Marietta – Extra 6: La noche sola

Traducido por Naremi

Editado por Sharon


—De ninguna manera… ¿Dijiste que Sir Belvant no vendrá a casa hoy…?

La nueva esposa, Marietta, recibió un mensaje del mayordomo cuando estaba tomando té en su propia habitación. Al escucharlo, presionó sus delgados dedos blancos contra su pecho, sentada en la silla sin fuerzas.

—Parece que hay un trabajo que parece ser bastante largo. Incluso si se termina temprano, tal vez solo pueda regresar a casa después de que pase esta fecha. Dijo que la señora debería descansar primero y, por favor, dormir lo suficiente.

—Podría ser una aventura… no debería ser… tal cosa, ¿verdad? —murmuró Marietta débilmente mientras bajaba la mirada. Continue reading

Marietta – Extra 5: ¿El más dulce es…?

Traducido por BeeMiracle

Editado por Sharon


Al regresar del trabajo ese día, Belvant, notó que su amada esposa que saltó hacia él mientras lo saludaba tenía una cara extrañamente expectante.

—¡Bienvenido a casa, Sir Belvant! ¡Bienvenido a casa!

Marietta se aferró a él con sus delgados brazos, todo su cuerpo expresando su amor como un cachorrito fiel que meneaba la cola.

Ella, que se había casado con el hombre más atractivo del mundo que poseía músculos maravillosos además de ser intrépidamente guapo, y él, que era más fuerte y más viril que cualquier otra persona, que lo sabía todo y alguien de quien se podía depender (aunque fuera solo desde el punto de vista de Marietta), vivían sus días llenos de felicidad. Marietta no podía soportar la espera del regreso de su esposo todos los días, porque era obvio que no podía verlo durante su trabajo. Continue reading

Marietta – Extra 4.2: Los celos de Adlan (2)

Traducido por Devany

Editado por Sharon


—Esta es nuestra habitación. ¿Qué te parece?

—Bueno… Es muy bonita.

Sierra, que era cargada por los brazos de Adlan, fue llevada a la recién preparada habitación de los cónyuges. Sus habitaciones privadas estaban equipadas con muebles refinados, y la cereza del pastel era el cuarto compartido con una enorme cama con dosel. Sierra miró detenidamente a la cama mientras su tez se volvía cada vez más roja.

—Tu ropa está aquí dentro.

Adlan continuó llevándola en brazos mientras le mostraba el interior del armario. Dentro de él, se hallaban vestidos y ropa preparados de último momento. Continue reading

Marietta – Extra 4.1: Los celos de Adlan (2)

Traducido por Devany

Editado por Sharon


La residencia de los Carlkus estaba hecha un alboroto por el inesperado regreso de su dueño.

Por si no fuera poco, junto a su anticipada llegada, él llevaba en brazos a su hermosa prometida, que estaba abrazándolo.

Aun así, los sirvientes que recibieron al importante huésped, sin nada preparado de por medio,  no parecían muy preocupados por este hecho.

Eso es porque el señor de esta residencia no era nadie más que el hábil Teniente General, el único calificado para manejar con suma destreza el estado de emergencia del país. Los sirvientes de la residencia Carlkus, que siempre habían trabajado para él, de igual manera estaban entrenados para sobrellevar cualquier tipo de situación. Incluso hoy, pudieron adaptarse y hacer bien su trabajo con el venerado mayordomo en el centro, quien generalmente emitía órdenes precisas. Continue reading

Marietta – Extra 3 – Los celos de Adlan (1)

Traducido por Amaterasu

 Editado por Sharon


Nota del autor:

Ahora es el momento de la historia de amor de Sierra y Adlan. Lo mismo que cada vez, te dará un sabor dulce.

♦ ♦ ♦

—Adlan.

—¿Qué pasa?

—N-No, es algo trivial, pero…

El hombre que dudó en decir lo que tenía en mente era el llamado Deidad Guardiana de Oltaire, el General Belvant Fargus.

La otra persona era el Teniente General, Adlan Carlkus. Él era la mano derecha de Belvant, y aquel que compensa sus habilidades de comunicación.

Siempre tenía una cara sonriente y sociable, sin mencionar que es bastante amigable y emite la vibra de un hermano mayor. Su popularidad entre las mujeres también es alta (en contraste con Belvant).

Si tal hombre peinara pulcramente su suave y brillante cabello castaño, asistiera a una fiesta por la noche con un traje ceremonial, y luego se riera haciendo brillar sus pupilas verdes, a las mujeres que lo anhelaban no les importaría aunque estuviera en pareja. Solo un momento, se reunirían en grupo y le pedirían que al menos bailara con una de ellas una sola canción.

Ese apuesto y popular joven noble, Adlan actualmente está comprometido con Sierra, una doncella que vino con la princesa Marietta desde Stellaus debido a su boda. Se suponía que pasarían sus días llenos de felicidad, pero…

—Adlan.

—Como te dije, ¿qué pasa?

—Tu actitud es mala.

—¿Qu-? Estoy condenado. Nunca pensé que llegaría el día en que me advirtieran sobre mi actitud…

Era comprensible para él distorsionar su cara en completo enfado.

Como ven, hasta el General Fargus está preocupado. Con su cara sombría y constante ceño fruncido, parecía un demonio. Además, cuando se trata de actitud, es tan poco sociable que, al mostrarse amistoso, es sinónimo de que algo terrible sucede.

—No quiero criticarte. Sentí que estabas diferente de lo habitual, así que me preguntaba si algo te estaba molestando. Si no quieres hablar de eso, entonces no me importa.

Después de decir eso, Belvant dejó a Adlan tal como estaba, y regresó a su trabajo de revisar el estado actual de cada fortaleza, y arreglar los planes a partir de ahora, para luego emitir las órdenes basadas en esa información.

Como pasó la mayor parte de su vida en torno a su trabajo Belvant, el hombre entre los hombres, tiene poco interés en otros asuntos. Pedirle que muestre consideración y atención es, sin duda, igual a pedirle a un dragón que se convierta en una botella de agua caliente.

Sin embargo, su amada esposa Marietta es un asunto aparte.

—Gracias, Belvant. Es solo una mera debilidad mía —murmuró Adlan. —Simplemente me siento un poco deprimido debido a asuntos triviales acumulados… Realmente, es solo algo aburrido.

—Cuanto más digas que es algo insignificante, más se convertirán en pequeñas espinas puntiagudas que atraviesan tu corazón.

—Esa frase, ¿dónde la aprendiste?

—Bueno…

No podía decir que lo leyó del libro favorito de Marietta.

Con una cara y un cuerpo lleno de vigor, leyó la novela romántica recomendada por su esposa mientras sostenía una taza de porcelana con delicadeza que ella seleccionó con el té que Marietta vertió y que su rústica mano sostenía. De ese libro memorizó con indiferencia las dulces palabras que una pareja de casados ​​solía recitar entre sí. Definitivamente es algo que no se podía decir.

¡Aah, Belvant! ¿Hasta qué punto te gusta Marietta?

—Si tuviera que decirlo en una frase breve, es que me siento infeliz porque Sierra adora a tu esposa demasiado, ¡que no se preocupa por mí! ¡Eso es!

Hacia las palabras que se dijeron sin ninguna vacilación, Belvant frunció el ceño y su rostro se volvió aún más aterrador.

—Es decir…

Belvant no podía decir nada al respecto. Después de todo, era la verdad.

Él tenía conciencia de cuánto ellos, la pareja casada, confiaban en la diligente capacidad de Sierra, que vino como acompañante de la princesa Marietta desde el país Stellaus para su matrimonio.

Ciertamente, la mayor parte del tiempo de Sierra se dedicaba a Marietta… Si uno lo mirara objetivamente, llegó al punto en que ignoraba a Adlan, su prometido.

—¡Está bien, es solo mi queja ociosa! No hay forma de que pueda negar la razón de ser de esa chica, así que esta conversación termina con esto. Ahora, ¿podemos continuar nuestro trabajo? —dijo con una actitud amigable, como si no fuera nada para él.

♦ ♦ ♦

—¡Sir Belvant!!

Varios días después, Marietta, que vino a observar la galante figura de su marido bajo el pretexto de observar a la Orden de Caballeros de Oltaire, pronunció su nombre con una voz encantadora mientras corría hacia él y saltaba a su abrazo. Luego apareció su criada, con los músculos dorsales tensos, Sierra. Ella observó con cuidado a la pequeña Marietta, que fue levantada por Belvant con una sola mano, y que tenía una sonrisa encantada como si le estuvieran haciendo cosquillas bajo la barbilla.

—Estoy ansiosa por ver la figura galante de mi marido también hoy.

No mencionemos que se vuelve como una maníaca para ver cómo esos maravillosos músculos se van a utilizar.

—Jajaja, todavía tengo que trabajar aún más duro. Cuando vienes aquí, parece que los Caballeros están más inspirados por alguna razón, y parecen mejorar mucho.

Ante la adorable princesa que se ruborizaba al observarlos, los miembros de la Orden se volvían excesivamente decididos en su entrenamiento habitual.

—Oh querido. En cuanto a mí… Uhm, como la esposa del General Fargus, seré feliz si puedo ser servicial, no importa lo pequeño que sea —dijo Marietta hinchando el pecho y algo avergonzada.

—Sin embargo, solo mantén tu mirada en mí. Eres MI esposa, después de todo.

—Sólo la esposa de Sir Belvant… Ufufu… —dijo Marietta dulce y tímidamente, siendo besada por Belvant que dejó su deseo de monopolizarla al descubierto.

Ya se había convertido en una rutina habitual ver a esta pareja de esposos enamorados. Los sirvientes de la pareja, Sierra y Adlan, no se asombraron y solo los miraron con ojos poco entusiastas y los ignoraron ligeramente.

Sin embargo…

Sierra, que estaba de pie tranquilamente cerca de la pared, vio a Adlan que estaba recogiendo los documentos mientras decía:

—La eficiencia de tu trabajo mejora cuando llega la princesa, ¿eh?

“¿Por qué no mimas más a Adlan?”

Recordó la mirada satisfecha de Belvant hace unos días.

Me pregunto si lo que dijo el General de rostro atroz y desagradable que no puede entender el corazón de una mujer es verdad, y si al Sir. Adlan le encantaría que fuer a verlo y adularlo como hace la señorita Marietta.

Ella estaba haciendo una evaluación completa

Sin embargo, sabía que el enérgico General cerebro de músculo, no estaba completamente compuesto de ellos hasta el punto en considerarlo un hombre de mentalidad sencilla.

Sierra, que vigilaba el estado de Marietta, de repente volvió la cara hacia su prometido.

—¿Q-Qué pasa, querida Sierra?

También eres lindo hoy.

Los ojos verdes claros del prometido gentil se estrecharon y sonrieron.

Sierra se mordió bruscamente los labios, miró en su dirección.

—Sir Adlan. ¡A-Aquí voy! —dijo.

—¿Eh? ¿Eeeeeh?

Sierra no le dio ninguna oportunidad y corrió hacia él con agilidad, saltando.

—¡Uwaa!

A pesar de sorprenderse por el repentino comportamiento de su prometida, Adlan, que siempre entrenaba su cuerpo, atrapó con seguridad su delgada figura. Abrazando el cuerpo cálido y suave de una joven mujer, siendo esta su propia prometida, enterró inadvertidamente su rostro en sus hombros para inhalar su aroma dulce y fragante.

¡Vaya, eso es peligroso!, pensó.

—Sierra, ¿qué pasa, para que de repente hagas esto?

Mientras reprimía el impulso de comer (sexualmente) a Sierra en ese lugar, Adlan tiró de su rostro con desesperación, y se enfrentó a sus hermosas pupilas azules.

Ahora, ahora, Sierra trabajó muy duro.

Como una doncella de gran belleza que tiene un carácter firme, no tiene ninguna experiencia en comportarse de forma mimada. Sin embargo, y de acuerdo a lo que Belvant dijo, era necesario que mimara a Adlan.

Como era necesario… No, Sierra quería hacerlo.

Siendo devota a la princesa, incluso pensó que no le importaría permanecer soltera durante toda su vida, pero en realidad amaba a su prometido, Adlan.

Aunque no era tan consciente de ello, se enamoró del caballero suave y ligeramente confiable con ojos verdes, ya que él siempre la vigilaba cerca.

A pesar de que el compromiso fue decidido precipitadamente por Adlan, ella estaba muy feliz. Y aunque su figura masculina la desconcertó, ya que él era extremadamente más apasionado de lo que pensaba y había experimentado durante su primera noche juntos, todavía estaba muy feliz. Cuando ella pensaba en él, un sentimiento cálido y dulce que nacía en lo profundo de su corazón terminó aflojando su boca suavemente.

A diferencia de Marietta, era difícil de entender porque no mostraba mucha emoción en sus expresiones. Sin embargo, Sierra amaba mucho, mucho, mucho a Adlan. Por eso, realmente quería complacerlo.

Oh cielos, ¿me pregunto si lo hice mal? Sir Adlan no tuvo tanta reacción.

Sierra estaba un tanto desanimada por la condición de su prometido que no parecía estar muy contento.

Intentó recordar la apariencia habitual de Marietta ya que era buena para comportarse como una niña mimada y era su modelo a seguir.

Uhm… ¿cómo suele hacerlo la princesa, me pregunto?

Se puso de puntillas y, para sorpresa de Adlan, frotó sus mejillas.

La suave mejilla de Sierra se deslizaba suavemente sobre la piel del hombre.

Ah… Resulta que frotar nuestras mejillas así podría producir un tipo de felicidad superflua.

Mientras saboreaba la textura de Adlan, Sierra rió suavemente.

Sir Adlan… Sir Adlan… Te quiero… 

Ella susurró dentro de su propio corazón, mientras lo mimaba.

Después de acurrucarse lo suficiente mientras le rodeaba el cuello con las manos, le soltó la cara.

Mirando a Adlan con su cara sonriente, se sorprendió.

Ah… ¿Cómo podría ser esto? Sir Adlan no está complacido en absoluto… Seguramente es un comportamiento que no me conviene en lo absoluto. Pensar que podría atraer a sir Adlan imitando el adorable comportamiento de la princesa, qué presuntuoso de mí…

Incapaz de soportarlo, las lágrimas se formaron gradualmente en sus ojos, y con la cara enrojecida, bajó la cabeza.

—S-Sir Adlan… D-Discúlpeme… por ser tan repentina…

A pesar de pensar que debería disculparse por disgustar a Adlan, su voz realmente no podía salir.

En ese momento, cuando ella soltó lentamente las manos que le rodeaban el cuello, e intentó tragar sus sentimientos miserables mientras las ansias por llorar aumentaban…

—¡Belvant, vamos a tomar un día libre! ¡Quizás lo tomemos hasta mañana por la mañana! —gritó Adlan con un tono agudo, para luego levantar el cuerpo de Sierra entre sus brazos.

—¡Kyaaa!

Incapaz de hacer frente a este movimiento repentino, Sierra fue levantada.

—No me importará, incluso si te tomas un descanso hasta pasado el día después de la noche de mañana —dijo Belvant mientras sonreía. —Nuestro trabajo ha llegado a un punto en el que podemos pausarlo de manera segura, por lo que está bien si quieres estar tranquilo y tomarte un día libre. Usa el carruaje.

—Ooh, estoy salvado, ¡gracias! Entonces, discúlpanos.

—¿Eh? ¿Eh? General Fargus, yo… ¿Eeh?

—¡Vamos, Sierra!

Incapaz de comprender la situación, Sierra fue llevada al carruaje, propiedad de la Orden de Caballeros, y colocada en el regazo de Adlan, cuyos fuertes brazos la rodeaban. Así, llegaron a la casa Carluks, propiedad del Teniente General Adlan.

—Está bien, Sierra, solo vamos a tomar el té juntos.

¡Definitivamente es una mentira!

♦ ♦ ♦

Nota posterior al capítulo del autor:

Dado que el extra de Adlan y Sierra se ha vuelto demasiado largo, se ha dividido en partes

En el siguiente capítulo, Adlan y Sierra tomarán el té juntos. Están tomando el té juntos, pero… podría ser un té absurdamente dulce.

Marietta – Extra 2: La petición de Marietta (2)

Traducido por Den

Editado por Sharon


¿Qué está sucediendo aquí? Pensaba que la fiesta de té era un lugar lleno de intrigas aterradoras y cautivadoras, pero… No lo sabía, no lo sabía… ¡Buen trabajo, condesa! 

Belvant gritó en su propia mente.

—Entendido… Entonces, te ayudaré, Marietta, para que puedas convertirte en una experta en montar a caballo.

—¿De verdad? ¡Estoy muy feliz, muchas gracias!

—¿Qué sucede? No me importa, no me importa en absoluto, ¡así que adelante y súbete encima de mí para la alegría de tu corazón! Continue reading

Marietta – Extra 2: La petición de Marietta (1)

Traducido por Den

Editado por Sharon


Nota de autor: 

Es otro capítulo de Marietta después de un tiempo. Siéntanse libre de disfrutar de la dulce vida amorosa del hada azul y el feroz Dios de Oltaire. No asumiré ninguna responsabilidad en caso de que vomiten azúcar.

♦ ♦ ♦

—Bienvenido a casa, mi querido esposo.

Cuando Belvant regresó a casa del trabajo, su amada esposa, Marietta, corrió hacia la entrada al escuchar el sonido de su carruaje llegando.

El General Fargus bajó del carruaje y miró la sonrisa de su amada esposa que se parecía a un capullo de rosa floreciendo. La expresión aterradora de la persona conocida como el feroz Dios de Oltaire se convirtió en una amplia sonrisa. Continue reading

Marietta – Extra 1: La charla de la mañana siguiente

Traducido por Den

Editado por Sharon


Cuando salió el sol de la mañana, cerca de la hora en que la tierra se iluminaba por completo, Belvant abrió los ojos.

Vio algo brillante justo delante de sus ojos, y sonrió al darse cuenta de que era una pequeña cabeza rubia.

—Marietta…

Acarició suavemente la cabeza de su amada esposa.

Sobre la mesa junto a la cama, había una botella que se derramó. Esta contenía la medicina que el Jefe de los Magos, River Link, hizo para disminuir el dolor de la “primera vez”.

El contenido de la botella grande, que no cabía en la mano pequeña de Marietta, estaba vacío. Continue reading

Marietta – Capítulo 33: Primera noche juntos… (2)

Traducido por Maru

Editado por Sharon


—¿Qué tal? ¿No se siente bien? Tu dulce miel rebosa sin parar.

—No… No, no lo pongas de esa manera…

Belvant hizo un sonido obsceno de salpicaduras que cautivó sus oídos. Además, torturó con severidad su lugar secreto con entusiasmo.

Aunque estamos haciendo algo tan embarazoso, se siente realmente bien… ¿Qué debería hacer?

Su nariz se frotó contra su sensible brote de carne, el cual se hinchó de inmediato y se volvió duro, dando una sensación agradable.

Marietta gritó mientras las entrañas de sus pétalos mojados goteaban. Continue reading

Marietta – Capítulo 33: Primera noche juntos… (1)

Traducido por Maru

Editado por Sharon


Después de intercambiar besos con Belvant, Marietta saltó a su pecho. Su fuerte y robusto músculo pectoral atrapó fácilmente su cuerpo.

—Señor Belvant, te quiero.

Cuando se abrazaban con fuerza, el calor de su cuerpo se transmitía a través de la delgada ropa. Marietta exhaló un gran suspiro, y el aroma refrescante del jabón se hizo a un lado, pudiendo oler el aroma de Belvant al que estaba acostumbrada.

Feliz, frotó sus mejillas contra él y de repente se echó a reír.

—Marietta, eres una chica tan mimada… Continue reading