Beatrice – Capítulo 24: La esposa abandonada

Traducido por Den

Editado por Sakuya


Una mano gorda se agarró a una barandilla rota. Los anillos en sus dedos produjeron el ruido sordo y retumbante del metal y la piedra chocando. Gilbert estaba inspeccionando el antiguo palacio de Elpasa, ahora suyo.

—¿Debería haber restaurado todo el lugar?

La terraza, que comunicaba con su dormitorio y que anteriormente había pertenecido al rey, estaba medio demolida.

El imperio no mantenía colonias, sino que asimilaba a todos los países que derrotaba. De alguna manera, esto era algo benévolo. Gilbert obedeció la política y aceptó a todos los ciudadanos de Elpasa como sus súbditos feudales. Por supuesto, algunos se negaron a servirle, pero todos acabaron como esclavos independientemente de sus anteriores estatus. Era un sistema dictatorial estricto, y el pueblo ya no oponía resistencia. La fundación y el linaje del reino caído murieron con todos los miembros de la familia real. Por otro lado, los ciudadanos y los aristócratas restantes necesitaban un líder al que obedecer. A pesar de que había traicionado al reino, él era la única persona que tenía derecho a gobernar el nuevo feudo.

Dejó intencionalmente el palacio en ruinas para recordar continuamente a sus súbditos de la debilidad del reino. Tuvo que justificar su traición explicando que no había tenido otra opción. También demostraba constantemente el poder y el estatus del imperio a todos los habitantes de su tierra.

Mientras observaba el pueblo y sus escasos restos de la guerra, de repente estrelló su puño contra la barandilla.

—¡Qué bastardo arrogante! —sus labios se crisparon con rabia. Un caballero, que estaba detrás de él, lo miró inquisitivamente. Pero el sujeto de su ira no estaba ahí, sino en el palacio imperial.

¡La guerra se habría prolongado con más derramamientos de sangre si no fuera por mí! ¿Cómo se atreve a no darse cuenta de la deuda que me debe?

Gilbert imaginó a Duncan Graham y su comportamiento eternamente pretencioso. Ni siquiera apareció en la ceremonia de entrega de su nuevo título.

Él había sido nominado marqués del reino por el sirviente sin nombre de Duncan. Apretó los dientes ante el humillante recuerdo. Duncan ni siquiera era el emperador, solo un representante del trono y, aun así, eligió delegar la ceremonia a su subordinado.

—¿Cómo se atreve?

¿Cómo pudo tratarlo tan mal cuando él fue fundamental para su conquista de Elpasa?

No ha podido ver a Duncan desde su único encuentro antes de la guerra. A pesar de sus innumerables solicitudes de audiencia y viajes hacia la capital, la respuesta siempre era la misma.

«En este momento, no es posible una audiencia.»

No hubo razones, excusas o explicaciones de cuándo podría estar disponible. Pese a su rencor, no había nada que pudiera hacer. Al fin y al cabo, era Duncan Graham. El palacio estaba estrictamente bajo su control, y todos los aristócratas en la capital, impotentes, dependían de él. Los más débiles se veían obligados a abandonar la capital, y aquellos que no podían permitirse mantener una casa ahí, incluyendo Gilbert, solo podían quedarse en sus feudos y esperar el llamamiento de Duncan.

El poder y su fama eran mucho más inquebrantables de lo que Gilbert había imaginado. Era lógico. Como caballero, Duncan consiguió el control total del ejército hace más de diez años y dio un exitoso golpe de estado contra el emperador.

El emperador de ese momento era un hombre patético, impotente ante las naciones cercanas independientes. Su única idea fue trasladar el palacio a una ciudad diferente. La ocupación del palacio por parte de Duncan, que comenzó con la excusa de rescatar al imperio de las invasiones enemigas, se consolidó a través de las continuas victorias contra los países vecinos.

Y el triunfo final lo logró el hijo de Duncan, Alexandro Graham.

El archiduque ahora es alabado como el héroe del imperio, pensó Gilbert.

Algunos de los aristócratas, cansados del poder incuestionable de Duncan, incluso deseaban que Alexandro se convirtiera en el emperador lo antes posible. Por algunas razones desconocidas, Duncan no había reclamado el trono. Algunos creían que iba a coronar a su hijo como el primer gobernante del imperio unificado, pero nadie podía estar muy seguro, dado que actualmente el archiduque se estaba preparando para una expedición para inspeccionar los feudos del imperio.

—Qué molesto.

Cuando se convirtió en el dirigente de Elpasa, visitó a los lores de las tierras cercanas en un intento de formar una alianza. Sin embargo, no parecieron darle la bienvenida, ya que Gilbert le había dado la espalda a su país y trabajó para el beneficio del imperio.

Desafortunadamente, su nuevo territorio del norte estaba bastante lejos de las naciones independientes que habían sido derrotadas por el imperio. En cambio, era un lugar tranquilo gobernado por lores, establecidos desde hacía mucho tiempo, que habían estado ahí por generaciones. La única guerra que habían visto fue la de hace unos días en la que Elpasa fue conquistada.

No importó cuántas cartas les enviara, la única respuesta que recibió fue: «Reunámonos en otra ocasión. Me temo que estoy muy ocupado en este momento

Gilbert entendía lo crucial que sería su apoyo. ¿Quién respondería por él si alguna vez lo acusaban de conspirar contra el imperio? ¿Y si sus súbditos se rebelaban contra él?

Miró a los guardias armados hasta los dientes que lo protegían al mismo tiempo que lo vigilaban. Duncan había provisto a todos los caballeros de su tierra con el pretexto de mantenerlo a salvo. Le habían arrebatado todos sus propios soldados y ya no se le permitía formar su propio ejército.

—Uff…

Siguió caminando. No podía quedarse sentado y esperar hasta que las cosas cambiaran. Para mantenerse en la posición que acababa de ganar, debía seguir llamando a las puertas.

Beatrice ya debe estar muerta, ¿verdad?

Ignorando los pensamientos sobre la esposa que había abandonado, preparó las invitaciones de boda para enviar a los lores vecinos.

♦ ♦ ♦

—Estoy… ¿qué?

—¿Tengo que repetirlo de nuevo? ¡Te – estás – uniendo – a – la – expedición – ceremonial – que – comienza – mañana, – sirviendo – al – archiduque! —le gritó Trigger a Chloe, frustrado. Pero ella se limitó a mirarlo fijamente como una idiota.

¡Je! Nunca la había visto luciendo tan estúpida. Después de haberla visto hacer y decir cosas inteligentes, su rostro inexpresivo casi le hizo reír a carcajadas.

Mientras tanto, ella era incapaz de reírse del mismo asunto.

¿Por qué yo?

Sabía sobre la expedición ceremonial; todo el imperio hablaba al respecto. Le habían dicho que era para felicitar a los soldados recién ascendidos, levantar la moral de la caballería y mantener a los señores feudales bajo control. Podía llevar un año entero… y ella iba a ser parte de este viaje.

—Su Excelencia es un hombre muy… carismático. Deberías sentirte honrada —Trigger eligió cuidadosamente sus palabras y decidió expresar su respeto por el futuro emperador, en lugar de usar su elección inicial de “aterrador” para describirlo.

Chloe no pudo ocultar su desesperación ante el giro inesperado de los acontecimientos. Nunca había pensado que participaría en la expedición. Había oído a algunos mozos alardear de haber sido invitados a unirse, lo que consideraban un gran privilegio. Pero… ¿por qué llevarme a mí? 

No podía entenderlo. ¿Por qué la habían elegido para servir al archiduque?

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3 thoughts on “Beatrice – Capítulo 24: La esposa abandonada

  1. Ara Soltok says:

    Un millon de gracias no saben lo que espero cada actualización deseara un maratón pero entiendo que no se puede mil gracias… lo apreciamos…

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