Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 7

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Matilda inclinó su cabeza, mirando las flores.

El tiempo que estuvieron juntos fue corto, pero una persona que parecía ser bastante reflexiva y cuidadosa, solo le envía flores sin una nota.

Parecía extraño.

No era que Matilda pensara que realmente le gustaba, pero sentía que Leandroth no era quien podría hacer este tipo de cosas. Así que…las preguntas inundaron sus pensamientos

— ¿Está enfermo? ¿Le había sucedido algo en sus deberes? ¿Qué está pasando?

Matilda se sintió ansiosa, así que decidió ir a visitar a Leandroth. Se volvió hacia su doncella para pedirle que solicitara una visita.

Matilda no trajó a sus propias doncellas con ella, así que cuando le asignaron mucamas, ella había estado un poco nerviosa. Ella siempre era un poco reacia a pedirles que hicieran algo, pero la criada estaba encantada y dijo: —Iré y le contaré de inmediato al ayudante del emperador.

E incluso se fue corriendo.

Matilda sonrió atónita, ante el comportamiento de la doncella. Miró a las otras doncellas que permanecían en la habitación esperando en silencio sus peticiones.

Cuando llegó a Barenshiaga, se dio cuenta de que la actitud hacia ella era más bien ligera. No hubo incidentes para ridiculizar o que mostraran acoso.

Aunque, era un matrimonio que Barenshiaga quería, Icecoreta no podía negarse. Si alguien quería ser despectivo, a Icecoreta a veces se la consideraba sirviente de Barenshiaga, según su tamaño, posición y proporción del volumen de exportación, pero nadie le había dicho nada cruel en el castillo.

Todos parecían bastante amables. Era algo sorprendente.

Antes de abandonar su hogar y todo lo que había conocido, su padre no tenía nada que decir acerca del Imperio Barenshiaga o su Emperador Leandroth.

—Sé feliz —fue todo lo que dijo. Era extraño pensar en eso, ahora.

La princesa de otro país, generalmente, es tratada como un agente diplomático de su país.

Aunque se mudó a la casa de su esposo, la vida allí, era similar a la de su hogar de la infancia.

Estaba en Barenshiaga como representante del Reino Icecoreta. Sin embargo, Matilda fue tratada bien y con cuidado. Agradecía en silencio por ello.

Por lo que Leandroth le dijo, parecía que había sido seleccionada para el cargo de Emperatriz por algunos vasallos del Imperio. La idea la hizo sentir honrada.

¿Pero qué hay de los otros vasallos y señores? Debe haber ciudadanos de alto rango que deseen que su hija sea la emperatriz.

Y también las princesas de otros países vecinos, verían a la “Emperatriz Barenshiaga” como una posición atractiva.

Tratando de pensar objetivamente, este matrimonio debería estar, un poco, fuera de su alcance.

En primer lugar, la edad: sería bueno tener hijos a una edad más joven que ella, y por lo tanto, se verían jóvenes y bien, por más tiempo.

En segundo lugar, su inteligencia y habilidades sociales, aunque estaba segura de que era algo inteligente, no confiaba en sus habilidades sociales. Tal vez, ella debería hacerse amiga de su suegra primero, así sería más fácil integrarse a la familia de una forma más natural.

Matilda suspiró y apoyó la barbilla en su mano en el reposabrazos de la silla de glicinas.

—Princesa Matilda, ¿Se encuentra bien?

Una de las doncellas que la atendía la miró preocupada. Matilda le sonrió.

—Estoy bien, nada está mal —Ella no sabía si su sonrisa se veía sincera.

Su pensamiento volvió a las cosas al azar, comenzó a estudiar libros que mostraban los productos locales y la artesanía de Barenshiaga, y una guía de atracciones turísticas. Ella había estado pensando en salir a pasear sola. Con las atracciones turísticas, se pueden conocer las características distintivas de un área. Del medio ambiente, los animales, el tipo de plantas que crecen, y productos conocidos. En el clima de Barenshiaga, los cultivos crecen fácilmente.

Mientras pensaba en esto y aquello, la doncella que había enviado para solicitar una cita con Leandroth regresó. Ella parecía bastante preocupada.

— ¿Qué pasa? —Matilda preguntó.

La cara de su doncella se sonrojó cuando dijo rápidamente: —Princesa, al Emperador le gustaría su ayuda en la oficina.

— ¿Eh? — Matilda parpadeó dos veces.

¡Pero ella es una princesa de otro país! La realeza extranjera no participa en los asuntos políticos del país que visitan. Entonces, ¿por qué?

Ella inclinó su cabeza, —Nuestro Emperador está en una especie de trabajo problemático. ¡No ha dormido durante dos días! Princesa Matilda, por favor ayúdele.

Parecía extraño el estar emocionada por el giro de acontecimientos, pero Matilda se levantó de su silla con entusiasmo, haciendo cosquillas en su vientre.

—Tráeme mi vestido azul marino, escoge los accesorios que más te parezcan. Un maquillaje ligero, también. Nada de perfumes fuertes, porque serían una distracción en la oficina. Además, ¿puedo tener un reloj de arena?

Ella había comenzado a dar instrucciones sin pensar.

Eran ciudadanos del imperio Barenshiaga, la princesa de otro país no debería ordenarles como algo natural.

Sin embargo, todas las asistentes dieron un brillante y alegre, — ¡Sí, Princesa!

Matilda parpadeó sorprendida.

Se puso su vestido azul marino, tenía un cuello alto y botones plateados en la espalda. El encaje negro se asomaba por las hendiduras en los hombros y se alineaba en los bordes. Ella se veía muy inteligente. Una vez que estuvo vestida, fue directamente a la oficina del Emperador.

Al entrar a la habitación, había un olor extraño. Al atravesar la sala de recepción y entrar en la oficina, encontró a Leandroth enterrado bajo montañas de archivos y documentos.

—Mattie —su voz era cansada. Su expresión parecía haber sido drenada de energía, tenía círculos oscuros bajo sus ojos. Él levantó su mano débilmente hacia ella.

—Su Majestad.

—Leandroth —respondió él, parecía querer escuchar su nombre, pero la oficina no era un lugar apropiado, así que presionó.

—Me abstendré de llamarte informalmente a la oficina.

Ella le dijo, remilgadamente. Ella realmente no era linda. Pero Leandroth se rió aunque estaba somnoliento. Él era un inútil, en este estado. Por ahora, dormir era la mejor medicina.

Matilda comenzó a ordenar a los asistentes y secretarios en la oficina.

—Por favor, cierren todas las cortinas en la habitación privada. Su Majestad, necesita ir a tomar una siesta. Alguien consiga una manta para que su Majestad no se resfríe.

Se volvió hacia Leandroth con una actitud un tanto imperiosa.

—Su Majestad, por favor, tome una siesta, por el momento. Te despertaremos dentro de un rato.

—Pero…

Parecía vacilante, pero Matilda no se movió.

—Es inútil, si no duermes, solo cometerás más errores y sería más complicado resolverlo.

Sin esperar la respuesta de Leandroth, se volvió hacia las doncellas.

—Llamen a dos guardias. Cuando lleguen, dígales que lleven los documentos a la sala de recepción. Cuando hayan terminado, dividiremos los documentos en categorías y luego continuaremos desde allí.

— ¿Mattie?

Leandroth la llamó. Había estado viendo a Matilda hacer pedidos aquí y allá.

—Su Majestad, si no se va a dormir ahora, tendrá incluso menos tiempo para descansar.

Leandro se rió y dijo: —Muy bien, buena suerte, mi futura esposa —se rió entre dientes cuando fue a su habitación privada.

Kiara
y aquí es cuando una mujer se transforma e inmediatamente le hablan de trabajo

Fuera de la ventana, el sol acababa de pasar del mediodía.

—Princesa, he traído a los guardias.

Matilda asintió. Los guardias que le presentaron eran un joven y uno de aspecto más experimentado.

—Justo —pensó. Matilda les sonrió y dijo, —Caballeros, necesito su ayuda para llevar los documentos de la oficina a la sala de recepción. Estos documentos, como usted sabe, generalmente, solo son manejados por el Emperador y sus ayudantes, por lo tanto, me gustaría que nos vigilen por cualquier movimiento sospechoso.

— ¿Sospechoso? —El anciano guardián del palacio preguntó.

—Si se pierde un documento, puede ser testigo de que ninguno de nosotros tomó, inadvertidamente, algo de estas habitaciones.

Dicho esto, comenzaron a mover los documentos a la sala de recepción.


Kiara
wow, en este capítulo dejamos atrás a la Matilda depresiva y vemos como es a la hora de trabajar, espero no ser la única sorprendida, se sintió muy badass! ¿No lo creen? Gracias por leer y nos vemos en el próximo capítulo.

Ayanami
Es irónico como en lo personal se subestima demasiado y en lo demás tienen la confianza suficiente para tomar al toro por los cuernos!!

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6 thoughts on “Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 7

  1. Tarsis says:

    Jajajajaja así que la niña se nos vuelve una Hyde cuando se trata de trabajo. Me gusta. Al menos ese es un campo en el que se siente a gusto y confiada.

  2. Kitsune says:

    Era claro, ella estudio mucho se esforzaba para ser capaz en su reino, su meta siempre fue recibir la admiración de su padre, por lo que seguia avanzando, sin embargo su lado emocional con respecto al romance era muy bajo, normalmente alguien con un alto IQ, su EQ, no suele serlo, ya que se busca un porque de cada cosa jajaja ya me proyecte ,

  3. Cerezoo-chan says:

    Me encanta su transformación en modo de trabajo Matilda es excepcional lo único es que su autoestima es bajo pero de allí todo es ufff..
    Ya la adoro 💜🌸

    Muchas gracias por el capítulo 🌸🌸💜🌸🌸

  4. YukiMiketsu says:

    Haaaaaaaaa así que por eso no la había visitado ….esta bien lo perdono solo por que estaba estresado por tanto trabajo e.e
    Haaaa mira esa mujer de negocios!!!! Sabia que tenias caracter aunque solo sea para el trabajo :$

  5. Lirio Alicia says:

    Matilda en versión mujer de negocios es genial 👍👍 debería salir más seguido esa confianza ☺️☺️
    Gracias por la droga 😆😆😆

  6. Wini V. says:

    Creo que es normal que no tenga confianza en lo personal ya que fue criada en un ambiente muy frío y de forma solitaria casi sin amor y con pocos indicios de afecto, por otro lado eso implica que la criaron más como un funcionario público que como una verdadera princesa, por lo cual es entendible que no sepa muy bien como socializar, creo que con el tiempo Leonar tendrá que darle herramientas para que ella consiga creer en sí misma y ver su propio valor

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