Dama Caballero – Capítulo 9: Eres Elena Blaise (2)

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


—Pertenezco a la Cuarta Orden de los Caballeros que han servido a la familia real durante generaciones.

—Elena Blaise.

Elena se sorprendió al escucharlo decir su nombre. ¿La conocía? ¿Cómo? ¿Cuándo?

Lo miró incrédula, incapaz de procesar la información.

— ¿Sabes quién soy?

Ella nunca previó este resultado.

El príncipe Carlisle había estado en el campo de batalla desde la infancia y nunca había aparecido en la alta sociedad. De ninguna manera él podría haberla conocido a ella, que vivía en la región al sur de la Ciudad Capital. No era como su padre el Conde, o su hermano, el heredero…

Para ella había pocas posibilidades de conocerlo; era más probable que una aguja lanzada al cielo cayera sobre su cabeza.

Miró a Carlisle confundida, reflexionando si existía o no un encuentro previo entre ella y el Príncipe Heredero, pero no. No había nada en su mente, simplemente no podía entender cómo él sabía su nombre.

Mientras tanto, la expresión de sorpresa de Carlisle se aclaró y fue reemplazada por su habitual y misteriosa cara estoica.

— ¿Cómo supiste que estaba en peligro? ¿Y desde cuándo te volviste tan buena en la lucha con espadas?

Ante la repentina pregunta de Carlisle, Elena calmó su confundida cabeza y comenzó a organizar las respuestas que había preparado.

Ella no podía decirle la verdad, pero todavía tenía que darle una respuesta creíble. Si ella le dijera que sabía que él iba a ser asesinado aquí porque era del futuro, la consideraría una loca.

—En mi familia… se supone que no debo aprender sobre el arte de la esgrima, así que salí con el objetivo de practicar lejos de los demás. Sin embargo, en su lugar encontré al Príncipe Heredero en peligro y lo ayudé.

— ¿Así que todo esto es solo una coincidencia?

Podía decir al mirar los ojos de Carlisle que él no le creía. Y por supuesto que no lo haría. Había muchos agujeros en sus palabras porque todo era mentira.

Pero, ella planificó cuidadosamente la excusa, y además de eso, le había salvado la vida; él no podía sospechar de ella incluso si existían razones. Si tuviera malas intenciones, nunca habría arriesgado su vida para salvarlo.

Las acciones de Elena hablaban más que cualquier explicación creíble. Pero aún así… ¿qué haría si no le creía? Antes de que pudiera decir más de sus frases hecha, Carlisle asintió.

—Está bien, si eso es lo que dices…

— ¿Qué?

Hace un momento ni siquiera estaba dispuesto a escucharla, que empezara a cooperar tan de repente la tomó de sorpresa.

Carlisle continuó murmurando en voz baja, mientras Elena miraba con expresión confundida.

—Te creo.

¿Qué? ¿Por qué iba a creerle?

Elena apenas pudo contener las preguntas que suplicaban salir de su boca. Este es un buen resultado sin importar qué, y ella no arruinaría la atmósfera con consultas innecesarias. La situación solo se volvería más complicada si él decidiera cambiar de opinión.

Elena observó en silencio al hombre que tenía delante y la miraba de manera inquisitiva.

— ¿Por qué propusiste casarnos de repente?

Dijo que no se casaría, pero ahora estaba actuando como si ni siquiera hubiera sucedido.

— ¿No dijiste que no aceptabas hace un rato?

—Es diferente ahora.

— ¿Cómo?

—Porque eres Elena Blaise.

Esa es una respuesta completamente inesperada. Entonces sí la conocía.

—No respondiste mi pregunta, así que déjame intentar otra vez. ¿Me conoces, Alteza?

— ¿No me conoces?

Ella nunca había visto al Príncipe Heredero en su vida. Estaba segura de que su memoria no era tan mala como para olvidar una cara tan hermosa como la suya.

—Tan pronto como te vi, aunque estaba lejos y es la primera vez, supe que eras el Príncipe Heredero.

—No estoy preguntando eso.

— ¿Nos hemos visto antes?

—Si no está en tu memoria, entonces la reunión no existe.

Él respondió vagamente, lo que sólo aumentó su confusión. Elena se detuvo a pensar por un momento, cuando Carlisle habló de nuevo.

—Ahora es el momento de que contestes mi pregunta. ¿Por qué me propusiste?

—Oh, eso es porque…

En cualquier circunstancia, el hecho de que Elena quisiera casarse con Carlisle no había cambiado. Así que continuó tranquilamente

—La familia Blaise pertenece a la nobleza. Como miembro de esta  casa, estoy ansiosa por que el Príncipe Heredero tenga éxito como emperador. Me sentiría honrada si pudiera agregar algo de mi escasa fuerza a la suya.

Esa fue una razón de lo más simple. Sonaba como una mujer noble y ambiciosa deseosa de casarse muy por encima de su estatus social.

Parecía que ella quería hacer de su marido el emperador y convertirse en la mujer más alta del Imperio.

— ¿Quieres que me convierta en el emperador?

— Sí, Alteza.

— ¿Porque tu familia es de la nobleza?

—Sí.

No hubo ningún cambio en la expresión de Carlisle, pero Elena podía sentir que no estaba seguro de algo. Respiró con fuerza, estaba empezando a ponerse ansiosa. Quería arrodillarse y aferrarse a su pantalón y rogarle que se casara con ella. Estaba desesperada.

Para lidiar con el Rey Paveluc, ella necesitaba ser colocada en una posición poderosa al lado del Príncipe Carlisle. Él entendía la política del palacio más que nadie, y ella podía ir y venir como parte de la Familia Real. Si ella no lo apoyaba, ¿cómo podría salvarlo del peligro en todo momento?

Se suponía que el príncipe Carlisle debía morir aquí, pero ella cambió eso, aun cuando no estaba muy claro cómo su supervivencia cambiaría el futuro. ¿Y si se negaba? Ella planeó innumerables respuestas en su cabeza acorde a la situación que se presentara. Sentía que su cerebro podía explotar.

Los labios de Carlisle, que habían sido cerrados herméticamente, finalmente se abrieron.

—No esperaba que te propusieras.

—Soy sincera cuando digo que quiero ser tu fortaleza. Incluso si no quieres casarte, prometo quedarme a tu lado…

— ¿Quién dijo que no quería?

— ¿Qué?

—Me gusta la idea.

— ¿Cómo? ¿Aceptas?

Estaba confundida mientras él separaba sus labios de nuevo. Era un demonio de ojos azules con una expresión penetrante.

—Acepto tu propuesta de matrimonio.

Elena respiró hondo. Parecía que tampoco era una mala oferta para el príncipe Carlisle.

Por ley, al Príncipe Heredero se le permitió casarse con una mujer de una familia que no fuera inferior al rango de conde, lo que era un llamado para ella. No era fácil casarse en una familia de rango superior, pero si uno tenía que encontrar una novia, una mujer tan hábil con la espada como Elena no era una elección terrible.

El corazón de Elena se aceleró cuando recibió la respuesta que quería.

—Déjame preguntarte algo. Conoces la profecía acerca de lo que le espera a mi primera esposa. ¿Te arrepientes de tu decisión? Y ya sabes… podría ser un monstruo. —La mirada de Carlisle se dirigió hacia su brazo derecho.

Elena frunció el ceño con preocupación, pero dudó en preguntar detalladamente la situación. Cuando ella no respondió, él le habló de nuevo en un tono de voz solemne.

—Piensa cuidadosamente antes de contestar la pregunta. Esta puede ser tu última oportunidad de escapar.

Al ver la expresión de soledad de Carlisle, Elena sintió que aún no era hora de desenterrar los secretos acerca de él. No había necesidad de tener prisa. Más tarde podía dedicar un poco más de tiempo para desentrañar todos sus misterios.

—No me importa si eres un monstruo.

— ¿Por qué? ¿Deseas tanto ser la emperatriz?

—Sí. Si puedes convertirte en emperador, puedo hacer incluso más de lo que puede hacer una emperatriz.

La expresión facial de Carlisle cambió sutilmente, él no esperaba esa clase de respuesta.

— ¿Por ejemplo?

—Si crees que una emperatriz es una posición que no merezco…

—No creo eso.

— ¿Qué?

—No olvides esto. Fuiste tú quien vino a mí.

Elena se sintió extraña cuando escuchó la respuesta de Carlisle. La miraba como una presa sin oportunidad de escapar.

Ambos se observaron en silencio, enfrentándose, tratando de comprender los pensamientos del otro. De repente, se escucharon los cascos de caballos acercándose gradualmente. Alguien se acercaba, y rápido.

Elena rápidamente se levantó del suelo, preparándose en caso de que lo asesinos los hubieran seguido. Entonces se oyó un grito.

— ¡Su Alteza! ¡Príncipe Heredero!

— ¿Dónde estás?

Podía ver una bandera volando  en la misma dirección que la voces; una espléndida bandera, con un borde dorado y en el centro un dragón negro enseñando sus colmillos. Es el símbolo de la guardia del Príncipe Heredero.

Carlisle frunció el ceño con desaprobación, ante sus hombres, que acababan de aparecer.

—Tarde…

—Su Alteza, todavía puede haber asesinos mezclados entre ellos

Le advirtió.

—No importa ahora. Mis hombres están aquí.

—Pero…

—Debido a este primer encuentro, crees que soy débil.

Elena hizo una mueca ante su acusación. Él no estaba equivocado. Estaba tan preocupada por su seguridad ahora que no podía permitirse confiar en nadie.

Carlisle recogió casualmente el casco de Elena, a pesar de su lesión.

—El hombre con el que eliges casarte no es un hombre débil. No te preocupes por nada y vete. Si no desapareces ahora, serás atrapada.

—Su Alteza…

—Trata de esconder tus habilidad con la espada tanto como sea posible. Es lo más seguro.

—Entiendo.

Elena estuvo de acuerdo con su evaluación. Ella fácilmente podría convertirse en un objetivo si sus habilidades son descubiertas. Es mejor actuar en las sombras.

A pesar de que le pidió que se fuera, todavía se sentía incómoda por dejarlo. Carlisle luego tomó las riendas del caballo y las presionó contra sus manos, apresurándola para que se marchara.

—Te visitaré en diez días.

—Por favor… tenga cuidado, Su Alteza.

Elena se obligó a subirse al caballo y luego miró a Carlisle por última vez. Éste se quedó completamente quieto mientras sus ojos rojos lo examinaban. Finalmente, tiró de las riendas de su caballo y se alejó al galope, dejándole con una advertencia.

—Cuidado con el duque de Lunen.

Paveluc, en el futuro conquistaría el trono a través de la traición, pero ahora solo es el duque del lucado de Lunen.

Carlisle miró la figura de Elena que se retiraba en su caballo, luego murmuró para sí mismo.

— ¿Cuidarme de mi tío? Ahora él no es quien me preocupa…

Sin embargo, la persona que pudo responder la pregunta ya se había ido. Carlisle se quedó inmóvil, hasta que estuvo completamente fuera de su vista.

♦ ♦ ♦

『Dentro de un espléndido castillo』

Una paloma mensajera blanca, voló hábilmente en el rincón de una habitación con una deslumbrante colección de tesoros de todo el mundo. Una doncella recuperó cuidadosamente la carta del pájaro.

En el centro de la habitación había un sofá lujosamente decorado, y sobre él, sentada con gracia, una mujer de mediana edad. La señora, sin palabras, recibió la carta y leyó lentamente el breve contenido. De repente, ella arrugó el papel en su puño.

— ¡Qué fracaso!

Su voz de disgusto hizo que la criada levantara la vista.

— ¿Hay algo mal?

—No es nada, vuelve.

—Sí, Su Majestad Imperial.

La mujer es Ofelia, la esposa del actual emperador Sullivan y, la duodécima Emperatriz del Imperio Ruford. Ella también es la madrastra de Carlisle.

Ofelia vio desaparecer a la doncella, luego colocó el borde de la carta en la llama de una vela cercana. Las palabras en la carta gradualmente comenzaron a oscurecerse y arder.

Falló en asesinar al príncipe heredero Carlisle.

—Príncipe Carlisle, encontrarás que lo mejor para ti era morir allí.

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