Dama Caballero – Capítulo 25: Llámame Caril (1)

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


—Quiero que compartamos una cama.

Ella respondió antes de que incluso se diera cuenta.

—No me gusta esa condición.

— ¿Por qué?

—Porque…

Elena se mordió el labio. No era algo en lo que ella no pensara. Solo porque era un matrimonio político, no significaba que no compartieran una cama ocasionalmente. Para solidificar su poder, era mejor dar a luz a un príncipe que heredaría el trono en el futuro.

Ella lo sabía bien. El problema era que sus ambiciones no consistían necesariamente en consolidar su poder como emperatriz en sí misma. Su objetivo era evitar la destrucción de su familia con Carlisle a su lado, y dio la casualidad de que convertirse en emperatriz era la mejor manera de hacerlo.

En la sociedad aristocrática, donde los escándalos a menudo resultaban ser ciertos, Elena había crecido con una rara inocencia. Después de la muerte de su familia, nunca tuvo tiempo de estar con hombres, ya que pasó toda su vida tratando de vengarse, y sin darse cuenta nunca tuvo ninguna experiencia. Ni siquiera la de una historia de amor común, y ella había rechazado instintivamente la idea de tener intimidad con alguien.

Elena trató de obligarse a pensar racionalmente, ella había acestado el primer golpe con su condición. Fue quien propuso un matrimonio político, y Carlisle solo planteó un tema relacionado que tenía que ser tratado aunque no quisiera.

Ahora era el momento de hacer un juicio sereno en lugar de uno emocional.

—Esto no es una opinión. Pensando objetivamente, no creo que ahora sea el momento adecuado.

— ¿Qué quieres decir con eso?

— Eso… significa que no puedo vivir solo como tu mujer. No sé por qué aceptaste casarte conmigo, pero hice esta propuesta porque quería ser la emperatriz. Hasta entonces, no quiero renunciar a mis habilidades de combate con espada.

Carlisle escuchó a Elena en silencio. Ella no podía leer ninguna emoción de su rostro inexpresivo, así que intentó persuadirlo aún más.

—Hasta que me convierta en emperatriz, preferiría actuar como tu arma secreta en lugar de tu esposa. No me resentiré por esta decisión, incluso si más adelante nace un niño de otra mujer y se convierte en el príncipe heredero. Lo escribiré en el contrato si quieres.

Entrenó todos los días después de volver al pasado. Elena se convertiría en la espada más afilada de Carlisle. Sería la misma Elena quien estaría a la vanguardia de cada guerra y eliminaría a los enemigos que se interponen en su camino.

La vida ordinaria de vestirse para él y esperar a que regresara a la cama por la noche no era adecuada para ella. Elena no estaba destinada a ser una simple emperatriz.

Carlisle, que había estado escuchando en silencio hasta entonces, fue el primera en hablar.

— ¿Realmente quieres convertirte en emperatriz?

Ante esa pregunta, de repente se preguntó cómo se vería en los ojos de Carlisle. Ella debe parecer una aristócrata pueril [1]. Sin embargo, no le importaba si arriesgaba su vida por el poder o parecía una loca, siempre que mantuviera a su familia a salvo.

—Sí, quiero ser emperatriz.

Carlisle escuchó su respuesta y permaneció en silencio otra vez.

Elena tragó secamente. Cualquier contrato requería una concesión mutua, y aunque Elena estaba negociando desde una posición relativamente débil, todavía estaba firme en sus condiciones. Desde el punto de vista de Carlisle, no podría haber sido agradable.

Luego dijo algo totalmente inesperado.

—Por tu culpa, hay una razón más por la que debería ser emperador.

—Eso significa…

—Si eso es lo que quieres, aceptaré la oferta. No dormiremos juntos…

—Oh, gracias, Alteza.

Su rostro se iluminó. Le preocupaba lo que haría si Carlisle se negaba.

Gracias a Dios.

Fue solo por un momento que Elena pudo suspirar de alivio. Carlisle aún no había terminado.

—Hasta que te conviertas en emperatriz. Después de eso, no. Una vez que te conviertas en la emperatriz que deseas, entonces vive solo como mi esposa.

—Ah…

Elena no respondió de inmediato a lo que dijo. Estaba en una posición de matrimonio, y había elegido a la persona que creía que sería la más ventajosa para ella.

De hecho, esta vida matrimonial era un futuro que no había pintado más allá de que Carlisle se convirtiera en emperador. Después de eso, existía la posibilidad de que él pudiera conocer a otras mujeres y volverse indiferente ante Elena. Así, podía disfrutar de una vida relativamente libre como emperatriz y terminar su vida en silencio. O bien, Carlisle podría despedirla de la posición de emperatriz, o Elena podría destronarlo si él dirigiera un mal gobierno y ella pudiera poner a alguien más en su lugar.

No le importaba en qué tipo de futuro viviría. Pero lo que Carlisle propuso ahora era un futuro en el que nunca había pensado hasta ahora. Sus palabras de vivir únicamente como su mujer le parecían llenas de significado.

Carlisle habló como si él pudiera decir lo que ella estaba pensando.

— ¿No te gusta? Aun cuando me estás utilizando para convertirte en emperatriz …

—No, lo haré. Viviré igual que tu esposa.

Tan pronto como llegó la implicación de que ella lo estaba “utilizando”, Elena dejó de pensar y respondió rápidamente. Carlisle ya había hecho muchas concesiones y necesitaba urgentemente su protección. Su conciencia le picó culpable, pero ella no había podido dar ninguna otra respuesta.

Él tenía una mirada de satisfacción, sin saber si era una elección renuente o no.

La mirada sonriente en sus ojos azules se desvaneció.

—Te lo dije, a veces me haces codicioso.

De nuevo, Elena no supo qué responder.

—Espero que tengas a mis hijos. Serían encantadores si tuvieran el cabello rubio y los ojos rojos como tú.

— ¿Qué?

Elena se perdió. Parecía que no podía amar a su hijo a menos que se pareciera a ella.

Carlisle cambió suavemente de tema, como si no tuviera intención de explicarse.

—Sabes, he estado tratando de escuchar muchas de tus opiniones.

—Oh, sí. Por eso estoy agradecida.

—Te diré lo que quiero a partir de ahora.

—Por favor, hazlo.

Era hora de que Carlisle ofreciera sus condiciones para el contrato de matrimonio.

Elena tragó secamente la tensión que flotaba en el aire.

—Llámame Caril.

— ¿Eh? disculpa

Elena abrió la boca como una tonta.

¿Él quería que lo llamara por un apodo, asi tan… de repente? ¿Por qué?

Carlisle continuó con una expresión suave.

—Me pediste que fingiera amarte. ¿Pero seguirás dirigiéndote a mi tan formalmente? Seré tu marido, ¿verdad?

—Ah, pero…

Las parejas no necesariamente usan apodos cariñosos entre ellos. En la sociedad aristocrática donde los matrimonios políticos son comunes, muchas parejas usaban honoríficos hasta el día de su muerte. Un apodo, de hecho, era una expresión íntima que solo podía usarse para los amantes.

Más preguntas amenazaron con salir de su boca, pero ella simplemente asintió con la cabeza cuando vio la mirada decidida de Carlisle en su rostro.

—Está bien… Te llamaré así.

Sí. No importaba si ella lo llamaba Caril. Con gusto lo llamaría caquita de perro si él aceptaba sus otras condiciones.

—Puede que a los demás les parezca extraño si uso un apodo desde el principio, así que actuaré formalmente en situaciones externas. Por favor entiende eso.

—Lo dejaré a tu juicio. Pero puedes llamarme así cuando estemos solos.

—Sí, yo… Caril.

Una sonrisa pintoresca se dibujó en los labios de Carlisle. Fue su primera sonrisa genuina que no parecía ser una broma o una expresión sombría.

Elena lo miró aturdida por un momento, y luego pronto recobró el sentido.

¿Qué fue eso?

Ella no conocía a nadie que sonriera así solo porque se le llamaba por un apodo. Pero aún no había terminado.

—Tomemos cada comida juntos. A menos que tengas otros compromisos.

Eso significaba verlo todos los días. Por lo general, las parejas en matrimonios políticos terminan tomando sus propias comidas y no se encuentran cara a cara a menos que sea absolutamente necesario. Por supuesto, en el caso de Elena, tenía la intención de permanecer lo más cerca posible de Carlisle para protegerlo. Pero ella nunca imaginó que él lo sugeriría primero.

—Acepto tus términos.

Ella aceptó de inmediato, ya que no era un mal negocio, pero se preguntó qué quería realmente. Después de un momento de contemplación, volvió a hablar.

—Nuestro contrato se está haciendo más largo, así que, ¿podrías traerme un bolígrafo y papel?

Carlisle se levantó y luego colocó una pluma y un papel en la mesa frente a ella. Elena comenzó cuidadosamente a anotar todas sus condiciones.

Por alguna razón se sintió como un día muy largo.


[1] Pueril: Es un adjetivo que se utiliza para señalar que un adulto tiene conductas infantiles.

Nemoné
Ya lo he mencionado en otra novela, pero amo cuando hablan de niños de esta forma.

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