Ya no te amo – Capítulo 12

Traducido por Melin Ithil

Editado por Sakuya


Físicamente, Niveia era de complexión débil, pero tenía un talento natural para conseguir todo lo que se proponía solo con respirar. En esta ocasión, todo lo que necesitaba era avivar el fuego del alboroto, de esa manera, Joachim XII sería llamado por la confusión y, entonces, tendría la oportunidad de acercarse a él, pero si fallaba, esos perros la morderían hasta dejarla destrozada.

No puedo permitirme fallar.

Con esa sensación de querer saltar por el acantilado, estando al borde de una cuerda, cerró sus ojos lentamente.

Mírame, estoy indefensa, solo tú puedes sacarme de esta situación, te necesito, así que…

—¿Qué está sucediendo aquí?

Confió en ti.

La joven abrió con cautela sus ojos, entonces vio ese cabello plateado, como la luz de la luna, con una mirada distorsionada por la ira.

—¿Es así cómo se comportan en Thierry? Parece que los aristócratas de este país no se acercan a estar al mismo nivel que en Vinfriet.

Parado frente a ella estaba Arend Timoteus Joachim XII.

No falló en sus expectativas, había triunfado en esta apuesta, no obstante, estaba tan sorprendida como todos los demás ahí reunidos. Ella había hecho aquella apuesta creyendo que sus posibilidades de éxito eran mínimas.

Gracias a Dios.

Miró a su alrededor, asegurándose de que el juego había tenido éxito entre la multitud y entre ellos, su mirada se encontró con otra.

Valor no podía ocultar su rostro manchado de ansiedad y desesperación. La mujer que se había dedicado a él por 10 años estaba entre una multitud que no paraba de acosarla y burlarse de ella. Entonces, el monarca de un país extranjero, con quien no tenía conexión, se había parado frente a ella como un escudo para cubrirla.

Por alguna razón, esta situación resultó divertida para la joven mujer y sonrió para ella misma, intentando dejar de llorar. La expresión de su ex parecía preguntar por qué esa persona era amable con ella, ¿por qué parecía tener prisa por protegerla?

Miró hacia arriba, observando al hombre frente a ella, la había salvado sin tener ninguna conexión. Había triunfado, aun así… colapsó.

♦ ♦ ♦

El caballero de más confianza de Arend, Rudinger Thorben, golpeó su frente con su propia mano, esto era causado por su señor.

Su majestad es realmente…

Su señor era realmente amable, pero no tenía nada de bueno venir a otro país, pero esos eran pensamientos que se guardaría sólo para él.

Hace un momento había estado hablando con él mientras tenía una expresión un tanto extraña.

—¿Hoy es nuestro último día de fiesta?

— Así es, Thierry nos mandó una solicitud con una candidata, así que, si no está de acuerdo, tendrá que elegir una novia para antes de pasado mañana.

Estas palabras hicieron que el regente frunciera el ceño.

—¿Es que acaso Thierry piensa que crear un lazo es tan simple? Las personas necesitamos establecer una conexión.

Usualmente era común empezar un matrimonio con alguien sin conocerlo realmente, pero él parecía que sería terco con respecto a eso.

—Creí que había dicho que no quería tener que preocuparse por su pareja.

Fue fulminado con una mirada.

Es él, así que está bien.

Le había conocido cuando tenían apenas doce años, eran aprendices de caballero y ahora ya con veinte años encima, su señor era tan dedicado como en aquel entonces. Lo había acompañado desde aquel momento en el que era solo un joven tratando de escapar de las manos de su poderosa madre, pero ahora, ni siquiera él podía apoyarlo.

Incluso con los problemas de su juventud, había crecido con un matrimonio arreglado, un matrimonio nacional, eso significaba que se habría casado pronto y sin inconvenientes. Sin embargo, ahora estaban realizando un viaje internacional. Lo había seguido sin preguntar, pero tan pronto como escuchó que era un viaje para buscar esposa, quiso agarrar su espada y desistir, odiaba haber sido arrastrado hasta ese lugar.

Con una mirada resignada, volvió su atención a su majestad.

—¿Qué es entonces lo que busca, en primer lugar? Supongo que su estándar no ha cambiado desde que partimos de Vinfriet.

—Todo sigue igual.

—Que sea sin amor.

—Así es, solo la cuestión del amor.

—¿Entonces no le importa como sea ella?

Arendt frunció el ceño, en señal de que ya había sido suficiente, pero su caballero no era alguien que se contuviera al hablar, era su amigo de la infancia y el único que podía quejarse de él.

—Piense en el duque de Wistash que acaba de romper su relación, después de 10 años de compromiso, debe tener cuidado.

—Sí, encárgate de eso… —Con un gruñido, similar a cuando se arranca un motor, empezó a alejarse del otro hombre, no solo porque quisiera escapar de aquella conversación.

—¿A dónde va, su majestad?

—Parece haber un conflicto ahí, todas las personas parecen estar juntándose.

El caballero miró a su alrededor y cayó en cuenta. Era el último día de fiesta en el palacio y había gran cantidad de personas circulando, pero pronto todos parecían reunidos en un solo punto, esto lo tomó por sorpresa.

—Es el último día, es normal que vinieran suficientes personas, pero todos se han reunido ahí.

—Bueno, debe haber una razón, por eso quiero ir. —Tenía una extraña sonrisa retorcida.

Ante los ojos de los demás, esta debía ser una sonrisa cualquiera, pero el caballero que lo había conocido por años lo sabía, al final de sus labios había algo mal.

—De ninguna manera… su majestad. Creo que lo que ocurre ahí no debería recibir su atención.

—¿Por qué no?

—Lo siento, pero ¿ahora a dónde va?

—Creo que lo que comí me hizo daño. —Sonrió con amargura y continúo caminando.

Había dicho eso, pero era mentira y Rudiger lo notó.

No lo entiendo.

Fingió seguirle la corriente a su líder. Su riguroso entrenamiento, realizado desde la infancia para convertirse en caballero, había mejorado todas sus habilidades. Lo suficiente para notar el aire de incomodidad que fluía a través del sitio en dirección a la multitud.

Ya que…

Le resultaba molesto involucrarse. Rascó la mancha debajo de su ojo izquierdo antes de abrir su boca nuevamente.

—Sería más cómodo si todo no fuera de tu interés.

—Me va bien porque solo me muevo por interés. —Caminaba apresuradamente mientras su caballero le seguía con una expresión compleja y sutil.

Era un amplio salón de fiestas, pero no tardó mucho en llegar al lugar donde todos se reunían. Las personas se abrían paso por donde Arend caminaba, dejando atrás a su guardaespaldas. A medida que se acercaba al centro, el ambiente se volvía desagradable, con un aire que sofocaba gradualmente, sin embargo, aquello no lo detuvo.

Obviamente, él había sido movido por la curiosidad y solo planeaba verificar lo que sucedía, que era aquello que causaba un ambiente tan incómodo. Y así fue, hasta que llegó al centro de la multitud.

—Y, además, sin vergüenza alguna, vienes y muestras tu rostro descaradamente en la fiesta…

La situación eran dos mujeres enfrentándose con innumerables personas a su alrededor. Una parecía agresiva y decidida, la otra estaba indefensa. Solo un vistazo hacía falta para ver quién tenía la ventaja. Esto sólo hizo que su expresión se volviera dura.

—¿No lo lamentas? El duque Wistash ha estado sufriendo, atado a una mujer malvada durante 10 años, hasta que por fin el cielo respondió a su súplica.

Considerando la situación, era un arrebato entre dos jóvenes, nada inusual entre los nobles. La única diferencia es que la mujer rubia parecía estar sola, nadie parecía apoyarla y todos se burlaban. La juzgaban en silencio, lanzándole pedradas. Esto le enfureció.

Rudinger, al ver su rostro, se dio cuenta.

No lo hagas…

Pero tan pronto como pensó esto, Arend se interpuso ante la joven rubia. Él tenía razón, no estaba pensado racionalmente. Había visto como un grupo de personas se burlaba de una sola.

Los nobles comportándose como gansters, humillando públicamente. ¿Eran esos los nobles que debían ser el ejemplo para los demás?

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