Al día siguiente, se celebró una fiesta de despedida para la embajadora del reino de Palacio.
Desde aquel incidente, no me había comunicado con Su Alteza por miedo a que me reprendiera, así que, aunque se me había concedido el permiso para regresar, no estaba de humor para celebrarlo. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 116: El pez por su boca muere”
