Los recuerdos del día en que abandonó aquel lugar resurgieron en su mente. El día en que Riftan la llevó de la mano y la introdujo en un carruaje le pareció un pasado lejano, se marchó por capricho, sin conocer mundo, inocente. Incluso en sus sueños habría pensado que habría vuelto allí por voluntad propia. Apoyó la cabeza contra la pared del carruaje, empapada de una extraña sensación de abatimiento. Su padre, que estaba sentado tranquilamente frente a ella, la miró y puso una expresión desagradable, luego golpeó el suelo con un bastón. Max se estremeció y se incorporó. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 123”
