilda apoyó los codos en sus rodillas y la barbilla en su mano, mientras digería los comentarios de Lord Bellmud.

Podría decirse que ella le creyó. Ella le creía pero, todavía estaba ansiosa de que todo se cayera y la dejaran afuera en el frío.

Inconscientemente, apretó su puño, es verdad, estaba rechazando la realidad. En otras palabras, ella tenía miedo de perder.

—Una estatuilla de cristal es hermosa desde lejos pero, cuando te acercas, puedes encontrar motas de polvo por todas partes y, si el guardián es descuidado, se puede ensuciar y romperse.

—Sí

—Un día la estatuilla puede romperse.

—Sí.

—Pero, si posees la estatuilla, debes saber cómo cuidarla. Para que el polvo no se acumule, guárdalo en una caja de vidrio y protégelo con una cuerda invisible.

Al final de sus palabras, Matilda sonrió.

Leandroth hizo un gran esfuerzo para que su padre aceptara su propuesta de matrimonio.

Para ella, las acciones de Leandroth coinciden con sus palabras. Él la cuidó pacientemente, tratando de guiarla, protegiéndola…casi, como si fuera una figurita de vidrio que había adquirido.

Ella, se sorprendió al darse cuenta.

Él la trató de manera gentil y con amabilidad y siempre la quería cerca de él.

La expresión de su rostro, se volvió amable.

—Abuelo Bell, para tí, ¿qué clase de persona es Leann? —ella preguntó.

— ¿Leandroth? Hmm, él va a su propio ritmo, con una sonrisa incompetente en su rostro pero, realmente es alguien despiadado. Rara vez muestra lo que, realmente, está pensando. Estoy seguro de que el Leann de Matilda, es muy diferente del emperador Leandroth.

—Es directo y amable, inocente y gentil…

Bellmud se rió— ¿No es así como uno trata a la persona que ama?

El rostro de Matilda se volvió aun más rojo.

—El Leandroth que conoces y el Emperador, ninguno de ellos es una mentira. Son, simplemente, lados diferentes de una misma persona. No hay ningún humano que no tenga más de un lado para otros—, Bellmud continuo —Leandroth, realmente, te ama. Se nota, porque en estos días, camina sobre las nubes y su corazón está ardiendo.

Bellmud se rio.

Aunque, no estaban relacionados por sangre, Matilda sentía que el Marqués Bellmud y Leandroth eran muy similares.

—Ayer, Leandroth tenía una sonrisa verdaderamente feliz en su rostro… —le dijo Bellmud, mientras volvía la vista hacia la ventana, mirando hacia la distancia.

Hoy está soleado, el cielo es de un azul intenso con nubes blancas hinchadas que pasan. Los árboles se balancean con la ligera brisa.

—Abuelo Bell, ¿te gustaría convertirte en mentor de dos niños pequeños?

Leandroth no respondió cuando ella le habló al respecto. Tal vez, no le gustó la idea pero, de todos modos, le quería preguntar al Marqués Bellmud.

— ¿Mentor? —preguntó.

—Mis hermanos, tienen diez y nueve años, son hijos de mi madrastra: Ebert y Clervo.

Al pensar en ellos, sintió un poco de nostalgia.

Con suerte, a su padre, el rey, no le importaría si Matilda recomendaba al marqués. Es difícil ser completamente bienvenido y asimilarse a la vida de Icecoretta como el Primer Ministro de Barenshiaga pero, como caballero retirado, las cosas podrían ir mejor.

— ¿Madrastra?

—Mi madre murió cuando yo era joven y mi padre se volvió a casar con su hermana menor. Mis hermanos son sus hijos.

—Ya veo.

—Fue muy doloroso para mí el ver desaparecer del palacio, los recuerdos e influencias de mi madre.

Ella lo dijo con una sonrisa triste. Bellmud le devolvió la sonrisa.

Ella continuó: —Solo lo sugiero, porque pensé que el abuelo podría sentirse un poco solo.

—Mis recuerdos de ella, en este lugar, eventualmente, se desvanecerán…quizás, en algún momento, será bueno.

—Si eliges ir, por favor, envíame cartas.

Ella lo dijo con seriedad, mientras agarraba su mano.

El marqués estalló en carcajadas.

— ¿He hecho algo…?

—No, es la primera vez que encuentro a una dama tan agresiva.

—El abuelo Bell es atractivo…

— ¿Tenemos una historia de amor detrás de la espalda de Leandroth…? —Dijo en broma pero, Matilda se preguntó si acaso él era un poco serio.

— ¿Vamos a intercambiar cartas de amor entre Barenshiaga e Icecoretta? —ella respondió.

Los ojos del marqués brillaron con una fuerte luz interior.

♦ ♦ ♦

Matilda pasó un poco más de tiempo con el Marqués Bellmud, escuchando historias de la infancia de Leandroth. Cuando parecía cansado, lo dejó descansar y fue a ver a su médico a cargo. Fue informada de la condición del Marqués, no era algo serio, por lo tanto, se curaría fácilmente con tés medicinales.

Matilda puso una mano sobre su pecho y suspiró aliviada.

—Tal vez, Orlatta-sama respondió desde el cielo.

El doctor se rió.

Aunque la risa era tranquila, la hizo sentir un poco incómoda. No pudo aclarar la fuente de la incomodidad.

Matilda regresó a sus habitaciones. La sala de recepción había sido despejada para poner una gran mesa de comedor, donde sus damas de honor y su doncella personal, estaban  reunidas, hablando con entusiasmo. La mesa estaba cargada de comida y pasteles de diferentes tipos.

—Todos estos se ven deliciosos —dijo, sonriendo a las damas. Parecía que se estaban divirtiendo.

Ágata señaló su mano en una pose a un asiento vacío cerca de Augustina, —Es delicioso, por favor Emperatriz, tome asiento.

Ella quería decir que todavía no era la Emperatriz pero, sería una pena el seguir diciendo eso. Solo seguían la orden de Leandroth, así que sonrió y se sentó.

Un poco más tarde, Leandroth llegó.

Sólo había ocho de sus sirvientas personales porque dos de ellas estaban cuidando al marqués Bellmud, Julia la Jefa de Gabinete, Matilda y Leandroth.

—Por favor, sigan comiendo a gusto. —dijo Leandroth con una sonrisa.

—Comamos después de las oraciones.

Matilda envió gracias a los espíritus del bosque.

—Matilda, esto es delicioso —dijo Leandroth, mientras ponía un calamar hervido en su plato.

Ella se lo comió.

—Es delicioso.

—El chef cocinó todo esto. Háganos saber si le gustan los mariscos o lo que no le gusta y le diremos al chef.

Desde su asiento, le dijo Julia con una sonrisa.

—Gracias… —respondió Matilda.

—No solo sonría y diga que todo está delicioso, necesitamos nos de una opinión adecuada sobre los aspectos de la comida. Más tarde, te preguntaré, mientras tanto, prueba esto… —dijo Leandroth, mientras le entregaba otro plato.

Sus ojos se agrandaron.

— ¿Huh? ¿Qué quieres decir?

Le preguntó a Leandroth, quien estaba a su lado derecho.

—Sólo escúchame sin preguntar, así se siente como si fuéramos una pareja de casados.

Esa no fue una respuesta.

—Ahora, concentrémonos en comer, pronto hablaremos sobre ello.

— ¿Leann…?

No me di cuenta de que había un propósito para este almuerzo.

—Las albóndigas de carne también son deliciosas.

—Gracias, Leann, pero no puedes evitar los pimientos.

—Tan astuta.

Se rieron, mientras comían.

Después de que la comida estuvo terminada, Leandroth comenzó a hablar, mientras alcanzaban el postre.

—Reuní a todos aquí hoy, para comenzar el Salón de la Emperatriz. Espero que podamos reunirnos de esta manera, una o dos veces al mes. No podré asistir a todos ellos pero, espero que la reunión continúe sin mí. Es una reunión social pero, también es una reunión importante, para discutir la dirección que tomará el Salón.

—Su Majestad, ¿cuál es el propósito del Salón de la Emperatriz? —Julia preguntó.

—Me gustaría que el salón sea usado para planificar y gestionar la puesta en marcha de una estatua de la Emperatriz esto, para que se convierta en un símbolo de amor.


Ayanami
su propio team empress XD bueno algo así, Leann en verdad la ama

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3 thoughts on “Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 25

  1. Doriseugenia says:

    Me gusta el desarrollo de la novela es interesante y entretenido, los malos entendidos se arreglan rápido con mucho amor. Y estamos viendo mas facetas de leandro, de su familia y entendiendo un poco mas a la protagonista. ❤️💖❤️ Me gusta

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