Reina Villana – Capítulo 29: Segunda noche

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


— ¡¡Hurra!!

— ¡Larga vida al rey!

— ¡Larga vida al rey!

Los cantos eran ensordecedores. El aire estaba lleno de fervor, y los corazones llenos de alegría. Además de algunas bajas inevitables, el Reino no había sufrido mucho. El ambiente era bullicioso cuando los soldados, con orgullo, celebraban su victoria contra los lark. Sus cantos son un tributo, una extensión de la creencia de que su victoria es posible gracias a la presencia eminente de su Rey.

La mirada de Kasser atravesó rápidamente a los soldados que lo clamaban. Su tranquila indiferencia no reflejaba orgullo propio o deleite como el héroe que condujo al Reino a la victoria. Desde el momento en que ascendió al trono, esta fue su primera batalla. No se atrevió a ser complaciente o relajado, porque no sabía cuántos lark le esperan en los próximos dos meses. Entonces, para él, hoy fue solo el primer paso, los primeros días de esos dos meses. Hoy estaba más atento que alegre.

Dicho esto, nunca fue él quien apaciguó los espíritus, al dejar que sus hombres conocieran sus pensamientos. Estaba seguro de que están al tanto, y en este momento, lo están viviendo, arrojando los pensamientos del peligro inminente al fondo de sus mentes, exaltándolo como su líder. Y, quizás, al hacerlo, incluso se están preparando para el futuro.

Por lo tanto, los dejó ser, dejó que sus hombres disfrutaran de este triunfo, ya que, dentro de dos meses, algunos serán gravemente heridos, mientras que otros morirían.

Un sacrificio es un sacrificio.

Su deseo no era el de perder a ninguno de su pueblo; la verdad, es que ese deseo era solo una ilusión. Fue entre este deseo y la verdad, que se extenderían los siguientes dos meses.

Se volvió para mirar la vasta extensión del Mar Muerto, volvió a mirar el Reino en el lado interior de la pared…son calles…edificios…casas.

Este es su reino. Su pueblo. El tesoro que debe proteger toda su vida, está justo aquí. Los lark que acechan por el desierto, son monstruos demasiado peligrosos para la gente. Es raro que los lark serpientes del tamaño de las personas se cuelen en otros reinos. Pero, en Hashi, es muy fácil encontrarlas.

Sin él, sin el Rey, la gente del Reino de Hashi moriría luchando contra estos monstruos. Y, antes de que lo supieran, el reino perecería. No tardó mucho en imaginar cuán miserable sería el reino sin su Rey. Era aterrador sobrevivir sin un rey.

—Debe haber un heredero. Un heredero que proteja el Reino, a toda costa, cuando me haya ido.

Mientras deliberaba, suponía y llegaba a esta conclusión, por la situación de su reino, sus pensamientos se dirigieron lentamente a su padre, el rey anterior. Hoy, finalmente, logró comprender su desesperación por dar a luz a un Príncipe Heredero, incluso si eso significa casarse con esa mujer.

—No soy diferente —se burló de sí mismo.

La antigua reina, no era una buena persona o una reina insustituible, ni siquiera una buena madre para sus hijos. Y, ninguno de estos fueron los motivos por los que su padre se casó con ella. Tampoco fue amor. La única razón, la única fuerza impulsora era el sustento. No era diferente entonces y no será diferente ahora.

Estoy perdiendo el tiempo

Sintió que se estaba enredando en cosas triviales, perdiendo de vista su prioridad. ¿Qué importa si la Reina, realmente, ha perdido o pretende perder su memoria?

Mientras pueda dar a luz a un heredero, no importa lo que esté en su cabeza. El precio de perder su paciencia de tres años y el tesoro nacional fue una fortuna. No tenía tiempo de sentarse y ser emocional. Un heredero no era un privilegio, sino un requisito previo.

Con eso, el último escepticismo que lo molestó durante todo el día, finalmente, lo abandonó, y solo la determinación permaneció en su lugar.

♦ ♦ ♦

—Su Alteza Real.

—Adelante.

Cuando Marianne entró, estudió cuidadosamente la cara de Eugene, antes de hablar.

—Su Majestad ha enviado un mensaje.

— ¿Qué sucede?

—Su Majestad planea una visita esta noche.

—Oh…

Eugene no pudo terminar sus palabras. Era obvio lo que significaba. No iba a acostarse, lado a lado, en su cama con ella como la última vez. Última vez…sí, sobre la última vez…ella, de hecho, estaba un poco herida.

Desde hace dos días, después de su primera noche, no se había mostrado en ningún momento, ni una sola vez. Sentía que, cuando había salido de sus aposentos, se había olvidado de ella y de su existencia, sin mencionar lo que habían tenido en ese momento. Era como si ella nunca hubiera existido…en su mundo.

— ¡Oh, qué humillante y molesto es cuando un hombre te abandona así!

Pero ahora, ya no importa. Al recibir el mensaje de Marianne, ella recordó los problemas que surgen en el período activo.

Éste, es un período trágico que implica un destino de vida o muerte. Un lark puede matar al Rey, mucho menos a su familia, y no tenía forma de saber cuándo. Una vez que pensó en lo preocupado que debía estar el Rey por la seguridad del Reino, finalmente, pudo entenderlo. Los hombros de un monarca soportan el peso de todo su pueblo y, un buen gobernante, es responsable ante su pueblo.

Al ver que Eugene se había quedado en silencio, Marianne parecía haber discernido algo.

— ¿No es de su agrado, Su Alteza Real?

Eugene, lentamente, asintió con la cabeza. Eso sí, sintió lástima por el hombre, pero eso no significa que se sintiera cómoda al verlo. Los dos dejaron de lado su relación distante y pasaron una noche bastante íntima. Su noche de intensa pasión había pasado por alto el vacío entre ellos. Fue este abismo lo que había dejado a Eugene avergonzada.

—De acuerdo, Su Alteza Real, informare de inmediato.

— ¿Marianne? —Eugene llamó a Marianne que estaba lista para partir.  — ¿Está bien…rechazarlo?

Marianne sonrió.

—Su Alteza Real, la intimidad nunca debe ser forzada a otra, incluso en un matrimonio. Es imperativo que ambas partes estén de acuerdo. Si eres reacia, entonces, por supuesto, puedes rechazarlo.

Eugene estuvo de acuerdo con Marianne. Pero, la clase social que existe en este reino, dicta lo contrario. Además, él es el rey.

¿Pero no era Marianne su niñera? Todo el tiempo, Eugene había sentido que Marianne era una mujer muy conservadora y ortodoxa. Después de haber pasado años bajo el techo imperial, ella se mostraría muy exigente con la etiqueta, la sociedad, la moral y, especialmente, en lo relacionado con la cama matrimonial, donde es tabú para una mujer rechazar a un hombre.

Parece que ella estaba equivocada.

—Me atrevo a preguntar, ¿Su Majestad hizo algo mal? —Marianne preguntó con curiosidad.

—No, es solo mi problema.

Ella asintió, entendiendo la situación de Eugene.

—Entonces, debo dejar a la Reina descansar. —Cuando Marianne salió de la habitación, ella hizo una mueca.

—Su Majestad debe haber hecho algo mal. ¿Por qué otra razón la Reina, que perdió la memoria, se negaría a encontrarse con él? Si Su Majestad no hizo algo, ¡seguramente, debe haber dicho algo mal!

Era lo que Marianne pensaba que era el único defecto del Rey. Prefería hablar directamente, incluso si eso significa que el oyente quedara avergonzado. No es de extrañar, nunca se molestó en arreglar esa forma de hablar suya.

Una cosa sobre la que Marianne había sido particular en aumentar fue su sentido real de inculcarle compasión. Se había asegurado, especialmente, de que él no creciera teniendo profundos prejuicios contra las mujeres debido a su madre. Pase lo que pase con su madre, no significa que todas las mujeres sean como ella. Para ella, desarraigar los recuerdos desagradables de su infancia, sus experiencias con esta madre “buena para nada”, era equivalente a su bienestar. Marianne había trabajado duro para inculcarle una visión neutral de las mujeres. Fue por eso que no lo privó de ciertos afectos que le dieran sentido a su educación.

Sus acciones y comportamiento, siempre salieron como superficiales, carentes del aspecto humano. La interacción con las personas, expresándose a sí mismo y a todos esos “aspectos emocionales”, fueron ignorados. Ni ella le había enseñado, ni él había aprendido por su cuenta. A decir verdad, este no era su fuerte. Si uno le preguntara a Marianne qué era lo que más lamentaba, sin pestañear, sería está inadecuación social que no logró arraigar en el Rey.

♦ ♦ ♦

A la mañana siguiente, Marianne volvió a entregar un mensaje del Rey a Eugene.

—A Su Majestad le gustaría almorzar con Su Alteza Real.

— ¿Almuerzo?

—Sí, su alteza.

Aunque dijo que era solo un almuerzo y se mostró serena mientras hablaba, Marianne estaba nerviosa por escuchar la respuesta de Eugene, si rechaza una comida, significa que rechaza al Rey. Pero, cuando Eugene respondió con un Sí, finalmente, soltó un suspiro de alivio.

Mientras dejaba que sus criadas la ayudaran a vestirse para el almuerzo, Eugene pensó en la última invitación a una comida con el Rey y lo nervios que le provocaba el estar a su lado. Habían pasado solo unos días, pero ahora, se sentía completamente diferente. Ella no estaba nerviosa ni incómoda.

Un pensamiento repentino llegó a su mente.

Me estoy adaptando a este mundo demasiado rápido. ¿Es normal?

Incluso teniendo en cuenta que es un mundo que ella misma había creado, y está interpretando el papel de otra persona, había logrado asimilar, fácilmente, esta extraña situación.

El delgado cuerpo de Jin Anika se ajustaba a Eugene, como si fuera suyo. Se sorprendió la primera vez que se vio en el espejo, pero ahora, estaba muy tranquila. Se siente como si hubiera sido suyo todo el tiempo…

Además, Eugene no era una persona que se adaptara, fácilmente, a su entorno. Esto le resultaba demasiado extraño.

Poco después, entró Zanne.

—Su Alteza Real, el Gran Chambelán, está aquí para escoltarla.

—Bien, estoy lista.

♦ ♦ ♦

El almuerzo seria en la sala de estar, como la última vez.

Cuando llegó Eugene, Kasser le estaba esperando. Cuando la vio entrar, se levantó de su asiento. Sus ojos nunca la dejaron, mientras ella seguía caminando hacia la habitación. Él estaba observando cada movimiento y gesto de ella. Si alguien le preguntara por qué estaba haciendo esto, no podría responder. Pero, pronto, volvió a sus sentidos y, para cuando ella estuvo parada frente a él, ya había dicho:

—Gracias por aceptar mi invitación.

Fijando sus ojos en su rostro, ella respondió —Gracias por su invitación.

— ¿Has estado bien?

—Sí —después de un tiempo, agregó— ¿Y usted? ¿Ha estado bien, Majestad?

—Sí, lo he estado.

Los dos intercambiaron un saludo bastante cortés. Kasser no adornó sus palabras, lo que le permitió a Eugene hablar más cómodamente.

¿Es un acto para hacer una solicitud, o solo está siendo él mismo? 

A ella le resultaba difícil predecir cuando él quería algo, era muy bueno ocultado sus intenciones.

En realidad, cuando Eugene estaba revisando la lista de libros antiguos y el gasto de la reina, se había dado cuenta de algo…

Cuando Kasser le mencionó, por primera vez, el contrato a Eugene, todo lo que dijo fue: “llevaremos a cabo el contrato que acordamos hace tres años”. De una manera bastante grosera, de hecho, se abstuvo de explicar el contenido del contrato.

Un hombre halagador, quizás, no sea lo mejor forma de comparación, pero, resulta fácil de leer. Por el contrario, el Rey del Desierto, se ocupaba de la mayoría de las cosas por sí mismo, por lo que, resultaba difícil de predecir.

Los sirvientes entraron para servir la comida, los platillos eran diferentes de los que se sirvieron un par de días antes. Mientras sus amos se concentraban en sus platos, sin decir una palabra, los sirvientes intercambiaron miradas tensas entre ellos.

Cuando terminaron de comer, Kasser les pidió a los sirvientes que se retiraran. Eugene miró a la última doncella, mientras cerraba la puerta detrás de ella.

—Eugene.

Ella casi salta de su asiento, ante la mención de su nombre y se volvió para mirar al Rey. De repente, fue bombardeada con recuerdos de esa noche.

Esa noche…ella le había rogado que la llamara por su nombre…

Al recordarlo, se asombró por su propia audacia. ¡¿Cómo podía haberle exigido eso a un rey?! ¿En qué estaba pensando? Espera. ¿Estaba siquiera pensando? 

Sintió una repentina urgencia de rascarse la cabeza…su comportamiento infantil la mortificó. Pero, la forma en que la llamo no le resultaba nada desagradable. Le había gustado cómo suena su nombre a través de su profunda voz.

Tan pronto como su mirada se encontró con la de él, Eugene miró hacia abajo.

—Sí

Al quedarse sola en la habitación con él, se sintió demasiado nerviosa para mirarlo directamente. Pensó en cómo un hombre, con rasgos tan afilados y hermosos, podría volverse tan cruel. Las imágenes de esa noche seguían parpadeando en su mente.

Kasser la miró y, finalmente, decidió romper el silencio.

—No pareces estar enferma. Entonces, ¿por qué te negaste a encontrarme anoche?

Eugene estaba tan sorprendida con sus palabras directas que levantó la cabeza y lo miró fijamente. Se aclaró la garganta para seguir hablando.

 — ¿No…no fue de tu agrado?

Eugene no pudo entender sus palabras al principio. Poco después, sus propias palabras volvieron a su mente.

Sé gentil o de lo contrario… ¡No volveré a dormir contigo!

Eugene agitó los ojos con pánico. ¿Cómo se debe responder a un comentario tan directo?

—Si soy la razón por la que no desea tener relaciones sexuales, explíquelo más claramente para que pueda entenderlo.

—Ex…  ¿Explicar?

—Debo conocer el problema para resolverlo.

Eugene no podía entender sus propios sentimientos, mucho menos explicárselos a otra persona. No es que a ella no le gustara. Solo estaba un poco avergonzada.

Si alguien preguntara de qué más hay que avergonzarse, incluso después de pasar una noche con él, Eugene no podría responder. Los sentimientos de una persona son demasiado complicados, no es algo que se pueda explicar con una sola palabra.

—Tú…no eres el problema. Soy yo —dijo abatida.

— ¿Qué hay contigo?

Aunque el preguntara, ella no sabía que decir.

— ¿Estás embarazada? —Pregunto Kasser de repente.

— ¡¿Qué?! —Eugene respondió con confusión. —Esa noche fue la primera vez.

—Lo sé.

—Entonces, ¿cómo podría saber si ya estoy embarazada?

Su mirada se posó en la de ella, desconcertada —Exactamente. Si no tiene el talento especial para predecir si está embarazada, ¿por qué te niegas a tener relaciones sexuales? ¿No estás dispuesta a continuar con nuestro contrato?

Eugene lo miró sin comprender y murmuró.

—El contrato…

¡Ah, ahora podía entenderlo todo! Este hombre solo está interesado en un heredero para su trono. El acto sexual de esa noche fue únicamente un acto para obtener un hijo.

¡¿Qué te pasa Eugene?! Su rostro se sonrojó de vergüenza y humillación. Se reprendió por pensar lo contrario. No era como si ella no lo supiera. Era solo eso; que ella se negó a enfrentarlo.

Tenía que reconocer que ya había comenzado a interrumpir el plan de Anika. Ella no debía darle ningún otro significado a esto y, a pesar de eso, ella había hecho todo lo contrario y se había enamorado de sus encantos.

Eugene se acomodó en su lugar y forzó una sonrisa en su rostro.

—Nada está mal. Solo tenía muchas cosas en mi mente. Perdí la memoria, ¿recuerdas?

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