Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 35: A medio camino (3)

Traducido por Kiara

Editado por Susibet


Movilicé a los soldados restantes para que despedazaran el cadáver del lagarto de hielo y lo quemaran a cierta distancia de la aldea. De acuerdo con el reporte, incluso sus huesos se derritieron y no dejó rastro.

Los soldados que habían peleado contra el lagarto de hielo sufrieron de congelación pero nada muy serio y fueron capaces de recuperarse después de aplicarse agua tibia.

Después de una noche de descanso, mientras nos preparábamos para partir temprano hacia el fuerte Jugfena a la mañana siguiente, vimos a varios aldeanos dirigirse hacia nuestro campamento.

Gunther se movió ligeramente frente a mí como si me estuviera protegiendo. Claudia que no ha estado viviendo en el dominio de Kaldia desde hace tanto tiempo, no conoce de la situación política por aquí, ni de la hostilidad de los aldeanos hacia mí. Gunther en cambio, recuerda claramente el incidente en mi celebración de cumpleaños aquí ocurrido.

Las personas que habían venido eran el alcalde de la aldea, un hombre y una mujer de la milicia que vi ayer y dos mujeres que no conocía. Una de ellas era todavía muy joven y sus rasgos faciales se asemejan a los del alcalde, así que pensé que probablemente sería su hija.

Ella es probablemente quien fue azotada junto con el alcalde por su complicidad al incitar que Ratoka me atacara.

— ¡¿Qué hacen aquí?!

Como el alcalde había traído a las dos personas que fueron castigadas junto con él por ese incidente, todos los soldados estaban alertas y en guardia. Su hostilidad contra el alcalde era evidente, y este paró cuando le hablaron.

—Buenos días. Quisiera agradecerle a la señora del dominio y a todos los del ejército del dominio por derrotar a la bestia mágica…

—Si esa era realmente tu intención, entonces ¿por qué trajiste a esas dos mujeres contigo?

Frente a la clara actitud amenazante de los soldados, las dos personas de la milicia estaban temblando de miedo. Sin embargo, las dos mujeres detrás de ellos tenían la mirada baja y parecían tranquilas.

Lenta y silenciosamente, posé mi mano sobre la empuñadura de la espada corta en mi cintura. La gente en la aldea Cyril odia a aquellos con la sangre de Kaldia más que ninguna otra aldea y no sé qué puedan intentar en un arranque de sus emociones.

—El niño que fue responsable del crimen de traición ya ha sido ejecutado. ¡¿Por qué razón se presentan ante Mi señora?!

El soldado que hablaba con el alcalde, acerca de sus motivos para venir estaba sosteniendo fuertemente su lanza con sus manos. Gunther e incluso Claudia tenían una expresión de confusión, ambos mantenían sus manos posadas en sus espadas.

En ese momento, la hija del alcalde alzó la cara. Miró a los soldados de forma decidida e incluso miró a Gunther, a Claudia y a mí directo a los ojos. No se que está pensando y devolviéndole la mirada trato de leer sus emociones. Nuestros ojos se encontraron por un periodo menor a dos segundos.

De repente, la chica se arrodilló y agacho su cabeza.

La confusión lleno el ambiente

Los soldados, obviamente se confundieron porque no podían entender lo que la chica intentaba. La otra mujer, imitando a la chica, también se arrodilló.

El alcalde y los dos miembros de la milicia se movieron a su lado. Las dos mujeres se postraron ante mí.

— ¿Q-qué es esto…?

—Por favor escuchen, señores soldados, estas dos…

—Sabemos muy bien nuestra ofensa contra Mi Señora,  pero por favor, Señora del Dominio, se lo ruego, ¡perdónenos!

Interrumpiendo al alcalde, su hija me imploró directamente en voz alta mientras seguía arrodillada.

Esto podría considerarse como una gran falta de respeto. Para plebeyos que son los aldeanos, no se supone que se dirijan directamente a la nobleza a menos que se les de permiso. La chica, probablemente no sabe de esto y su voz sonó desesperada por alguna razón, sonaba bastante trágica.

¿Qué has hecho?, es lo que estaba escrito en la cara del alcalde al mirarla. Las acciones de su hija deben de haber sido completamente inesperadas para él. Pude darme cuenta de que tenía un sabor amargo en la boca por la expresión que tenía al ver a su hija al decidir hacer algo sin su permiso.

Miré a las dos mujeres inclinando su cabeza frente a mí. ¿Por qué se ven tan desesperadas? Me pregunto, No podía ver sus expresiones y no podía analizar su tono de voz , ya que no habían dicho nada después de la primera línea de la chica.

—Gunther….

—Más te vale no decir algo tonto.

—Pero todavía no he dicho nada.

Con una expresión tensa, Gunther interrumpió lo que estaba a punto de decir. Pero, No soy realmente del tipo que da órdenes sin haber pensado las cosas cuidadosamente primero.

—Gunther, captura estas dos mujeres y tráelas ante mí.

—Como dije… ¿Eh?

—Por su falta de respeto contra mí hace un momento, dije que las captures. Son personas que estuvieron asociadas a un acto de traición. No puedo saber que pueden estar tramando. Tráelas ante mí y las castigaré directamente.

Me controlé para que mi voz no temblara mientras daba mis órdenes y me sonó terriblemente fría y desinteresada. Me pregunto si  es debido a que la voz aguda de una niña se transmite bien y es fácil de escuchar. Me dí cuenta de que los hombros de las dos mujeres arrodilladas temblaban.

Gunther me miró con una expresión asombrada. Los soldados que me rodeaban, los otros dos aldeanos paralizados, todos me miraban con sus bocas completamente abiertas.

Una gentil brisa sopló por el campo de pasto, agitándolo. Zhhhhu, el silbante sonido del viento  nos rodeó.

—¿Qué haces, Gunther? tu señora te está ordenando.

Mientras todos estaban ocupados mirándome, la siguiente voz en escucharse fue la de Claudia. Su lanza favorita estaba en su mano derecha y su cabello dorado se agitaba con la brisa mientras se movía entre los soldados.

Gunther la siguió apresuradamente. Los dos sujetaron a las muñecas de las dos mujeres arrodilladas tras sus espaldas, apresándolas mientras se levantaban.

Claudia trajo a la niña ante mí sin dudarlo. En comparación, Gunther no pudo ocultar su confusión mientras se movía detrás de Claudia con la otra mujer.

Esta vez, las dos mujeres fueron traídas frente a mí y las hicieron arrodillarse de nuevo, pero ninguna de ellas alzó la voz en protesta.

— ¿Sabes que eres culpable de faltarle el respeto a un noble? Niña del cabello rojo, puedes responder.

Cuando le indiqué a la hija del alcalde a que hablara, su respuesta fue un no inmediato. Y esta vez, su voz temblaba.

— Qué será aquello de lo que quieres que me enteré con tanta urgencia, me pregunto. Puedes hablar brevemente. Escucharé lo que tengas que decir antes de decidir tu castigo. Alza tu cabeza.

Incluso yo sentí que las palabras saliendo de mi boca eran muy arrogantes. Sin embargo, por algún milagro Claudia parecía entender mis verdaderas intenciones y no usó mucha fuerza sobre la chica y le tocó suavemente el hombro para animarla.

Aunque llamé a las dos mujeres ostentosamente ante mí para castigarlas, mi verdadero objetivo era escuchar lo que querían. Incluso si ellas dos realmente tenían la intención de hacerme daño en lugar de disculparse, tengo a las dos personas más fuertes de mi ejército sujetándolas así que eso debería de reducir el riesgo que corro.

Es razonable pensar que Claudia, quien fue educada como noble, entendería lo que hago antes que Gunther. Incluso cuando Claudia se comporta de la forma que lo hace normalmente, hay ciertos momentos en los que siento la gran diferencia de habilidades cuando se comporta de manera competente como ahora.

Las dos mujeres alzaron la cabeza y me miraron a la cara. Entonces, sus cara palidecieron en verdad.

Con gran dificultad una de ellas dijo:

—Señor… del dominio…

Su voz temblaba tanto que no pude evitar alzar una ceja. Ellas siguieron mirándome aturdidas, sus ojos repletos de miedo y mordiéndose los labios.

—Así es. Soy Eliza Kaldia, su señora del dominio.

Seguramente para ellas dos, debieron de haber visto a mi padre en mí. Con mi lacio cabello negro que reflejaba la luz del sol y mis ojos del color de la sangre, soy la viva imagen de mi padre después de todo.

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