Mi prometido ama a mi hermana – Arco 7 – Capítulo 3

Traducido por Kavaalin

Editado por Lucy


—No importa el tiempo que pase, no cambias. Tu rostro todavía luce como el de un niño.

El indicio que me hizo darme cuenta de la anormalidad fue algo sumamente trivial. Sucedió cuando fui de compras al mercado porque Emma había dicho que quería comer algo de fruta. La propietaria del puesto dijo la frase mientras me miraba a la cara. Cuando agaché la cabeza y pregunté ¿de verdad? ella asintió fuertemente varias veces, sí, así es. Era un puesto que visitaba con frecuencia. Antes de darme cuenta, me di cuenta de que había estado yendo ahí durante tanto tiempo que ahora me llamaban cliente frecuente. Al principio actuaron con bastante reserva frente a mí, ya que podían saber con un sólo vistazo que era un noble, pero después de verme tantas veces se terminaron acostumbrando. Durante el tiempo  en que las cosas aún eran incómodas, sólo sonreía. Ahora, conocía a la mayoría de los comerciantes y me llevaba tan bien con ellos que siempre intercambiábamos al menos un par de palabras, incluso si no me encontraba allí para comprar.

Cuando aquellas palabras sin maldad llegaron a mis días ordinarios, no pude evitar abrir mis ojos por la conmoción.

—Tienes el mismo rostro que hace años —dijo la comerciante mientras reía. Tocando mis mejillas con sus manos, mencionó que mi rostro era demasiado infantil. Seguidamente, se burló, con una apariencia tan juvenil, ¿no es difícil para su esposa? Una mujer siempre quiere aparentar ser joven, pero es su esposo es el que parece menor.

—Bueno, su esposa también es muy hermosa, ¡pero usted no pierde ante ella!

Las palabras que salían de su risueña boca resonaban en la profundidad de mis oídos. Mi cuerpo se sacudió fuertemente. A pesar de que era la misma conversación frívola que de costumbre. ¿Era imaginación mía que sonara diferente?

—¿Qué sucedió? Te has puesto pálido.

La vendedora me miraba preocupada mientras fruncía el ceño. Voltee el rostro para evadir su mirada, pero sólo mi voz aparentaba tranquilidad. Me agarré el pecho, intentando calmar mis latidos frenéticos y traté desesperadamente de sonreír. No recuerdo qué dije ni qué me respondió la vendedora. Sin embargo, seguramente solté algunas palabras de despedida antes de irme del lugar. Me aseguré de dar cada paso a consciencia, pisando firmemente en el suelo, para equilibrar mi cuerpo inestable. Pero eventualmente llegó un momento en que ya no pude seguir soportándolo y me eché a correr. Subí al carruaje que estaba esperándome cerca del mercado y respiraré profundamente mientras escuchaba el sonido de mi corazón latiendo cada vez más fuerte. Las palabras no importa cuánto tiempo pase, usted no cambia seguían repitiéndose dentro de mi mente.

—No puede ser algo tan absurdo…

Cuando traté de convencerme a mí mismo, mi voz tembló involuntariamente. Mis dedos habían perdido su color y se sentían fríos a pesar de que no estábamos en invierno. Me hundí en mi asiento y encorvé la espalda, abrazando mi cuerpo. Sentí que me desmoronaría si no lo hacía. Escuché al cochero preguntar si estaba bien que partiéramos de inmediato, pero fui incapaz de responderle.

Los recuerdos de mi infancia surgieron dentro en mi cabeza. Sí. Recuerdos del día que mi padre me lanzó aquel hechizo desconocido. Del conjuro y los símbolos utilizados para invocar la magia que había llenado completamente la habitación cerrada firmemente. Incluso ahora, algunos de ellos todavía seguían grabados en mis retinas. Nunca podría olvidar eso, aun si así lo quisiera. Debido a lo traumático que había sido, quería olvidarlo lo más rápido posible. Sin embargo, era imposible.

Por lo tanto, los siguientes años… los pasé tratando de determinar qué demonios era el hechizo que mi padre había intentado conjurar. Emma lucía bastante preocupada al verme tan inmerso en mi investigación. Trayendo conmigo pilas y más pilas de libros desde la biblioteca, me aislé en mi habitación y mi aspecto se vio afectado. A pesar de que ella no dijera nada para detenerme, estaba seguro de que se encontraba preocupada por mí. Quizás no sea el más indicado para decir esto, pero en esa época debí verme bastante espeluznante. Cada  día que gastaba tratando de clarificar el cubo mágico de mi padre… me estremecía, como si fuera asaltado por un mal presentimiento.

Aun así, me sentía un tranquilo porque estaba convencido de que el hechizo de mi padre había fallado.

No vislumbraba el más mínimo cambio en mi cuerpo después de haber recibido el encantamiento. Pensaba que esa era prueba de que había fallado. Por  supuesto después de que el encantamiento fuera conjurado, había pasado un tiempo postrado en cama y unos extraños símbolos habían aparecido en mi piel, pero eso nunca más volvió a suceder. Por el contrario, no volví a enfermarme ni una sola vez. Me había convertido en la viva imagen de la salud.

No obstante, esas palabras que me dijeron en el mercado… destrozaron mi confianza. ¿Y si había sido un éxito? Esa duda gobernaba mi mente. En apariencia lucía más joven de lo que realmente era. Mi altura, que debería haberse disparado, se mantuvo baja. La apariencia y la altura eran hereditarias y, cuando pensaba en mis padres y abuelos, parecía que yo era el único diferente. Si se pensaba tranquilamente, en mi cuerpo, que había aceptado el hechizo de mi padre, ciertamente se había producido una transformación. Un cambio donde nada sería diferente. Pensando en ello, para un mago tan bueno como mi padre, ¿no eran mayores las posibilidades de éxito? En ese caso, yo…

—Santo cielo… Por Dios, cómo pudiste, cómo pudiste hacerme eso…

Reprimí desesperadamente el impulso de gritar. Me tragué las palabras que quería escupir. El nudo que se había formado en mi garganta era doloroso. Cerré fuertemente los ojos a la vez que mis dientes castañeaban y me temblaban los labios. Intenté obligarme a recordar el cuadrado mágico de mi padre.

El conjuro que mi padre había intentado lanzar en ese entonces era… la magia de juventud perpetua y vida eterna, el llamado hechizo de inmortalidad.

No había pasado mucho tiempo desde que había podido obtener clara evidencia al respecto. Cuando estaba ayudando a un famoso mago con su investigación, tuve la oportunidad de echarle un vistazo a la colección de libros que guardaba el reino. Tenían almacenadas magias que permanecían incompletas debido a su complejidad y un arte prohibido que no debería investigarse. En esa colección confidencial, se encontraba guardado parte de un hechizo que ninguna persona ordinaria soñaría siquiera con cruzarse. Como estaba incompleto, sólo una parte se encontraba escrita. Pero yo conocía ese hechizo y esos símbolos.

El cuadrado mágico de mi padre se encontraba grabado en mi memoria. Era el mismo que el que estaba escrito allí.

Hice mi propia investigación durante varios años y, utilizando tanto los libros restantes en el estudio de mi padre como los símbolos escritos en la colección confidencial, llegué a la conclusión de que sin duda estaba a punto de completar el hechizo relacionado con la inmortalidad. Se decía que la hechicería de la vida eterna era una teoría vacía. Y el hechizo de la juventud perpetua era tratado como un arte técnicamente alcanzable pero prohibido. Al combinar estos dos hechizos, mi padre había completado una hechicería que se decía era imposible. Entonces, no fue difícil llegar a la conclusión que había utilizado a su propio hijo para los experimentos.

Al principio, cuando me di cuenta de esto, reí con desprecio. Quizás había sido un mago inigualable, sin embargo, era un completo tonto. En esos momentos, tenía suficiente compostura para burlarme. Me reí de él porque estaba tan desesperado por terminar su investigación que incluso había usado a su propio hijo como conejillo de indias, pero falló. Incluso me había reído a carcajadas, pero ahora…

—Padre, tú…

Realmente no me amabas en lo más mínimo, mi voz susurró esas palabras, pero se vieron opacadas por el ruido del carruaje que había comenzado a moverse.

♦ ♦ ♦

—Bienvenido de regreso.

Cuando volví a la mansión, Emma me recibió con una sonrisa. Como de costumbre, sus ojos amables se entrecerraban gentilmente. Sus labios estaban ligeramente curvados. Su hermosa nariz era pequeña, pero no demasiado. Observé fijamente su rostro y exhalé lentamente. Sus ojos color ceniza reflejaban el mío. Eso por sí solo era suficiente para hacerme sentir aliviado. Naturalmente, su apariencia no había cambiado. Cuando besé su mejilla, rio y dijo que le había hecho cosquillas.

Cuando vivía con mi padre, la mansión se sentía bastante sombría, pero desde que ella entró en mi vida, la atmósfera había cambiado por completo. Por el bien de esa solitaria y joven chica, los sirvientes comenzaron a decorar el interior con flores. Emma lo notó y, a medida que crecía, comenzó a elegirlas y a preocuparse por el arreglo de los jarrones. Puede que sólo fuera un cambio trivial, pero la influencia que había ejercido en el resto era bastante notoria. Sólo porque la vivienda estaba decorada con flores se había vuelto más brillante y alegre. Tal vez, su misma existencia era parte de la razón por la que todo se había iluminado. Luego de que Emma y yo nos casaramos, ocurrió otro pequeño cambio. Las risas hacían eco dentro de la mansión. Incluso los empleados que generalmente se dedicaban a trabajar en silencio charlaban alegremente con ella. Sin que me diera cuenta, nuestras tensas relaciones se habían reparado después de que fuéramos a la academia. Aunque nos casamos, no es como si hubiéramos hecho algo especial. No reordenamos la casa ni compramos muebles nuevos. Sin embargo, la brisa que soplaba por los pasillos se sentía fresca y estimulante. Las personas podían afectar el lugar donde vivían. Comprendía que tal cosa no podía ser verdad, pero era extraño porque así parecía.

—¿Rya? ¿Qué sucedió?

No sabía si había logrado mantener las apariencias, pero trataba de actuar como siempre. Le dije estoy en casa, comí con ella, le conté lo que había hecho durante el día y reí de vez en cuando. Cuando la conversación se detuvo, fuimos a bañarnos. Luego, una vez más, conversamos por un rato antes de retirarnos a nuestra habitación. Todo se había desarrollado como de costumbre.

—¿Rya?

Emma estaba sentada en la cama. Levantó la vista con preocupación mientras yo permanecía inmóvil en la entrada de la habitación. Cuando llegó a la mansión, yo era el que tenía una figura más grande y alta. Era particularmente visible porque ella era considerablemente más pequeña que otras chicas de su edad, la diferencia en nuestra estatura era muy evidente. ¿Rya? Paso a paso, cerré la distancia entre nosotros. Me miraba con una expresión perpleja y la cabeza inclinada. Toqué sus mejillas. Ella me miraba, aun sentada en la cama. Sus ojos brillantes que parecían reflejar la tenue luz dentro de la habitación lucían hermosos.

—Te has vuelto mucho más alta en comparación con el pasado.

Había crecido un poco más. Así que, inevitablemente, las ocasiones en las que tenía que levantar la cabeza para mirarme habían disminuido. Pero, no era especialmente alta. Por el contrario, su estatura era más pequeña que el promedio. Yo era incluso más pequeño que esta mujer promedio. Hasta ahora me había reído de esto. Incluso si me molestaban por ello, bromeaba y decía que un día crecería.

—Sí, ¿y qué? ¿Qué sucede…? Para que menciones eso después de todo este tiempo.

Ella rio y agarró mi brazo. Apretó mis manos entre las suyas. Solté un suspiro al sentir el calor de Emma a través de sus palmas. Por lo general, sólo con unir mis manos con las suyas, mis preocupaciones se iban volando… Eso es lo que siempre sucedía, sin embargo…

—Emma, ¿sabes? Quiero una familia.

Sus dedos se estremecieron ligeramente. Seguidamente, con los ojos bien abiertos debido a la repentina revelación, Emma respondió sí e hizo una expresión muy feliz. Siempre lo he sabido. De hecho, habíamos hecho un juramento. Que creariamos una familia animada, con muchos niños. Puede que fuera porque ambos habíamos perdido a nuestras familias. Queríamos formar una, criar a nuestros hijos y vivir felices. Aunque habíamos prometido crear un futuro tan natural y banal, sentía un fuerte anhelo como si me estuviera muriendo de hambre. Si la felicidad pudiera tomar forma, entonces seguramente me atrevería a decir que tomaría la forma de esos días que pasé junto a ella. Ahora, sin importar cuántos años pasarán, esos días nunca se desvanecerían de mi memoria. Incluso esos sucesos insignificantes que parecían ser algo que eventualmente olvidarías, eran muy preciados para mí.

Por eso me veía incapaz de soltar esas manos a las que me aferraba con fuerza…

—Rya. Estoy segura de que formaremos una familia maravillosa.

La abracé mientras ella reía tímidamente. No quería que se diera cuenta del conflicto en mi interior, pero no pude evitar abrazarla. ¿Por qué estás tan tenso? Emma susurró en mi oído. Su suave voz contenía un poco de risa. Era la voz que siempre me había apoyado. Sin embargo, escucharla ahora hacía que mi corazón se estremeciera inevitablemente y parecía que mis piernas cederían en cualquier momento. Con mis dedos temblorosos acaricié suavemente sus hombros. No quería que notara mi inquietud. Pero, por otro lado, estaba pensando en decirle todo si es que se daba cuenta.

—Estás bastante cansado, ¿no?

No podía decir nada ante su amable voz que se preocupaba y simpatizaba conmigo. Como un cobarde, sólo podía tragar saliva y cerrar fuertemente los ojos. Si hablaba ahora, seguramente terminaría llorando. Lo sabía. Era casi seguro que Dios no nos bendeciría con hijos. Si la razón por la que los humanos tenían hijos para perpetuar su descendencia, si había un significado en no dejar que tu sangre se perdiera, en tener un heredero y dejar algo atrás, entonces, yo no debería de necesitarlo.

Si mi deducción era correcta, mi sangre no se perdería. Yo no moriría. Era probablemente lo que significaba el ser inmortal.

—Deberías dormir por ahora.

Cuando escuché a mi esposa decir eso, nos metimos en la cama. Con nuestras manos aún conectadas, nos miramos a los ojos sin decir nada. Sabíamos que ambos estábamos buscando las palabras correctas. Emma parecía perpleja por verme en un estado emocional diferente al habitual, pero al final parecía haber decidido cuidarme. ¿Era el llamado instinto maternal? En nuestra infancia había sido como su padre, su hermano mayor o incluso un veterano en la vida. Pero junto con nuestro crecimiento, nuestras edades mentales parecían haberse invertido. Tal vez ella había pensado que, si se trataba de mí, entonces, pasase lo que pasase, me encontraría bien. Porque en realidad, así es como había sido hasta ahora. Para la mayoría de las cosas.

Si esto fuese lo mismo de siempre, yo también hubiera pensado así. Que probablemente estaría bien. Podía decir, sin dudar, que tenía la posición social, el dinero y el talento para creer eso. Pero parecía que en este mundo existían problemas que excedían nuestra imaginación, problemas que no se podían resolver. Uno de ellos podría ser mi propia existencia. El cuadrado mágico de mi padre había desaparecido hace mucho tiempo, el hechizo grabado en mi cuerpo había sido eliminado de mi carne. En otras palabras, no sería capaz de dibujar el mismo cuadrado mágico que mi padre. Por eso no existía ningún método para romper esta magia. No conocía ningún hechizo que pudiera contrarrestarla. Además, no había ningún mago que pudiera romperla. Lo que significaba que, por ironía del destino, esta magia había sido completada con la muerte de mi padre. Debido a su muerte, la clave para deshacer este hechizo había sido eternamente enterrada. En resumen, el hechizo se había vuelto eterno. ¿No era eso a lo que mi padre había estado apuntando todo este tiempo?

Una vida eterna. Una esperanza de vida que nunca terminaría.

—Incluso si es una canción de cuna, ¿quieres que te cante algo?

¿Me había preguntado eso porque se había cansado de esperar a que me durmiera? Apuesto a que tenía la intención de decirlo como una broma. Pero cuando asentí, Emma mostró una expresión de sorpresa. Sólo por unos segundos, una sonrisa irónica se deslizó por sus labios, seguidamente envolvió sus brazos alrededor de mi espalda y comenzó a cantar. Era una melodía con la que no estaba muy familiarizado. Aunque la había cantado varias veces, era un poco diferente de las canciones de cuna que se habían transmitido en este reino desde la antigüedad. Pero extrañamente se sentía nostálgica. Emma había llegado a este lugar después de mucho luchar, viajando desde un lugar muy lejano. Pero nunca le había preguntado por detalles sobre su vida anterior. Tal vez había venido de un lugar aún más alejado de lo que imaginaba. ¿Le preguntó cuándo me despierte mañana? Pero también podría hacerlo ahora, era lo que estaba pensando cuando me di cuenta de que su canto se había detenido y abrí los ojos. Ella se encontraba profundamente dormida y a una distancia lo suficientemente cercana como para que nuestras narices se tocaran. Sentía algo desgarrador al ver su dulce rostro. Mi respiración se entrecortaba.

¿Algún día me dejaría atrás y moriría? ¿Eso significaba que me quedaría completamente solo?

No sería capaz de soportarlo. Tal cosa, era absolutamente imposible.

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