Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 20: Pidiendo perdón

Traducido por Amaterasu

Editado por Nemoné


Como lo he repetido tantas veces, las mujeres prácticamente no tienen derechos como humanos. Mi propio estatus era ambiguo porque, aunque era una niña, formaba parte de la clase noble. Los hombres usaron un título noble para referirse a mí, y comía tres comidas al día sin tener que hacer trabajo físico duro. Antes de mi excursión, no me había dado cuenta de cuán privilegiada era mi vida.

Seguramente, ¿no son… esclavos? 

De los libros aprendí que había tres clases: nobles, plebeyos y esclavos. La mayoría de los esclavos eran mujeres. Y todos los que trabajaban en la plantación de algodón eran mujeres. Era una escena nacida antes de la Guerra Civil de América, excepto que todos los esclavos eran mujeres, que vivían en condiciones abyectas, y eran de diversos orígenes étnicos.

— ¡Ponte a trabajar! ¡Levántate!

Un hombre, probablemente el supervisor, bajó su látigo y el sonido cortó el aire.

— ¡Aflojen y las mataré a todas!

La chica azotada cayó al suelo y pidió perdón.

Yo estaba moliendo mis dientes por la rabia. ¿Por qué pediría perdón? Las mujeres vivían vidas terribles. Ahora me di cuenta de lo afortunada que era realmente. Mi piel era suave, y el único trabajo duro que he realizado, fue aplacar a los hombres a mi alrededor. Mi vida era el cielo comparada con la de ellas.

Hwanseong preguntó inocentemente, —Perrito, ¿necesitas ir al baño? Tienes una mirada muy divertida en tu cara.

Tuve que reírme de su pregunta. Para él no había nada fuera de lo común en esta escena. No podía hacer nada, ni interferir, y no haría nada para expresar mi aborrecimiento.

—Apenas puedo soportar la alegría que siento por estar aquí contigo, hermano —Logré mi sonrisa más alegre, y uní mis brazos con el príncipe Hwanseong.

Gitae se estremeció. Puede que sea la primera vez que ve algo tan audaz, como una princesa que une brazos con un príncipe, pero Hwanseong solo sonrió.

Extendió los hombros, y levantó la barbilla.

—Ejem.

¿Qué significa ‘ejem’?

Seguimos moviéndonos. Íbamos a tomar el té con el dueño de la plantación.

A lo largo, caí profundamente en mis propios pensamientos.

— ¡Ponte a trabajar! ¿Cómo vas a cumplir la cuota a este ritmo?

Él no golpeó a nadie. El látigo había golpeado en el suelo pero, de todos modos, los esclavos retrocedieron. Fue mi primera vez viendo esclavos. Por supuesto, había visto sirvientes, pero a los sirvientes no se les trataba tan mal en el palacio.

No pude entender esta forma de vida. No quería entender. Los gritos de “¡A trabajar!” y el ruido sordo del látigo continuó. Todavía no estaba acostumbrada al concepto de esclavitud. La vista de estas mujeres agachadas bajo el sol abrasador aterrorizadas por el látigo era desgarradora.

Estaba impotente y sin manera de realizar cualquier cambio duradero, pero quería hacer algo para aliviar su carga.

—Hermano —Me dirigí a Hwanseong con mi expresión bien practicada y compasiva—. ¡El sonido del látigo me asusta! Ni siquiera puedo caminar porque el sonido es tan aterrador.

El siempre arrogante Hwanseong, que había estado agitándose del brazo conmigo, rió con ganas.

— ¡Qué enclenque eres! ¡Patética!

Este “perrito” te dará un golpe en la cabeza algún día. Solo espera… 

Hwanseong gritó: — ¡Detengan ese ruido!

Mis oídos pitaron. Gitae le advirtió a Hwanseong: —Si usa magia cuando habla, lastimará los oídos de la princesa.

—Está bien. Pueden ser sanados.

Idiota. Incluso si mis oídos pueden ser sanados, ¿qué pasa con mi sufrimiento? 

Un hombre se nos acercó y Gitae buscó en sus papeles la identificación adecuada.

Después de una breve introducción, se quitó el sombrero y se inclinó profundamente. Supuse que el hombre era un plebeyo. Para comparar el sistema de clasificación con la sociedad moderna, un rey podría ser equivalente al presidente de una compañía, mientras que un plebeyo podría ser uno de los Dilberts[1] en la gerencia media. Mientras que el príncipe era indudablemente de un rango más alto, los que lo encontraron no tuvieron que postrarse inmediatamente ante él ni nada por el estilo.

 —No quiero escuchar el molesto sonido del látigo.

—Mis disculpas. Muchos turistas pasan por la plantación, y yo no sabía que Su Majestad estaba aquí —Sacó su receptor inalámbrico y llamó a un descanso. Parecía haber sido transmitido a todos los supervisores.

Las esclavas se levantaron y miraron en nuestra dirección. Les habían dado un descanso.

Todavía no sabía lo que quería decir con “turistas”.

♦ ♦ ♦

La esclava No.7, que había estado trabajando en el campo, se detuvo para estirarse. Miró a lo lejos y vio a una chica con una tez pálida acompañada por dos hombres.

Ella debe ser de una familia noble. El supervisor se inclinó ante ella. Debe ser una princesa. ¡Qué maravilloso debe ser nunca pasar hambre!

—Número siete, ¿qué estás mirando?

Los esclavos se juntaron y hablaron suavemente entre ellos. No querían arriesgarse a perder este glorioso respiro de día de trabajo agotador.

—El número catorce lo hizo ayer.

— ¿Con quién?

—No sé.

Todas suspiraron. La plantación de algodón estaba en expansión. Llegaban tantos turistas. Naturalmente, la mayoría de los “turistas” eran hombres que querían tener relaciones sexuales con las mujeres. Simplemente elegirían las que quisieran y le pasarían algo de dinero al supervisor.

Número catorce esperaba un niño.

—Podría ser mejor simplemente no estar embarazada en absoluto.

Si el bebé era un niño, su vida de esclavitud había terminado. De acuerdo con las reglas de la plantación, la madre del bebé era atendida y el niño crecería para ser el supervisor.

—Es tan difícil trabajar cuando se está embarazada.

—Es casi la hora de número cinco.

—Sí. Y azotarla cuando está tan cerca de dar a luz es demasiado.

En ese momento, la esclavo Número cinco, que había estado mirando en un estupor, se derrumbó. Número siete, de pie junto a ella, gritó: —¡Número cinco!

Este era un suceso muy frecuente. Desnutrición, fatiga o una infección bacteriana… Las causas potenciales eran muchas.

Número siete comenzó a correr.

— ¿A dónde va?

—No sé, pero tenemos que hacer algo por número cinco.

— ¿Alguien está amamantando? Podríamos darle un poco de leche.

No había nada para comer. Entonces, la leche sería buscada de un esclavo de enfermería. Así es como eran las cosas.

— ¡Número siete ha perdido la cabeza! ¿A dónde va?

Ella estaba corriendo hacia los dos hombres en la distancia.

♦ ♦ ♦

Vi a la mujer corriendo hacia nosotros. Su figura demacrada solo destacaba su gran estómago. Los trapos sobre ella apenas podían llamarse ropa.

— ¡Perra loca! —El supervisor movió su látigo mientras ella corría hacia nosotros.

Casi le grité que se detuviera. Sin embargo, Gitae apareció a su lado y agarró su brazo.

—Su Majestad claramente te dijo que no usaras el látigo.

Las habilidades de combate de un hombre común no eran rival para un caballero. Recuerdo un pasaje en un libro que decía que un caballero podía defenderse de cientos de hombres adultos.

La mujer se arrodilló ante mí y puso su rostro en el suelo, suplicando.

—Por favor, necesito comida. Mi amiga se desmayó de desnutrición. Ella está esperando un niño. Por favor, mi señora, ¿le darías algo de comida?

El supervisor estaba fuera de sí. Como el caballero le había prohibido blandir su látigo, no sabía qué más hacer.

—¡Perra loca! —Fue todo lo que pudo decir.

Hwanseong sugirió: —Tal vez debería patearla.

—Pero ella saldría volando y moriría al aterrizar —Fingí una indiferencia que no sentía.

Quería patear a una mujer que no había hecho daño a una persona y deseaba ayudar a una amiga, mendigando comida. Me recordaron nuevamente que en este lugar las mujeres eran tratadas como propiedad.

La mitad intencionalmente, la mitad de su propio acuerdo, las lágrimas comenzaron a fluir. Había tantas razones para llorar. Estaba completamente indefensa y enfurecida por este mundo.

Hwanseong se quedó débil ante mis lágrimas.

— ¿Qué pasa, perrito?

Sintiendo algo fuera de lugar, me miró expectante. Había oído que Hwanseong era un caballero despiadado, sin par en sus habilidades de combate. Había tenido su despertar mágico a la edad de once años y podría enfrentarse a caballeros adultos.

Me asusté cuando lo vi. La magia en este mundo era una fuerza omnipresente.

— ¿Te está haciendo llorar? ¿Debería matarla?

Gitae se quedó asombrado. ¿Un príncipe realmente le pidió permiso a una princesa? ¡Esto era una locura!

El supervisor dio un paso adelante, —Su Majestad, la mataré yo mismo. Este pedazo de mierda sin valor ha cruzado la línea.

— ¡Hermano! —grité.

— ¿Qué pasa, perrito?

—Su Majestad sabe que mi amor por no tiene límites.

— ¡Por supuesto! —Hwanseong sonrió. Comencé a preguntarme si tenía trastorno bipolar.

— ¿Puedo pedir un favor? Seré un siervo siempre fiel a su Su Majestad si lo concede.

—No voy a renunciar a que dejes de buscar. Definitivamente no.

¿Estás trayendo ese tema ahora? 

—Estaría muy agradecida si Su Majestad me diera algo de comida.

—Oh, ¿tienes hambre? ¡Eres como  un cerdito!

¿No la oyes sollozar? Pensé que tenías una audición sobrehumana. ¿Cómo puedes ser tan denso? 

El mundo que me rodeaba era incluso más perturbador que el que había experimentado a través de la literatura. Tendría que apresurarme a lo largo del entrenamiento de Hwanseong para convertirlo en un mejor ser humano. No tenía que perder ni un segundo.

Como ya no estaba llorando, decidí continuar. Hwanseong sólo tenía once años. Aunque físicamente era un niño, tenía treinta y cinco en el corazón. Con cuidado de no cruzar la línea, decidí presionarlo más.

—Siento que mi amor por Su Majestad podría disminuir.

Entonces su rostro cayó.


[1] Investigué y sale que Dilbert es una tira cómica. Wikipedia dice: “Dilbert retrata la cultura corporativa como un mundo kafkiano de burocracia para sus propios objetivos y las políticas de oficina que soportan la productividad, donde las habilidades de los empleados y sus esfuerzos no son recompensados, y se elogia el trabajo pesado pero se lo retribuye mal”.

| Índice |

One thought on “Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 20: Pidiendo perdón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *