La Princesa derriba banderas – Capítulo 90: La angustia de la princesa reencarnada (1)

Traducido por Ichigo

Editado por Sakuya

La leña crepitaba bajo las danzantes llamas.

Miré suavemente el fuego que iluminaba el interior de la casa. El olor del polvo y la humedad me golpeó la nariz, recordatorio de que había llovido hace algún tiempo.

Las ventanas y la puerta de madera estaban bien cerradas, haciendo que sea imposible ver al exterior. Mirando hacia arriba, pude notar que algunas partes del techo estaban delgadas y secas, quizá se encontraban al borde del colapso. Un pequeño hueco me permitió ver los densos árboles de arriba, aun así, no pude percibir el cielo. Un pájaro se agarró a una diminuta rama, dio un pequeño grito, e inclinó adorablemente su pequeña cabeza.

Estaba atrapada en una casa abandonada dentro del bosque.

Si tuviera que juzgarla sólo por el exterior, me sorprendería de que está construcción siguiera en pie. Sin embargo, el interior era inesperadamente hermoso. Parecía que el Clan Kua utilizaba a menudo este lugar para misiones de exploración.

“Marie”. Cuando mi nombre fue pronunciado, algo se me puso adelante.

Pan y carne asada. Olía bien a pesar de su aspecto duro, sin embargo, dudé en aceptarlo.

—¿No vas a comer? —El hombre que se sentó a mi lado me miró con curiosidad mientras me ofrecía pan.

Por un momento, mi mente se alejó mientras apreciaba la forma en que inclinó la cabeza. Al final, acepté su oferta. Entonces me dedicó su habitual risa peculiar.

Me pregunto si me estoy volviendo loca. No, no puede ser. No debería haber ninguna razón para que mi cordura esté decayendo. Por favor, contrólate, sentido común. No te dejes influenciar tan fácilmente.

Después de decir “¡Gracias por la comida!” me llené la cara de comida. Estaba muy duro, como se esperaba de algo que había sido conservado. Pensé que mis dientes iban a romperse.

Mordí y arranqué pequeños mordiscos de pan y me esforcé por masticar. No estaba tan lejos de ser un entrenamiento para los músculos de mi mandíbula.

—Siento que hayas tenido que comer una comida como esta. Si nos alejamos un poco más del pueblo, podremos ir a comprar comida adecuada —sonrió irónicamente mientras me veía luchar por tragar.

Sabía que había más motivos para dejar el pueblo atrás, que solo “comprar”. Era para despistar a cualquier perseguidor que pudiera venir por mí.

El hombre que me arrastró, Wolf, sonrió sin decir nada mientras observaba mis reacciones. Aunque levantó las cejas como si estuviera profundamente preocupado.

Había muchas cosas que quería decir, pero ¿cómo podría decirlas después de ver esa cara? No tenía palabras. En primer lugar, ¿por qué me secuestró?

No había forma de que lo hiciera por dinero.

Esa no sería ni siquiera una buena suposición, considerando la personalidad de Wolf. Además, la tasa de éxito sería muy baja. Como soy una princesa, los riesgos serían demasiado altos para pedir un simple rescate.

Dicho esto, yo tampoco me valoraba demasiado.

Tenía los conocimientos del juego, y aunque era posible predecir ciertos acontecimientos, sólo Sir Leonhart los conocía. No sólo eso, sino que ahora había claras lagunas en el mundo actual y en el escenario original del juego. En este momento, mi información no sería muy útil.

Otra posibilidad era para agitar el violento conflicto entre los países vecinos. Durante mucho tiempo, Raptor había albergado intenciones maliciosas de socavar la relación entre Flamme y Nabel. Pero como Wolf era miembro del Clan Kua sin señor, dudaba mucho que fuera así.

No se me ocurrió ninguna buena razón…

Sería más fácil adivinar sus motivos si mi disfraz fuera cierto; una hija rica de una casa de comerciantes. Eso habría sido un gran incentivo para el secuestro. Sería mucho más complicado secuestrar a una princesa.

—Marie.

Levanté mi cara cuando me llamó. Mi frente recibió un ligero golpe con su dedo, justo entre las cejas.

—Deja ya de fruncir el ceño. Estás arruinando tu linda cara —susurró bajo con risa.

Gemí de dolor mientras froté donde me golpeó.

—¿Y de quién es la culpa…? —Lo miré de reojo, mientras sostenía mi frente.

—Mía, obviamente.

Me vi obligada a tragarme mis palabras debido a su inesperada respuesta.

Después de unos momentos de vacilación, hice la pregunta candente que se me había quedado grabada en la mente.

—¿Por qué fuiste a secuestrarme…? Soy una princesa en pleno derecho, ¿sabes? —No podía creerlo, pero para mí sorpresa, Wolf apartó la mirada.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué? Te das cuenta de que no te saldrás con la tuya con la excusa de que esto es una simple broma, ¿verdad?

—En el peor de los escenarios, probablemente me cortaran la cabeza.

Me molestaba muchísimo que pudiera decir esa clase de cosas tan tranquilo.

Si sabías eso, entonces, ¿por qué demonios me secuestraste?

El Clan Kua, incluyendo al propio Wolf, eran los tesoros más valiosos de la sociedad. Eran individuos muy trabajadores, complementados por su vasto conocimiento en la medicina que tenía el potencial de salvar incontables vidas. No había forma de que pudiera dejarle morir de una manera tan insignificante.

—No ofreciste mucha batalla, ¿tengo razón? No podría haber escapado contigo si alguien hubiera sabido lo que estabas haciendo. Pero como no querías que me ensuciara las manos, salimos sin que nadie se diera cuenta. Eres una persona muy amable.

Me mordí el labio al escuchar las palabras que no quería oír.

Cuando me sacaron de la ciudad y me llevaron por los bosques, hubo muchas posibilidades de que llamara y pidiera ayuda, pero eso hubiera significado reconocer mi posición como “secuestrada”. No quería que Wolf se convirtiera en un criminal, así que me dije a mí misma que me quedaría callada.

Al hacerlo, sabía que había preocupado a muchos y les había causado muchos problemas, pero no era capaz de tomar una decisión. Seguía siendo una niña indecisa, incluso después de todo lo que había pasado.

—Todavía podemos volver atrás en el tiempo. Por favor, escúchame antes de que sea demasiado tarde —declaré, al escucharme, sus ojos se abrieron de par en par, sorprendido.

Frunció el ceño exhausto, antes de darse una palmada en las mejillas con las manos. Luego, me miró como si estuviera observando a una niña que se comportaba mal y sonrió ligeramente.

—No puede ser. Si me rindiera tan fácil, no estaría secuestrando a una princesa en primer lugar.

—¿Por qué? ¡La verdad es que no tengo ningún valor! ¡Solo soy una chica cuyo verdadero uso es presumir su sangre real!

—Por supuesto que tienes tu valor.

Quise replicar, pero me detuve después de ver la mirada seria en su rostro.

—Un valor tan inmenso que ni siquiera tú misma te das cuenta.

Sus ojos eran aterradores. Sentí que podían ver a través de mí. Con esa visión impresionante, una vez más, me quedé sin palabras.

Las gotas de lluvia, llevadas por el viento, se deslizaron a través de los huecos del techo y cayeron al suelo. Sólo la lluvia y el crepitar de la leña se podían oír en esta tranquila habitación.

—Hay innumerables privilegiados en este mundo. La mayoría de ellos siempre se han metido en sus propios intereses, aunque no son malas personas en sí. Pero, a diferencia de ti, los ricos que arriesgarían sus vidas para salvar a su propia gente son, en cualquier caso, pocos y distantes entre sí. De hecho, no conozco a ningún tonto más que a ti.

—¿Un tonto…? —murmuré, miserablemente.

Sabía que tenía razón y no podía contrarrestar sus palabras. Tal vez lo dijo como un cumplido. No, probablemente estaba escuchando las cosas después de todo.

Sentí un escalofrío que se me subió por la columna vertebral.

No era una molestia normal. Creo que me inquietaba el hecho de no poder cumplir las expectativas de todos, y mucho menos las mías.

Puede que no sepa lo que Wolf me estaba pidiendo, pero sentí que detrás de sus palabras, había un deseo que necesitaba cumplir. Mis pensamientos estaban atados por sus esperanzas, como una bola de hierro atada a mi tobillo.

—Me das demasiado crédito. Hay mucha gente maravillosa aparte de mí.

—Entonces, dime, ¿cuántos reales estarían desesperados por sus subordinados? ¿Cuántos pueden realmente bajar la cabeza hacia los plebeyos?

—Wolf…

Me agarró la mano y me miró de frente. Con un agarre del que no me dejaba escapar, fijó su mirada en la mía.

—Debes aprender tu propio valor.

Mi voz temblaba junto con mi cuerpo.

No podía respirar muy bien y me mareé un poco. Incluso entonces, él todavía trataba de hablarme, sabiendo muy bien que no podía huir.

—Marie, yo…

Pero de repente se detuvo. Después de un silencio fugaz, se alejó de mí.

Algo golpeó el suelo donde estaba el cuerpo de Wolf hace unos momentos. Era un cuchillo largo y delgado.

—¡Un arma oculta…!

Wolf chasqueó su lengua y sacó un cuchillo de su cinturón.

Me quedé confundida mientras escuchaba el sonido de los pájaros volando a lo lejos.

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