El Conde y el hada – Volumen 3 – Capítulo 5: La flecha del arquero liberada

Traducido por Den

Editado por Nemoné


En el fondo del gran lago del parque, el caballo acuático negro que había estado descansando, abrió los ojos. Todavía era el momento en que la niebla de la madrugada se aferraba al suelo. Apenas había la presencia de personas en el parque.

Se levantó sobre la superficie del agua todavía en su forma de caballo acuático y mientras peinaba su elegante melena, hizo suaves ondulaciones mientras nadaba tranquilamente.

Las aves acuáticas que notaron su presencia echaron a volar hacia el cielo.

—Tengo hambre —murmuró.

No quería comer las ardillas que se arrastraban por los arbustos del alrededor. Sin embargo, los animales grandes en Londres eran humanos o caballos.

Se preguntó si estaba bien comerse un caballo, pero en la mayoría de los casos un humano lo estaría montando, así que sería difícil ir y atacar a uno.

—Supongo que podría coger un cerdo en la bahía…

Justo cuando subió a la tierra, escuchó la voz de alguien hablando.

Kelpie se sorprendió por la caminata temprana del humano por la mañana mientras escondía su presencia en los árboles y el césped a su alrededor. Los humanos que no podían verlo, caminarían en su dirección sin ninguna precaución y se detendrían donde se juntaban los pequeños y numerosos senderos del parque.

Era la oportunidad perfecta para cazar, pero como había decidido no comer, decidió apresurarse y abandonar esa zona. Lo que lo hizo detenerse fue porque estaba familiarizado con una de las caras de las dos figuras.

Era ese pintor que se interpuso en su camino cuando quiso darle el anillo de la “luna” a Lydia. En su mano derecha, el anillo todavía permanecía seguro en uno de sus dedos.

— ¿Matar al Conde?

Le escuchó decir al pintor.

Mi, oh, mi, los humanos nunca cambian.

Pero para Kelpie, que pensó aquello, un humano asesinado por otro no significaba nada para él, pero si el Conde del que hablaban era ese maldito e irritante humano, entonces no había forma de que no tuviera curiosidad.

El otro hombre hizo un puño con solo su dedo índice apuntando hacia arriba, como si estuviera gritando.

—Qué estás diciendo. Ese hombre es el Conde Caballero Azul. ¿No es él quien lidera nuestra asociación la “Luna escarlata”? ¿No era mi propósito entrar en la casa del Conde y revelarle sobre nuestra asociación para que nos aceptara?

—Ese hombre es un impostor. Él no es el Conde Caballero Azul que hemos estado esperando.

—Pero, tiene la espada enjoyada. Me aseguré y lo comprobé, y era la verdadera. La pintura de hace trescientos años, que nuestra organización ha estado inspeccionando cuidadosamente, que tiene la imagen del Conde Caballero Azul de la época y la espada, es la única prueba que tenemos. No hay ningún error, su espada era exactamente la misma que la de la pintura.

—Lo sé. En la actualidad, los únicos que pueden confirmar si es la verdadera espada del Conde Caballero Azul es la Familia Real, el Colegio de Armas [1] y nosotros. Es por eso que cuando escuché tu informe, el Señor tomó una decisión. Ese hombre es un impostor y es imperdonable que incluso también haya robado la espada.

— ¿Cómo puedes estar seguro que es realmente un impostor? Nadie ha visto al descendiente del Conde Caballero Azul que ha estado ausente por tres cientos años.

—Pero, Paul, has visto a ese joven asiático que trabaja en la casa del Conde. Ese muchacho fue entrenado como un asesino para ser el esclavo de Príncipe. Eso me dijo uno de los nuestros, sin embargo, aunque su memoria estaba borrosa, recuerda su rostro. No fue solo él, algunos de los hombres que nos llevamos después de que escaparan de la organización de Príncipe afirmaron que conocían a ese asiático.

— ¿De Príncipe…?

—Sí, para asegurarnos de eso, Mike se hizo pasar como un instructor de baile. Sin embargo, se salió de los límites y ahora está en ese estado, pero ahora estamos seguros que no es ningún sirviente ordinario. Y escuché que el esclavo blanco que Príncipe favorecía particularmente era un hermoso chico de cabello rubio y no importa cómo lo veas, esos dos son los perros de Príncipe que fueron enviados desde América para robar la espada del Conde Caballero Azul.

Kelpie no lo entendió del todo, pero mientras escuchaba su historia, se dio cuenta de que Edgar no estaba relacionado por sangre con el Conde Caballero Azul. Ladeó la cabeza confundido ante el qué les hacía creer que era un impostor.

Pensó que con que el hombre tuviera la espada que contenía la magia de las hadas, eso debería ser suficiente para decir que él era el verdadero. Además, sólo hay dos tipos de humanos, aquellos que pueden interactuar con las hadas y los que no pueden.

Sin embargo, el pintor se sorprendió de algo más que el hecho de que el Conde fuera un impostor.

— ¿Qué? ¿Qué el Conde trabaja para Príncipe? ¡Por qué no me dijiste esto antes!

—Eres rápido en mostrar lo que estás pensando en tu cara. Fuiste capaz de llevar a cabo con éxito esta misión sin que sospecharan sobre ti porque creías que él era el verdadero Conde Caballero Azul, ¿verdad? Gracias a tu falta de malicia hacia el Conde, anticipamos que podrías ganarte su confianza y le enviamos la carta amenazadora y tratamos de confundirlos.

—Dijiste que el hombre llamado Príncipe era el líder de la organización que asesinó a mi padre…

—Es por eso que necesitábamos que hicieras un trabajo como un miembro de la “Luna escarlata”.

— ¿Estás diciendo que tengo que matar a alguien?

—Él es el secuaz del diablo. No pienses de él como un humano. Ya sabes demasiado, el hombre llamado Príncipe usará cualquier medio para conseguir lo que quiere. No sé si quiere convertirse en el rey de la parte inferior de la sociedad o si está buscando algo más inimaginable. Pero debemos detenerlo por todos los medios.

El hombre continuó con su convicción.

—Escucha Paul, una vez esto termine, tendremos que vivir en el extranjero hasta que las cosas se calmen. ¿No dijiste que querías aprender en Italia? Tenemos el dinero preparado para hacer eso.

El pintor parecía completamente confundido y asintió poco entusiasta.

—Has estado adorando a ese impostor como el Conde. Ese hombre debe haber tomado algunas precauciones cuando dijiste que querías ver la espada, pero estaba seguro de no haber sentido nada sospechoso en tus acciones.

—Pero, si han investigado sobre mis orígenes y encontraron algo cuestionable…

—Nunca sospecharían nada. Utilizamos todo el poder de la organización para borrar tu pasado y hacerte pasar como el hijo del Señor Foreman. Por mucho que investiguen sobre ti, no hay nada que te vincule con tu padre que fue asesinado por Príncipe. A menos que te conociera del pasado.

El hombre le dio una palmada en el hombro al preocupado Paul como si quisiera que se recuperara.

—Príncipe ha matado a cada uno de los que se interponen en su camino. No hay forma de que su joven secuaz supiera algo sobre O’neill, que fue uno de esos hombres asesinados hace ocho años.

—Pero…

— ¿Todavía hay algo?

—Creo que puede que haya enfurecido al Conde. No, uh, no he tenido la oportunidad de hablar con él desde entonces, así que no sé cómo se siente al respecto. Pero, sí, por lo general es un hombre sincero e indulgente, pero no pude evitarlo ya que el Conde estaba forzando a una joven de una clase social diferente.

—Paul… ese hombre ya es un mujeriego famoso en la clase alta de Londres. La razón por la que es bastante sincero acerca de las cosas es porque sólo está interesado en las mujeres. ¡Qué estabas pensando en tratar de robar su mujer! ¡No ha pasado tanto tiempo desde que se prohibió, pero son la clase de personas que hacen duelos y las causas más comunes son las mujeres!

—No, uh, no fue como si tratara de robarle… y nunca podría hacer un duelo.

— ¡Eres un idiota! ¡Por qué un noble tendría un duelo con un plebeyo! Sólo te dispararía en el acto.

El hombre estaba aparentemente horrorizado por el pintor que comentó que en ese momento no fue asesinado en el lugar y dejó caer su cabeza en sus manos. Sin embargo, debe haber pensado en algo, porque levantó la cabeza.

—Ya sé, si seguimos con eso, entonces sería más difícil para él considerarte un espía. Sí, sigue así y discúlpate para que los dos puedan estar en buenos términos. Bajará la guardia contigo. Apunta cuando estén solos.

El hombre sacó un pequeño frasco de medicina de su abrigo. Lo puso en la mano dudosa del pintor y rápidamente se alejó.

El pintor, que se quedó sólo, miró la cosa en su mano durante un rato. Entonces, finalmente movió apático su brazo para guardarlo en su bolsillo, pero quizás porque estaba temblando, dejó caer el frasco de medicina.

—Ah.

Respiró con dificultad mientras sus ojos seguían el frasco de medicina, el cual se precipitó para caer dentro del lago.

De repente, el pintor se dio la vuelta y trató de alejarse del lugar. No tuvo el valor de lanzar el frasco de medicina, pero debe haber aprovechado esta oportunidad para escapar de su deber.

¿Oye, no ibas a matar al Conde?

Y las cosas por fin comenzaban a ponerse interesantes, pensó el Kelpie mientras recogía el frasco de medicina del agua y aparecía frente al pintor.

—Se te cayó esto.

Lo miró con ojos aterrorizados, quizás porque un caballo acuático había aparecido ante él o porque apareció con el frasco de medicina y se enfrentaba a su deber nuevamente.

—Hazlo bien.

Una vez el Kelpie lo miró fijamente con sus ojos llenos de magia, el odio hacia Edgar como el asesino de su padre brotó dentro del pintor.

El pintor tomó el frasco de medicina tímidamente de Kelpie y se alejó con pasos decididos, pero agarraba con fuerza el frasco de medicina, para no dejarlo caer nunca más.

Ahora, pensó el Kelpie, hacer que el pintor mate al Conde es algo bueno.

Sin embargo, estaba preocupado por el efecto que tendría sobre Lydia, que estaba cerca de ambos. Era un problema si Lydia se involucraba en este acontecimiento por error.

Si era ella y había algún tipo de pelea entre el Conde y el pintor, entonces estaba seguro de que se involucraría.

—Tsk, no es el momento de estar buscando un bocado para comer. Oh, caray, los humanos son problemáticos —murmuró Kelpie, dejando de lado sus ánimos hacia el pintor.

♦ ♦ ♦

Con el informe de la investigación sobre un pintor llamado O’neill en una mano, Edgar cerró los ojos con fuerza.

Temprano esta mañana, este informe de investigación fue entregado por el detective que había contratado.

Según esto, existió un pintor llamado Patrick O’neill, que se especializó en pintar la casa de un noble que estaba ubicada en una zona pintoresca. Los cuadros que produjo, naturalmente se colgaron en la casa de aquellos que lo contrataron, así que no había forma de que venderlos al público. Debido a la primavera, había muchos nobles residentes en el campo que se reunían en Londres y lo conocieron.

Tenía un hijo. El nombre del hijo era de hecho Paul y su edad coincidía. Sólo que después de la muerte de O’neill, era completamente desconocido dónde y cómo estaba.

Era un caso común donde nadie sabía la localización o si un chico de diecisiete años, que fue dejado a su propia suerte en la gran ciudad, estaba vivo o muerto.

La muerte de O’neill fue causada por una intoxicación de gas en su residencia en Bath, Somerset, donde vivía en ese momento. Fue declarado un accidente, pero su hijo, que había sobrevivido de una leve intoxicación, aparentemente afirmaba que fue un asesinato.

— ¿Asesinato…?

Al menos, después de la muerte de su padre, Paul vivió como el hijo de Foreman. Un pintor diferente.

La tapadera era bastante inteligente. Era difícil pensar que Paul había pensado eso por su cuenta, lo cual hace que sea fácil creer que había el trabajo de alguna organización detrás del telón.

¿Podría esa organización ser la “Luna escarlata”? O’neill pintó la casa de la familia de Edgar. Su familia y Edgar mismo. Su cuadro fue destruido junto con la casa en el fuego, pero quizás, puede que haya conservado uno o dos bocetos o una pieza de práctica en algún lugar.

Sería problemático para Príncipe si hubiera alguien que vio a Edgar y recordara a la familia del Duque. O tal vez, mientras O’neill estaba en casa de la familia del Duque, debe haber descubierto algo que se interponía en el camino de Príncipe, lo cual lo conduciría a ser perseguido y asesinado.

Y si eso significa que después de eso, la “Luna escarlata” escondió en secreto a Paul, quien sobrevivió…

Ya no podía decir que Paul seguía siendo el mismo del pasado.  Sin embargo, Edgar colocó el informe entre sus libros como para esconderlo. Porque en ese momento, Raven entró a su oficina.

— ¿Raven, crees que me parezco a Príncipe? —preguntó Edgar mientras observaba a su sirviente servirle el té.

— ¿Qué está diciendo, señor?

—No se trata de mi apariencia. Él trató de moldearme a su semejanza. La educación por la que me obligaron a pasar, el conocimiento y la doctrina y mi elección de gestos y palabras, incluso cómo pensaba y sentía, fue corregido. Siento que cómo soy ahora es similar a Príncipe más que a cómo era en el pasado… Sé cómo dominar y controlar a las personas. Me puedo volver tan despiadado como sea necesario. Mi corazón no duele. Antes de darme cuenta, me convertí en una persona justa, desvergonzada y sin escrúpulos, y puedo tolerar si todo no va según mi plan y quiero destruir a cualquiera que se meta conmigo. Además de eso, soy mujeriego.

—No, usted no es él. Ese hombre solo deseaba a las mujeres y no tenía ningún don para seducirlas —respondió Raven con cara seria.

—Así que solo podías corregirme en esa parte. Gracias.

Mientras seguía reflexionando sobre las cosas en su cabeza, Raven habló.

—No es para nada como él. Si lo fuera, ¿por qué hubo muchos otros que confiaron en usted y lucharon a su lado?

Se sintió feliz ante esas palabras, sin embargo, Edgar todavía pensaba que eran parecidos.

A partir de ahora, mientras viviera, siempre serían similares. Si iba a luchar contra él, mientras tenía a ese hombre en su mente, tendría que aislar a su antiguo yo.

Por ejemplo, cómo tendría que eliminar a Paul, quien conocía de sus momentos pacíficos y felices, con sus propias manos.

—Lord Edgar, por eso estoy preocupado. Es demasiado amable con aquellos con los que cree que ha llegado a un entendimiento aunque sea un poco.

¿Podría referirse a Paul? Incluso si era un espía de esa banda Robin Hood, podría estar preocupado de que Edgar no pudiera continuar con su decisión.

—Raven, has crecido.

Llegó hasta aquí con la intención de proteger a este joven que era tratado como una máquina de matar. Sin embargo, en verdad, Edgar sentía que, de hecho, fue salvado por su presencia todo este tiempo.

Siempre y cuando tuviera a alguien a quien proteger, no se volvería como Príncipe. Incluso si iba a lastimar aquellos que llegó a respetar y entender…

♦ ♦ ♦

— ¡¿Qué está pasando?! —gritó Lydia cuando finalmente exhaló.

Por así decirlo, cuando se despertó por la mañana, Kelpie estaba ocupando un lugar en su habitación.

¡Se quejó diciendo que había una mujer durmiendo en la habitación! Y lo echó, pero después de que se vistiera, se preparara y bajara las escaleras para desayunar, él todavía estaba allí.

Su padre debe de haber escuchado de Nico que este joven con una figura alta y una actitud altanera, era en realidad un hada. Se sentó delante de él con una expresión de asombro en su rostro mientras observaba a la hada arrojar huevos crudos, aún con su cáscara, uno a uno en su boca.

Por supuesto, a Nico no le gustaba estar con el kelpie bárbaro, por lo que no debía tener la intención de comer con él en la mesa. Como si estuviera girando con Lydia, resopló a través de su nariz mientras salía de la habitación.

Desde entonces, Kelpie siempre estaba lo suficientemente cerca como para que Lydia siempre lo tuviera a la vista. Cuando montó al carruaje hacia la casa del Conde, él estaba al lado de ella. A este ritmo, hasta que Lydia regresara a casa, él podría tener la intención de quedarse en su oficina.

Parecía que no tenía ningún negocio en particular con ella y solo estaba sentado o de pie allí, así que Lydia finalmente estaba comenzando a molestarse.

—No te enfades.

Kelpie sólo respondería con eso.

Cuando llegaron a la casa del Conde y el cochero abrió la puerta, Edgar subió al carruaje mientras empujaba a Lydia hacia dentro cuando estaba a punto de salir.

—Buenos días, Lydia.

No lo había visto desde ese incidente, y lo había estado evitando por tres días, así que se sorprendió por su apariencia.

—B-Buenos…, espera, más bien, ¿qué quieres?

Lydia obviamente se estaba alejando de él pero Edgar no parecía molesto en absoluto.

—Tengamos una charla. Sr. Kain, este carruaje es sólo para dos. ¿Le importaría irse a alguna parte?

— ¿Por qué tengo que moverme?

—Este carruaje corre por mi casa. Lo mismo el conductor y el caballo.

Hmph, resopló el Kelpie por la nariz.

—Bien, entonces dado que estás en un estado lamentable…

¿Qué quieres decir?

Quería preguntarle, pero Kelpie se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.

¿Pero, eso quiere decir, que estoy sola con Edgar en este lugar estrecho?

Tan pronto como se dio cuenta de eso, Lydia se asustó de nuevo.

—Espera un momento, ¡me bajo!

—Lydia, te prometo que no te pondré un dedo encima, así que por favor quédate aquí.

Tal vez porque lo dijo con un tono serio y urgente, o porque era mejor no atraerlo si no iba a dejarla ir, por ahora, Lydia no tenía más remedio que sentarse de nuevo en el asiento del carruaje. Le dijo al cochero que diera círculos alrededor del área, entonces, como si se sintiera finalmente aliviado, comentó de manera relajada “qué buen tiempo hace hoy”.

—Está completamente nublado.

—Esto es lo mejor que se puede conseguir en Londres.

—Bueno, sí.

— ¿Todavía estás molesta por lo que pasó?

Lydia ni siquiera estaba segura si estaba molesta o no. Si lo pensaba, se sentía como si fuera algo de lo que no se debería de haber molestado tanto.

Solo porque la besó en la muñeca, de seguro Edgar ya debe de haber tomado las manos y haber besado las de todas las hijas y señoritas cercanas. Era como una forma de saludar a las aristócratas. Puede haber simplemente engañado y gastado una broma a Lydia haciéndoselo.

Normalmente se hacía en el dorso de la mano, pero realmente no había mucha diferencia.

Incluso si pensaba eso, en ese momento, el aire se sintió lascivo y cómo actuaba, cómo la miraba, todo era completamente desconocido para Lydia, y se asustó tanto que quiso escapar.

Pero eso era porque no tenía ninguna experiencia con otras personas, especialmente debido a su miedo infantil y su nerviosismo porque no sabía mucho sobre los hombres, por lo que no podría haber sido la culpa de Edgar.

Aunque pensó eso, no quería terminar perdonandolo y convirtiéndose en su títere otra vez.

—No importa si estoy enfadada o no. Además, probablemente sólo querías hacer una broma.

— ¿Qué te haría perdonarme?

—Si sólo dejas que pase el tiempo, quizás lo acabe olvidando.

— ¿Cuánto es con el tiempo? Sería mi último arrepentimiento si permanezco en una posición incómoda para ti.

— ¿Último arrepentimiento?

—Mi error. Preocupación.

Qué error más extraño, pensó pero no dejó que eso la molestara.

—No quiero que lo olvides, sino que me perdones. No quiero olvidar. Puede que te haya causado una experiencia desagradable, pero no me había sentido antes tan cerca de ti como en esa ocasión.

Edgar, en ese momento, no intentó tocarla como había prometido, pero Lydia otra vez tenía la sensación de que era acariciada. Pero, porque era así, le era más difícil perdonarlo.

No sólo en ese momento, sino que sintió que también le permitiría acercarse a ella a partir de ese momento.

Debido a la confusión, Lydia se vio obligada a bajar la cabeza, y al verla así, debe de haberse dado por vencido en intentar hacer que diga que lo perdona. Así que cambió de tema.

— ¿Fuiste cortejada por Paul?

Pero eligió un tema aún más peculiar.

—Te rescató como un caballero con brillante armadura; es natural que haya dicho algo para conseguir tu afecto.

Eso solo es natural para alguien como tú.

—Estás equivocado. Paul no me salvó, te estaba salvando a ti. Él quería que permanecieras como alguien a quien respeta.

— ¿Dijo eso?

—Sí.

—… Realmente es un idiota por naturaleza. Era la oportunidad para que te enamoraras de su valiente acción, y sin embargo, va y dice algo así como tirándote agua fría encima.

Puede que sea verdad que se sintió un poco decepcionada, pero no era un gran problema.

—La razón por la que estás asustada del amor, podría ser porque los hombres parecen mostrar un interés en ti pero después rechazan inocentemente la idea.

—Ya es lo suficientemente amable decir que no tienen interés en ti antes de que tengas sentimientos por ellos. Es mucho más preferible que alguien como tú, que se mete con los sentimientos de la gente….

Edgar parecía que tenía el ceño fruncido, como si estuviera herido, lo que hizo que Lydia cerrara la boca. Pero, todavía pensaba que sólo estaba actuando.

—Tienes razón. Paul no es un hombre que engañaría a otros. Pero puede estar ocultando algo. Algo muy importante para mí.

Habló en un tono serio, quizás porque estaba relacionado con algo que podría afectar a la amistad que Edgar sentía con él.

—Quiero preguntarle. Quiero que hablemos y si podemos, quiero que lleguemos a un entendimiento. Pero, puede convertirse en una pelea. Lydia, si comenzamos una pelea a puñetazos, ¿de qué lado estarías?

— ¿Puñetazos? No importa cómo lo piense, solo puedo imaginar una escena en la que tú eres quien está pegando al otro.

—Ya veo. En ese caso, podría hacerte querer estar del lado de Paul. Pero si sigues ese razonamiento, y si pierdo, ¿entonces cambiarías de bando? Entonces, no sería tan malo ser derrotado hasta estar hecho polvo.

No sabía a qué se refería con lo que dijo. Pero, podía sentir que no iba a ser agradable y bonito.

—Oye, no vayas a pelear. Él atesora la promesa que hizo contigo en el pasado. Dijo que fue gracias a ti que se convirtió en un pintor, y que cuando se volviera famoso, quería que vieras sus cuadros más que nadie. Paul cree que el hijo pequeño del duque ha muerto, pero puso la imagen del hijo pequeño en ti. Por mucho que trates de pelear con él, no creo que pueda llegar a golpearte.

Tenía la cabeza ligeramente agachada y un mechón de su dorado cabello se deslizó por su nariz. Desde el lado hermosamente esculpido de su rostro, ella no podía imaginar qué estaba pensando o sentía.

¿Realmente tenía la intención de pelear con Paul? Pero, ¿por qué razón?

Levantó la cabeza una vez más e hizo que el conductor detuviera el carruaje.

—Lydia, gracias por compartir tu tiempo conmigo.

— ¿Vas a alguna parte?

—Solo un poco de paseo.

Por alguna pequeña razón, Lydia pensaba que debería decir algo y escuchar y aceptar claramente lo que tenía que decir.

—Um, Edgar, si estoy de tu lado o no, no perderás. Eres capaz de hacer que la suerte se ponga de tu lado hábilmente. Incluso con Paul, si lo deseas, podrás llegar a entenderte con él.

Había bajado del carruaje, pero se giró y le sonrió.

—Eres tan amable. Es por eso que tengo expectativas de que realmente sientas algo por mí.

Nemoné
Necesito la autoestima de Edgar

Durante el momento en el que Lydia no supo cómo responder y sus mejillas se pusieron rojas, la puerta se cerró y el carruaje comenzó a moverse de nuevo. La imagen de Edgar que se puso su sombrero de copa había desaparecido al instante entre la multitud.

♦ ♦ ♦

Paul regresó a la casa de huéspedes en la Calle Fleet, y suspiró profundamente, mientras sostenía el frasco de medicina que le entregó uno de los hombres de la organización donde ocupaba un sitio.

No sabía sobre el plan que su organización había estado planeando para Edgar todo este tiempo y tenía una firme convicción de que él era el verdadero Conde Caballero Azul.

A Edgar le habían gustado los cuadros de Paul y poseía ambos, los rasgos encantadores de un espíritu noble, y una característica amigable con los pies en la tierra.

Paul quería crear una pintura que satisfacería al joven Conde y al hacerlo, tenía la sensación de estar cumpliendo la promesa que hizo con el difunto hijo de la familia del Duque.

Pero, si él, que se hacía llamar Edgar Ashenbert, era alguien cercano al líder de la organización que asesinó a su padre, entonces su deber era muy importante. No tenía tiempo que perder siendo sentimental.

—Sr. Foreman, tiene un visitante.

Quién le habló fue la ama de llaves de mediana edad que manejaba y dirigía la casa de huéspedes en la que se hospedaba.

Al ver quien entró por la puerta, Paul se congeló y casi dejó caer la el frasco de medicina como reacción.

—M-Milord…

— ¿Qué sucede? Tienes un aspecto trágico como alguien que se enfrenta el fin del mundo.

—Oh, no, no es nada. Más que eso, gracias por venir a un lugar tan sucio y miserable como este…

—Me interesa cómo es el estudio de un pintor.

Se dio cuenta que permanecer sentado era grosero y se puso de pie de prisa.

—Solo es una habitación normal. Aunque está cubierta de manchas de pintura aquí y allá.

Paul pensó que debería ofrecerle un asiento, pero todos estaban cubiertos de aceite y pintura, que le preocupaba que pudiera ensuciar la costosa y elegante levita del Conde.

Tampoco debe de haber tenido la intención de sentarse en una silla sucia, mientras se acercaba a la ventana y se quedó mirando hacia fuera.

— ¿Te estás mudando?

—Eh.

Los ojos del Conde se detuvieron en los baúles que estaban amontonados en la esquina de la habitación. No podía decir que se estaba preparando para huir al extranjero.

—No, ah, un conocido me pidió si podía utilizar mi habitación para guardarlos por un tiempo —Era una excusa desesperada y lamentable, porque había otros baúles abiertos que tenían ropa tirada en ellos.

—Ya veo. La razón por la vine hoy fue porque tenía algo que quería preguntarte.

Le miró con una leve sonrisa y ojos penetrantes y agudos, lo que hizo que Paul se pusiera rígido una vez más.

El frasco de medicina que estaba en su mano se sentía como si pudiera deslizarse de su mano, mojada por el sudor.

— ¿Qué podría ser eso…?

—El anillo de piedra lunar, ¿por qué mientes diciendo que todavía no se desprende?

Sus ojos se posaron sobre su mano derecha y vieron que de hecho no estaba el anillo en su dedo. Lo ponía en su mano izquierda de vez en cuando porque pensaba que se interponía cuando quería agarrar el pincel para pintar. Se había asegurado y había prestado atención para que no lo notaran, pero como esta era su habitación, se había olvidado completamente de ello.

—Pudiste quitártelo hace un tiempo, ¿verdad? Pero si decías que había salido, entonces no tendrías ninguna excusa para quedarte en mi casa. Pensé que estabas guardando silencio porque no querías perder la oportunidad para acercarte más a Lydia. Pero aunque la protegiste de mí, la dejaste regresar a casa sin hacer nada. Eso es extraño. No habría ningún hombre que desaprovecharía tal oportunidad de oro. Si lo hiciera, entonces debe ser un cobarde antisocial o tiene un objetivo diferente para seguir llevando el anillo.

Dejando de lado cómo sería normal aprovechar esa oportunidad o no, era justo como Edgar dijo.

Porque Paul era antisocial y además tenía un objetivo diferente.

— ¿Tuviste alguna necesidad para quedarte en la casa por algo más de tiempo?

¿Cuánto has descubierto?

—Porque Lydia había propuesto que sería más seguro si me quedaba en la casa del Conde, me ofreció un trabajo… El anillo salió más rápido de lo que esperaba, y si perdía la razón para permanecer en su casa, me preocupé de que pudiera retirar su oferta.

Esa parte era verdad. Paul tenía el deber de informar sobre Edgar a sus compañeros, pero como creía que él era el verdadero Conde, pensó en su trabajo por encima de todo.

—Me sorprende ver que seas bueno inventando una excusa. Pensé que eras un hombre que no podía mentir.

—Eso no era una mentira.

—Tu apellido no es Foreman sino O’neill. ¿Estás diciendo que esto tampoco es una mentira?

¿Por qué?

Paul estaba sorprendido y su mente estaba consternada. Su compañero había dicho que incluso si investigaban a Foreman, el apellido no conduciría a O’neill.

“A menos que te conozca del pasado”.

La ama de llaves llamó a la puerta. Parece que vino a servir el té. En un acto reflejo, Paul fue a abrir la puerta, dijo que él lo haría y tomó la bandeja.

—O’neill también era un pintor. Fue asesinado hace ocho años. Al menos, eso pensaste, y porque pensaste así, debiste de sentir que tu vida estaba en peligro en ese momento.

Como si lo acorralara en un rincón, Edgar siguió hablando.

La mente de Paul se fortaleció lentamente y se recuperó fríamente. Este hermoso joven también era parte del grupo que asesinó a su padre. Tenía que hacerlo.

— ¿De qué está hablando? Siempre he sido Foreman. Mi padre se ha retirado pero sigue vivo.

Tuvo cuidado de que su voz no temblara, y con cuidado quitó la tapa del frasco de medicina que tenía en su mano todo este tiempo.

Un grano de polvo de color blanco que estaba dentro, cayó dentro de la taza de té. De reojo, se aseguró de que Edgar no lo estuviera viendo.

Si lo pensaba con una mente seriamente, no había manera de que llevara a sus labios una bebida que le sirvió en la habitación del hombre que desconfiaba de él. Sin embargo, Paul estaba nervioso y no podía pensar en los detalles.

— ¿De dónde salió ese nombre de O’neill?

Colocó la taza de té justo al lado de Edgar.

—Lo conocía. Fue un buen pintor. La casa que se construyó junto al lago fue el Lirio Blanco. Siempre me había preguntado qué parte era un lirio blanco pero finalmente lo entendí cuando vi su cuadro. Eran los mismos elegantes lirios que estaban floreciendo cerca del borde del lago.

Era como si Paul pudiera ver la escena, el cuadro que su padre había pintado justo delante de sus ojos. Era la casa de la familia del Duque Silvainford. Era un lago de ensueño, rodeado por el rico campo y los místicos bosques. La gente noble que vivía allí era muy amable y hermosa…

Se sintió mareado. ¿Por qué él, el secuaz de Príncipe, sabría sobre algo así?

Si sabía sobre Paul en el pasado… No, eso era imposible.

—Tus cuadros tienen la misma delicadeza que O’neill. Sin duda estabas destinado a convertirte en pintor.

Los increíbles ojos color malva ceniza, el cabello dorado que brillaba como si estuviera rebosante de luz solar, su nariz perfectamente recta y sus labios con una suave sonrisa, ¿podría haber otro ser humano que pudiera ser bendecido con un aspecto que podía hipnotizar a cualquiera en un instante?

Edgar tomó la taza de té. Parecía no estar al tanto e inocente como un niño. Lo hacía parecer como si no hubiera venido a confrontar la desconfianza de Paul hacia él, sino a hablar sobre algo valioso e importante.

Y entonces, tuvo la sensación de que estaba siendo probado.

Si Edgar se había dado cuenta que Paul había investigado su entorno y había irrumpido en la casa del Conde para hacerle daño, pero si todavía estaba la amistad que existió previamente entre ellos, ¿podría haber venido a confirmar eso?

Es por eso que podría estar tratando de beber el té del que realmente debería ser precavido.

¿Amistad?

Así es, si esta persona era realmente él.

—Si alguien no me hubiera recomendado este camino, entonces no sé si habría llegado tan lejos…

— ¿Debido a que querías ser un poeta?

Oh, así es. Sólo había una persona con la que compartió su sueño de escribir poemas.

Ya no había nada más que dudar, así que Paul no pensó y tiró la taza de té en la mano de Edgar. La taza se rompió y el té se derramó por todo el suelo.

El té caliente seguramente había salpicado sobre la mano de Paul al igual que en Edgar, pero a ambos no les molestó.

Cuando la ama de llaves entró corriendo, sorprendida por el sonido de cosas rompiéndose, no se molestaron, incluso cuando ella se dio cuenta en una mirada de que el visitante era un noble, se acercó a él con una mirada preocupada.

Paul permaneció de pie y apenas logró colocar su mano sobre su pecho.

—Paul, realmente no has cambiado.

—Por favor, perdóneme milord… no…

Justo cuando estaba a punto de decir “su gracia”, la ama de llaves se acercó a Edgar a una distancia extrañamente cercana.

Sostenía un cuchillo en la mano. Edgar lo vio y trató de alejarse pero la fina punta se hundió en su cintura. En el mismo momento en el que retrocedió, cayó al suelo en cuclillas.

Había veneno en el cuchillo. Paul se dio cuenta inmediatamente, pero la ama de llaves lo agarró del brazo e intentó apresurarse hacia él.

—Date prisa y sal de aquí. Dile a tus compañeros y haz que se deshagan del cuerpo.

No es un cuerpo todavía. Pero…

— ¿Eres… una de la “Luna escarlata”?

—Sí, soy un miembro de ese grupo. Era la oportunidad perfecta para que este hombre viniera aquí. ¿Por qué revelarías que habías puesto veneno en su bebida? Si no lo matabas, él te habría matado a ti.

Se equivocaba. Edgar no tenía la intención de matar a Paul.

—Dame el antídoto. ¡Este hombre no es uno de los secuaces de Príncipe!

— ¿Qué estás diciendo? ¿Oye, estás planeado en rajarte?

Cuando lo miró con ojos llenos de desconfianza, la ama de llaves se dio la vuelta y estaba a punto de salir corriendo. Parecía que iba a llamar a otros del grupo.

Sin pensarlo, Paul la agarró del hombro.

Para usar la primera fase de defensa personal, o desde otro punto de vista, la violencia contra una mujer, fue la primera vez para Paul y un acto descarado en sí, pero no había más remedio.

Después de que la dejara inconsciente, la registró, pero no llevaba nada que pareciera un antídoto.

¿Debería llamar a un médico? Pero si lo hiciera, pondría en duda la existencia de la organización.

Su padre fue un miembro de La “Luna escarlata”. Había protegido a Paul todo este tiempo y se comprometió a  convertirse en un miembro para luchar contra los responsables de la muerte de su padre.

No sabía qué debería hacer, y se desplomó en el suelo.

♦ ♦ ♦

Antes de que se diera cuenta, la cantidad de personas en su oficina, no, la cantidad de hadas, parecía haber aumentado, lo que hizo que Lydia sintiera un dolor de cabeza.

En primer lugar, no había duda de que Kelpie y su figura grande y autoritaria era la razón de que esa habitación se sintiera muy pequeña y abarrotada.

Además de la parte molesta, Nico estaba caminando por la habitación sin ninguna razón aparente. Y estaba molestando con el pelaje esponjoso de su pecho en un grado excesivo.

Finalmente, Marygold y Sweetpea batían sus alas y volaban por la habitación y miró que había una ocupada multitud de todos los Hobgoblins que residían en la gran casa.

Está bien, esto es raro, pensó Lydia mientras dejaba de escribir.

— ¿Nico, pasa algo?

—Se siente como un hormigueo por todo mi cuerpo.

—Se siente como una masa nebulosa en el aire.

—La magia está surgiendo como corrientes salvajes —dijeron Marygold y Sweetpea en un tono nervioso.

— ¿La espada de las Merrows no está en esta casa? Eso es lo que está ululando —Interrumpió Kelpie.

— ¿La espada? ¿Por qué?

— ¿Cómo podría saberlo?

— ¿Entonces por qué están todos en esta habitación?

—Estar cerca de un Doctor de Hadas es mejor que nada.

Supongo que es así.  Pero no sabía que la espada podía ulular.

Mientras pensaba, Lydia consideró que sería mejor notificarlo al mayordomo y se puso de pie.

Justo en ese momento, Raven entró en la habitación.

— ¿Señorita Carlton, ha oído algo acerca de adónde ha ido Lord Edgar?

Lo dijo en una voz nivelada pero el tono de voz no parecía tener la tranquilidad que solía tener.

—Tuve una pequeña charla con él en el carruaje, pero se bajó del carruaje y se fue a alguna parte. No sé a dónde se dirigió.

La imagen de Raven inquieto podría estar relacionado con la espada ululando. Tenía algo como una carta arrugada en su puño.

— ¿Y Foreman…?

Después de que murmurara aquello, se giró como si estuviera a punto de irse, y sintió que no era normal que no pusiera un “señor” al nombre de Paul.

—El Señor Foreman no ha venido hoy.

Quién dijo aquello fue el mayordomo, Tompkins.

—Dijo que iba a regresar a su residencia. Declaró que necesitaba tomar el aire o la pintura que tiene en existencia va a tener moho. ¿Raven, qué sucede? ¿Hay algún tipo de problema?

—Bueno, ahora que ese hombre no vendrá. Entonces no es necesario de que te vigile y te proteja por más tiempo.

Lydia miró a Kelpie, que dijo aquello.

— ¿Qué significa eso?

—Sería problemático si te involucras.

— ¿Involucrarme? ¿En qué?

—Ya no importa. Oh, bien, no está aquí. Entonces no necesito estar en esta ruidosa casa, me marcho.

— ¡Espera Kelpie! ¡Explícate bien!

Lydia se puso delante de él y le bloqueó el paso.

— ¡Si no lo dices, cortaré todos los lazos contigo!

— ¿Cortar lazos? ¿Crees que eso me mantendrá alejado?

—Si quieres estar alrededor, entonces hazlo, pero nunca más te hablaré otra vez. Por mucho que me hables o estés a mi alrededor, nunca te responderé.

Guardó silencio como si lo estuviera pensando. Entonces, finalmente se peinó el flequillo como si estuviera frustrado.

—Sólo escuché algo. Cuando uno de sus camaradas le dijo a ese pintor que matara al Conde.

— ¡¿QUÉ?! ¿Por qué Paul tiene que matar a Edgar?

—Porque es un impostor.

—Había la posibilidad de que Foreman fuera un miembro de la organización a la que el instructor de baile, que me atacó, también pertenecía. Sospechábamos e investigamos, y de hecho lo era… —susurró Raven en un tono arrepentido—. Señor Tompkins, iré a la casa de huéspedes donde Foreman se hospeda.

Raven salió de la habitación corriendo. El mayordomo debió de decidir que no podía estar quieto y también abandonó la habitación.

— ¡Kelpie, por qué no dijiste nada! Sabías que la vida de Edgar podría estar en peligro…

—No tiene nada que ver conmigo. Y además, con ese hombre fuera de vista, podrás regresar a Escocia. Y, sin embargo, ese pintor se veía tan patético como si estuviera demasiado asustado de cometer un asesinato, es por eso que le puse un hechizo para que tuviera más confianza para hacerlo.

Al oír eso, Lydia perdió la paciencia.

— ¡Estoy cortando todo lazo contigo! ¡Date prisa y vete!

—Oye, Lydia…

Como si no quisiera escuchar ninguna excusa, Lydia salió corriendo de la habitación. En ese momento, escuchó una conmoción viniendo del pasillo de la entrada.

Escuchó la voz gritando de Raven, llamando el nombre de Edgar. Se podía escuchar el sonido de las voces preocupadas y en pánico y el sonido de los sirvientes moviéndose por las órdenes de Tompkins.

Lydia llegó al final de los escalones de la escalera y vio a Edgar, que era cargado por Tompkins, con los ojos completamente cerrados y se quedó inmóvil al sentir que las fuerzas en sus piernas se desvanecían.

El conductor de un carruaje dijo que un joven le pidió que llevara al hombre a la residencia del Conde Ashenbert en Mayfair porque estaba en un estado muy peligroso. El perfil de joven coincidía con el de Paul.

Era un misterio por qué Paul, que supuestamente había intentado matar a Edgar, terminó enviándolo a su casa.

El médico permaneció en la habitación de Edgar por un largo tiempo. Sin embargo, cuando el médico salió ya era el atardecer, y el interior de la casa se volvió inquietantemente silencioso.

Parecía que la espada de las Merrows todavía ululaba como si gimiera de dolor por el peligro que corría su maestro, pero los humanos no podían escucharla.

Alrededor de ese tiempo, Lydia finalmente pudo escuchar sobre la condición de Edgar por Raven, pero sólo le dijo que permanecía inconsciente.

—Aparecieron síntomas de parálisis, así que creo que usaron algún tipo de veneno nervioso.

— ¿Nervioso…?

—Es similar al veneno de una serpiente.

No era médico, no obstante sabía mucho, probablemente porque el conocimiento sobre venenos fue parte del entrenamiento por el que pasó cuando crecía como un monstruo asesino.

— ¿No hay un antídoto?

—No hay. Podría ser una combinación de diferentes tipos.

Lydia se tragó las palabras “oh no”.

Raven parecía su yo habitual, tranquilo y sereno, pero era lo más parecido a una familia que Edgar tenía, así que debe ser el que más dolor siente.

Lydia y Tompkins, todos los que trabajaban en la casa del Conde, han conocido a Edgar por solo tres meses. Es por eso que, incluso si quería animar a Raven, no se le ocurría ninguna palabra.

Más que eso, Lydia misma estaba llena de sentimientos de incredulidad.

—Tenía un mal presentimiento —Él murmuró—. Incluso cuando Lord Edgar sabía claramente que Foreman era un espía de la “Luna escarlata”, no me permitió lastimarlo.

— ¿Luna escarlata?

—Es el nombre de una organización que lucha contra Príncipe. Parece que están haciendo trabajos de caridad, pero declaran que Lord Edgar es el secuaz de Príncipe y un impostor que se hace pasar como el Conde Caballero Azul, y le amenazaron diciendo que irían tras su vida a menos que les entregara la espada.

Lydia no sabía nada de esto.

No se podía evitar dado que no había la necesidad de revelarle eso a Lydia si no tenía nada que ver con las hadas. Sólo fue contratada como Doctora de Hadas, y no formaba parte de su confraternidad.

Pero aún se sentía excluída del círculo. Se consideraba a ella misma un poco más cercana que sólo alguien contratada.

Incluso si pensó que lo que Edgar estaba diciendo estaba lleno de mentiras, había una parte de ella que estaba feliz cuando mostró signos de amistad.

No solo le estaba pidiendo que trabajara como Doctora de Hadas, sino que como no era un miembro de su grupo, se mantuvo fuera de la batalla, y sintió que podía apoyar la parte de él que se sentía solo.

Más que nada, quería que se lo hubiera dicho. Porque podría haber habido algo que Lydia podría haber hecho. En ese momento en el carruaje, no habría dicho cosas que sonaran más del lado de Paul y podría haber pensado en los sentimientos de Edgar.

—Como no me lo dijo, Lord Edgar debe haber sentido que las cosas podrían volverse así cuando fue a ver a Foreman.

— ¿Estás diciendo que iba a abandonarte? No hay manera de que pensara eso.

—Foreman es la única persona que conoce a Lord Edgar del pasado.

Ese debe haber sido la razón por la que no podía lastimarlo. Si Paul se iba, Edgar debió de sentir que podría llegar a olvidar quién y qué tipo de persona era.

Él estaba afligido por cómo había cambiado. Es por eso que podría haberse estado aferrando a Paul que lo conoció antes de que cambiara.

—Raven… también es mi culpa. Le dije a Edgar que si lo deseaba, podría llegar a un entendimiento con Paul. Si ahora lo pienso, Edgar podría haber estado confundido sobre cómo debería verlo, como su enemigo o no, y si liberarlo o no… Porque no parecía él mismo. Si no hubiera dicho nada fuera de mi posición entonces él no habría bajado la guardia cuando fue a verlo…

Lydia se cubrió la cara con las manos.

—No es su culpa. Lord Edgar siempre toma sus decisiones solo.

Sí, tenía razón, Edgar dijo que quería reconciliarse con Lydia y dijo que era un “último arrepentimiento”. Ya debía haber tomado una decisión.

¿Pero, podría haber una persona que no se confundiera al tomar una decisión? Incluso si toman una decisión, los corazones están hechos para persistir.

La manera de pensar demasiado pacífica de Lydia suavizaría la fuerte tensión de Edgar, que seguía luchando. Podría dirigir su atención a Lydia para buscar eso, pero ella podría haber entumecido su sentido del olfato que percibía cualquier tipo de peligro.

— ¿Señorita Carlton, le gustaría ver a Lord Edgar?

— ¿No interferiría en su descanso…?

—Creo que él querría verla.

Era como si le estuviera ofreciendo una oportunidad a Lydia para decir su último adiós.

La guió hacia la habitación y caminó hacia el lado de su almohada y la ama de llaves que lo estaba cuidando, fue cortés y se retiró de la habitación.

El color del rostro de Edgar era pálido y blanco, y su respiración era apenas perceptible a menos que te acercaras a él. Lydia tomó suavemente su mano entre la suya. Estaban tan frías y cuando recordó que normalmente no eran así, quiso llorar.

Al menos quería calentarlas y las cubrió con sus palmas.

No quería no volver a poder hablar con él nunca más. No han arreglado su amistad todavía, dado que Lydia no dijo que lo perdonaba.

No era como si estuviera enfadada con él. Como Edgar parecía que lamentaba inusualmente sus acciones, solo estaba siendo audaz y pensó que sería bueno si él se comportaba bien un poco más.

Como siempre se dejaba llevar por él, pensó que esto era lo suficientemente justo. No sabía qué tan serio era y por qué pensaría que era su “último arrepentimiento” por ese estúpido malentendido entre Lydia y él. Pero, si las cosas seguían así a este ritmo, entonces esto terminaría como un arrepentimiento insoportable para Lydia.

Y Kelpie. Si no se hubiera entrometido, entonces Paul habría pensado las cosas mejor y no hubiera tratado de matar a Edgar.

Esa parte también hizo que Lydia se sintiera responsable como Doctora de Hadas.

—Cálmate, no eres una persona que caería así de fácil.

Si fuera habitual, abriría su boca para decirle medio bromeando que coquetería con ella.

Tengo que hacer algo.

Rebosante de una fuerte emoción, Lydia se puso de pie.

Había estado pensando en una forma de salvarlo. Había una manera en la que podría ser posible. Inesperadamente, no vaciló.

Una vez que decidió que esa era la única manera, salió corriendo de la habitación.


Notas:

[1] El colegio de armas es la máxima autoridad heráldica en Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte.

Den
¿Cómo creen que Lydia salvará a Edgar?

Nemoné
Quizás con ayuda de un hada (?) ¿No hay hadas que sanen o algo así?

Capítulo 6 de este Volumen Tres ya disponible en Kovel Times edición 23.

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