Resplandeces bajo la luz de la luna – Capítulo 4: Una temporada interminable

Traducido por Lugiia

Editado por Ayanami


Pensé que nunca iría a un parque de diversiones solo por segunda vez, pero aquí estaba.

La mirada que me dirigía la gente ya no me molestaba.

De inmediato, caminé hacia la cola fuera de una montaña rusa.

Era un día entre semana, y el parque de atracciones no estaba tan concurrido.

Le dije al personal que pagaría el precio por dos personas y les pedí que dejaran vacío el asiento a mi lado. Discutieron un poco conmigo, pero les expliqué mis circunstancias de forma educada y honesta, y lo permitieron.

Lentamente, la montaña rusa llegó a la cima. Sentí la misma sensación desagradable a la que todavía no me había acostumbrado. No parecía que, algún día, me fueran a gustar este tipo de paseos.

En un instante, comenzó su descenso en picada y dejé escapar un grito mudo.

♦ ♦ ♦

Querido Okada Takuya,

Me pregunto cómo te sentirás cuando escuches esta grabación de voz. No puedo ni siquiera empezar a imaginarlo. En realidad, quería escribir una carta o grabar un video, pero no tengo la fuerza suficiente, así que es imposible. Hice una grabación de voz porque parecía que todavía podía hablar mientras estaba recostada.

En verdad quería ir a algún lugar contigo, solo nosotros dos, pero pensé que te dolería si lo decía en voz alta. No, me habría dolido más que a ti, así que estaba demasiado asustada para decirlo.

Takuya, quería ir a un parque de atracciones contigo.

♦ ♦ ♦

En ese entonces, estaba trabajando duro en un pequeño objeto.

Esa noche en el hospital, recibí el cuaderno con todas las cosas que Mamizu quería hacer antes de morir. Me dijo que me lo daba porque sería embarazoso que sus padres lo vieran algún día. Cuando volví a casa y lo miré con atención, vi que aún había algunas cosas escritas en él que yo no había hecho. Y una me llamó especialmente la atención.

QUIERO HACER UNA NUEVA BOLA DE NIEVE.

UNA COMO ESTA.

El cuaderno contenía un garabato que representaba una cierta escena de la vida. Era difícil llamarlo artístico, pero era muy consciente de lo que era esa imagen.

Compré arcilla e intenté reproducir la imagen de Mamizu con ella, pero, para empezar, siempre había sido torpe, así que no salió nada bien. Continué usando el ensayo y el error, impulsado por mi deseo de hacerlo realidad.

Fue entonces cuando ocurrió.

A altas horas de la noche, recibí una llamada del señor Makoto.

Hace varios días, el padre de Mamizu dejó de temer a los cobradores y empezó a pasar mucho tiempo con ella en la habitación del hospital. Fue en parte porque la muerte de Mamizu estaba cerca. Y la gran razón por la que temía que los cobradores se dirigieran a la madre de Mamizu era por los honorarios del tratamiento de su hija. Y así, el señor Fukami había empezado a visitar la habitación de Mamizu frecuentemente y, aunque me sentía aliviado, también tenía emociones algo conflictivas. Porque esto también era indicativo de lo cerca que estaba la muerte de Mamizu.

—Mamizu dice que quiere verte por última vez —dijo el señor Fukami al otro lado del teléfono.

Me subí rápidamente a un taxi y fui al hospital.

Pero llegué demasiado tarde.

Cuando entré en el hospital, Mamizu había muerto.

Mientras me acercaba a la habitación, noté que realmente colocaban paños blancos sobre las personas cuando mueren. Me pareció algo idiota que eso fuera lo primero que pensé.

—Estaba consciente hasta hace un momento —dijo el padre de Mamizu con una voz dolorida.

—Bueno, hablé mucho con ella mientras estaba viva —logré decir a duras penas.

Les pedí a sus padres que me mostraran el rostro de Mamizu.

Ella sonreía.

Pensé que era increíble. Quizás, mis ojos estaban mirando una ilusión óptica, pero su rostro lucía pacífico.

—Mamizu me dijo que te diera esto, Takuya. —El señor Fukami me entregó una grabadora de voz con una expresión algo complicada—. ¿De hace unos diez días, tal vez? Parecía que estaba grabándola poco a poco. Dijo que quería que la escucharas.

No sabía nada de esto. No recordaba haberla visto usando esta grabadora delante de mí.

Me despedí de los padres de Mamizu, y luego dejé la habitación del hospital.

Eran más de las tres de la mañana. Incluso en la carretera frente al hospital, casi no pasaban coches.

Mi casa está un poco lejos de aquí; normalmente, me llevaba más o menos una hora y media llegar allí desde el hospital, pero quería caminar hasta mi casa, así que lo hice. Probablemente, sería de mañana y el sol empezaría a brillar en la carretera mientras lo hacía.

Casi no había coches en la carretera principal. La idea se me ocurrió de repente, así que salí corriendo, justo al centro de la carretera.

En la autopista de cuatro carriles, que normalmente tendría una enorme cantidad de coches yendo y viniendo, solo estaba yo.

Así de fácil, seguí caminando por el centro de la carretera principal con pasos anchos.

Sostuve la grabadora de voz, conecté los auriculares que Mamizu me había regalado una vez, e intenté escuchar su voz.

Extrañamente, no salieron lágrimas. En un estado mental vacío, pensé que podría ser demasiado pronto para llorar.

♦ ♦ ♦

Ahora bien, en realidad me quedan varias «cosas que quiero hacer antes de morir». Dejar esta grabación de voz era una de ellas. ¿Lo encuentras molesto? Incluso si lo haces, por favor, escucha con atención. Creo que las anunciaré ahora. ¡Ta-dah! Esta es la primera petición. Cuando muera, por favor, cremen mi cuerpo por la noche.

♦ ♦ ♦

Después de escuchar hasta aquí, llamé rápidamente al señor Fukami y le expliqué la situación.

¿Por qué me decía eso a mí en vez de a su familia?

Tal vez… Mamizu quería que entrara en pánico, o tal vez le daba un poco de vergüenza explicarle a su familia el libro «Un rayo de luz» de Shizusawa Sou.

Mucha gente vino al funeral de Mamizu. Mi mente estaba despejada. Los compañeros de clase, que normalmente ni siquiera veo, estaban allí, llorando a gritos.

Sin embargo, yo todavía no había llorado.

—Okada, ¿eras cercano a Watarase? —me preguntó uno de mis compañeros de clase con curiosidad, después de haberme visto hablar íntimamente con los padres de Mamizu.

—Ella era mi novia.

—¡¿Qué?! —exclamaron mis compañeros de clase, sorprendidos.

—Están siendo muy ruidosos —dije.

♦ ♦ ♦

Por favor, asegúrate de asistir a mi funeral. Tengo la sensación de que te saltarías ese tipo de cosas, Takuya.

Y, por favor, dile a todo el mundo que yo era tu novia. Espera, soy tu novia, ¿verdad? Nunca lo confirmamos con palabras, así que no tengo mucha confianza para decir que lo soy.

Si no pensaste así, entonces, por favor, hazme tu novia ahora. Porque quiero que le muestres a todos que incluso esta pobre chica, que murió prematuramente, tenía un novio maravilloso. Y quiero que demuestres que tuviste una linda novia como yo, Takuya.

♦ ♦ ♦

Por supuesto, el crematorio no estaba normalmente abierto por la noche, pero, aparentemente, recibían este tipo de solicitudes de vez en cuando. Los pacientes con la enfermedad de la luminiscencia a veces escribían en sus testamentos que querían que sus restos fueran cremados por la noche. Y así, hicieron una excepción.

Por lo general, sólo los parientes cercanos podían asistir a la cremación, pero invité a Kayama y fuimos juntos. Por supuesto, el señor Makoto permitió que estuviera presente.

Nos fuimos en algún momento durante los preparativos y, en lugar de quedarnos a recoger las cenizas de Mamizu, subimos una colina que tendría una vista clara de la columna de humo de la cremación.

En general, la zona estaba tranquila pero, de vez en cuando, oíamos coches pasando por una carretera muy lejana en algún lugar.

Y entonces, comenzó la cremación de Mamizu.

En el cielo, había luna llena.

El cuerpo de Mamizu se quemó, convirtiéndose en una columna de humo que bailaba en el aire. Había una luz tenue rodeando ese humo blanco pálido.

Iluminado por la luna, el humo se convirtió en un rayo de luz que subió a los cielos.

Con el cielo nocturno sin nubes de fondo, el humo del cuerpo de Mamizu brillaba con una luz tenue.

Los días que había pasado con ella hasta ahora, pasaron por mi mente y desaparecieron de nuevo a una velocidad increíble.

Ese humo era el cuerpo de Mamizu.

Me era imposible creer que esta escena estuviera sucediendo en la realidad.

Tal vez, fue una impresión imprudente, pero… esa luz era mucho más hermosa que cualquier aurora brillante o arco iris centelleante. Era tan hermosa que me provocaba escalofríos por todo el cuerpo.

Viendo que esa luz se disolvía en el cielo nocturno, tomé una decisión.

Decidí que nunca olvidaría esta escena por el resto de mi vida.

Unos momentos después, se me ocurrió algo que no tenía sentido. Quería mostrarle a Mamizu esta vista.

—Es más hermosa de lo que pensé que sería —dijo Kayama, dando su simple impresión.

—Es más hermosa que «Un rayo de luz» —dije.

Los dos fumamos juntos. Nos quedamos allí, casi siempre en silencio, hasta que la luz se fue. No queríamos hablar. En la vida, uno se encuentra con situaciones en las que es mejor no hablar. Esta era una de esas.

Después de eso, decidimos volver a casa.

Kayama había venido en su bicicleta, así que decidimos volver a casa juntos.

♦ ♦ ♦

Por favor, haz muchos amigos. Al final, no tenía a nadie a quien pudiera llamar un amigo cercano. Quería amigos. Por favor, haz muchos amigos en mi lugar, Takuya.

♦ ♦ ♦

Mi casa se encuentra bastante lejos de la de Kayama. A pesar de eso, me llevó muy cerca de la mía. Le di las gracias y me bajé de la bicicleta.

—Nos vemos luego —dijo Kayama brevemente, luego dio una vuelta en U y se fue a la distancia. Ese era el tipo de hombre que era.

Mientras pensaba eso, Kayama se dio vuelta de repente. Probablemente, era la primera vez que daba la vuelta mientras nos separábamos. Por instinto, me preparé para algo, pero él no dijo nada más. Pensé que, tal vez, estaba tratando de decir algo, pero no podía decirlo.

—¡Oye, Kayama! —grité, habiéndome vuelto impaciente. ¿Qué había que decir después de hacer el esfuerzo de estar a docenas de metros de distancia? ¿Qué era lo que no se podía decir a una distancia normal? Pensé en esto y luego dije—: Somos amigos, ¿verdad?

Kayama me miró sin expresión. Sus ojos parecían estar mirándome fijamente.

—Por supuesto que lo somos —respondió. Luego de un corto silencio, añadió—: ¡No preguntes cosas embarazosas como esas!

Kayama se rió y empezó a pedalear de nuevo. Mientras pedaleaba, estaba parado sobre la bicicleta.

No se volvió a dar la vuelta.

♦ ♦ ♦

Ahora que lo pienso, ¿Kamenosuke está bien? Asegúrate de alimentarlo adecuadamente. Déjale vivir una larga vida. Por favor, dale tu amor y mímalo.

♦ ♦ ♦

Hace poco, me di cuenta de que Kamenosuke era todo un delincuente.

Se escapaba con frecuencia.

De alguna manera, se arrastraba fuera del tanque de agua sin que yo lo supiera y caminaba por todo tipo de lugares dentro de la casa. Cada vez que ocurría, mi madre y yo armábamos un gran alboroto para encontrarlo. Le gustaba especialmente el baño.

—Me pregunto si quiere volver al océano —dijo mi madre, como si la idea se le hubiera ocurrido de repente.

—Hubo una persona que dijo algo similar.

—¿Debería ir por el coche? —sugirió ella, expresando otra de sus ideas.

Al final, acepté su sugerencia, y los dos fuimos con la tortuga al garaje.

—Hace tiempo que no salimos juntos, ¿no? Tal vez, no hemos hecho esto desde que Meiko murió —dijo mi madre.

—Bueno, es inusual salir con tu madre cuando tienes mi edad.

Todavía era invierno, así que hacía frío, pero el cielo estaba despejado. Llegamos a la misma playa a la que había llegado una vez. No había muchas playas cerca, así que no se podía evitar.

Mi madre había traído una estera de playa. La puso sobre la arena y nos sentamos en ella. Luego, sacamos a Kamenosuke de su tanque y lo dejamos caminar por la arena. Se veía algo enérgico mientras empezaba a alejarse con pasos tranquilos.

—Takuya, fuiste al funeral de una compañera de clase hace poco, ¿no? —preguntó mi madre.

—Sí.

Todavía no le había contado sobre Mamizu en detalle. En parte, porque estaba avergonzado, pero también porque sería difícil poner en orden todos los acontecimientos y contárselo adecuadamente.

—¿Era alguien que conocías?

—Sí…

—Ya veo.

Mi madre no preguntó nada más. Eso fue un poco inesperado.

—Mamá…

—¿Hmm?

—Sabes, realmente amaba a Meiko —dije.

Mi madre me miró, sonriendo.

—Lo sé —dijo en voz baja.

—No soy una persona fría. —Sentí que mi voz empezaba a temblar. Intenté desesperadamente evitar que eso sucediera.

Pero era imposible.

Era extraño.

Las lágrimas salían y no se detenían.

No sabía por qué no había sido capaz de llorar en el momento adecuado, y en cambio terminé llorando en un momento completamente distinto.

—Lo sé, Takuya —dijo mi madre, acariciando mi cabeza.

Me quedé allí, dejando que me consolara.

Después de eso, ella se levantó de repente y puso sus manos cerca de su boca, en forma de megáfono, y soltó un grito sin previo aviso.

No pude evitar sorprenderme. No era solo yo; Kamenosuke, que había estado caminando hacia el mar, se dio la vuelta sorprendido.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—No es nada. —Solo se podía escuchar el sonido de las olas y oler el aroma de la arena húmeda—. ¿Nos vamos a casa? —dijo mi madre primero.

Miré a Kamenosuke, que continuaba sus pequeños pasos, mojándose con el agua del mar.

—¿Dejamos a Kamenosuke aquí? —sugerí.

—Takuya. No digas esas tonterías.

—Estaba bromeando.

Recuperamos a Kamenosuke y nos subimos al coche.

—Pasemos por la ferretería de camino —le pedí a mi madre en el viaje de regreso.

—¿Para qué? —preguntó.

—Estoy pensando en ayudar a Kamenosuke a conseguir una novia —dije, mirando el tanque de agua que estaba detrás de mí.

Kamenosuke me miró con curiosidad.

♦ ♦ ♦

Quiero casarme y, si es posible, tener tres hijos. Me gustaría que fueran mujeres, pero los chicos también son lindos, ¿verdad? No me importa si es pequeña, pero quiero una casa familiar con jardín. Aunque dicen que un «hogar» es donde el sentimiento va creciendo con el tiempo. Por ello, creo que sería feliz con cualquier cosa.

Nunca había pensado en estas cosas hasta ahora. Quiero decir, eso es obvio, ¿no? No hay forma en que una persona que solo deseaba nunca haber nacido piense en querer tener hijos, ¿verdad? Sin embargo, pienso en ello ahora.

♦ ♦ ♦

Después de un tiempo, las vacaciones de invierno terminaron y hubo algunas noticias al comienzo del nuevo año.

La profesora Yoshie se había casado, y renunciaría al final del año escolar.

Según los rumores, había encontrado a su pareja a través de una entrevista de matrimonio. Había estado saliendo con Kayama hasta hace medio año, así que estaba un poco sorprendido por lo rápido que había sucedido.

Por otro lado, parecía que Kayama no estaba realmente tan sorprendido.

—Es un empleado regular de una compañía, pero cuando vi la foto que está circulando por ahí, era tan feo que quise reírme —dijo.

¿Quién pasó una foto como esa por ahí…?

Sin embargo, cuando miré la foto que Kayama me envió, vi que el hombre tenía una calva brillante, parecida a un Nurarihyon[1] del folclore.

Un día, poco después de eso, cuando el primer período era la clase de lengua nacional de la profesora Yoshie, entré en el aula por la mañana para ver que alguien había garabateado en el pizarrón.

 YOSHIE, FELICITACIONES POR TU MATRIMONIO.

Junto a esas palabras, había un retrato de ese hombre Nurarihyon y un corazón dibujado con tiza.

La profesora entró, vio esto y rápidamente comenzó a borrar el pizarrón, luciendo avergonzada.

—¡Oigan, de quién es esta broma! —exclamó, pero no pareció disgustarle del todo; se veía un poco feliz.

Sabía que solo había una persona en la clase que haría una broma tan estúpida, y ella, probablemente, también lo sabía.

—Eres sorprendentemente bueno dibujando —le dije a Kayama.

—¿De qué estás hablando? —preguntó, haciéndose el tonto con una expresión de inocencia fingida.

Sin embargo, no pude dejar de notar el polvo de tiza en las mangas de su uniforme, pero, al final, lo dejé pasar y fingí que no lo había visto.

♦ ♦ ♦

Tenía muchas cosas que quería hacer por y para ti. Solo te mandé a hacer las cosas que quería, y no fui capaz de hacer nada por ti, ¿verdad, Takuya? Siento haber sido una mala novia.

Pero sería bueno que encuentres a alguien lo antes posible. Los hombres no pueden estar siempre preocupados por sus ex-novias. Aun así… está bien si me recuerdas de vez en cuando también, ¿de acuerdo?

♦ ♦ ♦

Solo una vez, vi a mi superior Riko.

Un domingo, cuando estaba caminando cerca del Maid Café, la vi en el sendero al otro lado de la carretera.

Ella estaba caminando con un tipo alto, unidos de los brazos.

Pensé en gritarle, pero, al final, decidí no hacerlo.

Esa escena, de alguna manera, me pareció muy feliz. Ella tenía una amplia sonrisa en su rostro mientras entablaba una animada conversación con el tipo. No quería romper esa escena.

Quería que ese momento durara para siempre. Deseaba que así fuera. Y entonces, me sentí un poco celoso.

Después de eso, nunca volví a verla de nuevo.

♦ ♦ ♦

Pasó el Día 49[2] y, medio año después, visité la tumba de Mamizu. El señor Makoto me había invitado a ir a visitar la tumba con él. Al principio, pensé en ir y visitarla en secreto más tarde, porque me sentía un poco avergonzado por varias cosas.

Sin embargo, sentí que, si lo hacía, no sería diferente de mi antiguo yo.

«Cuando los que amamos mueren,

debemos suicidarnos.»

Ese poema, el que escribió Nakahara Chuuya, en realidad tenía más líneas después de eso.

En aquel entonces, no lo había leído bien hasta el final, pero cuando lo volví a leer el otro día, había algo más escrito allí.

Continuaba así:

«Pero si seguimos adelante,

más allá de la redención,

vamos a estrechar las manos a buen ritmo.»

Me pregunté qué significaba el poema durante un tiempo, y luego me di cuenta de que no tenía suficiente significado para pensar tan profundamente en él. Tal vez, significaba que la gente que está viva debería llevarse bien con otras personas.

En cualquier caso, bajo esas circunstancias, invité a Kayama y fui al frente de la estación donde habíamos acordado encontrarnos. Habían organizado las cosas para que el señor Fukami viniera a recogernos allí.

—¿Qué demonios es eso? —preguntó Kayama sorprendido al verme.

Había traído a Kamenosuke y a su amante en un cubo lleno de un poco de agua. Por cierto, aún no le había dado un nombre a la segunda tortuga, pero planeaba darle uno pronto.

—Bueno, pensé en traer estas tortugas —dije.

—No creo que las personas normales lleven tortugas cuando van a visitar una tumba.

Mientras estábamos teniendo esta conversación, llegó el coche del padre de Mamizu.

—Ha pasado un tiempo —dijo.

Aparentemente, había cambiado de trabajo, ahora estaba trabajando en ventas, y el aura a su alrededor había cambiado un poco.

Además, también había empezado a vestirse más elegante. No parecía particularmente sorprendido de ver a Kamenosuke y a la otra tortuga.

—Ha pasado un tiempo, ¿no es así, Takuya? —dijo la señora Ritsu, quien estaba sentada en el asiento del copiloto. Ellos no se habían puesto de nuevo en el registro familiar, pero parecían reunirse con más frecuencia que en el pasado.

Ahora que lo pienso, es la primera vez que ella me llama por mi nombre.

—¿Te ha ido bien? —preguntó el señor Fukami, comenzando una conversación como un padre que veía a sus hijos por primera vez en mucho tiempo.

—Hace poco comencé a patinar —respondió Kayama, quien estaba sentado en el asiento trasero conmigo.

Realmente había empezado a patinar, y tenía numerosas heridas pequeñas y rozaduras por caerse. No podía encontrarle diversión a eso, así que no me apetecía unirme, pero no tenía ningún sentimiento negativo al ver a Kayama hacer algo serio por una vez.

Al oír esto, el padre de Mamizu entabló una conversación con Kayama y se rió, pareciendo divertirse.

—Takuya, ¿no has empezado a hacer algo? —me preguntó esta vez a mí.

—Tengo pensado hacerlo.

No sabía lo que sería, pero pensé que había pasado el tiempo suficiente para poder empezar algo. Si arrastraba los pies demasiado tiempo, Mamizu se decepcionaría. No, en lugar de estar decepcionada, se sentiría aburrida e inquieta.

Ahora que lo pienso, todavía hay varias cosas en el cuaderno de Mamizu que no he hecho. Lo había mirado el otro día y me había reído del que decía: «Quiero tocarme la barbilla con el codo antes de morir».

—Oye, Kayama, ¿puedes tocarte la barbilla con el codo? —pregunté.

—¿No es imposible…? —Kayama lo intentó durante un tiempo, y luego se rindió rápidamente.

El señor Fukami intentó unirse mientras conducía, así que lo detuvimos a toda prisa. Me sorprendió lo difícil que era; parecía posible y, sin embargo, era imposible. Era un problema más difícil que la hipótesis de Poincaré.

—Ahora que lo pienso, estaba pensando en ponerle un nombre a la nueva tortuga que compré. ¿Tienes alguna buena idea? —Le pregunté a nadie en particular.

—Sakura —dijo el señor Makoto, mirando por su ventana las flores de cerezos que aún no habían florecido.

—Podría ser que cuando nombraste a Mamizu… —Tuve un mal presentimiento cuando empecé a hacer mi pregunta.

—Por supuesto, estaba bebiendo agua. Tenía resaca, ya ves.

—¿Y si en lugar de eso hubieras estado bebiendo té en ese momento? —preguntó Kayama innecesariamente.

—Si fuera té verde, entonces probablemente la habría llamado «Midori»[3].

—Es de lo peor —dije, dejando escapar una pequeña risa.

—Takuya, ¿no te has vuelto un poco más alegre? —dijo el señor Makoto, mirando mi expresión a través del retrovisor.

—Estoy estrechando las manos a buen ritmo —respondí. Él parecía desconcertado. No podía culparle. Y luego, había un idiota silbando y extendiendo su mano hacia mí. Era Kayama, por supuesto—. Me ayuda que seas un idiota —añadí mientras le estrechaba la mano.

El cementerio estaba a unos veinte minutos en coche. Era un cementerio espacioso que daba a un templo lleno de gente que era un lugar de interés turístico.

—Vaya, es tan brillante. Se siente como nuevo —dijo Kayama al ver la tumba de Mamizu, dando su estúpida impresión de ella.

El señor Fukami se rió. Lo miré y noté que ahora llevaba una bufanda. Probablemente, se la había puesto cuando salimos del coche. Era la que Mamizu le había tejido.

—Lleva una bufanda a pesar de que es primavera —comenté.

Él sonrió avergonzado. Era solo finales de marzo, así que hacía un poco de frío, pero el señor Fukami era la única persona que llevaba una bufanda. Bueno, probablemente yo era el único que tenía tortugas, también.

Saqué de mi bolsillo la bola de nieve que había completado recientemente y la puse junto a la tumba de Mamizu.

Dentro de ella, había dos personas de pie juntas, con un vestido de novia y un esmoquin. Era como si el tiempo se hubiera detenido en su interior.

Y entonces, los cuatro juntamos las manos y cerramos los ojos frente a la tumba.

Pronto, llegaría la primavera.

La estación en la que conocí a Mamizu.

Pero esta vez, no quería morir.

Incluso estaba deseando ver las flores de cerezo.

Saqué la grabadora de voz de mi bolsillo y me puse los audífonos en los oídos.

Cerré los ojos y escuché una vez más la voz de Mamizu, diciendo las palabras que había escuchado una y otra vez.

♦ ♦ ♦

Mi padre te está llamando por teléfono. Estoy segura de que mi momento final llegará pronto. Esta es mi verdadera y genuina petición final.

Amo la felicidad. Tengo tanto miedo de morir que no puedo evitarlo; estoy tan aterrorizada que siento que mi corazón se detendrá por miedo. Pero ya no tengo miedo. Soy feliz.

¿Qué hay de ti, Takuya? Por favor, haz lo mejor que puedas para ser feliz por mi bien. Estoy rezando por tu felicidad desde el fondo de mi corazón.

Esta será la última comunicación de Watarase Mamizu.

Lugiia
No puedo creer que haya hecho una broma con la conversación que tuvieron por teléfono cuando Takuya estaba en el club bailando T.T Mamizu eres lo mejor de ese mundo

Adiós. Te amo. Te amo. Te amo.

♦ ♦ ♦

La tumba de Mamizu no tenía escrito «nada» como la de Shizusawa Sou.

Simplemente se leía:

WATARASE MAMIZU

 Me pareció que así estaba bien.

Lugiia
Hola u.u Aquí otra de las imágenes oficiales de esta novela (que fue hecha para la película). Es como la cita que Mamizu siempre quiso con Takuya en el parque de diversiones. Juegan con mis sentimientos u.u


[1] Nurarihyon: es un Yōkai japonés del que se dice que se ha generado en la Prefectura de Wakayama. Aparece generalmente como un hombre con una cabeza en forma de calabaza que viste un kesa.

[2] Día 49: De acuerdo con el budismo, cuando una persona muere sin alcanzar la iluminación, se someterá al ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación. Sin embargo, el fallecido no renace de inmediato tras la muerte, sino que permanece en un borde o limbo, sin cuerpo durante 49 días antes de la reencarnación. Por ello, hay como un ritual budista después de los 49 días de muerte de una persona.

[3] Sakura que es lo mismo que flores de cerezo, por eso. Mizu en el nombre de Mamizu significa «agua» y Midori significa «verde».

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