Contrato con un vampiro – Capítulo 1: Ojos rojos

Traducido por Herijo

Editado por Bonnie Lee


Cuando regresó a sus sentidos, todo se encontraba en la oscuridad. Intentando tallar sus ojos para despejar la visión borrosa se hizo dolorosamente obvio, que sus brazos están atados. Cada pequeño salto, hacía que sus rodillas y codos golpeen las paredes de madera.

Azuza Saito, de 17 años, actualmente, se encuentra atada y atrapada dentro de una caja, como si de ropa sucia se tratara.

Confundida por su predicamento, trató de gritar por ayuda, sólo para ser silenciada por la toalla metida en su boca. En pánico, pateó la pared con toda su fuerza, pero no cedió ni un poco, por el contrario, solo trajo más problemas.

— ¡Silencio allá atrás! —Un hombre la amenazó pateando la caja y haciéndola temblar.

Con un suspiro, Azuza llegó a un estado de tranquilidad y de rápida comprensión de su situación.

¿Soy una víctima de secuestro? ¿Buscan dinero? O ¿tráfico de personas?

Tembló ante la posibilidad de que fuera lo último.

Su rubio cabello solo era lo suficientemente largo como para llegar debajo de sus hombros y tenía un complejo por su estatura más baja del promedio. Por lo que, era poco probable que hubiera sido secuestrada por su aspecto. El dinero también parecía poco probable, debió haber sido fácil descubrir que su padre es un doctor de pueblo quien no tendría suficiente dinero para pagar un rescate. De hecho, su familia cae en la parte pobre del espectro monetario, ya que su padre es demasiado bondadoso y termina haciendo la mayoría de sus trabajos de manera gratuita.

Desde la muerte de su madre, Azuza había tomado el control de las finanzas familiares, lo cual, la había llevado a tener constantes peleas con su padre. Normalmente de forma unilateral, con Azuza molestándose y sermoneando a su padre, quién evadía su ira como una resbalosa anguila.

No era de una familia rica y su aspecto era promedio, por lo que, no tenía idea del porqué alguien querría secuestrar a una chica de secundaria, a la que le gustaban los dulces, las cosas lindas y el kendo, pero todo en su situación apuntaba a que se trata de un secuestro. Por lo menos, es lo que creía.

Las constantes vibraciones y el sonido del motor la condujeron a creer que estaba dentro de un carro. Forzó sus oídos, tratando de oír la plática de los hombres. Probablemente, dos o tres. No podía recordar el incidente del secuestro, su memoria se desvanecía en cierto punto en el camino de la escuela a su casa.

¿Me noquearon? Mis ropas se encuentran en buen estado, por lo que, es poco probable que haya puesto resistencia. Tampoco me encuentro herida. No se cuanto tiempo estuve inconsciente, pero, probablemente, ya sea de noche.

Las luces ocasionales que podía ver a través de los huecos en la caja, parecían las luces artificiales de las lámparas.

Lo mejor que podía hacer en su predicamento era analizarlo de la forma más calmada y precisa que pudiera, para así usar cada pieza de información a su favor, en caso de que se diera la oportunidad de escapar.

De pronto, un sonido chirriante de metal contra metal pudo ser escuchado. Su cuerpo golpeó contra el lado opuesto de la caja, seguido por un intenso choque que sacudió todo el auto.

¿Acaso sufrimos un accidente?

Una de las puertas del auto se abrió. Sin miedo a causar la ira de sus secuestradores, Azuza alzó su voz para gritar a través del trozo de tela en su boca. Pateó y golpeó su cuerpo en contra de la caja. Esta era su única oportunidad de ser rescatada.

¡Que alguien que me note! ¡Por favor!

De manera frenética pateaba y gritaba, a pesar de la tela ahogándola.

— ¡Parece que encontramos el paquete, Kyou! ¡La encontramos! —Gritó un hombre que sonaba más joven que los delincuentes que había oído hablar en el auto. Fácilmente, abrió el contenedor con sus manos, como si estuviera hecho de papel. La madera se partió a su toque, eso no podía ser justificado sólo con decir que era fuerte. Pero, Azuza no se encontraba en un estado donde pudiera ponerle mucha atención a ese hecho. La fuerza y tensión abandonaron su cuerpo ante el sentimiento de estar a salvo.

— ¿Se encuentra bien, señorita? —Preguntó el joven que la había liberado de la caja, tenía unos ojos parecidos a los de un gato y una sonrisa amigable. Su cabello perfectamente engelado, combinaba a la perfección con el traje que vestía. Parecía como el dueño de un club.

— ¿Se puede levantar? ¿Está herida? Preguntó en un tono de voz amable, mientras la ayudaba a salir. Sacó la toalla de su boca y deshizo los nudos de sus brazos. Azuza, lentamente, salió del maletero con su apoyo.

Pero había ciertas cosas de las que debió haberse percatado antes: La falta de quejas por parte de sus captores y el tono rojizo que se encontraba en las manos del joven de sonrisa amable.

Otro hombre se encontraba parado en medio de tres cadáveres. Tenía ojos parecidos a los rubíes, y su cabello negro revoloteaba con el aire. Azuza dio un paso al frente, atraída por la escena ante ella.

Algo salpicaba sus pies, volteó a ver y, tan pronto como descubrió la oreja desmembrada, su visión regresó a la oscuridad.

♦ ♦ ♦

El hombre apagó su cigarrillo en el cenicero del auto. Estaba fumando menos de lo normal, un signo de que no estaba agitado. Del asiento del conductor observaba a su colega cargando un contenedor de madera a través del espejo retrovisor.

—El trabajo de hoy fue demasiado fácil. Y, recibiremos una paga bastante generosa. Quiero más trabajos así. —Sonrió otro colega que se encontraba en el asiento de pasajeros, mientras el contenedor era guardado en la parte trasera del miniván

— ¿Por qué no se lo propones al jefe? Tal vez, negocie con el grupo por ti.

—A veces haces comentarios realmente aterradores, ¿sabes? Los subordinados como nosotros quejándose del trabajo solo causaría que fuéramos asesinados.

—Ciertamente —El conductor río e inició el motor.

— ¿Oigan, hay que apurarnos! ¡Si no llegamos a tiempo a la junta, realmente, seremos asesinados! —Grito el hombre de cabeza rapada sentado en la parte de atrás, mientras pateaba enojado el asiento del conductor.

—Sí, sí. Necesitamos estar en el puerto de Kisaza a las 10, ¿cierto? Pan comido. Tenemos tiempo de sobra. —Dijo el conductor, mientras aceleraba.

Los hombres eran miembros de bajo rango del sindicato del Dragón Amarillo, que ejercía su autoridad en las áreas circundantes. Normalmente, se les asignaban trabajos que incluían la venta de drogas ilegales, cobrar deudas y poner puestos en los festivales. Todos sus trabajos incluían un alto nivel de riesgo y una paga bastante baja.

Pero el trabajo que se les ordenó esta vez era el secuestro de la chica en la fotografía y su entrega posterior en el lugar pactado. No solo les dieron las cosas necesarias para secuestrarla y el tiempo exacto en el que estaría sola, si no que la compensación era 10 veces mayor a lo normal.

—Siento que este trabajo es demasiado bueno como para ser cierto. —Dijo el hombre sentado en el asiento del pasajero.

—Todo estará bien, solo quiere decir que la suerte, al fin, está de nuestro lado —rió el conductor.

—Yo también pienso que podrían haberlo hecho ellos mismos en lugar de decirnos, ya tenían todo preparado. —El hombre de cabeza rapada dio voz a sus sospechas desde el asiento trasero.

— ¡Se preocupan demasiado! ¿No es lo normal de nuestros clientes? Probablemente, trabaja en algún puesto que no le permite ensuciarse las manos, ¿político tal vez?

—Puede que tengas razón.

El hombre en el asiento trasero parecía convencido con esa explicación. Cruzó sus manos y se recostó en su lugar. El conductor miró por el espejo retrovisor al hombre de cabeza rapada, quien no mostraba signos de seguir insistiendo.

Un golpe provino del contenedor junto a un pequeño quejido.

— ¡Silencio allá atrás! —Gritó el hombre de cabeza rapada, mientras pateaba la caja.

Aparentemente, el objetivo había despertado.

No había razón de decir que la chica dentro de la caja una vez que se dio cuenta de la situación en la que se encontraba cayó en desesperación. Su valor caería si se hería a sí misma o trataba de suicidarse.

— ¡Debemos darnos prisa ahora que se ha despertado! ¡Que molestia! —El conductor aceleró a fondo. La miniván plateada incrementó su velocidad en la autopista, que se encontraba casi vacía debido a ser altas horas de la noche.

Después de treinta minutos de conducir a máxima velocidad, el puerto estaba a la vista. El conductor suspiro de alivio…aunque, tal vez, lo hizo demasiado pronto.

Una silueta negra apareció enfrente del auto. El conductor se encontraba viendo al frente en todo momento, pero la silueta apareció de pronto. El auto y la silueta chocaron entre sí, antes de que se diera cuenta de que se trataba de una persona. Aun así, el choque no parecía haber sido contra un ser humano.

No había diferencia a cuando dos autos colisionaban. Sin su cinturón de seguridad, el conductor salió volando a través del parabrisas y rodó por el suelo frente a la camioneta. La intensidad del impacto vació el aire de sus pulmones y su brazo se encontraba doblado en un ángulo que no debería ser posible.

Un hombre vestido con una gabardina negra se paró frente a él con una mano en el auto. El frente se sumió en donde estaba puesta la mano. Sus ojos eran de un profundo y brillante color rojo. Cada parte de los instintos del conductor le gritaban que la persona parada frente a él no era humana sino un monstruo.

Los ojos rojos se fijaron en el conductor. El hombre, lentamente, caminó hacia él. El miedo lo había dejado sin habla. Cada fibra de su cuerpo le pedía que corriera, pero no podía hacerlo. Podía escuchar los gritos de sus colegas. Desde el rabillo de su ojo, pudo observar que dos de sus compañeros, uno con un bate de metal y el otro con un cuchillo, cargaban contra el hombre de ojos rojos.

— ¡Alto! —El conductor gritó sin estar seguro de a quien le decía. ¿Les estaba advirtiendo a sus colegas que no atacaran a ese monstruo? O ¿le estaba gritando al monstruo de ojos rojos que no los matara?

Todo se terminó en un instante, un solo movimiento del brazo del monstruo de ojos rojos fue suficiente para separar las cabezas de los hombros de sus compañeros. El conductor sólo veía cómo la sangre salpicaba del brazo que había matado a sus colegas.

— ¡Kyou, te olvidaste de uno! —Se pudo escuchar un grito proveniente de arriba. Al voltear se podía observar a un hombre de rasgos delicados y pelo castaño. El hombre de ojos felinos levantó su puño mandando al conductor a la oscuridad eterna.

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