Por mi culpa mi esposo tiene cabeza de bestia – Epílogo

Traducido por Kiara

Editado por Sharon


Un dulce aroma flotaba en el aire de la habitación.

En el comedor, se servía una bebida marrón muy caliente en la mesa, capaz de sentar a docenas de personas. Todos los presentes fruncieron el ceño frente a lo que se les había presentado.

—¿Y esto es…? —preguntó uno de los magistrados. El tipo principal de té en Baltzar era rojo con un claro y refrescante aroma cítrico. Probablemente nunca habían visto un té con un aroma tan dulce y azucarado en un tono tan oscuro que no se podía ver el fondo de la taza.

Sólo recuerda; si esto concluye sin problemas, podré refugiarme en mi invernadero con mi cubo sobre mi cabeza sin problemas.

Rosemarie estaba de pie en la esquina del comedor, positivamente congelada presa de la ansiedad. Estaba entre dos caballeros de la Segunda Orden, lo que la hacia sentir peor.

—Se llama Saola. Es una bebida típica de Volland, y se dice que tiene propiedades curativas de la fatiga. Sin embargo, aparentemente es difícil de fabricar, y su exportación al extranjero está prohibida. —Todos los que escuchaban con una mirada seria la explicación de Klaudio, sentado en el extremo de la larga mesa, eran personas que se reunieron para juzgar a Rosemarie.

En medio de la demasiado larga lista de crímenes de Kastner que salieron a la luz uno tras otro, hoy se cumplía el tercer día desde la investigación. Y tal vez porque todos querían arreglar las cosas rápidamente, los cargos contra Rosemarie estaban siendo juzgados.

—¿Quiere decirnos que esta chica trajo a nuestro país un artículo cuya exportación está prohibida? —El magistrado con cabeza de tejón miró a Rosemarie, haciéndola temblar de sorpresa.

—Escúchame atentamente, dije que era difícil de fabricar, por tanto es un producto escaso incluso en su país de origen, por lo que sólo se consume en el interior, y en una cantidad lo suficientemente pequeña como para que no permitan su distribución a otras naciones. El rey Volland ha estado enviando un suministro para su hija que ama beberlo —intervino Klaudio, echándole una mirada al magistrado que prácticamente le preguntaba si tenía algún problema. Eso provocó que el hombre se callara, sintiéndose incómodo—. Dejando eso de lado, doctor. Cuando fue convocado a la habitación de la princesa, ¿no estaba este aroma flotando en el aire? Supongo que lo recuerda, ya que es un aroma muy específico.

El médico de mediana edad que estaba sentado frente a Klaudio cerró los ojos, recordando.

—Bueno… Hmm, sí… Recuerdo efectivamente este dulce aroma. También recuerdo el líquido marrón derramado sobre el escritorio. Por eso pensé que usted bebió algo y se desmayó como resultado…

—¿Lo confundió con veneno?

—Sí, señor. —El médico asintió con firmeza con las cejas tensas y Klaudio asintió con la cabeza. Luego extendió la mano a su público, de forma persuasiva.

—Lo escucharon por ustedes mismos. Ese día, había salido del palacio. Simplemente bebí un poco de Saola y me quedé dormido, probablemente debido a mi fatiga durante varios días. La princesa sacó conclusiones desesperadas y llamó al doctor. Si dudan de esto, les imploro a todos que beban el té ante ustedes.

El silencio se hizo presente en la habitación. Todos miraron las tazas del té, sin mover un músculo.

Así es. Podría estar envenenada, así que no hay forma de que beban…que lo haga.

Con un procesamiento mágico que realizó el Archimago Edeltraud, verificaron que el té apenas tenía efectos de robo de magia. Aunque hubiera alguien que tuviera maná aquí, no había riesgo de que fuera robado. A pesar de todo, Rosemarie seguía poniéndose nerviosa.

Rosemarie se decidió e inhaló.

—Lo beberé.

Tan pronto como dijo eso, se acercó al doctor, que era el que estaba sentado más cerca de ella, tomó la copa y la puso contra sus labios.

La amargura única y la ligera acidez se extendió por toda su boca, dejando un sabor agrio. Una sonrisa se dibujó naturalmente en su rostro, y al notar que todos la miraban todavía, rápidamente enderezó esa sonrisa.

—La princesa parece estar bien después de beberlo. —En medio del silencio sofocante, se podía oír el sonido de las tazas chocando con sus platos.

El Capitán de la Segunda Orden puso sus ojos en ella mientras se sentaba cerca del doctor. Su rostro era humano, pero era sin duda el caballero con cabeza de lobo que la tomó en custodia. Levantó lentamente la copa, y sin un solo movimiento en sus cejas, se la llevó a los labios y se la bebió como si no fuera nada.

—Tiene un sabor único. Sin embargo… es bastante agradable. —Los labios del caballero se enroscaron en una leve sonrisa. Rosemarie estaba complacida por dentro.

¡Sí! ¡Le gustó!

Se esforzaba por mantener su cara neutral, pero parecía que la sonrisa anterior se está deslizando sobre sus labios de nuevo. Ella sintió que Klaudio la miraba de lejos, así que una vez más se enderezó.

Los demas se llevaron tímidamente sus tazas a los labios, convencidos después de que el caballero bebiera el té sin problemas. Aunque algunos se mostraron firmes en su negativa a recoger las tazas, eso no había roto ninguna expectativa.

Hubo algunos que hicieron un gesto de dolor al probar el té, y otros que le gustó lo suficiente como para tomar la taza entera, pero la impresión general que comenzó a extenderse fue positiva.

Klaudio aclaró su garganta para llamar la atención de todos.

—Así que, caballeros. ¿Qué pasa con los cargos de la princesa ahora?

♦ ♦ ♦

Su visión estaba nublada por la oscuridad.

Incluso con los ojos abiertos, el área estaba débilmente iluminada. Fue una visión que llenó a Rosemarie con una seria sensación de alivio. El aroma de las rosas fuera de temporada le hacía cosquillas en la nariz, pero el dulce aroma del té Saola le hacía más cosquillas.

—Princesa, ¿volvemos a su habitación? El anochecer ya está sobre nosotros. Vamos, tengo algo de Saola muy caliente listo para usted también. —Heidy le llevó la taza a Rosemarie, pero ella no lo tomó, mas bien permaneció en la misma posición en una esquina del invernadero.

—Lo siento, Heidy. Sólo un poco más. —Esa misma tarde, se emitió un veredicto sobre los cargos de Rosemarie.

Fue absuelta de los cargos de planear el asesinato del príncipe Klaudio, pero debía esta bajo vigilancia. Probablemente todos sabían que ella era inocente de cualquier crimen considerando que Klaudio, la víctima en cuestión, era el que la defendía. Esto significó un final justo para el asunto, sin embargo no sólo se envió a Volland una carta con un informe detallado del incidente, sino también una disculpa firmada por el rey Baltzar y Klaudio.

Su alivio duró poco cuando Rosemarie salió corriendo del comedor. Sus piernas la llevaron al invernadero que le dio Klaudio, donde se puso su cubo directamente sobre su cabeza. La continua exposición a las miradas de los humanos y las bestias por igual la estaba llevando al límite.

—¿Por qué no se han curado mis ojos a pesar de que el mana del príncipe Klaudio ha vuelto a él…?

Tal vez sus ojos permanecerían así por el resto de sus días.

Mientras dejaba escapar un profundo suspiro, su cubo fue arrancado de su cabeza por detrás.

—¡Heidy, por favor, dame ese ba…!

—¿Vuelves a llevar esta cosa en la cabeza? ¿No hace calor? —Cuando se dio la vuelta en la persecución de su cubo robado, encontró al príncipe pareciendo decepcionado.

—No, no es así. No me lo pondré, así que por favor devuélvemelo —suplicó con la mano extendida. Klaudio la miró severamente, pero le devolvió el cubo sin objeciones. Rosemarie lo abrazó con cuidado, calmando sus nervios temblorosos.

—Odio el hecho de que un objeto inanimado me produzca celos.

—¿Eh? ¿Dijiste algo? —Rosemarie inclinó la cabeza, perpleja.

Klaudio se sonrojó ligeramente, sacudió la cabeza para negar haber dicho algo, y le presentó su mano.

—Volvamos a tu habitación. Estoy seguro de que estás cansada. —Ella fue a tomar su mano, vaciló, y entonces dio una sonrisa seca—. ¿Qué pasa?

—Nada. Sólo pensaba en lo mucho que ha cambiado la forma en que me tratas en comparación con momentos después de la boda…

—Sí, en cuanto a eso… lo siento. Me siento absolutamente terrible por dejarte en el pasillo.

—Bueno, también tuve la culpa de eso… Pero, estuve muy feliz de que vinieras a buscarme cuando el Maestro Edel nos engañó.

—Bien, por más enojado y amargado que esté por eso, al final funcionó.

—Aun así, te dejé seguir adelante y beber Saola sin saber que estaba hecho de la Semilla de Sellado de maná.

—Lo hiciste. Pensé que moriría.

 —Lo siento mucho y a pesar de eso, me diste este invernadero y te ocupaste de muchas cosas por mí… que he sido una molestia para ti desde el principio, ¿no es así?

—No. Quiero decir, eso no viene al caso. De todos modos, ¿qué es este repentino viaje por el camino de los recuerdos?

Ella le sonrió a Klaudio mientras la miraba, dudoso. A pesar de recordar todo el drama que compartía con Klaudio, un evento tras otro, se encontró a sí misma poniéndose sentimental.

El temperamento insociable de Klaudio casi se había desvanecido y ella podía ver que él era claramente genuino en cuanto a su cuidado, tal como lo había declarado, pero ese trato también la entristecía.

—¿Cuándo me enviarás de vuelta a Volland?

Klaudio la miró, perplejo, dejando caer su mano extendida.

—¿De qué estás hablando? Tus cargos han sido retirados.

—Sí, pero, creo que el acuerdo era que me quedara aquí hasta que su maná regresara a usted, príncipe Klaudio. —Sus propios ojos no se habían curado, pero ya no había razón para que se quedara aquí si su maná volvía a él—. Ya que su rostro ha vuelto a la normalidad, hay chicas que se casarían con gusto con usted, viendo lo guapo y refinado que es, príncipe Klaudio. Si se queda con una princesa sin adornos y lúgubre como yo, el pueblo de Baltzar estaría en problemas.

Con su cabeza de vuelta a la normalidad, Klaudio era un joven talentoso y agradable. La suerte estaba a su favor, no importaba qué. Aunque, ahora que su actitud había empezado a suavizarse, disfrutaba de las conversaciones que compartían.

Ella fingía no notar el dolor en su corazón cada vez que miraba al príncipe. Klaudio no dijo una palabra, su expresión era severa. ¿Quizás no lo hizo porque iba a decir algo? Había una posibilidad de que ella se le adelantara y él se enfadara.

—Oh, pero, si nuestro divorcio no ocurre inmediatamente, estaré bien con un año de espera. Puedes dejarme en un rincón del castillo hasta entonces. Además, si me permites caminar hasta el invernadero, puedo…

—¡Princesa! ¡Princesa! ¡Silencio! ¡Cierra la boca! —Heidy, por alguna razón pálida, cubrió la boca de Rosemarie con su mano. Casi al mismo tiempo, los hombros de Klaudio temblaron por la risa.

—¿Enviarte de vuelta a Volland? Nunca planeé hacer eso en absoluto —declaró con una voz sin emoción y una sonrisa algo fría. Rosemarie estrechó la mano de Heidy, enfadada.

 —¡Eso no es lo que acordamos! Dijiste que me enviarías de vuelta a casa si tu maná regresaba…

¿Le estaba diciendo que mirara mientras una chica diferente estaba a su lado? Ella no quería ver eso, y sólo imaginarlo la asfixiaba. Incluso si se mantuviera encerrada, no podía evitar imaginarlo. En ese caso, sería mejor para ella preocuparse por eso en Volland.

Rosemarie miró fijamente a Klaudio sin secarse las lágrimas que brotaban de sus ojos. Él parecía claramente pertubado.

—Tú… dijiste que estarías a mi lado si te necesitaba. ¿Fue una mentira?

—No fue una mentira, pero ya no me necesitas, ¿verdad?

—Como si yo pudiera hacer eso. ¿Crees que soy el tipo de hombre que te echaría porque eres inútil después de recuperar mi maná…? No, dije algo similar, ¿verdad? Al menos al principio. —Klaudio comenzó a discutir su punto con enojo, pero tocó su frente como si de repente se diera cuenta.

—Um, no me importa. No es nada de lo que debas preocuparte. Te aseguro que no tienes que molestarte…

—Si no crees que me molesta, ¡estás demente! —Klaudio apartó la mirada, reflexionando como si estuviera luchando un conflicto interno, y luego levantó la cabeza y miró a Rosemarie directamente a los ojos. Su atención estaba fijada en el par de ojos azules intensos—. No necesito una mujer que no me avergüence, del tipo hermosa y agradable. Esa clase de mujer me aburre. De hecho, disfrutaría pasando mi tiempo con cierta llorona, miedosa, con el hábito de esconderse usando un cubo sobre su cabeza y con un comportamiento impulsivo, es decir, tú—. Klaudio lentamente extendió su mano una vez más—. Además tus ojos no se han curado todavía, ¿verdad? ¿Por qué no me dejas curarte esta vez?

Rosemarie fijó su mirada en la mano que tenía delante. ¿Estaba bien que tomara la mano que le ofrecieron? ¿Iba a ser una molestia para Klaudio? En cierto modo, estaba feliz de que él la mantuviera cerca, pero no sabía qué hacer.

—Rosemarie, quédate a mi lado. No, por favor, quédate a mi lado.

Klaudio la llamó por su nombre de forma lastimera, haciendo que su pecho se tensara. No le importaba si eso era lo que él realmente sentía o no. Notando que una parte de ella quería creerle, finalmente tomó una decisión.

—Príncipe Klaudio, yo… —De repente, se detuvo. Dudó de sus propios ojos al ver el reflejo en el vidrio del invernadero detrás de Klaudio actuando como un espejo en el sol poniente.

No… no puede ser…

Rosemarie se paró con los ojos bien abiertos y Heidy vio como todo se desarrollaba con pánico. La cabeza de Klaudio tenía forma humana, o eso creía ella.

El pelo de Klaudio se había vuelto plateado. Rosemarie terminó agarrando su cuello en lugar de su mano.

—¡Tu cara está volviendo a ser como era!

—¿Qué? ¡Eh, tú, criada, ¿cómo se ve mi cara ahora mismo?! —Sorprendido, Klaudio se volvió hacia Heidy. Tal vez atraído por los gritos, Alto, que aparentemente estaba esperando fuera del invernadero, entró corriendo.

—Um, bueno, su pelo es plateado y su piel está cubierta por un pelaje plateado.

—¿Y tú, Alto?

—Señor, veo lo mismo que la buena criada. —La mirada decepcionada de Alto hizo que Klaudio pasara una mano por el flequillo y chasqueara la lengua con una expresión agria.

—Supongo que no había forma de que volviera tan fácilmente…

Rosemarie estaba a punto de decir algo al abatido Klaudio, pero de repente cruzó los ojos con él. Ambos se sonrojaron instantáneamente y se giraron en un instante.

—Apreciaría que olvidarás lo que dije antes.

—Muy bien. Haré como si nunca lo hubieras dicho.

Ahora que había vuelto a sus  sentidos, se sintió completamente avergonzada. No sólo eso, sino que olvidó por completo que Heidy los había estado observando todo el tiempo.

—Volvamos atrás. Vamos a tener que encontrar otra manera de recuperar mi maná a partir de mañana. —Klaudio extendió su mano. Su cara sonriente e irónica estaba todavía un poco roja. Rosemarie puso su mano sobre la de él, suprimiendo su vergüenza.

Admitió que se sentía un poco culpable por lo feliz que estaba de tener una razón para continuar a su lado.

Caminando a través de la puerta que Alto y Heidy les abrieron, Rosemarie miró a Klaudio, quien de repente parecía agotado.

—¿Estás cansado?

—Exhausto.

—Bueno, en ese caso…

—En ese caso, podemos arreglarlo sin mi cabeza en tu regazo, sí —terminó él.

Rosemarie le disparó una mirada, un poco decepcionada por su respuesta. Luego forzó una sonrisa, balanceando el cubo en su otra mano todo el tiempo.

| Índice |

2 thoughts on “Por mi culpa mi esposo tiene cabeza de bestia – Epílogo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *