Dama Caballero – Capítulo 62: Estás mirando hacia allá

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


Carlisle quería comprar el resto de los diseños, incluidos los conceptos, pero Elena logró evitar que lo hiciera. Sin embargo, los cinco vestidos inevitablemente ya habían sido comprados.

Elena tuvo sentimientos encontrados al observar la cara llena de alegría de Madame Mitchell.

—Por favor visítenos de nuevo.

Ella los dejó con una hospitalaria despedida, y los tres finalmente emergieron de los sastres de Anco.

Mirabelle tenía una mirada lejana, como si todavía no se hubiera recuperado de su experiencia en la tienda.

— ¿Entonces elegirás uno de esos cinco vestidos para el día de tu boda?

—Sí, lo haré. —Elena asintió con la cabeza. Ya habían comprado esto, y no había necesidad de más compras.

Sin embargo, Carlisle intervino.

—No hay necesidad de apresurarte con la decisión. Echemos un vistazo a todos lo demás para que puedas elegir lo que te guste.

Elena estaba desconcertada al ver a Carlisle hablar tan ociosamente incluso después de esta compra masiva.

— ¿Realmente vas a comprar algo más en el resto de las tiendas?

—Si crees que te queda bien. Además, no necesariamente tienes que usarlo el día de la boda. Considéralo un regalo personal de mi parte para ti.

Los vestidos de novia eran mucho más caros que otros vestidos, y era más probable que se usaran el día del matrimonio en lugar de un baile o una fiesta. Aunque todas las mujeres aristocráticas soñaban con un vestido de novia a medida, los precios eran altos, ya que solo un número limitado de tiendas podía hacerlos.

Y, sin embargo, Carlisle la invitó tan casualmente a mirar otros después de comprar cinco de ellos. No importa si Elena ha crecido como hija de un conde, este grado de riqueza le era ajeno. Elena presionó su mano sobre su frente.

—Solo habrá una boda, pero hay demasiados vestidos de novia.

—En el futuro podemos celebrar más bodas si así lo deseas.

—No es así —negó Elena

—Quiero comprarle a mi novia cualquier cosa. ¿No te gusta eso?

Por un momento, Elena no pudo encontrar las palabras. Ella nunca esperó este tipo de dulce comentario por parte de él.

Mirabelle, que estaba con los dos, los miró con envidia cuando la atmósfera circundante se volvió cálida y un rubor se deslizó por las mejillas de Elena.

—Aprecio tus palabras, pero esto es demasiado. Seré vista como una princesa heredera que gasta de forma extravagante.

No era una cuestión de frugalidad, ya que la extravagancia excesiva podría causar problemas. De hecho, negarse a Carlisle era su manera de proteger a su familia. Si es posible, estaba decidida a contribuir al Imperio Ruford, no a drenarlo.

Carlisle sonrió.

—Primero, no importa qué obsequios te dé porque se compran con mi fortuna personal. En segundo lugar, las finanzas del Imperio no están tan tensas como para causar un colapso bajo este tipo de lujo. Y tercero… —Ese extraño calor se profundizó en los ojos azules de Carlisle—. Porque te acostumbraste a este lujo, no quiero que me dejes.

Los ojos de Elena se abrieron. Parecía que si pudiera comprarle su corazón, pagaría cualquier precio. Por un momento, la pareja se miró en silencio.

Mirabelle se aclaró la garganta, —Ejem.

Elena recuperó el sentido y miró a su hermana, que lucía un poco avergonzada.

—Pido disculpas por interrumpir, pero creo que cinco vestidos son suficientes. En algunas situaciones, simplemente reemplazar las joyas o el encaje con un material más valioso es suficiente para cambiar la apariencia. Puedo discutirlo más adelante con Madame Mitchell.

Elena asintió con la cabeza. No estaba particularmente interesada en vestidos o joyas, y no tenía mucho conocimiento en el campo. Además no quería interferir con Mirabelle. Y hasta ahora, su hermana había hecho un trabajo tan excelente que no había razón para interferir.

—Haré lo que dices —Finalmente Carlisle cedió—. Entonces, si necesitas algo, contactame.

—Sí, cuñado.

Mirabelle no tenía ninguna intención de rechazar la oferta de Carlisle. Cuando Elena la fulminó con la mirada, sacó la lengua.

—Y aprovecharé la oportunidad de hacer un contrato exclusivo con Ancos para ver si podemos comprar más vestidos por un precio más bajo.

Elena pareció sorprendida por la propuesta.

— ¿Qué quieres decir?

—Cuando te conviertas en princesa heredera, tu vestuario se convertirá en la discusión de la alta sociedad. De eso es de lo que hablaré con Madame Mitchell.

—Bueno, en ese caso, sí estoy bien.

Mirabelle se volvió hacia Carlisle esta vez.

—Cuando se decida el vestido de novia, también tendrás que ponerte un traje.

—Por supuesto.

Finalmente terminó de hablar con los dos y dio un paso atrás.

—Entonces volveré a la mansión Blaise primero.

Ella iba a dejarlos a los dos solos.

Pero, Elena era reacia a enviar a Mirabelle sola a casa.

—No, no tienes que…

—Has estado tan ocupada preparándote para la boda que no has podido pasar tiempo con el Príncipe. ¡Ustedes dos deberían pasar un buen rato en un día como este!

Mirabelle sonrió y se alejó, y Carlisle respondió agradablemente.

—Nos vemos la próxima vez.

— ¡Sí, cuñado! ¡Te contactaré de nuevo!

Antes de que Elena pudiera decir algo más, Mirabelle se mudó rápidamente al carruaje de Blaise.

Elena contempló la retirada de Mirabelle, sabiendo que era inútil detenerla. Carlisle luego se volvió hacia Elena y habló en voz baja.

—Tu hermana tiene una mentalidad empresarial inesperada.

Nunca pensó en Mirabelle de esa manera, y la evaluación de Carlisle la tomó por sorpresa.

— ¿Es eso así?

—Si ella dirige un negocio, invertiré en él. Siento que nunca tendría pérdidas.

Elena se preocupaba constantemente de que Mirabelle administrara la casa de Blaise, pero era cierto que Mirabelle excedía sus expectativas en el manejo de la planificación de la boda. Sin embargo, a los ojos de Elena, su hermana todavía parecía una cosa tan delicada que una ráfaga de viento podría llevarla.

—Pero un negocio es difícil. No quiero que Mirabelle haga eso. Quiero que tenga una vida encantadora.

Incluso si había sangre de miles o decenas de miles en las manos de Elena, quería hacer feliz a Mirabelle sin que ella supiera nada. Elena consideraba que toda su familia era preciosa, pero era mucho más protectora con Mirabelle. Si Mirabelle podía andar sobre un camino brillante y cálido bajo el sol, Elena estaba satisfecha de quedarse en las sombras de la noche. Nunca dejaría que Mirabelle muriera antes que ella en esta vida.

Elena miraba tristemente la dirección de la aparición de Mirabelle cuando la mano de Carlisle giró la barbilla de Elena hacia él. Ella miró inquisitivamente la mirada de insatisfacción que él tenía.

—Estás mirando hacia allá.

— ¿Hm? —susurró sin entender.

—Estoy tan celoso que apenas puedo ver con claridad.

Elena trató de preguntarle a qué se refería, pero antes de que pudiera hacerlo, Carlisle la tomó de la mano y la llevó a otra parte.

— ¿Qué estás haciendo? ¿A dónde vamos de repente?

Carlisle miró hacia atrás.

—A cualquier sitio otro sitio donde puedas concentrarte en mí.

Elena no pudo evitar sonreír al lugar donde Carlisle la trajo. A veces deseaba poder ver lo que había dentro de su cabeza.

Elena admiraba el río mientras fluía serenamente.

— ¿Qué estamos haciendo aquí?

Actualmente, la pareja estaba sentada en un pequeño bote. La puesta de sol creó un paisaje impresionantemente hermoso a su alrededor, pero no pudo evitar preguntarse el motivo de esta ubicación y miró hacia Carlisle.

—Te lo dije. Íbamos a un lugar donde solo podías concentrarte en mí.

— ¿Es por eso que realmente estamos aquí? ¿Porque hay algo importante que otros no deberían escuchar? —expresó Elena.

Elena lo miró expectante. Eran las únicas dos personas en este bote. Era el lugar óptimo para tener una conversación secreta entre ellos, ya que todos los guardias de Carlisle estaban mirando desde el banco.

—De ningún modo. Solo quería que estuviéramos solos.

—A veces me pregunto qué estás pensando —expresó Elena.

—Pregúntame.

— ¿Qué?

—Si tienes alguna pregunta, hazla. Seré honesto contigo.

Inmediatamente no se le ocurrió nada que decir, y simplemente lo miró frente a ella. Espectaculares sombras de rojo se arrastraban hacia el cielo, y el sol se hundía lentamente detrás de Carlisle. Fue entonces cuando Elena realmente se dio cuenta de que no había nadie más alrededor, y que estaban completamente solos. Tal vez por eso el sonido tranquilo del río hizo temblar su corazón.

Elena finalmente abrió la boca para hablar.

—En qué… ¿Qué estás pensando ahora?

—Estoy pensando en vivir en un lugar como este.

— ¿Este? ¿Qué te gusta de ello?

Los ojos de Carlisle parpadearon. Puso un brazo sobre su regazo y apoyó la barbilla sobre el otro.

—Es pequeño —indicó él.

— ¿A qué te refieres? —Elena no lograba comprenderlo.

—Es lo suficientemente pequeño como para que no haya espacio para escapar o ir a otro lado.

—Suena un poco extraño.

— ¿Cómo lo interpretas? —preguntó Carlisle.

—Eso…

Elena miró a Carlisle mientras hablaba lentamente.

— ¿Quieres encerrar algo?

Tan pronto como terminó de hablar, Carlisle dejó escapar una carcajada poco característica. Se veía tan alegre que los ojos de Elena se abrieron.

—Tu respuesta siempre está más allá de mi imaginación. A veces también me pregunto qué hay dentro de tu cabeza —expresó él.

Bueno, ciertamente sonó así para los oídos de Elena. Un pequeño espacio donde uno no podía huir o apartar la vista. Elena se sintió incómoda cuando lo dijo.

Carlisle continuó con una sonrisa en su rostro.

—Pero te equivocas. No haría eso, pero como soy bastante codicioso, quiero obtenerlo todo.

¿Qué?

—Por eso esperaré. Hasta que alcance mi corazón, que está muy por delante —continuó el.

¿Qué demonios…?

Ella miró a Carlisle, confundida.

—No entiendo lo que quieres decir. ¿Qué es lo que quieres tanto que esperarás hasta entonces?

Carlisle estaba a punto de responder, pero luego dudó. Era la primera vez que Elena lo veía así.

¿Por qué está dudando?

Carlisle sonrió débilmente y continuó.

—No puedo decirlo. Podría escaparse.

— ¿Eh?

—Si dijera esas palabras, podría rechazarme. Pero como sabes, soy un hombre codicioso… y no puedo soportar el rechazo.

Elena lo miró con una expresión insatisfecha.

—Dijiste que responderías honestamente mis preguntas. ¿Por qué te detienes cuando tengo curiosidad?

—Estoy siendo honesto sobre que no puedo decírtelo.

Elena fue tomada por sorpresa con su respuesta. No creía que ser honesto signifique no revelar un secreto, y era justo decirle a qué se refería. A pesar de la expresión molesta de Elena, Carlisle continuó de buen humor.

—Si realmente quieres saber, piénsalo de nuevo y adivina la respuesta. ¿Qué es lo que quiero tanto?

—Espere.

Esta situación se sintió similar a cuando Carlisle no le contó sobre su pasado. Elena reflexionó sobre las palabras que acababa de hablar con Carlisle.

Algo que quería conservar, pero podría escapar si hablara. Era más que probable que fuera una criatura que pudiera moverse por su propia voluntad. 

Ella lo pensó durante un buen rato y luego abrió con sorpresa al darse cuenta.

—No me digas.

La cara de Carlisle se tensó.

— ¿Quieres criar peces? Vi un pez muy raro nadando en el río antes. Si quieres tanto pescado, no te detendré…

Antes de que ella terminara, Carlisle se dobló y se echó a reír.

— ¿Qué es? ¿Me equivoco?

—No no. Es solo que… tu imaginación es mucho más rica de lo que pensaba.

—Entonces, ¿a qué te refieres? Dime.

A pesar de las repetidas protestas de Elena, Carlisle no podía parar de reír. Pronto el resplandor rojo del sol caía detrás de ellos. A los ojos de cualquiera, parecían la pareja perfecta de amantes.

♦ ♦ ♦

Michael estaba angustiado por el hecho de que Mirabelle y Elena todavía estaban ausentes de la mansión Blaise.

Elena acababa de elegir flores de lavanda para decorar la Plaza Belluette, pero los floristas le habían notificado que no podían suministrarlas. Y eso fue solo el comienzo. Varias otras tiendas se habían puesto en contacto con ellos, informándoles de repente que no podían proporcionar sus servicios. Poco después, una máscara elegante y una carta fueron entregadas a Michael. Fue enviado de regreso desde la Familia Imperial, por el Segundo Príncipe Redfield. Los ojos del mensajero imperial eran notablemente más fríos que cuando entregó la primera carta en la mansión Blaise.

—Por favor, entregue esto a Lady Blaise. Y dile que el Segundo Príncipe insiste en su compañía.

Michael miró la máscara y la carta con ojos temblorosos. Nadie tuvo que explicarle lo que estaba sucediendo aquí. Redfield tenía que estar detrás de este sabotaje.

—Mi señora.

No estaba claro si Elena cambiaría de opinión y aceptaría la invitación. Todo dependía de ella.

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