Dama Caballero – Capítulo 39: Un gran secreto

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


Elena confirmó las fechas de los eventos sociales a los que asistiría y marcó la que sucedería lo más pronto posible. Su reputación había cambiado dramáticamente en los días posteriores al baile, pero ella les había dado su palabra de que iría.

Para demostrar mi inocencia… tengo que hacer que lady Selby sea una mentirosa.

Ese fue su mejor curso de acción. Su acusación tampoco era falsa, ya que Helen ahora estaba contando historias falsas sobre ella.

Para empezar, necesitaba información sobre lady Selby.

De la misma manera en la que lo hizo Helen, la información también sería su trampa. Era clave que Elena pudiera reunir tantos testigos y evidencias contra Helen en un corto período de tiempo.

Empecemos cuando ella trató de darme el té salado.

Elena parecería más creíble si Margaret declarara en su nombre, a diferencia de Helen, cuya testigo era Sophie. Margaret es una mujer noble y, como tal, se consideraría más confiable que una simple doncella.

Pero eso no sería suficiente. Al igual que la historia de que Elena se reunía con un hombre diferente cada noche, tenía que haber algo tentador y provocativo. Sólo entonces los rumores se detendrían a la vez.

Después de pensarlo, Elena se levantó y se dirigió a la habitación de Mirabelle. Antes de entrar, ella golpeó ligeramente la puerta.

—Sí, entra.

Cuando Elena abrió la puerta, el sonido de una máquina de coser emergió desde el interior.

Con la ayuda de algunas doncellas, Mirabelle se dedicó a arreglar los vestidos que Carlisle había enviado. En cuanto su hermana levantó la vista y vio quién entraba en la habitación, se levantó de su asiento.

— ¿Qué está pasando, hermana?

—Hay un evento social en unos días y yo iba a pedir un vestido, pero parece que ya estás trabajando en uno.

—Te había mencionado en el baile que cambiaría los vestidos para ti. Y con tantas invitaciones, pensé que los necesitarías tarde o temprano.

Mirabelle estaba tan radiante que Elena no pudo evitar sonreír.

Ella tenía razón. Elena tenía que ser tan hermosa como todos los demás en los próximos eventos. Las apariencias no lo eran todo, pero ella tampoco bajaría sus estándares. Y ese día… cambiaría el rumbo de todos los rumores difundidos por Helen.

Elena recordó la invitación más próxima. Ella no sabía cuántos nobles asistirían, pero estaba claro que habría una gran multitud. Con tantas cosas para preparar, era un alivio que el vestido fuera una cosa menos en su mente.

—Entonces volveré más tarde, Mirabelle.

— ¡Sí hermana! Te avisaré cuando haya terminado.

—Gracias.

Cuando Elena regresó a su habitación, inmediatamente ató un pañuelo rojo a la ventana. Ella juzgó a Kuhn como la forma más rápida y secreta para recopilar información en comparación con los recursos de Blaise. Hasta ahora no la había decepcionado con las informaciones que lograba obtener.

Como de costumbre, Elena mantuvo las ventanas abiertas y esperó a que Kuhn se deslizara ante los ojos de todos. Se acomodó en su escritorio, poniendo los planes que había elaborado en su cabeza en un papel. Si su contraofensiva fallaba, los rumores viciosos sobre Elena podrían sentirse más verdaderos. Ella podría no ser capaz de hacer nada al respecto en ese momento. El tiempo era corto, pero no podía dejar ningún agujero en su plan.

Lady Selby… le pagaré por duplicado todo lo que me ha dado.

Ella no tenía la intención de quedarse quieta como una tonta. No después de que su reputación fuera empañada de esa manera. Hoy, Elena no era una joven noble ingenua. Si bien era cierto que era menos hábil en política social que con su espada, no era tan suave como para permitirse ser sometida ante un engaño vergonzoso.

♦ ♦ ♦

El impulso de Elena iba en aumento. Le pidió a Kuhn que recopilara información sobre Helen y que se la entregara cuanto antes. Poco después, ella convocó a Michael y le ordenó que concertara una cita con la condesa Viviana.

Stella Viviana. Ella es una figura destacada entre la nobleza y fue uno de los nombres más mencionados en el informe de Kuhn sobre la Ciudad Capital. Sin embargo, los informes no eran la única fuente de conocimiento de Elena. Todavía recordaba el nombre después de una revelación impactante en el futuro.

Solo había una razón por la que Elena quería conocer a una persona así. Ella necesitaba la ayuda de una persona influyente en la alta sociedad.

No importa cuánto ataque la debilidad de Helen, la gente no me creerá fácilmente.

Elena aún no estaba familiarizada en los círculos sociales de la capital. No tenía conexiones, nadie escucharía lo que decía, y mucho menos con su imagen hecha trizas, probablemente también sería ignorada y evitada por otros nobles.

Necesito a alguien más para difundir el rumor de que Lady Selby es una mentirosa.

Necesitaba a alguien que respaldara sus palabras, y Stella es la elección perfecta. Sin embargo, la nariz de esa mujer se mantenía tan alta como su reputación. Ella no le haría un favor a Elena tan fácilmente, incluso no tenía idea de si la recibiría.

Le había tomado a Stella unos pocos días para responder después de que Michael la visitara personalmente, y pronto el mayordomo finalmente le dio una respuesta a Elena, que estaba preocupada.

—Mi señora, he escuchado de la condesa Viviana…

—Por favor continúa.

—Ella dice que es demasiado difícil dedicarle un momento en su apretada agenda.

Un largo suspiro escapó de la boca de Elena.

Elena no había podido dormir por los rumores. Se frotó las puntas de los dedos contra sus ojos rígidos y habló de nuevo a Michael, que la estaba mirando preocupado.

—Espera aquí un momento.

—Sí, mi señora.

Fue directamente a su escritorio y comenzó a escribir algo. Luego colocó el papel en un sobre, lo selló y se lo entregó a Michael, quien tomó el sobre con curiosidad.

—Dale esto al conde Viviana y pídele que haga otra cita.

—Ella ya te ha rechazado… ¿Será posible?

Ante la expresión dudosa del mayordomo, Elena respondió con determinación.

—Sí. Quizás esta vez sí.

No deseaba usar su conocimiento del futuro como un arma tan pronto. Pero ahora que la situación ha llegado a esto, ella no tenía otra opción.

Lamentó haber enviado cartas amenazantes, pero no estaba en posición de esperar más.

La condesa Viviana había tomado varios días para responder su primera solicitud, pero esta vez fue diferente. A las pocas horas de la segunda carta de Elena, Michael regresó.

— ¡Mi señora! ¡La condesa Viviana ha solicitado un encuentro con usted pronto!

—Bien.

Elena estaba bastante satisfecha consigo misma.

—Pero, ¿qué dijo que de repente la hizo cambiar de opinión?

—Bueno… Eso es secreto.

Elena no dijo nada más. En cualquier caso, Michael estaba más contento que curioso con respecto al cambio de actitud de la condesa Viviana. En su primera visita había sido ignorado por los sirvientes de allí, pero en la segunda fue tratado como un huésped valioso. Se preguntó qué causó el cambio, pero confió en Elena.

—Envía a alguien a la condesa Viviana y pregúntale si puede verme hoy.

— ¡Sí, mi señora!

Aunque Stella quería reunirse pronto, una cita este mismo día aún sería difícil de conseguir. Michael siguió las órdenes de Elena. Esa era la confianza que él tenía en ella.

Si esto es lo que ella me ordena… debe haber una razón.

Esta vez Michael no visitó a la condesa Viviana, sino que se apresuró a un criado para entregar la petición de Elena.

Llegó la noche y el criado finalmente regresó con el mensaje de que la condesa Viviana la vería de inmediato. Elena se preparó para irse a pesar de la hora. Faltaban pocos días para la reunión social, necesitaba contar con el apoyo de Stella.

—Vuelvo enseguida.

—Sí. Cuídate, señora mía.

Michael la despidió mientras abordaba el carruaje.

Stella había propuesto reunirse en un elegante salón llamado “El Secreto”. Elena lo sabía. Como su nombre lo sugería, tiene un sistema de membresía cerrado y era favorecido por los nobles de alto rango como un lugar para tener conversaciones privadas.

El veloz carruaje que la llevaba hacia su destino se detuvo.

—Hemos llegado, mi señora.

—Gracias.

El cochero abrió la puerta y ella salió. Miró el letrero con el nombre del establecimiento antes de entrar.

El ambiente interior era sombrío, y los pasillos estrechos. Al ver que no se encontraba con nadie en el pasillo, parecía estar construida de modo que los visitantes no se encontraran fácilmente. Un ligero olor a humo de tabaco se olía en el aire.

Mientras seguía el pasillo oscuro, finalmente se encontró con un empleado de pie detrás de un escritorio.

— ¿Tiene una reserva?

—Sí.

— ¿A quién vienes a ver?

—Estoy aquí para ver a la condesa Viviana.

El empleado le hizo un gesto a Elena como si lo hubiera hecho cientos de veces antes.

—Por aquí, por favor.

El empleado parecía excepcionalmente experimentado y meticuloso. Ella sabía que era un establecimiento secreto, pero había una atención más detallada a los detalles de lo que ella esperaba.

El empleado la guió dentro de las profundidades del edificio, hasta que llegaron a una puerta antigua que se abrió con el menor ruido de fricción. Dentro de la habitación una mujer de mediana edad se encontraba sentada rígidamente en su silla. Después de que Elena entró, el empleado cerró la puerta detrás de ella. Las dos mujeres se miraron fijamente.

Fue Elena quien rompió el silencio primero.

— ¿Cómo estás? Soy Elena Blaise.

—Lo sé. Eres la persona más mencionada en estos días.

Su tono era áspero, y su mirada estaba llena de espinas.

—Déjame preguntarte directamente. Lo que me escribiste… ¿Cómo lo supiste?

Elena no podía responder honestamente a esa pregunta.

—La pregunta no es cómo aprendí el secreto de la Condesa Viviana, sino si se lo cuento a alguien o no. ¿Me equivoco?

La carta que Elena le había enviado a Stella era breve.

“Sé de tu hijo secreto”.

Antes de que Stella se convirtiera en una condesa y una figura destacada de la sociedad, se acostó con un hombre cuando era joven y había dado a luz en secreto un hijo. Los padres de Stella cubrieron completamente el incidente y la condesa Viviana se había casado sin que nadie más lo supiera. Cuando se reveló la verdad en la vida anterior de Elena, la reputación de la condesa Viviana se había desplomado. Sin embargo, ese no fue el final de la historia. Hubo más tragedia después de eso.

— ¿Me estás amenazando?

— Sí.

Elena respondió sin pestañear.

—Harás algo por mí a cambio de guardar tu secreto.

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