Dama Caballero – Capítulo 48: Lo prometo

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


— ¿En qué está pensando, Su alteza?

Carlisle miraba de mal humor por la ventana con los brazos cruzados. Sus ojos azules perdieron su enfoque y se volvieron claros de nuevo, pero no se apartó de la ventana cuando respondió.

—Solo en viejos recuerdos.

En ese momento, la mirada de Carlisle se volvió hacia el Palacio Freesia fuera de la ventana. No tenía muchos buenos recuerdos del lugar. Quizás fue solo natural. Tuvo una infancia muy infeliz.

Desde el momento en que nació, no se quedó en el palacio, sino que se crió en las habitaciones de las criadas debido a los humildes orígenes de su madre. Había crecido sin saber que su padre era el emperador hasta que tenía ocho años. Aunque fue el primer hijo, nadie lo reconoció como Príncipe. 

Cuando era niño, la madre de Carlisle siempre se disculpaba con alguien. Incluso si la emperatriz le arrojaba una taza de té, era ella quien tendría que disculparse e inclusive inclinarse y someterse al hostigamiento y los celos de otras doncellas. No podía entender por qué su madre era así cuando era un niño… pero cuando creció, más tarde descubrió que era por su bien. 

Y, sin embargo, su madre siempre se disculpaba con Carlisle también.

—Lo siento, Caril. Siento que tengas una madre tan lamentable.

Su madre sufrió mucho para protegerlo. Debe haber sido difícil salvaguardar la vida del niño sin parientes maternos en el palacio, donde los planes y las intrigas eran comunes. Cuando Carlisle reflexionaba sobre eso ahora, probablemente sobrevivió tanto tiempo porque a nadie le importaba.

—Caril, si alguien dice algo, solo di que cometiste un error. Ni siquiera puedes decir una palabra contra nadie.

—No. ¿Por qué debería hacer eso cuando no hice nada malo?

—En el momento en que los demás te notan, tu vida termina.

—Mamá, ¿podemos huir juntos? No quiero vivir como un príncipe.

Lo decía en serio. Abandonaría el puesto mil veces si solo pudiera estar en paz con su madre. 

Ella le respondió con una sonrisa débil.

—Caril, no puedes vivir así. ¿Cuán preciosa es la sangre que fluye en tu cuerpo? Siempre debes mirar hacia los lugares altos como un pájaro volando en el cielo .

Se quejó incontables veces de que no necesitaba riquezas, pero su madre había fingido no escuchar. 

El punto de inflexión en su vida llegó sin previo aviso. Un día, el Orbe apareció en el cuerpo de Carlisle. Estuvo en la cama durante una semana y luchó con un fuerte dolor. No había palabras para explicar la forma en que su piel se volvió negra y luego blanca nuevamente. Fue solo entonces que se dio cuenta de que el cambio en su cuerpo significaba que no era un ser humano normal. El sol y la luna salieron y se pusieron varias veces antes de que la esfera azul terminara de crecer dentro de su cuerpo y se separará de él. 

En el momento en que sostuvo la cuenta perfecta en su mano, conoció a su padre por primera vez. Su padre le dijo que los emperadores tenían la sangre del dragón. Carlisle pensó que vomitaría. 

Esa no era solo la sangre de un monstruo… Era una maldición. 

Su madre estaba completamente equivocada; La sangre que fluía por su cuerpo nunca fue preciosa, ni bendecida. Todavía podía recordar claramente cuando Sullivan le dio unas palmaditas en el hombro.

—Me sucederás, Carlisle. Tu padre solo cree en ti ahora.

Poco después de que Sullivan declarara a todos que Carlisle sería el Príncipe Heredero, es que su vida cambió completamente. 

Como una mentira, Sullivan comenzó a amarlo mucho y, a su vez, los días que vio a su madre disminuyeron gradualmente. Entonces, un día, su madre le habló.

—Necesito salir del palacio por un tiempo. Su Alteza, ¿puede arreglárselas solo?

— ¿A dónde vas? No te vayas.

—Vuelvo enseguida. Solo cuenta con tus dedos durante diez noches.

—No, no te vayas. ¡Madre!

No importa cuánto llorara Carlisle y se aferrara a su madre, ella se volvió fríamente y salió del palacio. Desde entonces, él cruzó los dedos uno por uno, contando las noches hasta las diez, pero su madre nunca regresó al palacio. Se dio cuenta en algún momento de que ella nunca volvería.

Sintió una dolorosa soledad. Aunque vivía en palacio, su comida a menudo estaba envenenada y tenía que luchar con la muerte varias veces. Frente a él había caras sonrientes, pero cuando se daba la vuelta, no podía decir quién era el enemigo. 

¿Quién estaba tratando de envenenarlo a espaldas de su padre? El enemigo parecía estar en todos lados y no se podía confiar en nadie. 

Cuando estuvo solo y aislado, Sullivan lo llamó para emitir un aviso final.

—Carlisle, no hay forma de protegerte aquí. Ve a la frontera y entra en la guerra.

—Padre… moriré si voy allí.

—Eres el niño que tiene la sangre más cercana al dragón. ¿Cómo puedes morir tan fácilmente? Acepta la decisión de tu padre. Esto es lo mejor.

El emperador estaba loco, tan obsesionado con los mitos que no veía la realidad ante él. Carlisle tenía solo trece años cuando su padre lo condenó a morir fuera del palacio. ¿Cuáles eran las probabilidades de que un joven que nunca había sostenido una espada regresara con vida? Incluso si hubiera personas ansiosas por matarlo en el Palacio Imperial, sería mucho peor si estuviera lejos del lado de su padre.

—Haaaa…

Fue una vida miserable. Creía que viviría toda su vida en la miseria. Cualquiera que se casara con una persona tan desafortunada como él seguramente estaría condenado. 

Carlisle no sintió más enojo, resentimiento o tristeza. Todo lo que le quedaba era una cáscara vacía. Su madre lo abandonó en el Palacio Imperial, y su padre lo estaba empujando a un lugar peligroso, diciendo que era la única manera. Las posibilidades de supervivencia eran extremadamente escasas, pero no tenía ningún deseo de vivir de todos modos.

Todo… Todo se debe a este Orbe.

Carlisle bajó la mirada hacia el anillo de cuentas azules que tenía en la mano.

Antes de que su madre se fuera, ella le hizo este anillo para que el Orbe no fuera notado, pero dudaba que fuera útil. No podía usar el Orbe para sí mismo o para su familia… 

En aquellos días, incluso las sirvientas que trabajaban para el Palacio Imperial no querían hacer contacto visual con Carlisle. Comenzaron a circular rumores de que su existencia era inmunda. El rumor no sonaba tan mal en la mente de Carlisle.

—El cielo está muy despejado. 

El día antes de partir para la batalla, Carlisle se escondió en el Palacio Freesia, el palacio más grande en el terreno, y miró hacia el cielo azul. Estaba de mal humor, pero a diferencia de sus pensamientos, el cielo estaba despejado. Sin embargo, no importaba, ya que nada reflejaba el estado de ánimo de Carlisle en su vida hasta ahora. Estaba bajo el dominio de otras personas.

Estaba pensando en renunciar a todo cuando… escuchó el sonido de ligeros pasos. Cuando giró la cabeza en dirección al sonido, una chica de cabello rubio emergió de los arbustos.

Carlisle se quedó momentáneamente sin palabras. Él pensó que era un hada. No podía creer que pudiera existir un ser humano tan hermoso. Tenía el cabello dorado, la piel pálida y los ojos rojos como joyas que lo miraban fijamente. En el momento en que sus ojos se encontraron, se sintió como la eternidad.

— ¿Eres un sirviente que trabaja para el Palacio Imperial? Estoy perdida, ¿en dónde estoy?

— ¿Qué?

Los ojos de Carlisle se abrieron cuando ella se dirigió hacía él tan informalmente. Aunque no le importaba, todos usaron el título del Príncipe Heredero desde que ascendió a la posición. Él no respondió, y la niña dijo suavemente:

— ¿También eres un niño perdido?

Ante su pregunta, Carlisle miró lo que llevaba puesto. Parecía bastante desaliñado, pero de todos modos se iría al campo de batalla mañana. Quería revelar su identidad, pero al mismo tiempo no quería escuchar a la niña usar su título como todos los demás. Aunque las palabras de respeto vinieron de la boca de todos los demás, sus ojos y voces eran fríos. 

La chica ante él volvió a hablar, sus ojos rojos se alzaron bruscamente, como si estuviera ofendida.

— ¿Por qué no respondes cuando la gente te habla?

Cuando vio a esta chica como un zorro de nueve colas en el palacio, no pudo evitar sorprenderse.

— ¿Por qué debería responder a tu pregunta?

—Porque… Porque los sirvientes tienen que obedecer las palabras de la nobleza.

Carlisle se echó hacia atrás y respondió con voz plana:

—Estoy haciendo una huelga el dia de hoy.

— ¿Qué? De ninguna manera.

—Pídale a alguien más direcciones en el palacio.

—Siento que he estado caminando por años, pero no he visto a nadie más.

Era fácil perderse en los terrenos laberínticos del Palacio Freesia sin guía. El pobre vestido de la niña se veía sucio y maltratado, pero decidió que esa no era ninguna razón para hacerle un favor. La niña dijo algo más, pero Carlisle cerró los ojos y la ignoró. 

Luego, en un punto, se calmó. De repente curioso, abrió los ojos y vio a la niña sentada cerca, mirando las flores. Parecía una imagen pintoresca mientras sonreía bellamente a las flores, a diferencia de la cara que tenía cuando se quejaba antes. 

Antes también se veía hermosa, pero le gustaba muchos más la actitud de ahora.

— ¿Hay algo interesante en las flores?

—No me hables. Ni siquiera me darás instrucciones…

—Te dije que le preguntaras a alguien más.

—Tch, ¿cómo se supone que voy a encontrar a alguien más aquí? He estado caminando por mucho tiempo y solo te he visto a ti. Tengo miedo de estar sola.

Carlisle se rió entre dientes de cómo la voz de la niña se hacía cada vez más pequeña. Había pasado mucho tiempo desde que conoció a alguien de su edad. A diferencia del medio hermano que siempre lo miraba con desdén, ella era una perfecta desconocida.

—No sabía que era una flor tan extraña. Las puedes encontrar por todo el palacio.

—Tal vez esta flor solo nace aquí… ¿Alguna vez has estado fuera del palacio?

—No.

— ¿Nunca? —Volvió a preguntar la niña.

—Nunca.

La chica pareció sorprendida por la respuesta de Carlisle.

—Entonces, ¿alguna vez has ido a una panadería o una ópera fuera del palacio?

—No, no lo he hecho.

— ¡¿Qué?! Pero la panadería de Charlie es realmente buena, a los niños generalmente no se les permite ir a la ópera, pero pude ir porque acompañaba a mi madre, fue una presentación hermosa y magnífica.

Carlisle no respondió. Era la historia de un mundo que él no conocía. 

Cuando no dijo nada más, Elena se acercó al lado del niño.

— Entonces, ¿te gustaría venir conmigo?

— ¿Qué?

—Te llevaré a un lugar divertido fuera del palacio.

La brillante expresión de la niña lo deslumbró y el corazón de Carlisle comenzó a latir más rápido de lo habitual.

La niña continuó.

—Mi nombre es Elena Blaise. ¿Cuál es tu nombre?

—No… ten… go.

— ¿No tienes nombre?

Cuando Carlisle volvió a cerrar la boca, Elena pensó que debía haberse equivocado.

—Lo siento.

Carlisle no rechazó su pena. A pesar de su posición como Príncipe Heredero, merecía un poco de simpatía. Nadie más sentía pena por él porque era el príncipe y tenía el orbe, pero solo era un niño de trece años.

—No te preocupes. Si le cuento a mi madre sobre ti, ella te llevará con nosotros como sirviente. ¿Por qué no trabajas en nuestra mansión si la vida en el palacio es demasiado difícil?

— ¿Puedo?

Deseaba desesperadamente dejar atrás todo lo que lo retenía y vivir su vida como quisiera. Su madre le dijo que alto como las aves, pero él solo quería ser libre como uno.

—Por supuesto. ¿Entonces vienes a mi casa? Iremos a la ópera contigo y a la panadería… Te mostraré muchas otras cosas divertidas. ¡Es una promesa!

Carlisle miró el dedo meñique que Elena había extendido, luego lo vinculó con el suyo. Casi se echó a llorar en ese momento. Realmente quería vivir esa vida con ella.

—Deberías llamarme señorita a partir de ahora en adelante. No sé como será en el Palacio Imperial, pero así es como los sirvientes me llaman en casa o se meterán en problemas. Pero dejaré que me llames por mi nombre cuando estemos solos.

—Me preocuparé por eso más tarde.

—Tch, la rigurosidad es diferente de lo que estás acostumbrado.

Y entonces Elena y Carlisle pasaron todo el día explorando el Palacio de Freesia. Cuando vio los pequeños cortes de Carlisle, rasgó el borde de su vestido y los ató. Carlisle, por su parte, la llevó a un lugar que solo él conocía y le mostró la estatua del dragón, luego fueron al lago artificial para jugar en el agua.

Elena no lo sabía, pero Carlisle la estaba guiando deliberadamente a las áreas desiertas. Quería que esta alegría durará para siempre. Pero al contrario del deseo desesperado de Carlisle, llegó el momento en que tuvo que irse.

— ¡Len! ¿Dónde estás?

A lo lejos se escuchó una voz llamando a Elena. Pronto también hubo otras voces que gritaban “¡Señorita Elena!”.

Y Elena de repente se dio cuenta de dónde estaba.

— ¡Oh! Creo que mejor me voy. Hablaré con mi madre de inmediato para venir a buscarte.

Elena se puso de pie y quiso regresar con su madre, pero Carlisle ya lo sabía. Este era el final.

— ¡Elena!

— ¿Hm?

Ante la llamada urgente de Carlisle, ella se volvió. Él le entregó el anillo con el orbe sin dudarlo.

—Por favor toma esto.

— ¿Qué es esto?

—Es un anillo.

— ¿Anillo? Mi madre dijo que no debería aceptar las cosas…

Carlisle trató de explicar, pero las voces de quienes buscaban a Elena se acercaban. No tuvo mucho tiempo para contarle los pequeños detalles.

—Esto es… Este es un recuerdo de mi madre. No puedo conservarlo, y quiero que lo cuides por un tiempo. Quiero que me hagas una promesa.

—Oh, sí.

—Quédatelo. Volveré por él.

—Bien.

— ¿Promesa?

— ¡Sí, lo prometo! —aseguró.

Elena sonrió, y una sensación agridulce brotó en el pecho de Carlisle. Era imposible saber si moriría cuando fuera al campo de batalla, y como no podía usar el deseo en sí mismo o en su familia, quería usarlo ahora.

Mi deseo es…

El Orbe brillaba débilmente, como si reaccionara a la mente de Carlisle.

—Dime tu deseo, maestro.

Una voz en su cabeza le habló. Era la primera vez que lo escuchaba, pero al mismo tiempo sonaba extrañamente familiar. Como si supiera que esto sucedería.

Salva a Elena Blaise de morir.

Si de alguna manera sobrevivia milagrosamente al campo de batalla y regresaba al palacio, quería cumplir las promesas que le hizo. No se iría en vano. También estaba la profecía de que su compañero viviría y moriría en la miseria.

Entonces no mueras…

Elena de repente dejó de correr hacia el grupo de búsqueda, se volvió y saludó a Carlisle. Él sonrió levemente a la vista y también levantó la mano.

Si sobrevivo, buscaré por ti.

En ese momento, no tenía la edad suficiente para entender completamente cómo era tener un compañero o casarse. Su reunión ocurrió un día en que solo tenía trece años. Pensó que podría morir pronto de todos modos e hizo el deseo por capricho, pero el recuerdo de ese simple día, se incrustó en su corazón, para nunca ser olvidado, y cuando Carlisle vivió su vida en el infierno, siempre pensó en Elena.

La primera vez que mató a alguien, fue cuando el asesino llegó a sus habitaciones… Y en ese momento su brazo se convirtió en el de un monstruo. Cada vez que sentía dolor y dificultad, volvía su mente a ese día especial. Las promesas que Carlisle tenía que cumplir, la razón para sobrevivir en el infierno, y la última parada que tenía que alcanzar. Fue su salvación en los momentos difíciles.

—Te veré de nuevo con vida. Le preguntaré si habrá venido a verme o si me ha extrañado tanto como yo.

La idea se arraigó en él como las raíces a la tierra. Crecía fuertemente en el corazón de Carlisle sin luz solar o agua, hasta que se formó como una gran masa de codicia. Carlisle todavía recordaba claramente la noche en que Elena vino a rescatarlo por primera vez con su armadura negra.

—Por favor, cásate conmigo, Su Alteza.

¿Quién hubiera pensado que, aunque ella se había olvidado por completo de él, le había pedido que se casaran?

Sin saber cómo me siento.

Una sonrisa quebradiza se extendió en el rostro de Carlisle mientras miraba por la ventana hacia el Palacio Freesia.

Zenard, que estaba parado en silencio detrás de él, lo interrumpió en voz baja con un informe.

—Su Alteza, Lady Blaise ha llegado al palacio. Les informé a los sirvientes que la guíen hasta aquí.

Carlisle estaba a punto de alejarse de la ventana cuando…

La puerta se abrió de golpe y Elena entró, completamente sonrojada. En la inesperada visita, Zenard la llamó con voz tartamuda.

—M-Mi Lady…

A su espalda había sirvientes corriendo tras ella.

—Su Alteza, no, Caril, ¿por qué no me lo dijiste? Cuando nos conocimos en el palacio, no me dijiste que eras el Príncipe Heredero.

Los ojos azules de Carlisle se abrieron de sorpresa, pero pronto una expresión de satisfacción se apoderó de su rostro. Gritó una orden a Zenard y a los sirvientes que estaban junto a la puerta.

—Todos afuera.

—Sí, Su Alteza.

A su orden, todos los demás se alejaron rápidamente, y en poco tiempo solo quedaban dos personas en la espaciosa habitación.

— ¿Por qué no me lo dijiste?

Carlisle la miró durante mucho tiempo, como si estuviera saboreando su presencia. Se sintió como el final de un largo viaje antes de que finalmente se conocieran.

— ¿Me recuerdas?

—Si me lo hubieras dicho, no habría tenido dificultades para recordarlo.

Carlisle sintió alegría a pesar de la expresión molesta de Elena. De hecho, incluso si Elena no lo hubiera salvado ese día, él habría regresado y le habría propuesto matrimonio. Quizás estaba desesperado por tenerla a toda costa.

Si digo que la quiero a mi lado, incluso si tengo que derribar a la familia Blaise que ella aprecia tanto… ¿Ella huiría?


Kiara
y ahora todo tiene sentido, ese recuerdo le ha dado las fuerzas suficiente a nuestro Carlisle y Elena ahora es que lo recuerda

| Índice |

3 thoughts on “Dama Caballero – Capítulo 48: Lo prometo

  1. Tarsis says:

    Y aquí está la explicación de la segunda oportunidad de vivir de Elena. Vive por el deseo desinteresado de un niño de 13 años que experimentó un momento feliz, sólo en la compañía de alguien amable y que no le deseaba mal.

    Las lágrimas me arden en los ojos, eh.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *