El emperador y la mujer caballero – Capítulo 319

Traducido por Maru

Editado por Freyna


Pollyanna no podía pensar en absoluto. Era obvio que la belleza de Lucius I podía usarse como arma para distraer a su enemigo.

La verdad era que el emperador se ha estado preparando para este día desde que regresó a Jaffa. Ordenó que su habitación fuera redecorada por completo. La alfombra, el papel tapiz e incluso los muebles fueron reemplazados para que sus colores pudieran realzar su apariencia.

Pollyanna continuó:

—¿Cómo podría verse aún más hermoso que las joyas de valor incalculable que está usando, su alteza? La capa roja que lleva le queda especialmente perfecta hoy. Estoy segura de que cuesta una fortuna, pero si me lo permitieran, ¡quiero renunciar a toda mi riqueza para comprar más para ti…!

Su entrenamiento, cuando trabajaba como guardia personal del emperador, estaba funcionando ahora. Sir Mahogal le enseñó a felicitar al emperador y Pollyanna no pudo evitar balbucear. Ella pensó que incluso el piso estaba haciendo que el emperador se viera más hermoso cuando, de repente, se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.

¡Esta fue la táctica del emperador!

¡Por eso me hizo esperar afuera!

Era demasiado tarde para que ella se diera cuenta de esto. Para cuando Pollyanna pudo pensar, Lucius I ya estaba sosteniendo sus manos. Cuando lo vio de cerca, Pollyanna se sonrojó. El emperador incluso olía hermoso.

—¡Su alteza! ¡Esto no es justo! No está peleando de manera justa. ¡Su alteza! ¡No puede hacer esto!

—Ja, ja.

Lucius I no puso una excusa. Simplemente acompañó silenciosamente a Pollyanna a una silla que estaba junto a la suya. Pollyanna seguía repitiendo cómo él estaba siendo injusto, y cuando se sentó a su lado, se confundió.

¿Por qué está sentado a mi lado? ¡¿Por qué no está sentado frente a mí?!

Pollyanna trató de mantener su distancia de él sentándose lo más lejos posible, y el emperador no trató de acercarse. Pollyanna preguntó:

—¿Entonces, difundió el rumor sobre nosotros? ¡Como pudo! ¡No es justo!

—No existe el juego limpio en una guerra.

—¡Pero esto no es una guerra!

—Por supuesto que es. Esta es la guerra más cruel que existe. La guerra por el amor; una batalla para ganar el corazón de una mujer.

Si esto era realmente una guerra, Pollyanna estaba en desventaja. Lucius I ya hizo un primer movimiento sorpresa, y ahora, ella fue bombardeada con su belleza sobrenatural. Pero el emperador no estaba de acuerdo con su evaluación, era él quien siempre iba a estar en el lado perdedor porque él era el que amaba. Siempre iba a ser Pollyanna quien tuviera la clave para poner fin a esta batalla.

Incluso el emperador de todo este reino era débil cuando estaba de pie frente a la mujer que amaba. Lucius I nunca olvidó su posición más débil. Se lo recordaba todos los días y, en lugar de quejarse, estaba listo para usarlo en su beneficio.

Para ganar, había que hacer todo lo necesario. El emperador estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para ganarse el corazón de Pollyanna.

—Yo… —dijo Pollyanna.

Finalmente estaba comenzando a acostumbrarse a la belleza del emperador. Era una tarea muy difícil, pero afortunadamente, ella pasó mucho tiempo con él en el pasado, por lo que tenía al menos algo de tolerancia para él. Pollyanna recordó las palabras que planeaba decirle antes de venir a Jaffa. Iba a contarle sobre su plan.

¡Hagámoslo!

—Su alteza, usted y yo…

—Después de dejar Sitrin, pensé profundamente en nuestra situación.

—¿Perdón?

Pollyanna se quedó callada mientras el emperador continuaba.

—Pensé en cómo reaccionaría la Pol que conozco. ¿Qué diría ella? ¿Querría casarse conmigo solo porque ahora teníamos un hijo juntos? Antes de irme, les dije que esperaba que fueras feliz. No debes negar el hecho de que eres mujer. —Lucius I miró hacia abajo un poco antes de agregar—: Más tarde, me pregunté por qué te dije tal cosa. Sé que no eres una idiota. Nunca te negarías la felicidad, ¿verdad? Entonces, de repente, me di cuenta de que tu definición de felicidad era diferente a la mía. Esto no era lo que querías. Supongo que viniste aquí hoy para decirme esto, ¿verdad? —El emperador sonrió y dijo lo que Pollyanna iba a decir—: Probablemente me ibas a decir ahora que estás dispuesta a casarte conmigo por Gerald. Pero no puedes dejar de ser un caballero, así que quieres divorciarte justo después de nuestra boda. Quieres que diga que sí a este plan, ¿verdad?

Eso era exactamente lo que Pollyanna le iba a decir al emperador. Cuando Lucius I la miró y tomó sus manos. Pollyanna no pudo apartarse cuando preguntó:

—¿Lo hice bien?

—Su alteza es increíblemente inteligente, sabio y… me conoce muy bien. Si ya sabía lo que iba a decir, ¿por qué hizo esto?

—Porque no lo sabes.

—¿Qué no sé?

—La felicidad.

Pollyanna frunció el ceño. Ciertamente sabía lo que era la felicidad. Fue el día en que conoció al emperador y él la aceptó como su caballero; el día que le dijo que, si todos sus caballeros fueran como ella, habría podido conquistar el continente dos veces más rápido. Fue el día en que pudo ayudar a su alteza. El día que ganó un nuevo hermano, Sir Donau… y el día que vio la sonrisa del emperador en ese acantilado.

Todos estos días… Fueron la felicidad de Pollyanna.

—Su alteza, sé cómo es la felicidad.

—No, no es así. No lo sabes y es por eso que te niegas a hacerlo. Es posible que conozcas una parte, pero no todo. No conoces todos los diferentes tipos de felicidad que puedes disfrutar en tu vida. Solo aquellos que lo han experimentado pueden saberlo, y como no lo has hecho, ¿cómo lo sabrías? Me doy cuenta de que tu definición de felicidad es diferente a otras, pero Pol, no has experimentado la alegría que tienen los demás. Entonces, ¿cómo puedes saber si no lo quieres? Nunca has experimentado el tipo de felicidad que las otras mujeres sintieron en sus vidas, entonces, ¿cómo puedes decir que no la quieres? Te frustra que otras personas no comprendan tu definición de felicidad, pero estás haciendo lo mismo. No estás dispuesta a probar las cosas que hacen felices a otras mujeres.

Ésta era la verdad. Pollyanna se quedó sin habla y Lucius I se arriesgó. Apretó sus manos alrededor de las de ella, tomando su silencio como su aceptación. Incluso si no lo fuera, no importaba. Iba a hacer lo que fuera necesario para hacer realidad su sueño.

—Así que, por favor, dame la oportunidad de mostrártelo.

Pollyanna se sintió consternada. Podía verse a sí misma en los ojos del emperador. Podía ver que, en este mismo momento, ella era lo único en sus ojos.

—Te mostraré cómo se siente la felicidad. Te mostraré la verdadera alegría de amar a una mujer. Te enseñaré lo que es ser amada por el emperador. Te prometo que mi amor por ti nunca cambiará.

Maru
Ay dios... Ojalá me dijeran estas cosas a mí... Qué bonito...
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