Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 39: Conde Einsbark

Traducido por Dragox

Editado por Susibet


Mientras pasaba el tiempo charlando con Claudia, sin tener nada que hacer, después de un tiempo Ergnade nos invitó a cenar. Durante este tiempo, la llovizna fue cediendo gradualmente y por las ventanas del fuerte pude ver el sol de nuevo. Aunque en el dominio de Kaldia, debido a las Montañas Amon Nor bloqueando el sol, oscurece bastante temprano pero como al este del fuerte Jugfena hay llanuras abiertas , aquí todavía hay bastante luz incluso a la hora de la cena.

— ¿Está insatisfecha de alguna manera con su habitación, vizcondesa Kaldia?

—No hay ningún problema. Muchas gracias.

—Ya veo. Parece que los soldados del ejército de Kaldia también están satisfechos con sus habitaciones. Son más disciplinados de lo que esperaba. Usualmente cuando los ejércitos de otros dominios vienen por primera vez, tienden a quejarse de las condiciones.

Mientras caminamos por el pasillo juntos, Ergnade trató de entablar en una pequeña charla, aunque parece que no está acostumbrado a hacerlo. Mientras le daba respuestas apropiadas, Claudia que nos seguía por detrás, lo miraba con una expresión feliz. Aunque yo no estoy obsesionada con ser un caballero ni algo por el estilo, de alguna forma decidí seguir su ejemplo y observé a Ergnade detenidamente.

Parecía ligeramente mayor que el margrave Molton, me pregunto si tiene más o menos la misma edad de Gunther. Ahora que lo miro de cerca, sus rasgos faciales, especialmente su nariz, se parecen a los del conde Einsbark, a quien vi anteriormente en la Casa de los Señores. Su espalda musculosa luce como un pilar para mí.

Hoy no vestía ropas ceremoniales, sino un atuendo de caballero completamente negro. Parece ser que los colores asignados al Fuerte Jugfena por el rey son negro y plata, aunque lo único color plata que he visto en Ergnade fue el emblema de caballero bordado en su capa. Después de una pausa en la charla dije:

—Esa ropa negra se ven hechas justo para tí, muy ajustadas.

— ¿Mh? Ah sí, cada mañana lo plancho me cuesta trabajo entrar en ellas. 

Al hacerle un ligero cumplido, Ergnade me respondió con expresión seria mientras sostenía su capa. Luego sonrió y dijo un tanto orgulloso:

— ¿No se ve genial?

Es un tanto travieso, fue mi primera impresión de él.

♦ ♦ ♦

Cuando llegamos al comedor para nobles y vi la pintura que lo decoraba, me hizo pensar en la residencia del conde Terejia en la capital real. El suelo estaba alfombrado, había papel tapiz en las paredes e incluso había un brillante candelabro colgando del techo. Cortinas escarlata colgaban de las ventanas, escondiendo los barrotes de la vista.

En este comedor, todo estaba tan adornado que uno podía olvidarse de que estaba en una fortaleza de hierro negro. Tanto resplandor lastima mis ojos. Como el brillo del candelabro era molesto, intente evitar mirarlo en lo posible.

Varias personas estaban ya sentadas en la larga mesa del comedor, incluyendo a Gunther en el asiento más alejado, quién parecía congelado. En el asiento de honor estaba el conde Einsbark, con dos hombres que parecían ser sus hijos sentados a cada lado. Todos vestían un atuendo negro de caballero similar al de Ergnade, casi parecía un funeral, fue lo que pasó por mi mente.

Aunque en realidad, en los funerales en Arxia se viste de blanco, no de negro pero la vestimenta negra es algo que estoy recordando de mis memorias de mi vida pasada.

—Ah, gracias por venir, vizcondesa Kaldia.

El conde Einsbark sentado en la silla más lejana, se paró y alzó sus manos en un gesto de bienvenida. Aunque, igual que la primera vez que lo vi, su rostro luce como el de un caballero fuerte en el apogeo de su vida, esta vez no tenía la misma expresión estricta que tenía en la Casa de los Señores, sino una sonrisa amable parecida a la de Ergnade.

—Estoy muy agradecido de que hayas traído a cincuenta valientes soldados de Kaldia, así que como bienvenida, aunque no es mucho, hice que preparara esta modesta comida para tí. Espero que lo disfrutes.

—Estoy honrada y muy agradecida por el festín que me han preparado. Todos los pecados y virtudes serán juzgados por la balanza de Xia.

Bueno, supongo que es una forma formal de decir “gracias por la comida” que era habitual en Japón. Parece que en el país vecino, la oración típica antes de las comidas es: “estamos muy agradecidos a los dioses por la comida de hoy”. Como no era religiosa en mi vida anterior, estoy muy agradecida de que no haber nacido en el país vecino y tener que decir esa línea al inicio de cada comida.

—Siento mucho mencionarlo después de pedir perdón a los dioses pero ¿está bien si te presento a las personas que nos acompañan ahora?

—Por supuesto, no hay problema.

Cuando asentí, el conde Einsbark señaló al hombre sentado a su derecha. El color de su cabello era similar al de Ergnade, aunque un poco más gris y era un hombre de mediana edad que recordaba más al conde en comparación con Ergnade. Este hombre asintió cordialmente.

—Este es Volmar. Es mi hijo mayor y comandante de las tropas de caballería en el Fuerte Jugfena. Y este…

El hombre sentado a lado de Volmar tenía rasgos hermosos y me sonrió gentilmente del mismo modo que lo hizo el conde Einsbark. Comparado con su familia, él era el único con rasgos más finos y no pude evitar pensar que lucía más débil.

—Este es mi segundo hijo, Wiegraf. Aunque también es un caballero, como no es tan hábil en artes marciales, él es un estratega militar. Se parece mucho a mi esposa, me pregunto si es por eso.

Aunque el conde se rió al respecto, noté que los músculos de mi quijada se tensaron un poco inconscientemente. Parece que padre e hijos tienen una relación en la que pueden bromear entre ellos fácilmente y recordé la broma de Ergnade mientras me guiaba así que me relajé.

—Y ese es Ergnade. Es mi tercer hijo, quien te contactó antes que yo.

—P-padre…

—Solo estoy bromeando, he oído que el conde Terejia se ha vuelto el guardián de cierta niña, así que he estado ansioso por conocerte.

Mientras el conde Einsbark lo decía, se rió con felicidad. Al mismo tiempo, su hijo mayor Volmar, quien había parecido del tipo serio hasta ahora, soltó una carcajada. Wiegraf y Ergnade se rieron también.

Viéndolos esta vez, me relajé por completo. Claudia y Gunther quienes también estaban nerviosos y se habían congelado, se habían empezado a reír también antes de que me diera cuenta.

Había estado preocupada de que la familia Einsbark fuera difícil de tratar, pero parecen una familia muy amigable. Aunque la invasión del país vecino seguía en mi mente, que no me despreciaran como la hija de aquél villano, hizo que sintiera un poco de alivio.



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