Reina Villana – Capítulo 38: Eres demasiado complicado

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


El tiempo, tiene una forma discreta de cambiar las cosas. Especialmente, al hablar de los sentimientos.

En aquel entonces, Kasser, a menudo, estaba disgustado con la actitud de la reina. Ya sea por sus conversaciones o manierismo, no había nada por lo que la culpara. Ella era impecable en todos los aspectos. Sin embargo, sentía que ella tenía motivos ocultos. Por eso, nunca había bajado la guardia.

En una de esas ocasiones, cuando Jin Anika le había traído el té, decidió expresar sus sentimientos y acabar con la situación, de una vez por todas.

—Si quieres algo, solo dímelo. No deberías hacer cosas a mis espaldas. Le estoy dando la oportunidad de dejar al descubierto sus cartas.

La reina sonrió, parecía tan dulce y amable.

—Mi rey, me aburro fácilmente. Me gustaría ver la casa del tesoro.

Kasser era ambicioso, pero aún más lógico. Nunca se había dejado llevar por imaginaciones. Ya sean asuntos relacionados con el reino o en el ámbito personal, tiene la habilidad de conocer sus límites. Aunque tenía una actitud genial y cortés, sabía, en su corazón, que era imposible moldear a la reina a su gusto. Cuando cedió a todas sus demandas, su comportamiento vicioso disminuyó un poco. De modo que sus esfuerzos por evitar provocar una discusión con ella estaban funcionando, ya que debía evitar conflictos innecesarios.

Cuando expresó sus demandas, Kasser escuchó cada palabra. Si esto era lo único que podía hacer para asegurarse de que ella no se rebajaría a medios malvados para conseguir sus deseos, entonces ¿por qué no cumplir con ellos?

En ese sentido, Jin Anika expresó todos sus deseos. Poco a poco, Kasser se distanció de ella, sus interacciones eran cada vez menos. Incluso dejó el reino, confiando en que ella no haría nada horrible, ahora que sus demandas estaban satisfechas.

Sin embargo, a pesar de los privilegios que le otorgó, ella todavía lo apuñaló brutalmente por la espalda. Robó el tesoro nacional y escapó. Sin embargo, cuando regresó, su memoria se había ido. No había forma de saber la verdad de lo que había sucedido y lo que la había llevado a hacerlo.

A su regreso, Kasser se debatió sobre cómo debía tratar con ella. ¿Debería estar enojado, dudar de ella o, simplemente, enterrar el pasado como si no fuera nada?

Y hoy, su gesto de enviar una taza de té, removió la sensatez de su interior. ¿Por qué su comportamiento, que apenas podía conmoverlo en el pasado, se sentía tan especial ahora? Eres la misma persona después de todo.

Por lo que de inmediato, salió de su oficina, sin saber un destino o propósito. Cuando se detuvo, estaba frente a la recámara de la reina.

En este momento, ella lo miraba perpleja, quizás, intentando entender la razón detrás de su visita. Sus ojos aturdidos, cejas fruncidas…oh, se veía tan encantadora…

—Su Majestad, ¿está todo bien?

Él se paró frente a ella en silencio. Tampoco le había respondido, no parecía que la hubiera escuchado. Parecía estar perdido en sus pensamientos. Pero, al ver la hora que había elegido para visitarla, ella podía interpretar su silencio… ¿Había venido por el mismo motivo que la había visitado en las últimas noches?

Eugene respiró hondo y lo llamó de nuevo, tratando de sacarlo de lo que sea que lo estaba reteniendo.

—Su Majestad, ¿Qué sucede?

Kasser, en algún momento, quiso preguntarle qué significado tiene el té que le había enviado. Pero, cuando la miró, parecía una pregunta innecesaria. Aun así, lo que salió de su boca, también lo sorprendió.

— ¿Puedo tomar una taza de té?

Eugene estaba confundida. ¿Había venido a hacerle una pregunta tan simple, de una manera tan grave?

— ¿Ahora? ¿Aquí?

Kasser asintió con la cabeza.

De alguna manera, Eugene sintió que había algo más de que lo que deseaba hablar, con sinceridad, estaba, cada vez, más curiosa al respecto. Decidió ser sincera al respecto, después de todo, este no era el momento para un juego de adivinanzas.

— ¿Qué está pasando? No lo evites, por favor. Eso es aún más aterrador.

Su rostro estaba lleno de vida, mientras hablaba. Su postura demostraba que estaba probando su paciencia. Con las manos en la cintura, y los ojos entrecerrados, lo miró directamente a los ojos…Kasser no pudo evitar mirar.

Nació como un príncipe y se convirtió en rey. Creció en manos de una niñera sin hermanos ni amigos. Este heredero, había sido puesto en el pedestal desde el momento en que nació. Él era la máxima autoridad en el reino. Independientemente de la edad, el género, el estado, todos debían aceptarlo. Inclinándose y asintiéndolo a cada paso. Si tenía razón o no, si estaban de acuerdo o no; nadie se atrevió a desafiarlo. Era así cuando era un príncipe, y más ahora que es el soberano.

Debido a esto, no tuvo oportunidad de experimentar los diversos altibajos de estar en una relación de respeto mutuo con nadie. Nadie lo había tratado como a un igual, ni había sentido la necesidad de hacerlo.

Sin embargo, esta reina, que había perdido la memoria, tenía una expresión que nunca había visto antes. Ella no dudó en mostrar sus sentimientos, cuando estaban juntos, pero, para él, esto era un sentimiento nuevo, y se veía bien. Tenía la vaga sensación de que así es cómo se sentiría un ser…ordinario.

—Nada está mal. No pude beber el té que me enviaste. Si voy a la oficina ahora, estará frío.

Eugene lo miró por un momento y lo encontró un poco extraño. No obstante, llamó a su sirvienta, le dio las hojas de té y le ordenó que hirviera el té. Con eso, los dos se quedaron en silencio hasta que la sirvienta trajo la tetera.

♦ ♦ ♦

Eugene vertió el té en su taza y Kasser lo tomó sin decir una palabra. Al verlo beber, se sintió confundida. ¿Por qué dejaría su trabajo, solo por una taza de té? Apenas podía decir lo que estaba pensando. ¿Quería verla y no podía admitirlo?

Ninguno de los dos dijo nada. Había un aire sutil entre ellos, pero ninguno inició la conversación. Nada de lo que Eugene pensaba servía como tema de conversación. Simplemente, permanecieron a una distancia adecuada, robando miradas el uno al otro.

—Gracias por el té.

Kasser dejó su taza vacía. En lugar de ponerse de pie inmediatamente, se tomó un momento para resolver las complicaciones en su mente. Quería pasar más tiempo con ella, pero no podía pensar en qué decir.

En cambio, lo que vino a su mente fue un trabajo que debía hacerse lo más rápido posible. Se puso de pie, a pesar de sí mismo, rápidamente, Eugene hizo lo mismo para despedirlo.

Comenzó a alejarse, pero se detuvo. Su actitud vacilante era palpable. Mirando a su espalda, Eugene sintió que su corazón latía más rápido.

Ella levantó la mano para alcanzarlo, pero se detuvo. Lamentablemente, volvió a bajar la mano, en el momento en que Kasser miró hacia atrás. Sus ojos se encontraron.

Eugene, avergonzada, dejó caer la mano y dió un paso atrás. Pero, rápidamente, Kasser tomó la iniciativa y dio un paso adelante para cerrar la distancia él mismo. Ella dio otro paso vacilante hacia atrás, pero él se acercó y le rodeó la cintura con un brazo.

Bajó la cabeza. Incapaz de luchar contra la energía, sus labios se encontraron con los de ella.

Eugene podría volver la cabeza o alejarlo. Pero, interiormente, ella dudó.

¿Qué quiero hacer?

Mientras dudaba, Kasser, cuidadosamente, mordió el labio inferior de Eugene, como si le preguntara si podía continuar.

Eugene sonrió. Ella ya había pasado innumerables noches con él e incluso habían formado una relación física profunda. El beso que vino con una sensación fresca fue vergonzoso, aunque agradable.

Él besó sus labios sonrientes con varios besos, apasionados pero suaves. Eugene soltó una carcajada.

—Eres una persona muy complicada.

Los ojos azules de Kasser se hundieron y temblaron.

—Esto es lo que quiero decir…

Sin darle tiempo a replicar, Kasser succionó sus labios por completo. Su lengua se hundió profundamente en su boca, trazando círculos alrededor de su tierna carne.

Eugene cerró los ojos. Sus labios sabían al té que acababa de tomar. Cuando la soltó, las puntas de sus dedos se estremecieron sobre su hombro.

—Uh

Su cintura estaba aplastada contra la de él y su cuerpo se aferraba a él. Una de sus manos la sostuvo debajo de la barbilla. Los labios superpuestos se entrelazaron con un ligero espacio.

Para entonces, los dos estaban familiarizados con el cuerpo del otro y recordaban el placer derivado de cumplir con el final del contrato. Comenzó con un beso de sauce y, rápidamente, se convirtió en uno denso.

Quería morder su pequeña y delicada lengua. Su dulce sabor permanecía en sus labios, y no había desaparecido incluso después de varios días. Curvó la lengua de Eugene y la chupó con fuerza.

En un instante, un leve hormigueo le recorrió la espalda. Sus rodillas se doblaron cuando sus piernas perdieron su fuerza. Gracias a sus brazos, que la sostenían fuertemente alrededor de su cintura, Eugene, ahora, se apoyaba completamente en su pecho, en lugar de caer al suelo. En esta posición, podía sentir la prominencia en sus pantalones cerca de su estómago. Pero, ella todavía está en su período.

Su cuerpo temblaba ante su toque. Kasser sostuvo a Eugene en sus brazos y la acostó en la cama. Eugene contuvo el aliento, mientras sus labios se caían.

—No puedo hacerlo todavía.

—Lo sé. No iré hasta el final.

En la cama, Kasser le cogió las manos. Él, entrelazó sus dedos y besó sus nudillos, luego, las yemas de sus dedos. Después de chupar uno de sus dedos por completo, le hizo cosquillas con la lengua.

Sintió un escalofrío que le recorría todo el cuerpo y sus ojos se abrieron de golpe, lo primero que vio fue su cabello azul. Y, debajo de esa melena de un color tan vivaz, un par de ojos azules, que le recordaban a un claro y frío cielo invernal que parecía atraerla hacia la más profunda frialdad.

De repente, sintió que la temperatura de su cuerpo aumentaba bruscamente, mientras él empujaba suavemente su hombro hasta que ella se acostó.

Antes de que ella lo supiera, su mano se deslizó dentro de su pijama y apretó su pecho. Lo sostuvo con fuerza y, con sus dedos, ​​presionó suavemente la punta. La punta se alzó sólidamente, mientras su pulgar frotaba hacia adelante y hacia atrás sobre su pezón.

La besó en la mejilla, en la oreja, y puso los labios profundamente debajo de su barbilla.

—Su, su Majestad. Detente…

Su cuerpo comenzó a calentarse. La incomodidad crecía en su interior, al igual que la necesidad. Es probable que Eugene cometiera un acto, tan indecente, como rozar su entrepierna contra su muslo.

—Sólo un poco más —su voz profunda parecía venir de algún lugar debajo.

El pijama de una pieza con botones, no se podía quitar solo en la parte superior. Cuando la desabrochó, solo se reveló uno de sus senos. Él palpó su pecho derecho, todavía oculto en su pijama, y ​​chupó el expuesto.

Eugene se estremeció. Su boca caliente y húmeda envolvió su pecho y chupó con vigor. La sangre corrió a su espalda. Lamió el pezón excitado y lo mordió suavemente. El otro pecho estaba firmemente sujeto por su mano.

El brazo de Eugene abrazó su cabeza. El estímulo constante hizo que se levantara su cintura en un arco visible. Todo su cuerpo se heló de placer en la parte inferior del abdomen. Era casi el final de su período menstrual y no podía hacer esto todavía.

—Detente…detente —gritó Eugene desesperadamente.

Después de una succión final y un mordisco persistente, sus labios abandonaron, a regañadientes, su pecho. Pero, él seguía mirándolo con anhelo.

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