Por mi culpa mi esposo tiene cabeza de bestia – Capítulo 2: Un matrimonio lleno de objeciones

Traducido por Kiara

Editado por Sharon


Ese día, las personas se reunieron con sus mejores galas en la Capilla Real de Baltzar para la ceremonia de boda del príncipe heredero Klaudio.

La multitud vestida con trajes multicolores se alineaba en los bancos como un jardín de flores humano. En el escenario superior, el Arzobispo recitaba un pasaje de las escrituras frente al sublime altar blanco que se encontraba ante los invitados presentes. Frente a él había un hombre y una mujer, hombro con hombro, ambos vestidos con atuendo de boda.

Una luz suave se derramaba sobre ellos a través del tragaluz de la Iglesia, casi como si estuvieran aceptando las bendiciones de los dioses sobre sus propias formas. Era un espectáculo tan surrealista e inexplicable que dejaría a cualquiera que lo viera sin aliento.

Las campanas sonaron con fuerza tan cerca que podía sentir los repiqueteos en su cabeza, muy diferente de cuando las escuchaba a lo lejos en su ciudad natal. A medida que el suave calor que sentía en la frente se alejaba, abrió los ojos.

Fue entonces cuando una figura apareció en su campo de visión: un joven con el pelo negro y liso. Klaudio estaba delante de ella, delgado y hermoso con su atuendo formal negro, mucho más espléndido que el de cualquiera de los miembros de la realeza o los nobles en los bancos.

Él se cernía sobre ella, con una mirada dócil en sus ojos.

—Mi novia, te ves bastante adorable cuando eres tímida —le había dicho hace unos segundos cuando depositó un beso sobre su frente, lo que hizo que se sintiera mareada. Llevaba el mismo rostro humano de rasgos marcados que siempre tenía.

Lo que significaba que sus palabras eran más que honestas.

¿Cómo sucedió esto…?

Todo ocurrió tan deprisa que parecía que había sido ayer, pero en realidad, habían transcurrido tres meses desde ese punto. El ayudante de Klaudio la acompañó a la sala de espera, donde, por cualquier razón, el príncipe le dio una cálida y cortés recepción. Luego, mientras ella estaba atónita por todo esto, él le propuso que se comprometieran.

Después, antes de que pudiera comprender lo que estaba sucediendo, las negociaciones con su tierra natal comenzaron y en poco tiempo, se convirtió en la distinguida prometida del príncipe heredero de Baltzar.

Y así, en un apresurado transcurso, llegó al punto donde están ahora, justo en medio de la ceremonia de bodas.

La capilla construida dentro del castillo real de Baltzar era mucho más grande que la de Volland; tenía un aire surrealista, pero inexplicable, y misterioso. Incluso con la gran cantidad de gente allí, el estado de ánimo se mantuvo puro y ligeramente tenso.

Oh, Dios, quiero irme a casa… ¿Por qué el príncipe quiere tomar a una princesa de una nación tan pequeña como su esposa…?

Estaba ansiosa por convertirse en la novia de Klaudio, pero ahora que había llegado a cumplir ese papel, no pudo evitar sentir la necesidad de huir.

Ella no era particularmente hermosa y tenía problemas para socializar. Era una niña introvertida, que se encogía en un rincón cada vez que podía. Los diplomáticos que llegaron con ella desde Volland habían entrado en pánico mientras verificaban las intenciones de Klaudio una y otra vez. Incluso la gente de su patria pensaba que no era una pareja adecuada para él, un hecho del que ella misma era muy consciente.

—Me atrajo su tierno cuidado, y la preocupación que mostró después de notar lo pálido que estaba.

Rosemarie ocultó este razonamiento que había escuchado de Klaudio de los diplomáticos. Era el mismo pensamiento que la hizo, por primera vez, querer usar un balde sobre su cabeza no por miedo, sino por vergüenza.

—Cuida tus pasos, ahora.

Parecía que mientras había estado concentrada en sus pensamientos, la ceremonia había terminado sin problemas. Klaudio la tomó del brazo y ella lo agarró con torpeza, a lo que él le sonrió satisfecho.

—Finalmente logré convertirte en mi reina. No tienes idea de cuanto he anhelado que llegue este día —susurró. Debido a que su mente estaba en una especie de trance, Rosemarie respondió con una sonrisa desconcertada.

Nunca había sido capaz de corresponder la gran cantidad de palabras cariñosas que él constantemente le decía. Aun así, incluso ahora, ni su paciencia, ni su amor disminuyeron. Pero la situación no se detuvo allí, ya que en los tres meses previos a la boda, no se le permitió volver a Volland ni una sola vez. Cuando ella dijo que necesitaba regresar a casa, ya que solo había empacado lo suficiente como para asistir a la gala, él preparó todo lo que necesitaba. Cuando le dijo que quería regresar para despedirse de sus padres, él envió a buscar a su madre y por supuesto a sus hermanos mucho antes de la boda.

Extrañaba las flores de su jardín de la villa, pero después de escuchar a Klaudio rogarle para que no volviera porque se sentiría vacío sin ella, no tuvo el corazón para hacer más demandas egoístas de las que ya tenía.

No parece que esté mintiendo, pero…

Desde la noche de esa gala, su cabeza seguía siendo normal, no se había transformado ni una sola vez. Sin embargo, parecía negado a permitir que ella regresará a Volland y ese sentimiento no le hacía bien a su estómago.

Mientras Klaudio la acompañaba por el pasillo entre las hileras de invitados, captó destellos de sus cabezas transformadas en bestias entre los pétalos de flores que arrojaban al aire. Cada vez que los veía, sus hombros se sacudían patéticamente. Sin pensarlo, apretó el brazo de Klaudio con fuerza. En respuesta, y muy probablemente sintiendo su nerviosismo, él le acarició el dorso de la mano en busca de apoyo.

—¿Cuál es tu color favorito?

—¿Huh? —No tenía respuesta para la pregunta bastante abrupta. Presionada por el tiempo, miró a los ojos azules de Klaudio—. Es el azul.

—Azul, ¿verdad? —Klaudio asintió una vez, luego miró detrás suyo.

Muy cerca estaba el hechicero que también actuaba como su asistente. Usaba una capucha y un manto de añil de aspecto sombrío que no se adaptaban para nada a una boda. Como cubría su cabeza y cuerpo, su rostro, género e incluso edad eran un completo misterio.

Había oído que un hechicero afiliado al palacio real y el obispo de la Iglesia estatal estarían presentes en la boda real. Pero, aparte de los obispos, los hechiceros eran algo con lo que ella no estaba familiarizada, incluso en su patria, por lo que representaba un completo misterio, y uno aterrador. Un gran suspiro salió de la boca de ese mago.

—Tal trabajo.

La voz apenas audible pero cansada definitivamente venía del hechicero.

Cuando los ojos de Rosemarie se abrieron sorprendidos, Klaudio envolvió su mano alrededor de la de ella para llamar su atención.

—Por favor, aquí. —Klaudio luego extendió su mano libre hacia él y la saludó rápidamente.

Al momento siguiente, los pétalos de flores multicolores que arrojaban los invitados se transformaron en una bandada de pequeños pájaros azules. Una repentina mezcla de jadeos y vítores surgió de la multitud a su alrededor.

Los pequeños pájaros azules trinaron en voz alta cuando cada una de sus alas dispersó los mismos pétalos de flores vibrantes que antes había el suelo, siendo llevados por la brisa. La vista era extraordinaria… casi de otro mundo.

Casi lo olvido; el príncipe es un hechicero… 

Aparentemente también tenía la mayor cantidad de maná de su nación. Probablemente esto no era más que un juego de niños para él.

Después de observar asombrada a la bandada de pequeños pájaros, Rosemarie volvió suavemente su atención a Klaudio que estaba a su lado. Cuando sus ojos se encontraron, él le sonrió.

—¿Eso ha ayudado a aliviar tus nervios?

—Oh, sí. Muchas gracias.

El cuidado que le estaba mostrando llenó de calidez su cuerpo, y su corazón de alegría. Comenzó a formarse un cosquilleo en su pecho y su pulso se aceleró, pero la sensación de estar desprovista de tensión y miedo no se sentía mal.

—Finalmente sonríes.

—¿No estaba sonriendo antes?

—Bueno, lo hacías, pero no parecía muy real. Fui un poco agresivo con mi propuesta de matrimonio, así que no puedo decir que te culpo por estar resentida.

A ella no le molestaban sus actos, pero no sabía cómo debía reaccionar. Klaudio soltó una risita antes de inclinarse muy ligeramente.

—Me ocuparé de ti. Cada momento de mi vida estará dedicado a ti, nunca miraré hacia otro lado, lo juro —susurró en voz baja al oído de Rosemarie. Ella se sonrojó.

Alguien, por favor, tráigame mi cubo…

Por un lado, no estaba acostumbrada a recibir esas palabras de afecto, pero tampoco parecían el tipo de cosas que se deberían decir frente a una multitud tan grande. Sin mencionar que estaban a punto de pasar frente a su familia. Este no era el momento adecuado para avergonzarse.

Mientras miraba tímidamente hacia su familia, un par de orejas de perro, del mismo color marrón que su cabello, habían brotado en la cabeza de su padre. Junto a él, su madre llevaba un par de orejas de conejo blancas sobre su cabeza. No podía ver a sus hermanas, ya que estaban detrás de sus padres, quienes sonreían, pero al ver cómo sus cabezas habían comenzado a transformarse en las de un animal, lo más probable era que no estuvieran realmente satisfechos con este matrimonio. En términos brutalmente honestos, esto era similar a una nación superpoderosa que ejerce su dominio y gana un compromiso como botín, tal como lo había mencionado Klaudio.

Con la cara aún roja, Rosemarie sonrió a sus padres para tranquilizarlos.

Ella iba a estar bien. Klaudio era una persona honesta que no mentía. Es por eso que todo estaría bien.

Es por eso que necesito decirle sobre mis ojos…

Todavía tenía que decirle a Klaudio que veía cómo la cabeza de cualquiera que albergará animosidad se transformaba en la de una bestia. Había llegado tan lejos, pero aún era extremadamente difícil hablar sobre eso.

Se encontró perpleja porque en poco tiempo estaba tan predispuesta al favor de Klaudio que le preocupaba perderlo por causa de su poder.

El chambelán empujó lentamente las puertas dobles de la capilla. De repente, el grabado de marfil sobre la puerta llamó su atención. Un galante león rampante, con cuernos de cabra rizados que se extendían desde su cabeza y unas elegantes alas en su espalda. Era la misma criatura que estaba colocada en la bandera nacional de Baltzar: el león plateado, conocido como una bestia sagrada.

Con los ojos entrecerrados a la luz del comienzo del verano, Rosemarie rezó en silencio para que el león plateado le diera coraje.

♦️ ♦️ ♦️

—Puede que todavía no apruebe esto, pero si esto es lo que quieres, entonces así es como será, princesa.

Rosemarie dejó la recepción de boda agotada y regresó a la habitación que le habían proporcionado. Ahora, estaba tratando de mantener sus ojos cansados ​​abiertos mientras escuchaba las quejas de su criada de confianza.

Heidy sentó a Rosemarie frente al tocador y la peinó lentamente, incrementando sus deseos de dormir.

—No importa cuán aterrador pueda ser su rostro, no importa cuán sospechoso parezca, siempre y cuando no sufra ningún daño, no me importa. —Al ver que no especificaba de quién estaba hablando, Heidy probablemente no estaba particularmente molesta.

Ella había estado en contra de su matrimonio con Klaudio. Al mismo tiempo, respetaba la decisión de Rosemarie, aunque eso no le impidió ser franca al respecto.

—Me encanta que seas tan directa sobre este tipo de cosas, Heidy. —Rosemarie admiraba el hecho de que su doncella pudiera decir lo que ella misma no podía. Y como Heidy había estado tan reservada en expresar sus pensamientos, Rosemarie sintió que podía estar a gusto, con o sin la presencia de una cabeza de bestia. Tener un corazón y una cara que no coinciden era aterrador pase lo que pase.

—De hecho, también me gusta lo franca que eres, milady.

Para el toque final, Heidy colocó una pomada floral en el cabello de la princesa para fijarlo, haciendo que Rosemarie dejara escapar un enorme bostezo. Solo quería seguir adelante y quedarse dormida, pero sabía que no debería hacerlo. Según los planes, se suponía que Klaudio debía visitarla después. Si se quedaba dormida, entonces lo humillaría.

Voy a contarle sobre mis ojos y luego… 

Realmente no quería pensar en nada después de eso. De repente, Heidy le presentó una taza con un líquido marrón caliente. Los dulces vapores que surgían de ella hicieron que los ojos de Rosemarie se iluminaran.

—¡Saola! ¿Por qué tienen saola aquí? No se puede exportar desde Volland, así que había renunciado a beberlo de nuevo.

Ahora completamente despierta, Rosemarie tomó la taza, prácticamente mareada.

La fruta de saola, que sólo crecía en el suelo de Volland, tenía prohibido ser transportada a otras naciones. El té estaba hecho de semillas de la fruta deshidratada, y el proceso de fabricación no solo se transmitía verbalmente a través de artesanos expertos, sino que era extremadamente difícil, tanto que resultaba imposible de recrear para los aficionados. Además, lo más importante, el país había gastado casi por completo su suministro de la fruta. Por lo tanto, como era un producto tan raro, su exportación estaba prohibida.

—Su Majestad, tu padre parece haber negociado con la Unión. Según él, puede enviar todo el que requieras para beber tu té de ahora en adelante.

—Entonces, es así. Debería agradecerle a mi padre.

El té de Saola era algo que ella tomaba desde su infancia, con sólo verlos una sonrisa se extendía en su rostro. Inhaló el dulce aroma de la bebida que había desaparecido de su vida durante tres meses completos, y tomó un sorbo. Su amargura y acidez distintivas se extendieron a través de su garganta, dejando un ligero sabor amargo a su paso. Parecía penetrar su cuerpo cansado. Al parecer era cierto que tenía efectos curativos para la fatiga.

—Mi lady, no entiendo como puedes tomarlo. No puedo soportarlo sin azúcar. Sin embargo, el aroma solo es bastante dulce.

—Está bueno. —Rosemarie se volvió para mirar a Heidy, que estaba ocupada siendo impresionada.

Un golpe en la puerta hizo eco en la habitación, haciendo que Rosemarie se tensara y se pusiera rígida. Una expresión de sorpresa pasó por el rostro de la doncella por un segundo antes de recuperar la expresión habitual, caminando lentamente para abrir la puerta al visitante.

Rosemarie miró nerviosamente la superficie marrón y balanceante del té. Su cuerpo se puso aún más tenso cuando sintió que alguien entraba en el cuarto.

—Les deseo buenas noches.

Rosemarie escuchó a Heidy despedirse, y levantó la cabeza justo a tiempo para ver a su preocupada doncella desaparecer por la puerta. La criada había estado hablando sobre asuntos completamente ajenos para distraer a Rosemarie de su inminente noche de luna de miel… y ahora estaba fuera de su vista.

No pudo evitar sentirse triste, provocando el impulso de seguirla, pero logró calmar ese deseo después de que sus ojos vieron a Klaudio de pie junto a la puerta, vestido con su ropa de dormir.

La puerta estaba completamente cerrada y los pasos de Heidy se perdían lentamente en la distancia. Klaudio no se movió de la puerta. Parecía estar revisando algo fuera de la habitación.

¿Qué debería hacer en esta situación…?

Después de hacer un esfuerzo para ponerse de pie, los ojos de Rosemarie se encontraron con los de su esposo cuando se dio la vuelta de repente. Él le brindó una sonrisa, haciendo que su cuerpo se pusiera rígido.

—¿Qué has estado bebiendo, si puedo preguntar? Sea lo que sea, tiene un aroma bastante dulce.

—Oh, perdóname. Terminaré el resto ahora mismo.

Él la miró desconcertado cuando Rosemarie se llevó la taza de saola a los labios a toda prisa, solo para darse cuenta de que hacía demasiado calor en la habitación para una bebida caliente. Klaudio se acercó a ella y le quitó la taza con una sonrisa irónica.

—No tienes que darte prisa. Simplemente te pregunté qué estabas bebiendo.

—Oh, um, es saola.

—¿Saola? Esa es una bebida de la que nunca he oído hablar.

Mirando a Klaudio de perfil mientras veía la taza sobre el tocador con gran interés, Rosemarie apretó ambas manos y tomó un trago.

Ronca por la tensión, lentamente abrió los labios.

—Um, Su Alteza. Tengo algo de lo que me gustaría hablar, en realidad…

—Sí, ¿qué podría ser?

Su garganta tembló al ver a Klaudio sonriéndole, pero Rosemarie se concentró y formó las palabras correctas.

—Esto, esto puede parecer algo inquietante, pero… —dijo con su corazón latiendo tan fuerte que se sentía a punto de desfallecer. Tan solo imaginar lo que él pensaría si ella se desmayaba la hacia sentirse más ansiosa—. Puedo ver las cabezas de las personas que tienen emociones negativas, como la ira y la envidia, transformarse en bestias. Es tan aterrador que no puedo contener mi miedo, pero tu rostro es el único que se ha mantenido humano todo el tiempo que hemos estado juntos…

La sonrisa en el rostro de Klaudio desapareció. El miedo que sentía al escuchar esta noticia podría hacer que su cabeza se convirtiera en la de una bestia, por lo que Rosemarie desvió la mirada de repente.

—¡Lamento tanto no haberte dicho nada! No estaba tratando de engañarte; Solo pensé que podrías terminar odiándome, así que simplemente no pude hacerlo…

—Este problema… ¿cuánto tiempo lo has tenido? —preguntó en un tono tan indiferente que ella no podía determinar si estaba enojado o sorprendido. Un sudor frío comenzó a recorrer toda su espalda.

—No estoy segura. Todo lo que sé es que comenzó en algún momento cuando aún era una niña…

—En algún momento de tu niñez, ¿verdad?

—En algún momento después de asistir al día Nacional de Baltzar.

—¿El Día de la Fundación de hace siete años, quieres decir?

—¿Eh? —Rosemarie abrió mucho los ojos sorprendida. Levantó la vista lentamente para ver que Klaudio la estaba mirando con el ceño fruncido, lo que la sorprendió aun más.

¿Está… enojado? Pero, su cabeza no se está tranformado en la de un animal… Además, ¿hace siete años…?

Teniendo en cuenta que Klaudio generalmente tenía un comportamiento suave y una forma educada de hablar, su actitud más agresiva hizo que Rosemarie se asustara, además que era raro que ella viera a alguien enojado mientras conservaba un rostro humano.

—¿Qué pasa? ¿Te asusto? Si soy el único cuyo rostro que puedes ver de forma normal, entonces no deberías estar asustada, ¿verdad? —dijo Klaudio. La comisura de sus labios se extendieron hasta convertirse en una sonrisa. Su expresión era tan melancólica que resultaba difícil creer que se tratara de la misma persona que le había estado sonriendo amablemente hasta hace unos segundos; el cambio de tono fue tan extremo que la dejó sin palabras.

Klaudio se acercó aun más a ella. Temerosa, Rosemarie se echó hacia atrás en la cama. Su mano golpeó de repente la copa que había sido colocada sobre el tocador, emitiendo un sonido metálico antes de que el dulce aroma del saola enriqueciera aun más la habitación. Rosemarie miró a ese lugar de manera involuntaria, pero lo que la hizo congelarse de miedo, no fue el té que se había derramado, sino lo que se reflejaba en el espejo.

—¿Qué…? —Aún más tensa que antes, sus ojos enfocaron la imagen en el espejo, su rostro pálido y cabello color caoba seguían igual. Sin embargo, lo que estaba junto a ella no era el príncipe heredero con su caracteristico cabello negro.

En el espejo se reflejaba una persona con la cabeza de un león, su pelaje plateado brillaba como la luz de la luna y un par de cuernos de cabra oscuros con un brillo como la obsidiana negra. En otras palabras… exactamente la misma imagen de la de la bestia sagrada que había visto grabada sobre la puerta de la capilla. Solo había una cosa en común con el príncipe. Incluso en la habitación con poca luz, podía ver que tenían el mismo par de ojos azules que cuando había visto su rostro humano.

—¿Una… cabeza de león plateado…? —Nunca antes había visto que la cabeza de Klaudio se transformara, por lo que estaba muy conmocionada.

La súbita desilusión y la comprensión de que esta persona no era diferente a los demás la golpeó como una tonelada de ladrillos. Sus labios temblaron. La boca del león en el espejo se movió mientras Rosemarie seguía en el mismo lugar en estado de shock.

—Ah, entonces, puedes verlo cuando es un reflejo. Tiene sentido, ya que sólo proyecta la verdad. ¿Cómo se ve mi rostro ante tus ojos en este momento? —Su tono dominante obligó a la tímida mirada de Rosemarie enfocarse en él. Su rostro seguía siendo humano, aunque tenía el ceño fruncido claramente enojado, lo que le permitió recuperar un poco de compostura.

—Ya veo… un espléndido caballero.

—¿Y qué hay en el espejo?

—¡¿Un caballero plateado…?!

Si dijo que un espejo que sólo proyecta la verdad, entonces… este reflejo de un león plateado debe ser… 

—Su Alteza, ¿entonces todos los demás… ven su cara como la de un león plateado…?

Klaudio, el príncipe heredero de la Nación Mágica de Baltzar, se jactaba de tener la mayor cantidad de maná que cualquiera dentro y fuera del país. También era famoso por sus logros como guerrero. Los únicos rumores que podían encontrarse de él decían que su cara era tan aterradora que una mirada era suficiente para atormentarte en tus sueños.

De repente, recordó los rumores. Es por eso que su familia y Heidy se veían tan decepcionados y la razón por la qué Klaudio no se había comprometido, a pesar de ser mayor de edad.

El príncipe heredero estaba deformado: su cabeza era la de un león. Tal como ella siempre había tenido miedo de los demás por la transformación de sus cabezas, las personas que veían a Klaudio de inmediato le tenían miedo.

Rosemarie se tapó la boca con las manos, sin poder creer lo que estaba sucediendo.

—La razón de que tenga esta cabeza y el problema único de tus ojos es el mismo: hace siete años, robaste mi mayor tesoro, mi maná. ¡Devuélveme el maná que me robaste, ingrata! —le rugió, exasperado y resentido. En respuesta, Rosemarie sacudió la cabeza vigorosamente. ¡Ella no tenía memoria de tal cosa!

—No he hecho nada. Nunca te había visto hasta que asistí a la gala por su cumpleaños esa noche. Tampoco recuerdo haber robado tu maná. Debes haberme confundido con alguien más…

—No, tú y yo nos hemos conocido antes. Reconocería mi propio maná en cualquier lugar. Por eso me ves con un rostro humano: tienes lo que una vez fue mio. No reaccionaría a mí si fuera realmente tuyo. —Aunque su mirada de odio estaba centrado en ella, Rosemarie intentó desesperadamente recordar.

Cuando vio el castillo de Baltzar, sintió como si lo hubiera visto en algún lugar antes, pero no recordó nada, ni siquiera cuando vio el rostro de Klaudio.

—Recuerdo que mi padre me dijo que una vez me trajo a Baltzar, pero… me disculpo, no puedo recordar nada con respecto a ese evento.

—Sí, lo supuse. Estoy seguro de que si hubieras recordado antes, habrías contactado con Baltzar de inmediato. No tienes idea de cómo he tenido que vivir conmigo mismo durante los últimos siete años. Te salvé en el bosque prohibido, y ¿cómo me agradeces? Robandome mi maná, olvidando que lo hiciste y luego encerrándote lejos del mundo exterior. No, no hay forma de que sepas todo lo que he pasado.

Klaudio apretó los labios con fuerza. Rosemarie pudo sentir la rabia que se filtraba en su voz y en su mirada, y decidió guardar silencio.

Podía llamarla ingrata y afirmar que la había salvado cuanto quisiera, pero ella no podía recordarlo. Su padre había mencionado que la había llevado a Baltzar, por lo que había al menos un gramo de verdad en lo que decía Klaudio. Aun así, no podía saber si él estaba mintiendo. Su cabeza seguía siendo humana a pesar de sus sentimientos negativos. ¿Era su única opción aceptar las palabras de Klaudio como una verdad? Además dependiendo su respuesta podría traer grandes problemas a Volland.

—Pero,  pero… ¿cómo alguien como yo podría robarte maná? No soy una hechicera… —Cuando miró a Klaudio suplicando, él apartó la mirada, chasqueando la lengua con disgusto.

El silencio cayó sobre ellos por un momento. Entonces, una fuerte y disonante risa resonó en la habitación, casi como si hubiera calculado su aparición.

—Esa es una pregunta justa, diría yo. —La voz viva y desconocida sorprendió a Rosemarie. Miró alrededor de la habitación buscando el origen cuando, de repente, alguien bajó del techo.

La persona que aterrizó ante ellos era un hombre unos años mayor que Klaudio, con cabello castaño dorado que caía en ondas sueltas. Había un lunar distintivo debajo de su ojo derecho y emitía un ambiente amistosa. Sin embargo, por alguna razón, estaba vestido con el atuendo llamativo de un sacerdote.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Tengo la impresión, Su Alteza, de que si no se controla, terminará gritándole a su esposa. Puedo entender que esté molesto, pero ha pasado tanto tiempo cortejando a la princesa y llenándola con amabilidad y cuidado, así que este repentino cambio tiene muy poco sentido.

Sin inmutarse por el intruso en su habitación, Klaudio respondió con indiferencia y una expresión fría. Su comportamiento hizo que los ojos de Rosemarie se movieran sorprendidos. ¿Quién era esta persona que no tenía miedo de Klaudio? Más importante aún, ¿por qué estaba en el techo de la habitación de una pareja casada?

—¿La corteje? Basta de tus frases engañosas. Obviamente he estado estableciendo mi posición. La chica tiene mi maná. Así que, por supuesto, necesitaba decir lo que fuera que la mantuviera dentro de Baltzar y de buen humor.

—¿No está siendo demasiado sincero? No deberías decir eso delante de tu esposa. ¿Cierto, milady? Es bastante cruel de su parte, ¿no le parece?

Rosemarie estaba estupefacta por la conversación algo casual que se desarrollaba ante ella. Cuando el tema cambió repentinamente, volvió a sus sentidos. Tenía la sensación de haber escuchado algunas cosas horribles, pero las hizo a un lado

—Disculpe… ¿quién es usted? —preguntó Rosemarie.

—Oh ¿se refiere a mí? Bueno…

—No se requieren presentaciones. No te muestres cuando no estás invitado,  sacerdote podrido —dijo Klaudio, interrumpiendo al hombre antes de que pudiera presentarse. Lo agarró por el cuello e intentó arrastrarlo hacia la puerta, pero el sacerdote se liberó.

—Al menos déjame decirle mi nombre, ¿quieres? Después de todo, de ahora en adelante nos veremos con frecuencia.

—No hay necesidad de mantener una conversación. Ya has dicho más que suficiente.

—Entonces, ¿no me vas a dejar hablar con tu esposa? Vaya, qué príncipe más posesivo eres. Esa actitud es desagradable, si me lo preguntas.

Cuando el hombre vestido de sacerdote sacudió la cabeza decepcionado, Klaudio sacó en silencio un cuchillo del bolsillo de su pecho y se lo arrojó.

El cuchillo se hundió en él, o casi lo hace, porque el hombre se inclinó casualmente hacia atrás y saltó como un acróbata.

—Increíble, ay eres tan peligroso como siempre, Su Alteza. —El hombre que evitó el cuchillo con la mayor facilidad aterrizó ágilmente detrás de Rosemarie—. Soy Fritz. Como puedes ver, estoy usando la ropa de la iglesia estatal. Puedes confiar en mí si tienes algo que te preocupe, así que sientete libre de pedir mi ayuda sin dudarlo, milady.

Dándose la vuelta hacia él, Rosemarie parpadeó antes las palabras del hombre, quien se quedó allí, con una actitud arrogante pero elegante, guiñandole un ojo.

—¿En realidad eres un clérigo? Estaba convencida de que era solo un disfraz… —Toda su vida, tanto en casa como en la ceremonia anterior, Rosemarie solo había visto a clérigos vestidos con atuendos sencillos. Siendo honestos, no solo vestía el atuendo formal de un sacerdote de una manera bastante informal, sino que estaba muy lejos de la imagen que tenía sobre el estilo de vida del clero.

Fritz se sorprendió por sus palabras y Klaudio, en lo que solo podría llamarse un giro inesperado, comenzó a reírse.

—¡Un disfraz! Realmente deberías dejar tu trabajo diario —expresó Klaudio riendo a carcajadas.

—Eso no es cierto, Su Alteza. Durante el día, llevo a cabo mis deberes con el atuendo adecuado.

Rosemarie se inclinó disculpándose con Fritz, nerviosa, mientras dejaba escapar un gran suspiro.

—Lamento mucho mis comentarios groseros… —Si las cosas fueran al revés y alguien le dijera que en realidad no actuaba como una princesa, eso la habría insultado.

—No necesitas disculparte. Ese hombre solo está ofreciendo sus servicios porque es mi espía dentro de la Iglesia —le indico Klaudio.

—Alteza, usted no me permite descansar. Está escupiendo demasiado veneno sobre la Iglesia, después de todo. Además, lo creas o no, soy un individuo capaz y popular. Recuerda que tengo conexiones tanto dentro como fuera de esta nación. Así que, en lugar de desperdiciar mi conocimiento en una Iglesia corrupta, preferiría que le dieras un buen uso a la información que he recopilado minuciosamente —dijo. En su rostro permanecía una sonrisa frívola, y no se había transformado en una bestia en todo este tiempo, así que estaba diciendo la  verdad.

Sin embargo, Rosemarie se sorprendió de que pudiera existir un clérigo tan despreocupado.

—Entiendo más o menos las circunstancias, Sir Fritz. Pero ¿por qué salió del techo…?

—Supongo que por diversión. Además, estaba preocupado de que Su Alteza pudiera perder el control de sí mismo al tener a la señorita que tanto ha deseado a su alcance, ¡así que estaba vigilando…! ¡Su Alteza! ¿Podrías dejar de tirar esos cuchillos? —Fritz golpeó los cuchillos que eran lanzados hacia el uno tras otro. Casi al mismo tiempo, su rostro comenzó a cambiar, le salió un hocico largo y su cabeza se transformó en la de un zorro naranja claro. Rosemarie se encontró tensa por el miedo.

Sin preocuparse siquiera de que el ahora furioso Fritz la atacara, Klaudio se burló de disgusto.

—¿Qué más esperas? Estás diciendo cosas para ganar mi ira. Ahora vete. Esta conversación no va a ninguna parte.

—Mi partida es ciertamente una opción. ¿Pero qué hay de su incapacidad para probar cómo tu esposa no hechicera te robó el maná? Creo que en lugar de perder la calma y amenazarla, sería más fácil y más útil asegurarse de que pueda comprender adecuadamente los detalles.

Ahora que se había calmado, el rostro de Fritz volvió a su forma humana, el mismo rostro humano que antes, con un aura amigable a su alrededor. Klaudio asintió a regañadientes, y su rostro se contrajo con enojo.

—Lo entiendo. Hagamos eso, entonces.

Klaudio aceptó la idea, ordenando a Fritz que le trajera algo. Una vez que salió de la habitación, Klaudio se tumbó en el sofá más cercano en silencio.

Rosemarie se estremeció. Sus hombros temblaban mientras lo miraba tímidamente. Cuando Klaudio se sentó con un codo apoyado en su regazo y levantando la cabeza con la mano, se dio cuenta que su rostro exudaba fatiga por cada poro.

—¿Estás cansado…? —En respuesta a su simple pregunta instintiva, Klaudio la miró como si estuviera poseída. Parecía que ella había tocado un tema delicado. Un escalofrío recorrió su espalda.

—Oh, estoy cansado, es correcto. Muy, muy cansado. Y tú eres la culpable principal.

Entonces, ¿ella era la raíz del problema nuevamente? Había recibido tantas acusaciones que solo quería acurrucarse y esconder su cabeza en su balde.

—Um, odio preguntarte esto mientras estás tan cansado, pero ¿te importaría explicar la situación con un poco más de detalle? ¿Cómo me las arreglé para robarte el maná? Puede que no sea muy inteligente, pero no estoy haciendo rechazando nada de esto, ya ves… —dijo con voz apagada, parada en su lugar.

Tal vez la fatiga del día anterior fue en parte culpable, pero ella sabía que su cabeza no estaba trabajando a toda velocidad.

—No hay nada que explicar. Desde que robaste mi maná, no he podido usar magia, me convertiste en un hombre con la cabeza de un león plateado y, como resultado, me he enfermado. No irás a ningún lado hasta que recupere mi maná. Es muy simple, ¿qué más necesitas entender? —dijo Klaudio, frunciendo el ceño con exasperación.

El delicado cuidado que le había mostrado hasta hace unos momentos desapareció como si nunca hubiera sucedido. Por mucho que el cuidado y la atención de su esposo la llenaran de alegría, él mismo había declarado que era una farsa, y el pobre corazón de la joven dolió.

—Lo siento. No puedo entenderlo, te lo ruego. Por favor dime.

Klaudio la miró, silencioso e inmóvil, mientras lo presionaba para que respondiera. Finalmente, abrió la boca, extremadamente disgustado.

—Siéntate ahí —dijo, haciendo un gesto hacia el asiento frente al tocador con un movimiento brusco de la barbilla. Una vez que se sentó, él dejó escapar un suspiro exagerado—. La semilla del sellado de maná está dentro de mí.

—¿La semilla del sellado de maná? —Ella inclinó la cabeza confundida en cuanto mencionó esos términos desconocidos, lo que provocó que Klaudio moviera una ceja, por lo que se apresuró a cerrar la boca.

—Es exactamente lo que significa: está diseñada para suprimir el maná de la persona que la porte. Mi maná base es bastante fuerte. Si no fuera el caso, al tener la semilla suprimiendo parte de mi maná, podría haber  acabado lastimándome. —Klaudio bajó la mirada un poco. Parecía triste por un segundo antes de que su aguda mirada cayera inmediatamente sobre ella—. En el Día Nacional de la Fundación, vi a una niña entrar al bosque prohibido. ¿Sabes a qué me refiero con Bosque Prohibido? ¿Lo comprendes?

—Sí, te refieres al bosque que se encuentra en la parte trasera del castillo, ¿verdad? En mi entrenamiento como princesa me enseñaron que es el lugar donde están consagrados los restos del león plateado, la bestia sagrada que ayudó en la fundación de Baltzar con su poderoso maná mientras la nación aún se estaba formando. Sin embargo, recuerdo haber escuchado que aquellos sin maná que ingresan al bosque desaparecen sin rastro… ¿Puede que ese niño que dices que ingresó al bosque… por casualidad era yo? —Recordó que había estado interesada en esos árboles tan altos y robustos, fue lo primero que vio cuando llegó a Baltzar y le parecieron mucho más llamativos que el castillo frente a élla.

Habiendo estado tan impresionada cuando llegó, no le sorprendió escuchar que había vagado sola por ese bosque en su niñez.

Ella apretó las manos con fuerza sobre su regazo, esperando con la respiración contenida.

Klaudio, por otro lado, continuó con indiferencia, ignorando su pregunta.

—Perseguí a la niña, que parecía tener la edad suficiente para saber el significado del bosque prohibido. Además, si hubiera sido la hija de un invitado oficial, su desaparición podría haberse convertido en un problema diplomático. Aunque, ahora que sé que se trataba de la princesa de una pequeña nación, deseo desde el fondo de mi corazón haberte dejado en paz.

—Entiendo y tienes razón. —Rosemarie dejó caer los hombros con desánimo, a lo que Klaudio solo emitió un perturbado suspiro.

—Encontré a la niña en el árbol más alto del Bosque Prohibido, con el rostro arrugado y lleno de lágrimas. A decir verdad, era una imagen poco atractiva y cuando intenté rescatarla, me robo mi maná.

Rosemarie sintió la fuerte mirada de Klaudio caer sobre ella, haciendo que sus hombros saltarán con cada una de sus palabras. Decir que estaba acostumbrada a que la miraran los ojos de las bestias sería un eufemismo. Sin embargo, que la vieran un par de ojos humanos con tanta ira era una experiencia completamente nueva.

—Después de que me robaron mi maná, gradualmente comencé a tomar la forma del León de Plata. Primero, mi cabello se volvió plateado durante la noche. Al día siguiente, mi piel se cubrió de pelaje y por último fueron los cuernos.

Ese parecía ser el mismo proceso por el cual las cabezas de personas se transformaban en bestias ante la mirada de Rosemarie. La única diferencia era que se transformaban lentamente cuando el cambio se realizaba rápido si los miraba. Se pregunto qué sería más aterrador: presenciar que sucediera o que te ocurriera a ti mismo.

No estaba claro si estaba reprimiendo su ira, pero la manera despreocupada en que hablaba indicaba cuán inmensa era su furia.

—Lo peor fue el final. La semilla de maná brotó en mi interior, sellándolo.

—¿Brotó…? —De repente recordó una flor que había cultivado hidropónicamente una vez. Podía sentir la energía y la vivacidad de la flor mientras veía crecer las raíces blancas todos los días. Al mismo tiempo, también le preocupaba las raíces que se enredaban con las de plantas invasoras. Se estremeció al pensar que posiblemente estaba sucediendo lo mismo dentro de Klaudio. Se frotó el brazo, y un escalofrío recorrió su cuerpo.

—Esa semilla de maná pone en peligro la vida de Su Alteza.

Rosemarie saltó sorprendida y se volvió hacia la puerta al escuchar a Fritz, quien había regresado.

—Si regresaste, entonces deberías ser más rápido para ingresar.

—Bueno, pensé que lo mejor era no interrumpir ahora que finalmente tiene ganas de explicar las cosas, ¿verdad? —expresó sin prestarle atención a Klaudio y su mirada disgustada. Fritz sonrió y levantó una escoba.

—Sí, eso servirá —dijo Klaudio asintiendo, volvió la vista hacia Rosemarie. Ella se encogió ante su mirada fría y la expresión despreocupada.

—Pudiste robarme mi maná porque tienes un rasgo físico que te permite hacerlo. Te lo demostraré ahora.

—¿Huh? Que, um, yo… ¿eh? ¿Rasgo físico? —Lo que él decía no tenía sentido. De hecho, nunca hubiera pensado que a los dieciséis años estaría casada. Rosemarie se puso de pie sin entender lo que pasaba, y nerviosa se palmeó el pecho. Fritz se paró frente a ella, sosteniendo la escoba en posición vertical.

—Estoy colocando un poco de maná en esto. ¿Serías tan amable de tocarlo? —Aún cuando estaba frente a una Rosemarie sumamente nerviosa y un Klaudio sombrío y con los labios apretados, Fritz no se inmutó. Apretó el mango de la escoba y luego la soltó.

Justo cuando pensó que la escoba tocaría el suelo, de repente se levantó de nuevo. Se balanceo un poco y parecía estar lista para caerse en cualquier momento, pero ciertamente colgaba del suelo por sí sola.

—¿Qué?

Sorprendentemente, era físicamente apto para ser un clérigo y el informante era más sombrío de Klaudio. Rosemarie le lanzó a Fritz una mirada sorprendida y desconcertada. Se quedó allí parado y se encogió de hombros.

—Sí, esto es lo mejor que puedo hacer con el nivel maná que poseo.

—Oh no. Creo que es increíble. Siento que haría maravillas con la limpieza.

—Es una excelente idea, deberíamos soltarla en el castillo —expresó Fritz soltando una ligera risa.

—No harás tal cosa —ordenó Klaudio en un tono molesto—. ¿Qué clase de imbécil eres? Estás probando mi paciencia. Date prisa y acaba con esto.

—Sí señor —respondió Fritz sin animo, se aclaró la garganta y fijó su postura en su asiento. Al verlo Rosemarie enderezó su espalda por reflejo.

—Esta bien. Solo tócala ligeramente, ¿quieres? Esta escoba actualmente tiene mana, por lo que si cae una vez que la toques, habrás robado el maná dentro de ella. Eso debería ser suficiente para convencerte.

Rosemarie tragó saliva y alcanzó nerviosamente la escoba. Nunca había oído hablar de alguien con un rasgo físico que permitiera robar el maná de una persona u objeto y si eso estuviera pasando con ella, sentiría que se estaba transformado en alguien más.

Las yemas de sus dedos tocaron el mango. Mientras lo hacía, una extraña sensación recorrió su cuerpo a través de sus dedos, como si hubiera tocado agua tibia. Ella apartó la mano. La escoba se tambaleó peligrosamente en el aire, luego cayó directamente al suelo.

El ruido resonó en los oídos de Rosemarie, quien apretó su mano contra su pecho,  aturdida. Sus hombros se crisparon cuando se quedó sin palabras. La escoba permaneció inmóvil en el suelo. No se volvió a levantar, ni una sola vez.

—Eso… no puede ser.

—Ahora está confirmado, tienes el poder de extraer el maná de los demás.

—¿Me crees ahora?

Rosemarie observó a Klaudio que permanecía sentado, con la mano apoyada en su rostro. Se sintió sin fuerzas y se dejó caer al suelo, sentada en el mismo lugar donde había estado de pie.

—Pero, pero Su Alteza, usaste magia en la boda —contradijo Rosemarie.

—Tenía un hechicero a mi lado, ¿recuerdas? Fue su magia no la mía. —Sus argumentos fueron derrumbados de inmediato. Todo lo que podía hacer ahora era bajar la cabeza con incredulidad.

Todo lo que dijo Klaudio era cierto. Si bien no podía sentir el maná que le robó en su cuerpo, era posible que pudiera haberlo robado.

—Un requisito previo para convertirse en el príncipe heredero es tener maná. No importa cuán pequeña sea la cantidad. Con mi condición actual, corro el riesgo de perder mi posición ¿Puedes entender la gravedad de lo que hiciste?

Los ojos de Rosemarie se abrieron y apretó sus manos juntas con fuerza.

—¿Q-Quién más sabe de esto…?

—Mi padre, el rey Baltzar. Fritz, que está presente. Alto Clausen, vicecapitán de la Guardia Imperial y mi asistente personal y el Archimago Edeltraud. Hay algunos retenedores principales que también lo saben, pero esas son todas las personas que deben preocuparte.

Rosemarie podía leer entre líneas. Esas son todas las personas que has incomodado. Ella había robado el maná del príncipe heredero Klaudio y provocó que su  cabeza se transformará. Aparentemente también estaba poniendo en peligro su vida. No era de extrañar por qué la odiaba.

—Lo siento mucho. He sido un gran inconveniente sin siquiera saberlo. ¡Te devolveré tu maná de inmediato, alteza! —Rosemarie se puso de pie de un salto y apretó la mano de Klaudio con las suyas.

La expresión helada de Klaudio se tensó, como si le hubieran mentido.

—¿Qué estás haciendo?

—¿Huh? Bueno, estoy tratando de devolverte tu maná, así que…

—Si todo lo que tuvieras que hacer fuera tomar mi mano, mi cabeza habría vuelto a la normalidad hace mucho tiempo. Eso haría que casarme contigo no tuviera sentido. —Klaudio la fulminó con la mirada. Ella bajó las cejas cuando un sentimiento de culpa la inundó.

Tenía un buen punto. Si todo lo que necesitaba era una disculpa y un traspaso rápido de su maná, no tendría que tomarse la molestia de casarse con alguien que odiaba. En ese caso…

—Um, ¿podría ser que la única forma de hacerlo, por casualidad es…? —Miró lentamente a Klaudio, con los ojos muy abiertos e inocentes como los de un cachorro.

Solo había una razón por la que tendría que casarse con ella. Una vez que la verdad la golpeó, su rostro se sonrojó.

Una vena se hinchó en la frente de Klaudio mientras escupía en un tono grave.

—No, el coito conyugal no es la solución.

—¡Oh, por supuesto que no! —dijo Rosemarie. El simple pensamiento pareció molestar a Klaudio.

Mientras tanto, Rosemarie se cubrió la cara con las manos, incapaz de ocultar su vergüenza. Estaba avergonzada de sí misma. ¿Cómo podía tener un pensamiento tan indecente en su mente?

—Bueno, es natural que tenga una idea equivocada. Mira la situación en la que se encuentra —bromeó Fritz con una sonrisa irónica. Rosemarie asintió levemente, aún ocultando su rostro. Luego escuchó a Klaudio soltar un suspiro exasperado.

—Todavía no sé cómo recuperar mi maná. Sin embargo, hay un límite en cuanto al tiempo que puedo retenerte como invitada. Y hacerte prisionera requeriría fabricar cargos, eso sería un problemas más grande de lo que realmente vale. Entonces, casarme contigo era la forma más rápida y fácil de mantenerte aquí en Baltzar sin incitar ninguna protesta pública. Una esposa es propiedad de su esposo. Sin mencionar que no importa cómo te trate, divorciarte de mí será bastante difícil.

Rosemarie miró a Klaudio sin comprender, con la cara tensa. Le dijeron que tenía que devolver algo, y había sido tan optimista para pensar que eso significaba que podía hacerlo de inmediato. Sin embargo, parecía que las cosas serían un poco más complicadas que eso.

—Una vez que recupere mi maná, tu vida también volverá a la normalidad. Nos guste o no, hasta que llegue ese momento, permanecerás aquí como mi esposa. Así que mientras encuentro la manera de que me devuelvas mi mana, actúa como si no existieras. —Él le dirigió una sonrisa cruel a Rosemarie, haciéndola estremecer. Si no la necesitara, era bastante obvio que la desecharía, eso significaba que no tenía otra opción más que convertirse en su conejillo de indias.

—Me quedaré aquí, pero… no me lastimarás, ¿verdad? Te lo ruego, por favor no me hagas nada malo. —Las lágrimas se formaron en sus ojos por el miedo. La fatiga mental que le provocaba ver la cabeza de alguien transformarse en la de una bestia era algo contra lo que tenía cierta resistencia, pero el dolor físico era un territorio desconocido.

Mientras estaba sentada allí, mirando el rostro silencioso y sin emociones de Klaudio, Fritz, que estaba a su lado, comenzó a sonreír.

—¿No está empezando a sonar, bueno, ya sabes, más que un poco indecente?

—¡Lo único indecente aquí es tu mente podrida! —Con una voz tan baja que prácticamente bordeaba el suelo, Klaudio arrojó otro cuchillo al clérigo. Sin embargo, Fritz lo evadió, alegre y casual, seguido de su salida de la habitación.

—Bueno, te lo prometí en la ceremonia de la boda, ¿no? Juro pasar cada momento de mi vida dedicado a ti, nunca miraré hacia otro lado. Por supuesto, que se debe a que eres mi bóveda de maná. Voy a dedicar todo mi ser a ti. —Con una sonrisa sarcástica en su rostro, Klaudio se puso de pie y pasó tranquilamente frente a la asustada Rosemarie. Con su túnica ondeando detrás de él, se dirigió hacia la puerta—. Ah, sí. No debes decir una palabra de lo que te he dicho a nadie. A menos que sea una de las tres personas que mencioné antes, no hablarás de mi falta de maná bajo ninguna circunstancia —añadió, lanzándole una mirada espantosa a Rosemarie, quien asintió con la cabeza como una tonta.

¡Por supuesto, mis labios están sellados! ¡Pero quiero irme a casa pronto…!

—Bueno, entonces, mi amada esposa, espero que tengas una noche agradable. —Klaudio sonrió cariñosamente, tal como lo había hecho ese día, y salió de la habitación.

♦ ♦ ♦

Una vez que estuvo libre de la habitación de Rosemarie, Klaudio puso una mano cansada en su frente y soltó un largo suspiro.

—Nunca hubiera imaginado a Su Alteza hablar con tanta ira. ¿No se suponía que desempeñabas el papel de un amable esposo?

Escuchó la voz de Fritz, que había salido antes que él, y cuando miró en la dirección de la voz, vio al clérigo sonriendo ampliamente con el mango de la escoba de su experimento anterior equilibrado en su frente.

—¿Crees que puedo interpretar el papel de un marido amable cuando trato con alguien que no es más que una bóveda de maná? Absurdo —respondió con indiferencia, mientras caminaba por el pasillo—. Aparte de eso, ¿quién estaba en el techo?

Ni siquiera Fritz carecía de suficiente sentido común para irrumpir en la habitación de una pareja casada sin una razón adecuada. Él arrojó la escoba sobre su hombro y la siguió, tarareando como si estuviera pensando.

—Un espía, creo. Ya que pude atraparlo, no parecía un asesino entrenado.

—De acuerdo, no puede existir un asesino tan tonto como para ser atrapado en su trabajo. Entonces, ¿qué pasó con dicho espía?

—Se lo entregué a Alto y él se lo llevó.

—Ahh. Por eso volviste. —Eso explicaba por qué su ayudante de caballero estaba ausente de su puesto fuera de la puerta. Fritz debía haberle entregado al cautivo y, luego regresó al techo. No había garantía de que el espía viniera solo. Había regresado para mantener la guardia para estar más seguro.

—Lo juro, esas personas nunca aprenden.

—Probablemente no se detendrán ante nada para descubrir mi debilidad —suspiró, murmurando su molestia por lo bajo.

Durante mucho tiempo, había habido algunas personas desesperadas por sacarlo de su posición como príncipe heredero de Baltzar. No había indicios de lo que no les gustaba de él, pero eran persistentes.

—Intentan matarme tanto de afuera como de adentro, pero no me voy a ir de este mundo tan pronto. Tengo esta vida mía gracias a mis padres y a muchas otras personas que se han unido para salvarla. No me matarán fácilmente. —Aunque en su interior estaba la semilla de sellado de maná; en su exterior tenía que vivir con los deseos deformados de los humanos. Su vida estaba en juego por dos frentes, pero no estaba preparado para rendirse sin luchar.

—Permaneciendo fuerte como siempre, Su Alteza. Esa es la cualidad que me hace querer prestarte mi ayuda. —Fritz le dio unas palmaditas en el hombro a Klaudio con una sonrisa irónica—. Bueno, parece que podemos manejar esta Semilla de Sellado de Maná. He recopilado información en varias galas nocturnas diferentes, pero nunca hubiera esperado que la princesa que permanecía escondida fuera la que tuviera tu maná. Sin embargo, dadas sus circunstancias, puedo ver por qué no participa de actividades externas Con el miedo que tiene a lo que muestran sus ojos, debió ser duro avanzar.

—Lo has entendido bien. He perdido la cuenta de cuántas veces me ha molestado su actitud. —De repente, la expresión complacida de Rosemarie de la boda apareció en su mente. Aunque algo había estado amenazando su vida en aquel entonces, su actitud demasiado despreocupada y distante lo había asqueado. Le tomó todo lo que pudo para reprimir su ira. Lo mismo sucedió durante los tres meses anteriores, ya que la trató con cuidado antes del día de su boda. La experiencia había sido prácticamente una tortura.

—Oh, nuestro muchacho Alto ha regresado, así que me retiro. Seguiré tratando de recopilar la información que solicitó. —Al ver a un caballero que se acercaba a ellos, Fritz se despidió y salió por la ventana cercana.

Klaudio no se detuvo para despedirlo mientras se desvanecía a la sombra de la noche, y en su lugar continuó caminando para encontrarse con su caballero.

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Un comentario en “Por mi culpa mi esposo tiene cabeza de bestia – Capítulo 2: Un matrimonio lleno de objeciones

  1. Kim says:

    T.T pobre Rosemarie 😭😭

    Tener que soportar el miedo durante casi toda su por su constitución física y cuando cree encontrar a alguien honesto y que no le afecta su estado 😢😢

    Resulta que es solo es usada 😢 y todas esas palabras bellas y hermosas solo fueron una actuación para mantenerla a su lado y utilizarla para su beneficio 😭😭😭😭

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