Joven esposa del Capitán (de 62 años) – Capítulo 39: Cambio de corazón

Traducido por Yonile

Editado por Sharon


Desperté con el canto de los pájaros. Hoy también es un agradable despertar.

Estaba demasiada cansada la noche anterior. Después de que Lilia se fue, cené, me bañé y me fui a dormir inmediatamente.

Bueno, ya no puedo estar más de ociosa.

Cambié mis ropas por el vestido que me regaló ayer mi madre.

Recordé lo que me dijo Lilia ayer, que el señor Wilhelm nunca me rechazo. Eso significa que nuestro acuerdo para almorzar juntos aún era válido, en otras palabras podría verlo hoy. Sentí que mi corazón saltaba.

Debo vestirme lo mejor posible. Haré que Natalia arregle mi cabello.

—Buenos días, señorita.

—Buenos días, Natalia.

—El desayuno ya está listo.

—Si, iré ahora.

Salí de la habitación y fui con Natalia al comedor.

Extrañamente, fui la primera en llegar. Padre, madre y hermano mayor aún llegan.

Tengo que esperar con el desayuno humeante delante de mi. La familia Ambrose comienzan sus comidas cuando ya todos están reunidos.

—Buenos días, Carol.

—Buenos días, hermano.

—Ese vestido, ¿es el que usaste antes? Te queda muy bien.

—Muchas gracias.

Ahora que lo pienso, cuando fui a la Orden de Caballeros con mi hermano, había usado este vestido.

Mi hermano mayor se sentó a mi lado mientras se frotaba los ojos, somnoliento.

Aun así, no empezamos a desayunar.

Después de un rato, por fin padre y madre llegaron. Intercambiamos saludos y comenzamos a desayunar.

—Por cierto, Carol, ¿vendrás a la Orden de Caballeros hoy?

—Si, almorzaré con el señor Wilhelm.

—Ya veo, se lo notificaré a los demás más tarde. Lo que me recuerda, escuché que te llevas bien con Zack.

—¿Le conoces, hermano?

—Si, estamos en en la misma unidad. Es mi superior.

Qué sorpresa. Sabía que trabajaban juntos pero no que eran buenos amigos. Sin embargo, aunque mi hermano estaba sonriendo, sus ojos parecían sombríos.

—Escuché que te juró su lealtad como caballero.

—Si, no entendí lo que hizo pero lo acepté.

—Uhm, entiendo. Lo golpearé.

¿Por qué sería eso? Cuando por casualidad miré a mi padre, este estaba asombrado con la mención del juramento.

No entiendo, ¿es tan importante?

Terminé el desayuno sin demora y fui con Natalia a la cocina. Chris no estuvo ayer, así que hoy ya debería estar aquí. Mirando a la cocina con esos pensamientos, el “muy elogiado” Robert estaba siendo regañado nuevamente.

Natalia ya le había informado a mi madre sobre su comportamiento grosero de ayer. Sin embargo, parece que no se dieron órdenes particulares. ¿Por qué no fue despedido? Eso era un misterio.

—Buenos días, Chris.

—¿Que…? Oh, señorita. Buenos días.

—Planeo llevarle el almuerzo al señor Wilhelm, ¿podrías prepararlo?

—Si, la parte de la señorita ya está lista.

Chris me mostró la lonchera que ya estaba lista en un ochenta por ciento. Como se esperaba de ella, se veía delicioso.

—¿Que puedo hacer?

—Tomemos una muesca y preparemos un plato. La señorita es más hábil que ese tonto de allí, a pesar de que acaba de comenzar.

—Tch —Robert chasqueó la lengua en respuesta a la burla de Chris. Su actitud es mala como siempre, pero mientras Chris me enseñe parece que no intentara hacer nada. Estaba a salvo.

—Entonces, ¿que tengo que hacer?

—Hagamos una ensalada de macarrones. Corta los ingredientes que están aquí.

Hice mi mejor esfuerzo cortando los ingredientes. Era bastante difícil cortar verduras finas. Los macarrones ya estaban hervidos y enfriados, todo lo que quedaba era mezclar los vegetales para que la ensalada se espese.

—Aquí, entonces empaca.

—Si.

Siguiendo las instrucciones de Chris, empaqué la comida. Aún era de mañana, todavía era temprano para llevar el almuerzo. Le agradecí a Chris por la comida y decidí matar el tiempo en mi habitación.

Tener momentos si nada que hacer es algo que no hubiera imaginado. Ahora que lo tengo, estaba extremadamente aburrida.

Sería bueno tener algún pasatiempo para momentos para este pero lamentablemente no tenía ninguno.

En realidad, no tenía tiempo para eso, aunque la situación actual era realmente tediosa. Me pregunto si podría hacer algo.

—Natalia.

—Si.

—Estoy pensando en tener algún pasatiempo.

—Bueno, si la señorita está de acuerdo, ¿qué tal tejer?

—Tejer, ¿eh?

Nunca lo he hecho antes, pero había escuchado sobre ello. Podría hacer bufandas, ropa e incluso una muñeca usando aguja e hilo. Sin embargo, ¿no era difícil?

—Si la señorita desea aprender, esta humilde sirviente le enseñará.

—¿Sabes tener, Natalia?

—Aprendí un poco de joven como pasatiempo.

—Entonces, por favor enséñame.

—Sí.

Natalia se excusó para salir y regresó poco tiempo después, trayendo dos agujas de tejer e hilo.

—Comencemos tejiendo una bufanda simple.

—Sí, ¿qué tengo que hacer?

—Primero, sostenga la aguja…

Natalia me enseñó cómo sostener los elementos. Fue increíblemente difícil. Sin embargo, una vez que te acostumbras tus manos se moverán inconscientemente.

Solo trajo un hilo de color, pero se supone que es posible combinar varios y hacer nuevos diseños. Aunque no sé cómo hacerlo.

Después de pasar el tiempo tejiendo, me dirigí a la Orden de Caballeros. Traje conmigo la aguja y el hilo. Tejería hasta que llegue el señor Wilhelm.

La Orden estaba a sólo una corta caminata de distancia, y la recepcionista era, como siempre, la señorita Gyle.

—Oh… Señorita Carol. Bienvenida.

—Buenos días, señorita Gyle.

—Recibí las noticias de Albert. Te llevaré allí.

Me guió al salón y no a la oficina como antes. Parecía que aún no era la hora del almuerzo, así que me senté en el sofá y decidí continuar tejiendo mientras esperaba. Inesperadamente fue divertido.

—Señorita, ya se ha acostumbrado a ello. Una vez que termines la primera parte, solo tienes que seguir haciendo lo mismo. Pero continuaremos cuando te hayas familiarizado.

—Entendido. Le informaré a padre y adquiriré un poco de hilo.

Si, estamos haciendo una bufanda bastante grande. El señor Wilhelm y yo tenemos diferentes estaturas. Pero aún así, será lo suficientemente grande para envolver el cuello de ambos. Solo pensar que estaré envuelta a él me hizo reír de alegría.

Pronto, escuché un golpe en el salón.

—¡L-Lo siento! ¡Te hice esperar, Carol!

El señor Wilhelm entró como su estuviese nervioso. Se veía galante hoy también.

Bajé la cabeza con una sonrisa. Cada vez que estaba enfrente suyo, no podía evitar sonreír sin importar qué.

—Te he estado esperando, señor Wilheim.

—H-Hm… ah, bueno…

—Tome asiento. He preparado té.

Abrió el contenedor muy rápido. Como normalmente no almuerza, debe estar hambriento. Cuando vio la comida, tragó con fuerza.

—Entonces, permítame aceptar.

—Por favor, sírvase señor Wilhelm. También hay té.

—S-Sí, gracias.

Dio un mordisco, pero parece estar incómodo. ¿Será que hoy también estaba ocupado?

Él siguió mirándome mientras comía.

—Ah… Quiero decir, Carol.

—¿Si?

—No… Me sorprendiste, como es habitual últimamente, pero… ¿no estás enojada conmigo?

Y así como así.

Sentí algo parecido a temor surgir cuando me lo pregunto.

| Índice |

2 thoughts on “Joven esposa del Capitán (de 62 años) – Capítulo 39: Cambio de corazón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *