La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 25: La mariposa de la alta sociedad

Traducido por Maru

Editado por Ayanami


¿Tenía preferencia por los extranjeros? ¿De qué demonios estaba hablando?

Le lancé una mirada de reproche. Era difícil entender a qué se refería. ¿Era porque hablé con el gran duque Kapmen?

—No evitaré que la emperatriz le preste atención a otros hombres, pero esperaba que no fueran extranjeros.

Como sospechaba. Estaba a punto de decir que no podía rechazar al gran duque Kapmen, pero luego cambié mis palabras.

—No es algo de lo que debas preocuparte.

Seguía involucrándome en extraños malentendidos, especialmente con el príncipe Heinley, pero fue Soviesh quien trajo una concubina primero. Era poco probable que trajera a mi propio amante como represalia, pero en cualquier caso, Soviesh no debería criticarme por lo que hacía. En mi opinión, era justo.

Soviesh, sin embargo, parecía tener ideas diferentes.

—¿Cómo no me importa? ¿No eres mi esposa?

¿Me consultaste antes de acoger a la señorita Rashta? Quería replicarle, pero sabía que él diría que lo decía nuevamente porque estaba celosa.

Soviesh exhaló de manera digna.

—¿Te gusta Lord Kapmen? ¿Hasta el punto de que te hace suspirar?

—No me malinterpretes. Solo hablamos de esto.

—Sí, bueno, me alegra escuchar eso…pero me gustaría que seas más consciente.

♦ ♦ ♦

Después de eso hubo otra reunión con el Ministro de Finanzas y funcionarios del tesoro sobre el presupuesto anual del estado, que incluía el salario de los funcionarios de la corte, los guardias reales, así como el presupuesto para varios eventos.

—Los ingresos fiscales son casi los mismos que el año pasado.

—Si bien se espera que el sistema no cambie, no sabemos los costos.

—Podemos utilizar el plan presupuestario del año pasado.

 —Bien. En general, no se espera ningún conflicto nacional, por lo que podemos establecerlo de manera similar a los últimos años.

Hasta ahora, todo había salido bien. Sin embargo, surgían complicaciones cuando se trataba de Rashta. El emperador, generalmente, le daba a sus concubinas una cantidad considerable, aunque no fija, de dinero cada año. Debido a que no había un estándar y cada emperador pagaba cantidades diferentes, era difícil hacer referencia a casos anteriores.

—¿Hay un libro de cuentas separado para la señorita Rashta? Debería ser lo suficientemente fácil de calcular —pregunté.

—Los libros no llegaron al tesoro. Como todavía no hay dinero asignado, debe aparecer en su cuenta. El emperador la está manteniendo ahora.

—De ser así…

No pensé que Soviesh me iba a dar los libros de cuentas de alguna manera.

—¿Y si usamos a la condesa Malti como ejemplo aquí, Su Majestad? Ella era una plebeya antes de convertirse en concubina al principio del gobierno del emperador.

—Los precios han subido desde entonces, así que no creo que sean comparables.

—Todavía tenemos que usar algún precedente. Una vez que se establezca la cantidad, será difícil bajarla, pero si hay una nueva concubina…ah, lo siento.

—Está bien. Tienes razón, deberíamos estar seguros.

La reunión duró más de lo que pensaba, y cuando salí de la habitación con el Ministro de Finanzas, el aire ya estaba frío. El sol todavía estaba afuera, pero el cielo no era tan brillante.

Me perdí la hora del almuerzo.

Mi reunión con el gran duque Kapmen fue desde la mañana hasta la tarde, y desde la tarde en adelante me perdí la comida cuando me reuní con el Ministro de Finanzas. Cuando me di cuenta de que no había comido, de repente, sentí hambre y aceleré el paso. También me preguntaba si Reina había pasado por allí.

Me apresuré y, en la bifurcación que conducía a los palacios oriental y occidental, vi el borde de una falda azul que se asomaba entre los arbustos. Sir Artina, que me seguía, frunció el ceño.

—¿Quién es?

—No lo sé —respondí sacudiendo la cabeza.

Como si me oyera, el dueño de la falda sobresaliente se apartó de los arbustos, revelando que era la vizcondesa Verdi.

—Su Majestad.

Cuando nuestros ojos se encontraron, ella se separó y sus ojos se movieron rápidamente. Después de asegurarse de que no había nadie más aquí, ella me llamó con urgencia. Sin embargo, no me acerqué y Sir Artina la reprendió.

—Es grosero.

La vizcondesa Verdi sacudió la cabeza vigorosamente. La desesperación parpadeó en su rostro, luego, volvió a mirar a su alrededor y se me acercó.

—Tengo algo urgente que decir. Puede que ya no sea su dama de honor, pero no puedo descansar tranquila hasta que le diga esto.

Sus labios temblaron. Evité que Sir Artina la amonestara nuevamente y le indiqué a la vizcondesa Verdi que continuara hablando. La vizcondesa apretó las manos.

—Creo que el vizconde Roteschu sabe algo sobre la señorita Rashta. Una debilidad.

—¿Debilidad?

—No pude escuchar los detalles, pero creo que ella…

El sonido de algo rompiéndose la interrumpió. Me volví hacia la dirección del ruido, pero la vizcondesa Verdi había desaparecido nuevamente entre los arbustos.

—¿Qué fue eso de repente?

Miré hacia donde se encontraba la señora Verdi, luego vi que alguien más se acercaba a mí de nuevo.

Era Rashta.

—Su Majestad.

Parecía más delgada que antes y tenía bolsas oscuras debajo de los ojos. Ella me saludó con una breve reverencia y habló con voz débil.

—¿Quién estaba allí justo ahora?

Sacudí la cabeza y ella miró detenidamente los arbustos donde la vizcondesa Verdi había desaparecido. No sabía si vio a la vizcondesa o no, pero estaba claro que sospechaba que alguien había estado allí.

Rashta suspiró. En lugar de preguntar más sobre la persona desaparecida, me miró sombríamente.

—Bueno…Su Majestad. ¿Está bien si Rashta te pregunta algo?

—Adelante.

—Se trata de la duquesa Tuania.

Estaba segura de que iba a preguntar por Soviesh. O tal vez, el príncipe Heinley o la vizcondesa Verdi. No esperaba que ella preguntara sobre esto.

—¿La duquesa Tuania?

¿Por qué ella? Miré a Rashta y ella respondió en voz baja.

—¿Es fácil la duquesa Tuania?

Pensé que había escuchado mal. ¿Fácil?

—¿Qué quieres decir con eso?

Le fruncí el ceño y ella examinó cuidadosamente mi rostro.

—¿Estás molesta?

—La duquesa Tuania es una buena persona y una buena amiga.

—Bien…

Rashta dudó, juntando las manos.

—Siempre hay hombres al lado de la duquesa Tuania —dijo de repente la concubina—. La duquesa también parece disfrutar estar con hombres. No sé si eso está permitido cuando ya está casada.

Levantó la vista avergonzada, luego agitó las manos en señal de protesta.

—Rashta no pregunta por malas razones. Rashta pregunta porque no entiende.

—La duquesa Tuania es popular entre todos, tanto hombres como mujeres.

Ella no parecía creerme.

—Pero en la fiesta, ella siempre estaba con hombres…

Suspiré. ¿Me preguntaba porque no entendía? Eso era peor en mi opinión. Era mejor si tenía alguna idea de lo que estaba diciendo, pero si preguntaba por ignorancia, podría empañar involuntariamente la reputación de alguien. Por lo menos, era una suerte que ella preguntara esto cuando solo éramos nosotras dos.

—Sólo parece así en las fiestas, porque hombres y mujeres se juntan para bailar.

—Ah…

—No hay nada malo con la duquesa Tuania, así que no digas nada más de ahora en adelante.

Rashta dio un pequeño asentimiento, me di la vuelta y volví al palacio occidental. Sin embargo, incluso después de que regresé a mi habitación y hablé con mis damas de compañía, la extraña pregunta de Rashta continuó rondándome.

¿Por qué iba a preguntar por la duquesa Tuania?

Actualmente, a Rashta no la veían bien y la rechazaban en la sociedad. Aunque el popular duque Elgy se puso del lado de ella, no sería fácil restaurar su imagen. Si a ella le interesaban los chismes…

¿Entonces, por casualidad…?

—Condesa Eliza.

—Sí, Su Majestad.

—¿Hay algún rumor sobre la duquesa Tuania recientemente?

—No que yo sepa.

—Si es así…

—Oh, escuché que el vizconde Langdel ha estado completamente enamorado desde que bailó con la duquesa Tuania en Año Nuevo.

La condesa Eliza se rió de la historia.

—Él debe estar completamente loco por ella.

Los nobles enamorándose de la duquesa Tuania no era un hecho inusual. Me preguntaba si Rashta estaba tratando de cambiar el tema del chisme hacia otra persona. ¿Me estaba preocupando por nada? Bueno, en cualquier caso, Rashta no tenía la influencia social para influir en las personas. Solo había pasado un día desde que el duque Elgy la conoció también, y tampoco había manera de que pudiera difundir extraños rumores por ella.

Sin embargo, me sentía incómoda al recordar la forma en que Rashta miraba constantemente a la duquesa Tuania en el baile de Año Nuevo.

—¿Por qué pregunta, Su Majestad? ¿Escuchó algo?

—Rashta preguntó.

La cara de la condesa Eliza se torció.

—¿Por qué haría ella eso?

—No sé… solo dime de inmediato si escuchas algo extraño.

♦ ♦ ♦

Me mantuve ocupada con la investigación preliminar sobre Rwibt: compilé información de turistas, comerciantes y exploradores que recientemente estuvieron en el continente Hwa, pero su tiempo era apretado y no podían abandonar sus trabajos.

Estaba tan ocupada que olvidé que mi cumpleaños se acercaba. Sorprendentemente, fue Soviesh quien lo mencionó.

—Lleva varias horas ir a la villa en carruaje, así que deberíamos terminar nuestro trabajo y salir el día anterior.

Estaba terminando el presupuesto imperial antes de presentarlo para su aprobación a Soviesh. Ante el repentino recordatorio de Soviesh, puse mi pluma sobre el tintero. Me tomó unos segundos antes de darme cuenta de lo que estaba hablando.

—Ah. Cumpleaños…

—Oh, Dios. —Soviesh se rió entre dientes, como si encontrara divertida mi aturdida respuesta. —A la emperatriz realmente no le importa nada cuando se mete en su trabajo. —Fue un comentario burlón.

—¿Puedes adivinar de qué cumpleaños estaba hablando?

—Ahora recuerdo.

—Deberías recordar tu propio cumpleaños. —Como me mantuve en silencio, Soviesh volvió a preguntar—. ¿Te importa si nos vamos un día antes?

—Lo programaré.

Revisé mi agenda y Soviesh habló de nuevo.

—¿Recuerdas el árbol plantado en la villa?

Asentí, y Soviesh se estiró ligeramente mientras recordaba.

—Fue cuando aún eras princesa heredera y muy pequeña. Eras linda en ese entonces.

Esta vez sonreí. En el Imperio del Este, había una historia de un árbol de deseos, y la superstición decía que si pedías un deseo mientras plantabas un árbol, se haría realidad.

Cuando era princesa, era muy baja para mi edad y me resultaba especialmente estresante cuando estaba rodeada de adultos. Después de preocuparme sola, sin nadie con quien compartir estos sentimientos, finalmente, planté un árbol de deseos. La regla era que tenía que palear el suelo y plantar las plántulas yo misma. Sin embargo, era joven y pequeña, y después de algunas horas de excavación ineficiente, abracé la plántula y me desmayé por el agotamiento. Cuando desperté, encontré a Soviesh cavando el hoyo.

—¡Su Alteza! Si cava, ¡tendré que hacerlo de nuevo!

—Todo está bien. Somos una pareja. Una pareja es como un cuerpo, por lo que no importa si tú o yo lo hacemos.

—¿De verdad?

—Sí. Eso es lo que dijo mi padre el emperador.

Palear era un trabajo difícil, así que cedí y permití que Soviesh lo hiciera. Después de cavar un hoyo de tamaño decente, coloqué la plántula en él y cubrí la base con tierra. Junté mis manos e hice un deseo, y Soviesh dijo:

—¿Qué deseaste?

—Pedí ser más alta.

—¿Por qué? Es bueno ser pequeña.

—Sigo a la emperatriz y ella siempre va más allá, rodeada de una gran cantidad de personas. Pero todo es más grande que yo, así que no puedo ver…

Después de eso me sentí mal con dolores en el cuerpo, y Soviesh se metió en problemas porque sus palmas estaban heridas. Soviesh siempre fue más alto y más fuerte que yo, pero también era joven.

Las puntas de mi boca se inclinaron en una sonrisa. Cuando miré a Soviesh, lo vi sonriendo como si también estuviera recordando.

—Pero ese árbol funcionó, ¿no? Ahora eres muy alta.

Sonreí sin palabras, recogiendo la pluma otra vez y mirando mis papeles.

Un sentimiento amargo mezclado con los recuerdos. Después de todo, mi deseo no era sobre mi estatura. En aquel entonces, recé para que Soviesh y yo mantuviéramos una buena relación por el resto de nuestras vidas.

Pero no se hizo realidad.

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One thought on “La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 25: La mariposa de la alta sociedad

  1. Helen says:

    Y si matamos al emperador? Aunque la muerte seria un final demasiado rápido y merece sufrir!!! Debo sopesar los pros y contras de ello… Gracias por su arduo trabajo!!!

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