La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 24: El hueso a roer de la sociedad

Traducido por Maru

Editado por Ayanami


—¿Por qué me llamaste?

El príncipe Heinley se volvió hacia Rashta severamente, y sus ojos cayeron sobre ella. Rashta se veía miserable.

—¿No tienes nada que decirme?

Su voz tembló de mansedumbre. McKenna entendió por qué tanta gente se enamoró de Rashta. Había algo en su angustia que despertaba lástima en el corazón del espectador.

—No.

Sin embargo, la voz de Heinley era monótona, McKenna le hizo un gesto de advertencia. A pesar de la reputación empañada de Rashta, todavía era muy favorecida por el emperador. A McKenna no le importaba lo que Heinley dijera de ella detrás de escena, pero el príncipe tendría que tener cuidado delante de su cara…

Sin embargo, el príncipe Heinley pareció ignorarlo por completo.

—¿No tienes nada que decirme? Creo que sí.

Los grandes ojos de Rashta brillaron y se llenaron de lágrimas. McKenna sabía lo que se avecinaba. El príncipe Heinley podría parecer ligero y casual, pero podría volverse frío y aterrador dependiendo de la situación. La fría mirada del príncipe Heinley se intensificó, y Rashta, que parecía intimidada, comenzó a llorar.

—Eres un hombre maravilloso.

McKenna no esperaba que esas palabras salieran de su boca. Rashta miró al príncipe Heinley con sus ojos oscuros, sin rastro de miedo en su expresión. Por el contrario, ella parecía profundamente conmovida. ¿Quién reaccionaba así a una actitud fría como esa…?

Las cejas de McKenna se torcieron con incredulidad ante su comportamiento inusual, y el príncipe Heinley también frunció el ceño sorprendido. Rashta esbozó una sonrisa tímida, mientras se limpiaba los ojos con una mano.

—Lo siento. Debes estar avergonzado por el repentino llanto de Rashta. Después de que se difundió el rumor, la gente comenzó a tratar a Rashta horriblemente. Solían ser dulces, pero ahora se ríen y se burlan de Rashta.

Terminó de secarse las lágrimas con la manga, pero en cuanto bajó el brazo se ahogó de nuevo.

—Pero el príncipe Heinley es el único que trata a Rashta de la misma manera…por supuesto que no estamos en buenos términos, pero Rashta se conmovió…

La necesidad de protegerla se fortaleció aún más cuando estaba llorando. Algunos nobles solo trataban a otros nobles con amabilidad y miraban a las personas con un estatus inferior. Probablemente, esas mismas personas habían humillado terriblemente a Rashta.

—Ya veo.

A pesar de la lamentable vista que tenía ante él, Heinley continuó hablando con fría formalidad. Parecía no tener opinión sobre su situación, miró su reloj de pulsera y dijo:

—Bueno, eso es suficiente. —Luego, se alejó sin decir una palabra más.

McKenna, sintiendo pena por Rashta, le sonrió torpemente y siguió al príncipe Heinley.

—Su Alteza, sé que está en malos términos, pero eso fue un poco demasiado frío, ¿no?

—¿Quieres que muestre cortesía a alguien que trató de engañarme? ¿Quién me acusó de mentiroso?

—Yo…cierto. Ella hizo eso…

Qué talento tan extraordinario. McKenna ciertamente se ofendió en nombre de Heinley, pero lo había olvidado momentáneamente cuando vio llorar a Rashta. Ladeó la cabeza para pensar, mientras el príncipe Heinley se volvía hacia el palacio del sur.

—Más importante aún, ¿cuándo vendrá Elgy? ¿Entregaste la carta?

—La entregué correctamente. Pero, ¿por qué lo llamaste de repente?

♦ ♦ ♦

La emoción en torno al Año Nuevo se enfrió gradualmente, y los funcionarios del palacio despertaron de su resaca y comenzaron a moverse rápidamente de nuevo. Me sentí de nuevo en el camino también. Fui al palacio central, examiné mi trabajo, luego, tuve una larga conversación con el Ministro de Asuntos Exteriores para obtener asesoramiento sobre un tema. Para mi sorpresa, informó que el duque Elgy Klaudia, miembro de la familia real del Imperio Blue Bohean, había solicitado visitar el palacio.

—¿El duque Elgy Klaudia? —Miré al ministro con desconcierto y él asintió. —¿Vino aquí como parte de una misión de delegación?

—No, dijo que se detuvo para hacer turismo.

Los invitados extranjeros rara vez visitaban uno o dos meses después de las celebraciones de Año Nuevo. No había festivales en este momento, y aquellos que se quedaron más allá del Año Nuevo lo hicieron para no tener que volver a visitar. ¿Por qué el duque Elgy Klaudia, que no pudo asistir a las celebraciones de Año Nuevo por estar demasiado ocupado, vendría de repente ahora?

Ah, ¿tal vez, vino a ver al príncipe Heinley?

El duque Elgy Klaudia era conocido por ser un amigo cercano del príncipe. Entonces…un amigo playboy. Me lo pregunté, firmé los documentos que permitían su estadía y continué con mi trabajo. Escuché el nombre del duque Elgy nuevamente, mientras cenaba con las damas de honor.

—Su Majestad, ¿escuchó? El duque Elgy Klaudia vino hoy al palacio.

—Por supuesto que lo sabe, Laura.

—Oh, ya veo. ¿Y tú también lo sabes? ¿Con quién estuvo el señor Elgy todo el día?

Corté mi ensalada con mi cuchillo.

—¿El príncipe Heinley?

Laura resopló.

—No.

—Estaba con la esclava, Rashta.

Ah…Rashta.

—Eso es sorprendente.

Como el duque Elgy era el mejor amigo del príncipe Heinley, pensé que evitaría a Rashta por principios. Laura continuó nerviosamente.

—No solo se conocieron. Estuvieron juntos todo el día. Escuché que estaban muy cerca el uno del otro.

Otra dama de compañía, que estaba esperando su turno en la conversación, siguió las palabras de Laura rápidamente.

—No solo eso. Estaban tan cerca que causaron muchos problemas.

¿Qué pasó? La miré inquisitivamente, ella sacudió la cabeza y chasqueó la lengua.

—El duque Elgy y Rashta estaban caminando juntos cuando se encontraron con un noble. Dijo que sabía que Rashta era una esclava fugitiva y la insultó por estar con el duque. Tan pronto como el noble terminó de hablar, el duque Elgy lo golpeó.

♦ ♦ ♦

La mesa en el salón de Rashta estaba llena de una variedad de pasteles variados: pastel de fresa rosa claro, pastel de crema de plátano amarillo, pastel de melón…

Los postres, adaptados al gusto de Rashta, fueron creados por el chef del emperador y fueron hechos a la perfección tanto en apariencia como en sabor. Sin embargo, estos platos no eran para Rashta hoy.

—Gracias por lo de antes, duque.

Rasta sonrió y le agradeció al duque Elgy sentado frente a ella. Ella estaba profundamente agradecida con él. Aunque el vizconde Roteschu se retractó de sus comentarios acerca de que Rashta era una esclava fugitiva, todos se mostraron reacios a creerle. Como temía, Rashta rápidamente se alejó de los nobles. Sus amigos dejaron de visitarla y el flujo de regalos desapareció.

Sin embargo, lo que fue más perturbador fueron los sentimientos ocasionales que veía de sus miradas. Algunos nobles mostraban desprecio, otros curiosidad, algunos piedad y otros vagos interés.

Pero el duque Elgy era diferente de todos ellos. La trató amablemente, como cuando fue tratada como una aristócrata durante el Año Nuevo. Al principio, Rashta creía que era porque el duque Elgy ignoraba los rumores, pero pronto vio con sus propios ojos que a él no le importaba en absoluto. Incluso lanzó su puño al noble que se burló de ella. Era real, era un duque, un hermoso hombre que se rodeaba del amor de las mujeres y golpeaba a alguien por ella. Rashta se sintió halagada sin medida, por lo que lo invitó a disfrutar de su comida favorita.

—Gracias. Por cierto, solo respondo de esa manera a las personas groseras.

—Bueno, como habrás escuchado, hay malos rumores sobre Rashta. Son falsos, por supuesto —dijo ella.

—¿Esto siempre sucede?

—Eso es…

—No es nada de lo que avergonzarse. Los que son groseros son los que deberían avergonzarse. —Al ver que no contestaba, el duque hizo una afirmación—. Supongo que sucede mucho.

El duque Elgy apoyó su brazo contra el brazo de la silla y pronunció una baja y grosera palabra.

—Ese bastardo. Decir que eres una esclava frente a ti. ¿Y qué si eres una? Debería haberle golpeado más la boca.

—Esas son palabras de miedo, duque…

—Originalmente, vine a ver a un amigo, pero me alegro de haberte conocido primero. Si no estuviera allí, nadie más le haría frente a ese rufián.

Su amigo, probablemente, se estaba volviendo loco porque aún no aparecía. Se frotó los ojos y se preguntó si estaba preocupado.

—Él tiene un mal genio.

El duque Elgy era muy diferente de los nobles que Rashta conoció antes. Parecía rudo como un mercenario de un bar de la calle, pero, al mismo tiempo, tenía un aire sofisticado y noble. Le resultaba aún más divertido ver el contraste de este noble musculoso y de boca grande que comía pasteles delicados. Y a él no le importaba si ella era una esclava…

A Rashta le caía especialmente bien.

—De todos modos, señorita, hagámoslo para que no suceda en el futuro. No hay forma de que esos rufianes desaparezcan repentinamente.

—Cierto…

—Será mejor que te hagas cargo de eso lo antes posible.

—No hay forma de arreglarlo. El vizconde Roteschu difundió esos rumores él mismo, y la gente no me cree, incluso cuando digo que es falso.

—Pásalo a alguien más. Es más rápido que una explicación.

El duque Elgy le respondió sin rodeos y tragó otro bocado de pastel amarillo.

—¿Pasarlo?

—El papel como el hueso a roer de la sociedad. Pásalo a otra persona.

♦ ♦ ♦

El palacio estaba envuelto en la niebla de la mañana cuando desperté. Abrí la ventana y asomé la cabeza, permitiendo que el aire frío limpiara mi cuerpo. Hoy era el día en que hablaría sobre la apertura de lazos diplomáticos con el gran duque Kapmen.

Tengo que estar en mi mejor momento.

Me compuse mentalmente. Cuando até las cortinas juntas, descubrí una carta en el alféizar de una ventana, asegurada debajo de una piedra para que no saliera volando.

—¿Príncipe Heinley?

Abrí la carta y vi la letra del príncipe Heinley.

[Cree en mí]

¿Para qué quería que confiara en él? Me sorprendió, pero me sentí feliz de recibir una carta después de mucho tiempo. Desafortunadamente, no podía enviar una respuesta de inmediato ya que Reina se había ido. Metí el papel en un cajón y fui al baño a lavarme la cara con agua fría. Después, toqué el timbre y entraron las damas de honor para prepararme para el día.

—Hoy tiene una reunión en una mesa redonda, ¿no? Se sentará al lado de la gente, así que no debemos elegir un vestido que sea demasiado ancho.

La condesa Eliza seleccionó un vestido negro que caía casi en línea recta, y luego arregló mi cabello.

—Si Reina viene cuando estoy lejos, por favor, dale un poco de agua.

—Por supuesto, Su Majestad.

—Y déjalo entrar si llueve. A veces se queda atrapado bajo la lluvia fuera de la ventana.

Dejé a la condesa Eliza con mis peticiones, luego, respiré hondo y salí de la habitación. Creo que podré enfrentar esto.

♦ ♦ ♦

La reunión se celebró a las diez de la mañana. Era una asamblea relativamente pequeña: estaban presentes el Ministro de Finanzas, el Ministro de Asuntos Exteriores, importantes funcionarios de cada departamento, el gran duque Kapmen, Soviesh y yo.

El tema era la apertura de relaciones diplomáticas con Rwibt, y los beneficios, pérdidas y viabilidad. Había un total de ocho continentes en el mundo, con poco intercambio entre ellos. El continente Wol, donde se encontraba el Imperio del Este, y el continente Hwa, donde se encontraba Rwibt, estaban relativamente cerca en comparación con otros continentes, pero, aun así, todavía era una gran distancia. Llevaría tiempo generar ganancias del comercio privado, y la comunicación rápida era esencial en las transacciones dirigidas por el estado. Dada la situación, era difícil llegar a una conclusión. Sin embargo…

¿Por qué parece que Soviesh está de mal humor?

Él frunció el ceño a través de las discusiones. Se suponía que debía liderar la reunión, pero dificultaba el ofrecer opiniones libres y los funcionarios lo seguían mirando.

¿Es por lo que sucedió entre el duque Elgy y Rashta? No debería traer eso con él al trabajo…

Alcé la cabeza del mapa y me tragué el suspiro cuando me encontré con la mirada del gran duque Kapmen. Su expresión era neutral, ni antagónica ni favorable. Cuando nuestros ojos se encontraron, él asintió y yo asentí a cambio.

♦ ♦ ♦

La reunión avanzó lentamente y, al final, estaba a cargo del asunto por recomendación del gran duque Kapmen. Sus razones eran incomprensibles, considerando su actitud hacia mí en el día de Año Nuevo.

—Gran duque Kapmen.

Finalmente, cerré la reunión y la sala se vació. Seguí al Gran Duque Kapmen al pasillo.

—¿Tiene un momento? Quiero preguntarle algo.

—Sí. Adelante, pregunta.

—¿Por qué me recomendó para que me hiciera cargo?

El gran duque Kapmen levantó las cejas.

—¿No le gusta?

—Tengo curiosidad. Hace unos días…

Me criticó por cómo lidié con Rashta, o por la falta de ella. No lo dije en voz alta, pero sus labios se curvaron como si entendiera lo que quería decir.

¿Estaba sonriendo? Eso me molestó bastante.

—Porque es verdad.

Lo miré sin comprender.

—No hay nadie más que pueda estar a cargo además de la emperatriz.

—¿Qué quiere decir?

—Cuando hablé de Imona e Imot, fue la única que entendió lo que eso significaba.

¿Me recomendó solo por esa razón? Me apresuré a explicar.

—Como dije antes, solo sé algunas palabras. No estaba siendo humilde, era verdad.

—Sí, pero muchas personas ni siquiera saben esas palabras.

El idioma no era una asignatura obligatoria en la academia… ¿Estaba realmente bien dejarme con esta tarea seria basada solo en eso? Sin embargo, no podía mostrar debilidad como emperatriz, así que finalmente asentí. Ahora que había llegado a esto, tenía que llenar el vacío con esfuerzo.

—Por favor, si me disculpa.

El gran duque Kapmen hizo una leve reverencia, como si no tuviera nada más que decir, luego se volvió y caminó por el pasillo.

El sonido de sus zapatos resonó con cada paso que daba. Giré la cabeza y fui en la dirección opuesta, fue cuando vi a Soviesh a través de la puerta abierta de la sala de conferencias, apoyado contra una mesa.

Había estado meditando durante toda la reunión, pero ahora su expresión parecía aún más oscura.

—¿Su Majestad?

Estaba preocupada y me acerqué a él, pero lo lamenté tan pronto como lo hice. ¿Pasó algo con Rashta? Era imposible para mí preguntar esto, pero no podía ignorar a Soviesh cuando se veía así.

—Te ves sombrío. ¿Estás bien?

En cambio, evité la razón y sólo pregunté sobre su estado actual.

Sin embargo, las palabras que salieron de su boca me sorprendieron.

—Emperatriz. ¿Prefieres a los extranjeros?


Maru
Este es tonto. Este es muy tonto. No tengo palabras jajaja.

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