Dama Caballero – Capítulo 5: Eres Elena Blaise

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


—Por favor, cásate conmigo, Su Alteza.

Una mirada de sorpresa cruzó el rostro de Carlisle ante la inesperada propuesta, pero se desvaneció rápidamente. Frunció el ceño mientras miraba seriamente a los ojos de Elena.

—No sé cuáles son los rumores sobre mí, pero no me gustan los hombres.

— ¿P-Perdóname?

Era el turno de Elena de ponerse nerviosa. Aunque no había esperado que él aceptara la propuesta desde el principio, esta es una respuesta totalmente inesperada. ¿Hay un rumor de que al príncipe Carlisle le gustan los hombres? 

No, espera, ¿parecía ella un hombre ahora? Elena se había olvidado de su apariencia. Solo sus ojos eran visibles bajo la armadura negra, por lo que era natural que él pensara que era un hombre.

—Usted… Usted está entendiendo mal, Su Alteza.

—Incluso si me gustaran los hombres, ¿pensabas que nos casaríamos? Usted es una persona muy ingenua.

La cara de Carlisle se torció en una mueca. Él estaba en lo correcto. Incluso si le gustaran los hombres, un matrimonio con una mujer sería más beneficioso para él. El amor y el matrimonio eran diferentes para la Familia Real.

—Me refería…

—Si crees que me voy a casar con alguien a pesar de la profecía, estás equivocado.

El príncipe Carlisle no es tan joven, pero hay una razón por la que aún no se había casado.

Fue a causa de una profecía.

—La primera persona en casarse con el Príncipe Heredero pasará su vida en soledad. Vivirá una vida infeliz antes de sufrir una muerte miserable.

Esa fue una de las razones que hicieron al Imperio tan políticamente turbulento antes de su muerte en la vida anterior. Con tales presagios oscuros a su alrededor, ningún aristócrata quiso casar a su propia hija con el Príncipe Heredero. No todos creyeron en la profecía, pero aún así ninguna familia se atreve a fijarse en el matrimonio, probablemente debido a la influencia de los pocos nobles que sabían que el Emperador padecía una enfermedad grave.

Si el Emperador falleciera, no habría parientes que respaldaran la afirmación de Carlisle, ya que su madre era una doncella oscura. El destino del Príncipe Heredero era obvio si no podía quedarse con el trono. Los nobles de alto rango que esperaban que se quedara varado no tenían ninguna razón para ser codiciosos en un matrimonio con un príncipe heredero.

El Emperador había intentado conectar a Carlisle con una buena familia, pero el Emperador solo quería a una hija de una marquesa, mientras que los nobles tenían diferentes intereses personales. Incluso si una princesa de otro país que no conocía los detalles fuera traída como una novia, la siniestra profecía seguramente la alcanzaría.

Solo había un camino. Una vez que el príncipe Carlisle completara su primer matrimonio con alguien, podría casarse con cualquier otra mujer en buenos términos. Elena iba a tomar una posición que nadie quería.

¿Me sentiré sola e infeliz por el resto de mi vida si me caso con el príncipe?

Elena no creía en las profecías, y ya había pasado su primera vida tan sola y tan infeliz. Ahora que había llegado su segunda oportunidad, podía soportar cualquier tipo de sufrimiento con el fin de proteger a su amada familia. No importaba lo insoportable que fuera, no era nada comparado con perderlos.

—Qué idea tan ridícula. ¿Es ese el pago de mi vida?

Carlisle se veía extrañamente aterrador cuando le dio una risa burlona. Si no estuviera ya debilitado, Elena podría haberle apuntado con una espada por su propia tranquilidad.

—Su Alteza, si se ríe así se abrirá la herida.

—Cállate la boca. Tu voz es asquerosa.

—Alteza, escúchame…

—No me voy a casar contigo, ¿no te lo he dicho ya?

Elena quiso prenderle fuego cuando la interrumpió.

Salvé a un hombre que debería haber muerto… y aun así…

A pesar de que su ira hervía bajo la superficie, habló con voz serena.

—Escúchame primero.

—Me estoy aburriendo de tu charla. ¿Cuánto tiempo vas a mirarme?

Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba mirando a Carlisle, que estaba sentado en el suelo. Ella no se había dado cuenta porque él tenía una abrumadora sensación de poder a su alrededor. Elena se agachó de inmediato.

—Aaah.

Un suspiro bajo escapó de debajo de su casco. No creía que la personalidad de Carlisle fuera agradable desde el principio, pero él era peor de lo que había imaginado.

No tiene intención de escuchar.

No quería retirar la oferta. Este no es un matrimonio de amor, sino de política. Lo único que tenía que hacer era calcular cuánto beneficio le aportaría. El príncipe Carlisle sería su as para cambiar el futuro de la familia Blaise. No había otra razón para preocuparse o dudar.

Elena abrió la boca para hablar de nuevo, mirando directamente a Carlisle con ojos serenos.

—Déjame presentarme.

— ¡Suficiente!

Carlisle trató de hablar, pero Elena fue más rápida. Levantó las manos sin vacilar y se quitó el casco de hierro de la cara.

A medida que el casco fue levantado gradualmente, los ojos fríos del Príncipe Heredero se hicieron más grandes.

El largo cabello rubio se derramó como oro líquido y bailó a la luz de la luna. Debajo del casco apareció un cuello delgado y pálido, seguido de unos labios en forma de pétalo y una nariz recta. Finalmente llegaron sus ojos escarlatas cubiertos por gruesas pestañas. Carlisle se congeló.

— ¡Tú!

Hubo un fuerte contraste entre la armadura negra y áspera que usan los hombres y el bonito aspecto de muñeca de la mujer debajo de ella. El efecto es impresionante.

—Pertenezco a la Cuarta Orden de los Caballeros que han servido a la familia real durante generaciones.

—Elena Blaise.

Elena se sorprendió al escucharlo decir su nombre. ¿La conocía? ¿Cómo? ¿Cuándo?

Lo miró incrédula, incapaz de procesar la información.

— ¿Sabes quién soy?

Ella nunca previó este resultado.

El príncipe Carlisle había estado en el campo de batalla desde la infancia y nunca había aparecido en la alta sociedad. De ninguna manera él podría haberla conocido a ella, que vivía en la región al sur de la Ciudad Capital. No era como su padre el Conde, o su hermano, el heredero…

Para ella había pocas posibilidades de conocerlo; era más probable que una aguja lanzada al cielo cayera sobre su cabeza.

Miró a Carlisle confundida, reflexionando si existía o no un encuentro previo entre ella y el Príncipe Heredero, pero no. No había nada en su mente, simplemente no podía entender cómo él sabía su nombre.

Mientras tanto, la expresión de sorpresa de Carlisle se aclaró y fue reemplazada por su habitual y misteriosa cara estoica.

— ¿Cómo supiste que estaba en peligro? ¿Y desde cuándo te volviste tan buena en la lucha con espadas?

Ante la repentina pregunta de Carlisle, Elena calmó su confundida cabeza y comenzó a organizar las respuestas que había preparado.

Ella no podía decirle la verdad, pero todavía tenía que darle una respuesta creíble. Si ella le dijera que sabía que él iba a ser asesinado aquí porque era del futuro, la consideraría una loca.

—En mi familia… se supone que no debo aprender sobre el arte de la esgrima, así que salí con el objetivo de practicar lejos de los demás. Sin embargo, en su lugar encontré al Príncipe Heredero en peligro y lo ayudé.

— ¿Así que todo esto es solo una coincidencia?

Podía decir al mirar los ojos de Carlisle que él no le creía. Y por supuesto que no lo haría. Había muchos agujeros en sus palabras porque todo era mentira.

Pero, ella planificó cuidadosamente la excusa, y además de eso, le había salvado la vida; él no podía sospechar de ella incluso si existían razones. Si tuviera malas intenciones, nunca habría arriesgado su vida para salvarlo.

Las acciones de Elena hablaban más que cualquier explicación creíble. Pero aún así… ¿qué haría si no le creía? Antes de que pudiera decir más de sus frases hecha, Carlisle asintió.

—Está bien, si eso es lo que dices…

— ¿Qué?

Hace un momento ni siquiera estaba dispuesto a escucharla, que empezara a cooperar tan de repente la tomó de sorpresa.

Carlisle continuó murmurando en voz baja, mientras Elena miraba con expresión confundida.

—Te creo.

¿Qué? ¿Por qué iba a creerle?

Elena apenas pudo contener las preguntas que suplicaban salir de su boca. Este es un buen resultado sin importar qué, y ella no arruinaría la atmósfera con consultas innecesarias. La situación solo se volvería más complicada si él decidiera cambiar de opinión.

Elena observó en silencio al hombre que tenía delante y la miraba de manera inquisitiva.

— ¿Por qué propusiste casarnos de repente?

Dijo que no se casaría, pero ahora estaba actuando como si ni siquiera hubiera sucedido.

— ¿No dijiste que no aceptabas hace un rato?

—Es diferente ahora.

— ¿Cómo?

—Porque eres Elena Blaise.

Esa es una respuesta completamente inesperada. Entonces sí la conocía.

—No respondiste mi pregunta, así que déjame intentar otra vez. ¿Me conoces, Alteza?

— ¿No me conoces?

Ella nunca había visto al Príncipe Heredero en su vida. Estaba segura de que su memoria no era tan mala como para olvidar una cara tan hermosa como la suya.

—Tan pronto como te vi, aunque estaba lejos y es la primera vez, supe que eras el Príncipe Heredero.

—No estoy preguntando eso.

— ¿Nos hemos visto antes?

—Si no está en tu memoria, entonces la reunión no existe.

Él respondió vagamente, lo que sólo aumentó su confusión. Elena se detuvo a pensar por un momento, cuando Carlisle habló de nuevo.

—Ahora es el momento de que contestes mi pregunta. ¿Por qué me propusiste?

—Oh, eso es porque…

En cualquier circunstancia, el hecho de que Elena quisiera casarse con Carlisle no había cambiado. Así que continuó tranquilamente

—La familia Blaise pertenece a la nobleza. Como miembro de esta  casa, estoy ansiosa por que el Príncipe Heredero tenga éxito como emperador. Me sentiría honrada si pudiera agregar algo de mi escasa fuerza a la suya.

Esa fue una razón de lo más simple. Sonaba como una mujer noble y ambiciosa deseosa de casarse muy por encima de su estatus social.

Parecía que ella quería hacer de su marido el emperador y convertirse en la mujer más alta del Imperio.

— ¿Quieres que me convierta en el emperador?

— Sí, Alteza.

— ¿Porque tu familia es de la nobleza?

—Sí.

No hubo ningún cambio en la expresión de Carlisle, pero Elena podía sentir que no estaba seguro de algo. Respiró con fuerza, estaba empezando a ponerse ansiosa. Quería arrodillarse y aferrarse a su pantalón y rogarle que se casara con ella. Estaba desesperada.

Para lidiar con el Rey Paveluc, ella necesitaba ser colocada en una posición poderosa al lado del Príncipe Carlisle. Él entendía la política del palacio más que nadie, y ella podía ir y venir como parte de la Familia Real. Si ella no lo apoyaba, ¿cómo podría salvarlo del peligro en todo momento?

Se suponía que el príncipe Carlisle debía morir aquí, pero ella cambió eso, aun cuando no estaba muy claro cómo su supervivencia cambiaría el futuro. ¿Y si se negaba? Ella planeó innumerables respuestas en su cabeza acorde a la situación que se presentara. Sentía que su cerebro podía explotar.

Los labios de Carlisle, que habían sido cerrados herméticamente, finalmente se abrieron.

—No esperaba que te propusieras.

—Soy sincera cuando digo que quiero ser tu fortaleza. Incluso si no quieres casarte, prometo quedarme a tu lado…

— ¿Quién dijo que no quería?

— ¿Qué?

—Me gusta la idea.

— ¿Cómo? ¿Aceptas?

Estaba confundida mientras él separaba sus labios de nuevo. Era un demonio de ojos azules con una expresión penetrante.

—Acepto tu propuesta de matrimonio.

Elena respiró hondo. Parecía que tampoco era una mala oferta para el príncipe Carlisle.

Por ley, al Príncipe Heredero se le permitió casarse con una mujer de una familia que no fuera inferior al rango de conde, lo que era un llamado para ella. No era fácil casarse en una familia de rango superior, pero si uno tenía que encontrar una novia, una mujer tan hábil con la espada como Elena no era una elección terrible.

El corazón de Elena se aceleró cuando recibió la respuesta que quería.

—Déjame preguntarte algo. Conoces la profecía acerca de lo que le espera a mi primera esposa. ¿Te arrepientes de tu decisión? Y ya sabes… podría ser un monstruo. —La mirada de Carlisle se dirigió hacia su brazo derecho.

Elena frunció el ceño con preocupación, pero dudó en preguntar detalladamente la situación. Cuando ella no respondió, él le habló de nuevo en un tono de voz solemne.

—Piensa cuidadosamente antes de contestar la pregunta. Esta puede ser tu última oportunidad de escapar.

Al ver la expresión de soledad de Carlisle, Elena sintió que aún no era hora de desenterrar los secretos acerca de él. No había necesidad de tener prisa. Más tarde podía dedicar un poco más de tiempo para desentrañar todos sus misterios.

—No me importa si eres un monstruo.

— ¿Por qué? ¿Deseas tanto ser la emperatriz?

—Sí. Si puedes convertirte en emperador, puedo hacer incluso más de lo que puede hacer una emperatriz.

La expresión facial de Carlisle cambió sutilmente, él no esperaba esa clase de respuesta.

— ¿Por ejemplo?

—Si crees que una emperatriz es una posición que no merezco…

—No creo eso.

— ¿Qué?

—No olvides esto. Fuiste tú quien vino a mí.

Elena se sintió extraña cuando escuchó la respuesta de Carlisle. La miraba como una presa sin oportunidad de escapar.

Ambos se observaron en silencio, enfrentándose, tratando de comprender los pensamientos del otro. De repente, se escucharon los cascos de caballos acercándose gradualmente. Alguien se acercaba, y rápido.

Elena rápidamente se levantó del suelo, preparándose en caso de que lo asesinos los hubieran seguido. Entonces se oyó un grito.

— ¡Su Alteza! ¡Príncipe Heredero!

— ¿Dónde estás?

Podía ver una bandera volando  en la misma dirección que la voces; una espléndida bandera, con un borde dorado y en el centro un dragón negro enseñando sus colmillos. Es el símbolo de la guardia del Príncipe Heredero.

Carlisle frunció el ceño con desaprobación, ante sus hombres, que acababan de aparecer.

—Tarde…

—Su Alteza, todavía puede haber asesinos mezclados entre ellos

Le advirtió.

—No importa ahora. Mis hombres están aquí.

—Pero…

—Debido a este primer encuentro, crees que soy débil.

Elena hizo una mueca ante su acusación. Él no estaba equivocado. Estaba tan preocupada por su seguridad ahora que no podía permitirse confiar en nadie.

Carlisle recogió casualmente el casco de Elena, a pesar de su lesión.

—El hombre con el que eliges casarte no es un hombre débil. No te preocupes por nada y vete. Si no desapareces ahora, serás atrapada.

—Su Alteza…

—Trata de esconder tus habilidad con la espada tanto como sea posible. Es lo más seguro.

—Entiendo.

Elena estuvo de acuerdo con su evaluación. Ella fácilmente podría convertirse en un objetivo si sus habilidades son descubiertas. Es mejor actuar en las sombras.

A pesar de que le pidió que se fuera, todavía se sentía incómoda por dejarlo. Carlisle luego tomó las riendas del caballo y las presionó contra sus manos, apresurándola para que se marchara.

—Te visitaré en diez días.

—Por favor… tenga cuidado, Su Alteza.

Elena se obligó a subirse al caballo y luego miró a Carlisle por última vez. Éste se quedó completamente quieto mientras sus ojos rojos lo examinaban. Finalmente, tiró de las riendas de su caballo y se alejó al galope, dejándole con una advertencia.

—Cuidado con el duque de Lunen.

Paveluc, en el futuro conquistaría el trono a través de la traición, pero ahora solo es el duque del lucado de Lunen.

Carlisle miró la figura de Elena que se retiraba en su caballo, luego murmuró para sí mismo.

— ¿Cuidarme de mi tío? Ahora él no es quien me preocupa…

Sin embargo, la persona que pudo responder la pregunta ya se había ido. Carlisle se quedó inmóvil, hasta que estuvo completamente fuera de su vista.

♦ ♦ ♦

『Dentro de un espléndido castillo』

Una paloma mensajera blanca, voló hábilmente en el rincón de una habitación con una deslumbrante colección de tesoros de todo el mundo. Una doncella recuperó cuidadosamente la carta del pájaro.

En el centro de la habitación había un sofá lujosamente decorado, y sobre él, sentada con gracia, una mujer de mediana edad. La señora, sin palabras, recibió la carta y leyó lentamente el breve contenido. De repente, ella arrugó el papel en su puño.

— ¡Qué fracaso!

Su voz de disgusto hizo que la criada levantara la vista.

— ¿Hay algo mal?

—No es nada, vuelve.

—Sí, Su Majestad Imperial.

La mujer es Ofelia, la esposa del actual emperador Sullivan y, la duodécima Emperatriz del Imperio Ruford. Ella también es la madrastra de Carlisle.

Ofelia vio desaparecer a la doncella, luego colocó el borde de la carta en la llama de una vela cercana. Las palabras en la carta gradualmente comenzaron a oscurecerse y arder.

Falló en asesinar al príncipe heredero Carlisle.

—Príncipe Carlisle, encontrarás que lo mejor para ti era morir allí.

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