Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 106: La batalla del primer ministro, parte 3

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


Al igual que antes, fuimos guiados por el mismo mayordomo a través de la mansión.

—Oh, usted es…

En el camino de regreso, nuestro grupo se topó con un hombre delgado.

—Bienvenido de nuevo, maestro Cordis. Esta persona es el invitado del jefe, Romeru Jib Armelia, quien viene con sus acompañantes… Maestro Romeru, este es el hijo mayor del jefe, el maestro Cordis.

—¿Romeru Jib Armelia…? ¿Usted es el famoso primer ministro del reino de Tasmeria?

—Es un placer conocerle, joven Cordis. Soy Romeru Jib Armelia. Hmm, ¿famoso, dice? Usted no se queda atrás, he oído mucho sobre el joven Cordis Sligar, quien se dice que es muy conocedor de las plantas medicinales.

Al oír mi respuesta, Cordis se rió.

—Eso es muy impresionante, señor Romeru… ¿Tiene algo de tiempo?

—Sí, por supuesto.

—Entonces, por favor, venga por aquí.

Cordis nos guió en dirección contraria a la habitación donde nos habíamos reunido con Curtis.

En el camino, pasamos por una sala con retratos alineados de personas que parecían ser las sucesivas cabezas de la familia.

Alf miró con gran interés esas pinturas que estaban adornadas con extravagantes marcos.

Aunque fingía que no ocurría nada particularmente especial, en realidad, trabajaba más que de costumbre para intentar recordar todas las características de los cuadros.

Para él, quien siempre almacenaba la información obtenida por sus ojos y oídos como “Información que puede o no llegar a ser vital”, era natural que no pudiera simplemente ignorar las cosas que solo podían ser vistas en este lugar.

Una vez que terminamos de pasar por la sala, llegamos a un lugar que parecía ser el jardín.

En lugar de parecer que había sido cuidadosamente atendido por un jardinero para que fuera agradable a la vista para las visitas, el jardín daba la imagen de que solo las plantas, que se han vuelto necesarias para crecer, podían hacerlo de manera caótica.

—Aunque puede no parecer muy atractivo a los ojos de mis invitados…, este jardín es mi orgullo y alegría.

—Entonces, ¿usted se está encargando de ello personalmente, joven Cordis…? Es increíble.

Miré con mucho cuidado el jardín. De repente, mis ojos se detuvieron en un solo punto.

Mientras que lo que estaba floreciendo ante mis ojos era una hermosa flor…, también era una planta venenosa capaz de matar a un humano en un instante.

Cuando miré aún más de cerca, a su alrededor había plantas que se parecían mucho a las hierbas que se usan generalmente como alimento, así como a las que no eran particularmente conocidas. Sin el suficiente conocimiento, a simple vista parecerían ser plantas medicinales normales, pero muchas de las plantas que crecían ahí, eran en realidad plantas terriblemente venenosas.

—Realmente ama las plantas medicinales, ¿no es así? Puedo ver que las ha cultivado con mucho cuidado… Sin embargo, si me permite preguntar, ¿por qué me las ha mostrado?

Apartando mi mirada del jardín medicinal, volví mis ojos hacia Cordis.

—Solo quería presumir de algo que me hace sentir orgulloso. Mi familia no lo entendería; no obstante, eventualmente, me gustaría enseñarles lo maravilloso que es…

—¿Se está refiriendo a este jardín medicinal o a usted…?

—Bueno… Digamos que a las dos cosas —respondió Cordis con una ligera sonrisa.

Por un breve momento, esa sonrisa hizo que me diera un escalofrío en la espalda.

—Ya veo… Pero ¿por qué le contarías tal ambición a alguien como yo?

—Me pregunto por qué… ¿Estaría mal decir “porque parecía interesante”? Después de todo, es emocionante hablar con alguien tan perspicaz como usted.

Con un tono de voz suave y relajado, Cordis continuó la conversación.

Si lo juzgo solo por su apariencia, entonces ciertamente tenía un temperamento tranquilo como reportó Alf. Sin embargo, las cosas de las que hablaba y el aire que lo rodeaba negaban esa impresión. No era solo un hombre hermoso y gentil.

—Interesante, ¿verdad? Tomaré eso como que eres mucho más atrevido comparado con el señor Curtis. Rezaré fervientemente para que la utilidad de estas, como plantas medicinales, sea reconocida… Con eso en mente, joven Cordis, mi próxima reunión será en un momento, así que tendré que excusarme aquí.

—Sí, mis disculpas por retenerlo. Estaré esperando nuestro próximo encuentro… Por favor, guía apropiadamente al señor Romeru y a sus acompañantes.

Nos separamos de Cordis y, una vez más, nos dirigimos a la entrada bajo la guía del mayordomo.

—¿Hmm? Esos tipos son…

Al igual que antes, una vez más nos encontramos con un hombre cerca de la entrada.

Su físico era más robusto comparado con el de Cordis, y una espada colgaba de su cadera.

—Este es el invitado del jefe, Romeru Jib Armelia. Maestro Romeru, este es el segundo hijo del jefe, el maestro Miles Sligar.

—Armelia… No he oído hablar de ese apellido…

Por un momento, el mayordomo frunció el ceño.

El hijo de su propio amo había hablado de forma insultante frente a mí, su invitado, diciendo prácticamente: “No sé de dónde es su apellido”. No solo eso, sino que esas palabras fueron dichas a alguien que trabajaba como primer ministro del país vecino, exponiendo claramente la propia falta de conocimiento del joven Miles.

Si no estuviera justo delante de mí, este mayordomo, quien normalmente era tranquilo, habría estado sosteniendo su cabeza en sus manos.

—Esta persona es…

—Lo que sea. En cualquier caso, aunque me lo cuentes, definitivamente no podré recordar algo que no despierta mi interés. Querido invitado, me disculparé con esto.

Miles interrumpió las palabras del mayordomo y se fue rápidamente de la zona.

—Mis más profundas disculpas, maestro Romeru.

Habiendo entendido la profunda descortesía de la actitud del joven Miles, el mayordomo se disculpó conmigo.

—No, no me importa particularmente… Gracias por guiarnos.

De verdad no me importaba… Más bien, pensando en cómo pude observar que era tan egocéntrico como su reputación sugería, casi quise darle las gracias.

Así, la atmósfera incómoda continuó mientras el mayordomo nos despidió en la entrada.

Y así, volvimos a la posada.

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