Bebé tirana – Capítulo 4: El Demonio de Deblin (2)

Traducido por Den

Editado por Nemoné


Encontré resplandeciente la idea de dejarme llevar. Sujetándome en sus brazos, Oscar comenzó a caminar hacia el arbusto.

—Su Alteza, por favor, tenga cuidado. Pase lo que pase, no suelte a su hermana.

—Está bien, niñera. No necesitas preocuparte. ¿No confías en mí?

—No.

La rápida respuesta de la niñera envió a Oscar a un mar de silencio abismal. Su expresión de dolor significaba que no podía encontrar palabras para replicar.

Bueno, después de todo rompiste la preciosa obra de arte del emperador en el pasado.

Apartando mi atención de Oscar, giré la cabeza hacia la entrada principal del arbusto.

Mientras tanto, Lalima, Xavier y la niñera se pararon junto a Oscar. Sus ojos fueron atraídos por la entrada del arbusto, pero todo lo que vieron fue una madera gruesa y abundante vegetación. No había signos de vida ni indicaciones de que un gato o una bestia divina existiera.

—Xavier mentiste, ¿verdad? —espetó Lalima.

Xavier chasqueó la lengua y sacudió rápidamente la mano para refutar su reclamo.

— ¡No lo hice, no lo hice! ¡Lo juro! ¡Lo vi!

— ¡Y yo no! Ven aquí. ¡Creo que necesitas unos cuantos golpes en la cabeza!

Parecían preparados para tener una pelea cuando Lalima se arremangó y Xavier relajó las piernas.

—Lalima, Xavier, olvidan que están en presencia del príncipe y la princesa. Cálmense.

La niñera regañó al dúo, pero permanecieron ignorando sus palabras mientras se perseguían cerca del río.

Vivir joven, salvaje y libremente… debe ser agradable. 

Miré el agua del río. Tal vez… Xavier estaba alucinando. No importa cuánto lo mirara, no podía encontrar ningún rastro de la bestia divina.

—Parece que el sirviente estaba haciendo el tonto. Vamos a sentarnos, Mabel.

Qué pena… Supongo que no se puede evitar. 

Solté un pequeño suspiro y me recosté cómodamente en el pecho de Oscar.

— ¡…!

Un resplandor luminiscente brilló dentro del arbusto. Parpadeé y me aseguré de que no fuera el reflejo del sol. No lo era.

— ¡Gadido!

— ¿Gatito? Sí, sí. Yo también quería ver al gatito…

Oscar giró la cabeza hacia la dirección en que estiraba el brazo y lentamente cerró la boca con fuerza. Un gato con pelaje dorado caminaba tranquilamente en mi dirección. Era pequeño y tenía un lindo y pequeño cuerno en la frente. Como yo, el gato nació hace poco.

Wow…

Aunque siempre había sabido que este mundo era diferente, la repentina lluvia de comprensión se apoderó de mí cuando vi pruebas vivientes de magia. No era el pelaje dorado lo que me fascinaba, sino el brillo alrededor de su cuerpo que parecía decirle al mundo su extraordinaria calidad.

—Es… realmente la bestia divina.

El semblante de la niñera era de asombro y una mezcla de cierta confirmación.

Lalima y Xavier se pararon junto a nosotros, con una expresión similar a la de la niñera, como si nunca hubieran visto a una bestia divina.

—Por alguna razón, parece que va hacia la princesa… —dijo Xavier de repente mientras admiraba la belleza de la bestia divina.

— ¡Achoo!

El estornudo interrumpió las palabras de Xavier abruptamente.

¡Ah, se va!

La bestia divina regresó rápidamente al arbusto, sorprendida por mi estornudo repentino. La niñera también se sorprendió a la par y miró hacia atrás para comprobar mi bienestar.

—Parece que Su Alteza ha estado fuera demasiado tiempo. ¿Deberíamos regresar?

La niñera colocó mi pequeña figura de vuelta en el cochecito y me envolvió con una manta. También colocó el abrigo del emperador antes de colocar la visera.

—Lalima, Xavier, ambos quédense y limpien el desastre.

— ¿Qué…? Pero señora…

—Es simplemente un castigo por comportarse de forma tan infantil.

La niñera le contestó rápidamente, su tono helado. Comenzó a empujar el cochecito.

Oscar caminó a mi lado y no apartó la mirada de mí.

—Salgamos de nuevo la próxima vez, Mabel.

Parecía estar más cerca de mí. Lo pude sentir. Quizás fue debido a mi acción de antes.

Tal vez no debería haber hecho eso.

Sus ojos llenos de convicción para protegerme… Eran una gran carga en la espalda. No sé qué hacer. Miré fijamente hacia adelante y fingí no escuchar sus palabras.

El paisaje por el que pasaba era nuevo. Emitía una sensación agradable de alivio.

Fue muy divertido ver a la bestia divina. 

Antes de regresar al palacio donde residía, pasamos por muchos edificios.

Oscar me dirigió una mirada furtiva antes de preguntarle a la niñera con indiferencia.

— Niñera, Mabel no se ha resfriado, ¿verdad?

—Ahora mismo está bien, pero me preocupa que pueda haber una posibilidad.

—Estuvimos allí por bastante tiempo, así que…

Las palabras de Oscar fueron interrumpidas abruptamente. Respiró con dificultad y retrocedió un paso.

¿Qué le pasa?

Su rostro se congeló, su semblante era pálido y blanco como la ceniza como si hubiera visto un fantasma. Me pregunto por qué. Miré hacia la dirección de sus ojos y vi a una mujer alta con porte majestuoso. Tenía un cabello castaño rojizo y un aire de complejidad que hacía difícil que alguien tuviera las agallas de acercarse. Parecía que había salido a caminar, pero a pesar de todo, sus ojos verdes claros seguían siendo penetrantes y prominentes.

—Oh cielos. Su Alteza, es la duquesa Donovan. Deberíamos saludarla.

—N-Niñera…

Oscar agarró el dobladillo de la niñera con manos temblorosas. Por lo visto, esta duquesa Donovan era una figura aterradora que hacía que Oscar se descontrolara.

Espera un minuto… ¿Duquesa Donovan? He oído hablar de ese nombre antes en alguna parte…

—Pero… Su Alteza, la duquesa Donovan es su madre.

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