El Fundador del Diabolismo – Capítulo 22: Malicia (1)

Traducido por Shiro

Editado por Sharon


En ese momento, Jin Ling, quien se encontraba inconsciente, se sentó.

Se puso de pie con los ojos cerrados frente a ambos. Wei WuXian quería ver lo que iba a hacer, por lo que no lo detuvo cuando él lo rodeó con lentitud, y con una zancada, se dirigió hacia la pared en la que había permanecido sepultado hasta no hacía mucho. Entonces, puso ambos brazos a cada lado de su cuerpo, imitando la posición en la que se encontraba antes.

Wei WuXian tiró de él, sacándolo del agujero de la pared, encontrando la situación extraña e hilarante. Justo cuando estaba a punto de decirle a Lan WangJi que lo mejor era que no se quedaran en ese lugar mucho tiempo, se estremeció del susto al escuchar algunos ladridos en la distancia. Desde que habían entrado, el perro espiritual negro se había comportado, meneando la cola mientras los esperaba en la entrada. Esperaba de manera ansiosa aunque patética, que llevaran a su maestro de vuelta, en silencio. Sin embargo, ahora, sus ladridos eran más feroces que nunca.

—Algo no va bien fuera del castillo —dijo Lan WangJi.

Cuando extendió la mano para ayudar a Jin Ling, Wei WuXian se le adelantó, cargándolo en su espalda.

—¡Vamos a ver!

Los dos pronto regresaron por donde habían venido, y en tanto que se agachaban para salir, vieron de espalda al perro espiritual mientras gruñía guturalmente en una dirección en concreto. Aunque Wei WuXian había conseguido ir hasta allí, le era imposible soportar esta clase de sonido, retrocediendo de forma involuntaria algunos pasos. Cuando el animal se volteó y vio que llevaba a Jin Ling en su espalda, corrió hacia él de inmediato, haciéndolo gritar como resultado. Lan WangJi se interpuso entre ellos justo cuando estaba a punto de tirar al joven al suelo.

En ese momento, el perro se detuvo al instante con la cola entre las patas. La razón por la que no sacó su lengua fue porque llevaba algo en su boca. Lan WangJi se le acercó, se agachó, tomó el retazo de tela de entre los dientes del animal y se lo entregó a Wei WuXian. Parecía formar parte de una vestimenta. Alguien debió haber estado merodeando por la zona, y su apariencia debió haber sido sospechosa, de lo contrario los ladridos del perro no habrían estado llenos de hostilidad.

—No deben encontrarse muy lejos. ¡Vamos tras ellos! —declaró Wei WuXian.

—No es necesario. Sé quiénes son —respondió Lan WangJi, contrario a sus expectativas.

—También sé quiénes son. El mismo grupo de personas que esparció los rumores acerca de la Cresta Mortífera, dejó a los cadáveres deambular por el área, preparó la formación mágica laberíntica y construyó esos castillos. Además, están esos sables. Pero si no los atrapamos ahora, será engorroso encontrarlos luego.

—Iré tras ellos. ¿Qué hay de ti y Jin Ling?

—Lo sacaré de aquí y lo dejaré en algún lugar de Qinghe. Vamos a reunirnos donde hablamos con el charlatán. —El ritmo de la conversación fue rápido en extremo. Lan WangJi apenas pausó por un momento y Wei WuXian añadió—: Ve. Si demoras más la persona habrá escapado. ¡Me voy!

Al escucharlo, Lan WangJi lo observó de manera significativa y se fue sin decir palabra, tras lo que el perro se le quiso lanzar encima de nuevo.

—¡¡E-E-Espera!! ¡Llévate al perro! ¡¡¡Llévatelo!!!

Lan WangJi tuvo que regresar. Miró al animal, quien demasiado temeroso como para oponer cualquier clase de resistencia, ladró mientras lo seguía a rastras, volteando a ver a Jin Ling cada cierto tiempo. Wei WuXian limpió las gotas de sudor que se habían acumulado en su frente, y después de mirar al grupo de castillos una vez más, recogió al joven de nuevo y comenzó a recorrer la Cresta Mortífera.

En ese momento, ya era cerca del anochecer. Con un chico sobre su espalda y ambos cubiertos de tierra, recibieron mucha atención de los transeúntes. Wei WuXian volvió a la calle en donde Jin Ling lo persiguió con el perro y encontró una posada. Usando el dinero que había conseguido de Lan WangJi, compro dos conjuntos nuevos y alquiló una habitación. Entonces, primero le quitó la túnica de la secta a Jin Ling, la cual se había arrugado después de haber sido sepultada bajo tierra, y luego le sacó las botas. Sin embargo, sus movimientos de pronto se detuvieron.

Parecía haber un área ensombrecida en su pierna. Poniéndose de cuclillas y enrollando los pantalones del chico, descubrió que no era una sombra, sino un cardenal negro. Sin mencionar que no lo había hecho lastimándose, porque se trataba de una maldición.

Una maldición era una marca que le hacía un ser maligno a su presa. De aparecer, significaba que la persona había ofendido a algo de malicia extrema. Por lo que, al dejar una marca, te encontraría sin importar qué, posiblemente mucho tiempo después o esa misma noche. Las consecuencias iban desde la remoción de la parte del cuerpo que había sido afectada hasta la muerte.

La pierna de Jin Ling se había ennegrecido por completo y el cardenal se expandía hacia arriba. Wei WuXian nunca había visto una maldición en un tono tan intenso y oscuro, ni que cubriera un área tan extensa. Mientras más la miraba, más severa se tornaba su expresión. Después de eso bajó sus piernas y se deshizo su prenda interna, tranquilizándose sólo cuando se aseguró de que las áreas de su pecho y estómago se encontraban libres de la maldición.

Fue entonces que Jin Ling abrió los ojos.

Durante un tiempo permaneció allí sin lograr salir de su estupor. No obstante, con su cuerpo desnudo y una temperatura baja, volvió en sí enseguida.

—¿Q-Q-Qué estás haciendo? —rugió con el rostro enrojecido apenas se incorporó.

—Oh, ya estás despierto —le respondió con una sonrisa.

Luciendo estupefacto, Jin Ling cerró la parte frontal de sus prenda íntima y se encogió hacia una de las esquinas de la cama.

—¡¿Qué quieres?! ¡¿Dónde está mi ropa?! ¡¿Y mi espada?! ¡¿Y mi perro?!

—Estaba por ponerte una túnica limpia.

Su expresión y el tono de su voz eran amables, como los de una abuela que quería ponerle un abrigo a su nieto.

—¡¡¡No soy un manga cortada!!! —exclamó Jin Ling con el cabello enmarañado y la espalda contra la pared.

—¡Qué coincidencia! ¡¡Yo sí!! —le contestó con una sonrisa de oreja a oreja.

En ese momento, Jin Ling agarró la espada que descansaba junto a la cama con tanta valentía que parecía que si Wei WuXian se le acercaba un paso más, lo asesinaría y luego se suicidaría para probar su inocencia.

—¿Por qué estás tan asustado? —consiguió decir Wei WuXian cuando finalmente fue capaz de parar de reír—. ¡Fue sólo una broma! Me esforcé tanto para sacarte de la pared y ni siquiera me agradeces.

En el alboroto, Jin Ling peinó su cabello con su mano, logrando que luciera más decente.

—¡De no ser por eso, el que t-t-te atrevieras a q-q-quitarme la ropa habría hecho que te matara miles de veces! —bramó, molesto.

—Por favor, no. Morir una vez ya fue lo suficientemente doloroso. Ya, ya, baja la espada.

Mirándolo, confundido, Jin Ling hizo lo que le dijo.

Aunque su alma no se encontraba en su cuerpo, razón por la que no podía recordar muchas cosas, cuando Inquisición había sonado supo, a pesar de su abotargamiento, que la persona frente a él fue quien lo sacó de la pared y lo cargó montaña abajo. Al inicio, justo después de verse en el interior de la pared, había logrado mantenerse consciente, tiempo durante el cual el miedo y la desesperación se apoderaron de su corazón. Sin embargo, no esperaba que la persona quien lo liberaría sería a quien había odiado desde el primer día que se habían visto.

Su rostro palideció y enrojeció de manera alternativa. Se sentía mareado y avergonzado, y sus pensamientos seguían revoloteando sin rumbo. De pronto, sus ojos se dirigieron hacia la ventana y se sorprendió al ver que estaba por anochecer, con algunas estrellas aquí y allá. Entonces, Wei WuXian se agachó para recoger la ropa nueva que ahora se encontraba en el suelo, momento que Jin Ling aprovechó para saltar de la cama, ponerse sus botas, agarrar su túnica, y salir corriendo de la habitación.

Había pensado que, después de todo lo que le había ocurrido, permanecería lánguido por un tiempo, pero ¿quién se imaginaría que los jóvenes eran tan enérgicos? Aunque a medida que lo veía desaparecer en la distancia com una ráfaga de viento, recordó la maldición en su pierna y la seriedad de la situación.

—¿Por qué huyes? ¡Regresa!

Jin Ling se iba poniendo su túnica mientras corría.

—¡No me sigas!

Era rápido. En unas cuantas zancadas había salido de la posada, y después de seguirlo por un tiempo, lo había perdido de vista.

Después de buscarlo por un rato, llegó el crepúsculo, y el número de personas en las calles también disminuyó. Wei WuXian estaba bastante irritado, y justo cuando estaba a punto de rendirse, la voz molesta de un hombre joven se escuchó frente a él, al final de la calle:

—Maldición. ¡¿Cómo pudiste hacer tal cosa?! Sólo te dije un par de cosas y lo que haces es desaparecer. ¿Acaso eres una joven doncella? ¡Tu temperamento cada vez está peor!

¡Jiang Cheng!

Wei WuXian de inmediato se escondió en un callejón.

—Ya regresé y todo está bien. ¡Deja de fastidiar! —escuchó la voz de Jin Ling un segundo después.

Parecía que no había venido solo a Qinghe después de todo. Bueno, no era de extrañar. La última vez en la Montaña Dafan, su tío también había estado allí para asistirlo, así que ¿por qué no habría de estar también en esta oportunidad? No obstante, al ver esto, parecía que habían discutido en la localidad de Qinghe, tras lo que Jin Ling fue solo a la Cresta Mortífera. Y la razón por la que se apresuró a huir fue probablemente porque Jiang Cheng amenazó con hacerle algo si no volvía antes del anochecer o algo así.

—¿Está bien? Luces como si te hubieses revolcado en una zanja fangosa, ¡y tienes el descaro de decir que todo está bien! ¿No piensas que es una vergüenza te veas así con el uniforme de tu secta? ¡Anda y cámbiate! Y dime, ¿con qué te encontraste?

—Ya te dije que no me encontré con nada —respondió impaciente—. Me tropecé. Fue una pérdida de tiempo. ¡Auch! —exclamó—. ¡No tires de mí de ese modo! ¡No tengo tres años!

—¿Acaso piensas que ya no puedo disciplinarte? —replicó con tono severo—. Déjame decirte que, incluso estando así de sucio, puedo reprenderte como considere. La próxima vez que te atrevas a irte sin decir a nadie, ¡el látigo te espera!

—Me fui solo precisamente porque no quería la ayuda de nadie ni que me disciplinaran.

No sé respecto a todo lo demás, pero Jiang Cheng tenía razón cuando dijo que Jin Ling tenía el temperamento de una joven doncella.

—Entonces, ¿ahora qué? ¿Qué atrapaste? ¿En dónde está el perro espiritual que tu tío te dio?

Fue perseguido hasta algún rincón por Lan Zhan.

Justo cuando Wei WuXian pensaba esto, dos familiares ladridos se escucharon al otro lado del callejón.

Esto hizo que su comportamiento cambiara por completo; sus piernas se movieron sin su consentimiento, y salió corriendo como si estuviera siendo perseguido por flechas envenenadas. Por su parte, el perro pasó corriendo por el callejón, le pasó por un lado, y se lanzó en dirección a Jin Ling, contra quien frotaba su cola de manera afectiva.

La aparición del perro significaba que Lan WangJi debía haber atrapado a quien sea que haya estado espiando cerca de los castillos de piedra y que había ido al punto de encuentro que habían acordado. Sin embargo, en ese momento, no tenía tiempo de pensar en esas cosas.

Mientras corría, terminó justo frente a Jiang Cheng, Jin Ling y un grupo de discípulos de la secta Yunmeng Jiang.

Después de que ambos bandos permanecieran en silencio por un momento, Wei WuXian giró sobre sus talones y salió huyendo en silencio.

Habiendo apenas logrado recorrer una corta distancia, escuchó un sonido crepitante, tras lo que una corriente eléctrica morada se enrolló alrededor de la zona inferior de su pierna como si fuera una serpiente. Entumecimiento y dolor recorrieron su cuerpo en su totalidad, cayendo de inmediato luego de un tirón desde atrás. Entonces, alguien lo alzó agarrándolo por la parte posterior del collar de su túnica. Wei WuXian de inmediato trató de encontrar la bolsa aprisionadora de espíritus, pero el otro la agarró antes que él.

Jiang Cheng caminó unos cuantos pasos luego de agarrarlo, entró en la tienda más cercana y abrió con una patada el cerrojo de madera que ya se encontraba medio cerrado.

El dueño se estaba preparando para cerrar la tienda cuando vio a un hombre joven bien vestido y con semblante sombrío abrir la puerta de una patada, entrando con alguien en su mano. Lucía como alguien que estuviera a punto de destripar a su víctima, y el dueño estaba tan asustado que ni siquiera podía hablar. Entonces, un discípulo se le acercó, le susurró algo al oído y le entregó unas monedas de plata. Después de la transacción, el hombre huyó a la parte posterior del local y no volvió a salir. A continuación, sin recibir instrucción alguna, los discípulos se dividieron entre el interior y el exterior, de manera que nada pudiera entrar ni salir del lugar.

Jin Ling se encontraba en el interior, parecía que la sorpresa del momento le impedía comunicar lo que quería decir.

—Me encargaré de ti luego. ¡Quédate aquí!

Desde que tenía memoria, Jin Ling nunca había visto a su tío con una expresión como esa. Él, quien había liderado la secta Yunmeng Jiang desde una temprana edad, siempre se había mostrado frío y sombrío. Cuando hablaba, nunca mostraba misericordia ni benevolencia. Sin embargo, ahora mismo, aunque se esforzaba por contener sus emociones, su mirada era alarmantemente intensa.

Aunque su rostro siempre había sido hermético, con dejos de arrogancia y sátira; ahora parecía que por primera vez había cobrado vida. Lo difícil era determinar si lo que experimentaba era una ira vengativa, un odio insondable o un éxtasis delirante.

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