El Fundador del Diabolismo – Capítulo 23: Malicia (2)

Traducido por Shiro

Editado por Sharon


—Préstame tu perro —añadió Jiang Cheng.

Jin Ling salió de su estupor, vaciló por un momento, y sólo silbó después de que su tío le lanzó una mirada asesina, tras lo que el animal llegó dando saltos. Wei WuXian, con el cuerpo rígido como una tabla, se vio obligado a avanzar, un paso a la vez.

Jiang Cheng encontró una habitación vacía y lo arrojó dentro, cerrando la puerta detrás de él. El perro los siguió al interior y se sentó junto a la puerta. Wei WuXian tenía sus ojos fijos en él, temeroso de que pudiera saltarle encima en cualquier momento. Recordando cómo habían conseguido controlarlo en tan corto tiempo, no pudo evitar admitir apesadumbrado en su corazón que Jiang Cheng era quien mejor sabía cómo lidiar con él.

Mientras tanto, el susodicho se sentó a la mesa con parsimonia y se sirvió una taza de té.

Por un momento, nadie dijo nada. La taza de té estaba tan caliente que de ella emergía vaho, pero, sin tomar siquiera un sorbo, la lanzó al suelo.

—¿No tienes nada que decirme? —sonrió de forma cortante.

Mientras crecía, Jiang Cheng había visto el pésimo estado en el que Wei WuXian entraba cada vez que se topaba con un perro un sinnúmero de veces. Otros le habrían creído si lo hubiese negado, pero, frente a alguien que lo conocía tan a fondo, era imposible discutir. Este era un obstáculo más difícil de superar que Zidian.

—No sé qué decirte —le dijo Wei WuXian con sinceridad.

—No aprendes, ¿no es así? —susurró.

Desde hacía mucho sus conversaciones se habían reducido a réplicas y argumentos.

—Tú tampoco has progresado —soltó sin pensar.

Jiang Cheng rio de la ira.

—Seguro, entonces veamos cuál de los dos no ha progresado. —Permaneciendo sentado a la mesa, gritó de forma demandante ¡y el perro se levantó de inmediato!

Encontrarse en la misma habitación ya lo hacía sudar de la inquietud, y ver cómo ese enorme perro se le acercaba gruñendo hizo que su cuerpo se entumeciera; sus aullidos siendo lo único que sus oídos escuchaban. Mucho era lo que había olvidado de sus primeros años cuando vagaba en las calles pero algo que nunca olvidaría era el terror que sintió cuando era perseguido por perros y el dolor que padeció cuando sus dientes o garras perforaban su piel. Hasta sus últimos momentos, había sido incapaz de superar el miedo que se había arraigado en su corazón sin importar lo mucho que lo intentara.

De pronto, Jiang Cheng lo miró de soslayo.

—¿A quién acabas de llamar?

Era tal el estado de ansiedad en el que Wei WuXian se encontraba que no podía recordar si había pronunciado el nombre de alguien o no; sólo siendo capaz de componerse una vez que el perro comenzó a retroceder una vez recibió la orden pertinente. Sin embargo, después de un momento de vacilación, volteó su cabeza de forma abrupta. Por otro lado, Jiang Cheng abandonó su asiento. Un látigo se encontraba en su cintura, y colocando una mano sobre él, se agachó para mirar a Wei WuXian a la cara. Tras lo que, poco después, se irguió y preguntó:

—Hablando de ello, ¿desde cuándo te hiciste tan cercano a Lan WangJi?

Al escucharlo comprendió de inmediato a quién había llamado inconscientemente.

—Es bastante curioso cuán lejos fue buscando protegerte en la Montaña Dafan. —sonrió de forma amenazadora. Aunque un momento después, se corrigió a sí mismo—: No. No fue a ti necesariamente a quien protegía. Después de todo, la secta Gusu Lan no puede haber olvidado lo que hiciste con ese perro fiel tuyo. ¿Cómo alguien tan reconocido por su rectitud podía tolerar a alguien como tú? Quizás, en cambio, está familiarizado con el cuerpo que robaste.

Sus palabras eran crueles y siniestras. Cada oración parecía bienintencionada en la superficie, cuando en realidad era despectiva.

—Cuidado con lo que dices —no pudo evitar soltar Wei WuXian.

—Nunca me han importado tales cosas, ¿no lo recuerdas?

—Oh, cierto —se burló.

—¿Piensas que estás calificado para pedirme que tenga cuidado con lo que digo? —resopló—. ¿Te acuerdas? La última vez, en la Montaña Dafan, ¿tuviste cuidado con lo que le dijiste a Jin Ling?

El rostro de Wei WuXian se puso rígido.

Habiendo recuperado la ventaja en la conversación, Jiang Cheng lució satisfecho.

—«Imagino que no habrás tenido una madre que te enseñara». Sabes en dónde más duele, ¿no es así? La persona que ocasionó que Jin Ling fuera criticado de esa forma a sus espaldas no fue otro más que tú. Eres muy olvidadizo, ¿no te parece? ¿Has olvidado las cosas que dijiste y las promesas que hiciste? ¡Si es así, ¿olvidaste también cómo murieron sus padres?!

—¡No lo he olvidado! —exclamó levantando la cabeza—.  Es sólo que… —Sin embargo, no podía encontrar las palabras correctas para continuar.

—¿Es sólo qué? —lo interrumpió—. ¿No puedes decirlo? No te preocupes, puedes regresar al Embarcadero de Loto y decir tus excusas de rodillas frente a las tumbas de mis padres.

Wei WuXian se obligó a calmarse y comenzó a buscar lo más rápido que pudo una forma de escapar de la situación en la que se encontraba. Aunque siempre había soñado con regresar al Embarcadero de Loto una vez más, ¡no quería regresar al destartalado de hoy día!

De pronto una serie de pasos apresurados se acercaron, y llamaron a la puerta con fuerza.

—¡Tío! —gritó Jin Ling desde el exterior.

—¿No te dije que esperaras afuera? —alzó la voz—. ¿Por qué viniste?

—Tío, tengo algo muy importante que decirte.

—Si es importante, ¿por qué no me lo dijiste cuando te estaba regañando?

—¡No te lo quise decir precisamente porque me estabas regañando! ¿Me vas a escuchar o no? Si no, ¡pues simplemente no lo diré! —contestó molesto.

Jiang Cheng abrió la puerta y le dirigió una mirada furibunda.

—¡Dime, entonces vete!

Tan pronto abrió la puerta de madera, Jin Ling dio un paso al frente. Se había cambiado la ropa por un conjunto limpio de su secta.

—El día de hoy me encontré con algo problemático. ¡Creo que pude haberme cruzado con Wen Ning!

La ceja de Jiang Cheng se crispó, y con expresión hostil, apoyó su mano sobre su espada de inmediato.

—¿Dónde? ¡¿Cuándo?!

—Esta tarde. Hay una casa en ruinas a unas doce millas al sur de aquí. Fui porque escuché que algo extraño había pasado allí, pero quién se iba a imaginar que un cadáver feroz se estaría escondiendo allí.

Las palabras de Jin Ling eran muy creíbles. Sin embargo, a oídos de Wei WuXian, todo era un total sinsentido. Sabía con exactitud en dónde había estado esta tarde. No conforme con eso, si Wen Ning se había ocultado, a menos que él lo invocara con premeditación, no habría forma de que un joven como él pudiera encontrarlo con tanta facilidad.

—¡¿Por qué no lo dijiste antes?!

—No estaba seguro. El cadáver se movió muy rápido y escapó tan pronto entré. Sólo pude ver una figura borrosa. Pero escuché los mismos sonidos de las cadenas que en la Montaña Dafan, y es por eso que pienso que pudo haber sido él. Si se escapa sería por culpa de tu mal genio, no por mí. —Quería darle un vistazo al interior, pero Jiang Cheng estaba tan molesto que con un portazo cerró la puerta en su cara.

—Lidiaré contigo luego. ¡Piérdete! —gritó a través de la puerta.

—Oh —escuchó a Jin Ling contestar, y el sonido de sus pasos se desvaneció en la distancia.

Tengo que parecer estupefacto, como si mi secreto hubiese sido descubierto y no supiese qué hacer ahora que han encontrado a Wen Ning.

Por lo tanto, apenas Jiang Cheng se dio la vuelta vio que el rostro de Wei WuXian era un caos al querer representar «estoy estupefacto», «mi secreto ha sido descubierto» y «¿qué hago ahora que Wen Ning ha sido encontrado?» al mismo tiempo.

Jin Ling en realidad era bastante inteligente. Sabiendo que su tío odiaba a Wen Ning más que a otra cosa, inventó una mentira fluida como esa gracias al conocimiento previo que poseía. Jiang Cheng sabía que el Patriarca de YiLing y el General Fantasma aparecían por lo general juntos, por lo que ya sospechaba que Wen Ning se encontraba en la zona. Y ahora, con las palabras de Jin Ling confirmando sus sospechas y sumando la expresión de Wei WuXian, estaba más que convencido. Encima, explotaba de ira cada vez que se mencionaba el nombre del Wen Ning.

Por lo que, con la mirada cegada por la furia, ¿cómo podía seguir dudando? La hostilidad que se acumuló en su pecho casi lo hacía estallar.

—De verdad llevas contigo a ese perro obediente tuyo a todas partes, ¿no es así? —dijo entre dientes después de agitar el látigo y golpear el suelo junto a Wei WuXian.

—Ha estado muerto desde hace mucho tiempo y yo también morí una vez. ¡¿Qué más quieres?!

—¿Y qué? —le preguntó mientras lo apuntaba con el látigo—. ¡Mi odio persistiría incluso si muriera miles de veces! ¡Muy bien! Como no pereció en aquella oportunidad acabaré hoy con él, con mis propias manos. ¡Voy a quemarlo ahora mismo y a esparcir sus cenizas en tu cara!

Cerró la puerta de golpe detrás de él y caminó hacia el salón principal.

—Vigílalo de cerca —ordenó a Jin Ling—. ¡No creas ni escuches nada de lo que diga! No le permitas hacer ningún sonido. Si se atreve a silbar o tocar la flauta, tapa su boca su primero, y si no funciona, ¡córtale la mano o la lengua!

Wei WuXian sabía que Jiang Cheng había dicho esto para que él lo escuchara, amenazándolo para que no hiciera nada. La razón por la que no lo estaba llevando consigo era para que no aprovechara la oportunidad de controlar a Wen Ning.

—Lo sé. Por supuesto que lo vigilaré. Tío, ¿por qué te encerraste con ese manga cortada? ¿Qué hizo esta vez? —contestó con tono indiferente.

—Esto no es algo que debas preguntar. Recuerda vigilarlo apropiadamente. Si regreso para encontrarme con que desapareció, ¡te partiré una pierna! —Después de unas preguntas acerca de la ubicación exacta, se fue a perseguir al inexistente Wen Ning con la mitad de los discípulos.

Después de esperar un poco, la voz de Jin Ling se escuchó por el lugar:

—Tú, párate por allá. Tú, espera a un lado. Todos ustedes, vayan y vigilen la entrada principal. Voy a entrar a verlo.

Ninguno de los discípulos se atrevió a desobedecer. En poco tiempo, la puerta había sido abierta de nuevo y Jin Ling asomó la cabeza, tras lo que recorrió la habitación con los ojos. Wei WuXian se encontraba sentado erguido. Mirándolo, Jin Ling puso un dedo sobre sus labios y entró sin hacer ruido, entonces puso su mano sobre Zidian y susurró algo.

Zidian funcionaba sólo si reconocía a su dueño. Jiang Cheng probablemente había permitido que reconociera a su sobrino porque las corrientes eléctricas cesaron y de inmediato se transformó en un anillo de plata incrustado con un cristal morado, el cual ahora descansaba sobre la blanca palma de Jin Ling.

—Vamos —le dijo en voz baja.

Después de las órdenes sinsentido que habían recibido, los discípulos de la secta Yunmeng Jiang se encontraban ahora dispersos por todo el lugar. Abriendo la ventana con sumo cuidado, escaparon por allí a hurtadillas y habiendo salido de la tienda, salieron corriendo sin hacer ruido.

En lo que entraron a un bosque, Wei WuXian escuchó algo extraño detrás de ellos. Girándose, casi muere del susto.

—¡¿Por qué nos sigue?! ¡Dile que se vaya!

Jin Ling silbó dos veces y el perro sacó su larga lengua. Gimoteando suavemente, sus orejas puntiagudas temblaron, y se regresó desanimado.

—Qué perdedor —se burló con desprecio—. Campanilla nunca muerde, sólo su apariencia es aterradora. Es un perro espiritual entrenado para atacar solo a seres malignos. ¿Pensaste que era un perro común?

—Espera, ¿cómo lo llamaste?

—Campanilla. Su nombre.

—¡¿Le pusiste un nombre como ese a tu perro?!

—¿Qué hay de malo con su nombre? Cuando era cachorro, se llamaba Campanillita. Ahora que creció, no puedo seguir llamándole así —aseveró.

—No, no, no —refutó—. ¡El punto no es que sea pequeño o no! ¡¿Quién rayos te enseñó a poner nombres como esos?! —Sin duda, debió ser su tío. En el pasado, Jiang Cheng también había tenido cachorros, y los nombres que les había puesto eran «Jasmín», «Princesa», «Amor», y así sucesivamente, los cuales tenían más parecido con los nombres de chicas costosas en un burdel.

—A los hombres de verdad no les importan nimiedades como esa. ¿Por qué haces hincapié en tan pequeños detalles? ¡Vale! Detente. Ahora que has ofendido a mi tío ya tienes un pie en la tumba. Te estoy dejando ir así que estamos a mano.

—¿Sabes por qué tu tío me quiere? —le preguntó.

—Sí. Cree que eres Wei WuXian.

Esta vez no es una simple «sospecha». Consiguió a la persona correcta, pensó Wei WuXian.

—Entonces, ¿qué hay de ti? ¿No lo sospechas tú también?

—No es la primera vez que mi tío hace tal cosa. Nunca ha dejado escapar a ninguno, incluso existiendo la posibilidad de haber atrapado a la persona equivocada. Pero, si Zidian no pudo expulsar tu espíritu, voy a confiar en que no lo eres. Además, él no era un manga cortada, en cambio tú incluso te atreviste a acosar… —Se detuvo con expresión de desagrado antes de mencionar a quien Wei WuXian había acosado, tras lo que movió la mano como si estuviera espantando moscas—. Sea como sea, ¡de ahora en adelante no tienes nada que ver con la secta Lanling Jin! ¡Si piensas continuar con tus andanzas, no lo hagas con nadie de mi secta! De lo contrario, ¡no te dejaré escapar!

Habiendo terminado de hablar, Jin Ling se giró sobre sus talones para irse, y después de dar unos pasos, se volvió para mirarlo.

—¿Qué haces ahí de pie? Vete. ¿O acaso estás esperando a que mi tío venga y te atrape? Déjame decirte, no me siento agradecido sólo porque me salvaste. Por lo que no esperes de mi parte que diga nada desvergonzado.

Wei WuXian puso sus manos detrás de su espalda y se le acercó.

—Jovencito, hay dos frases desvergonzadas en la vida que deben decirse sin importar qué.

—¿Cuáles?

—«Gracias» y «lo siento» —le contestó.

—¿Qué podrían hacerme si no las dijera?

—Algún día, dirás esas palabras entre lágrimas.

Justo cuando Jin Ling simulaba escupir en el suelo, Wei WuXian le dijo:

—Lo siento.

—¿Qué?

—Lo siento por lo que te dije en la Montaña Dafan.

No era la primera vez que alguien le decía que no había tenido una madre que le enseñara, pero era la primera que alguien se disculpaba con él con tanta seriedad. Ahora que había recibido una disculpa tan franca, no sabía por qué, pero de pronto se sintió un poco incómodo.

—No es nada —dijo mientras agitaba los brazos—. No eres la primera persona que me lo dice, de igual forma. Es cierto que no tuve madre que me enseñara. Sin embargo, ¡esto no me hará inferior a nadie! De hecho, ¡les demostraré a todos que soy mucho más fuerte que ustedes!

Wei WuXian sonrió, y cuando estaba a punto de hablar, su expresión cambió.

—¡¿Jiang Cheng?!

Jin Ling ya se sentía culpable por estar dejando escapar a Mo XuanYu y llevarse a Zidian. Al escuchar el nombre de su tío, se volvió para mirar. Aprovechando esta oportunidad, Wei WuXian lo golpeó en el cuello poniendo su mano como un sable. Entonces lo puso sobre el suelo, enrolló el ruedo de su pantalón y examinó la maldición en su pierna.

Probó con varios métodos, pero no pudo hacerla desaparecer. Después de un momento, suspiró. Le esperaba una difícil tarea. Aunque existían algunas maldiciones que no podían eliminarse, podía transferirla a su cuerpo.

Jin Ling se despertó con lentitud al rato. Poniendo su mano en su cuello se quejó porque aún le dolía un poco. Estaba tan molesto que de un salto se puso de pie y desenvainó su espada.

—¡Cómo te atreves a golpearme! ¡Mi tío nunca me ha golpeado! —exclamó.

—¿En serio? ¿No te dice todo el tiempo que te partirá las piernas?

—¡No lo dice en serio! —dijo furibundo—. Maldito manga cortada, ¿qué diablos quieres? Yo…

—¡Ah! ¡HanGuang-Jun! —gritó Wei WuXian en dirección a Jin Ling mirando detrás de él mientras se cubría la cara.

Jin Ling le temía más a Lan WangJi que a su tío. Después de todo, su tío y él pertenecían al mismo clan, pero HanGuang-Jun no. Asustado, se fue de inmediato.

—¡Maldito manga cortada! ¡Maniaco asqueroso! ¡No lo olvidaré! ¡Esto no se ha terminado! —gritó mientras corría.

A sus espaldas, Wei WuXian se rio tanto que no podía respirar. Después de que Jin Ling desapareciera en la distancia, comenzó a sentir un cosquilleo en el pecho a causa de todo lo que había reído, y sólo fue capaz de parar después de tosar un rato. Solo entonces tuvo tiempo para pensar.

Wei WuXian había sido llevado al Embarcadero de Loto por Jiang FengMian cuando tenía nueve años.

La mayoría de los recuerdos que le quedaban de esa época eran difusos. Sin embargo, aquellos sobre la madre de Jin Ling, Jiang YanLi, los recordaba sin excepción, e incluso les contó algunos.

Les dijo que, después que su padre supo que ambos progenitores de Wei Ying habían fallecido en batalla, se dedicó siempre a la tarea de encontrar al niño que estos queridos amigos habían dejado atrás. Después de buscar por un tiempo, finalmente lo encontró en Yiling. La primera vez que se vieron, Wei WuXian estaba de rodillas en el suelo, comiendo conchas de frutas que alguien había tirado.

El invierno y la primavera en Yiling eran bastante fríos, no obstante, el niño sólo llevaba puestas prendas delgadas. Sus rodillas estaban magulladas, y los zapatos en sus pies eran dispares y le quedaban muy pequeños. Mientras escaneaba el suelo en búsqueda de más conchas de frutas para comer, Jiang FengMian lo llamó. A pesar de las circunstancias, el niño aún recordaba que «Ying» formaba parte de su nombre, por lo que alzó la cabeza. Aunque sus mejillas estaban rojas y agrietadas por el frío, seguía sonriendo.

Jiang YanLi solía decir que había nacido con una sonrisa en su rostro. Sin importar cuán desafortunado fuera el acontecimiento al que se viera enfrentado, no se aferraría a él; sin importar en qué situación se encontrara, sonreiría. Aunque sonaba un poco cruel, la verdad era que su actitud positiva siempre prevalecía.

A continuación, Jiang Fengmian le ofreció un trozo de melón y, a cambio, dejó que lo cargara y lo llevara consigo. En aquel entonces, Jiang Cheng también tenía ocho o nueve años y cuidaba de varios cachorros con los que jugaba en el Embarcadero de Loto. Al descubrir que Wei WuXian le temía en extremo a los perros, su padre le sugirió que dejara ir a los animales. Sumamente reacio, y después de una gran rabieta en la que partió cosas, finalmente dejó ir a los perros mientras hacía pucheros y lloraba.

Debido a esto, se comportó de forma hostil con Wei WuXian durante mucho tiempo. Por otro lado, luego de que se familiarizaron el uno con el otro, Jiang Cheng siempre lo protegió alejando a los perros a los que tanto temía, tras lo que se reiría de él con ostentosidad, quien siempre terminaba montado en algún árbol.

Siempre había pensado que Jiang Cheng estaría de su lado, y que Lan WangJi estaría en su contra. Nunca se habría imaginado que las cosas cambiarían de forma tan abismal.

Wei WuXian se dirigió al punto de encuentro que había acordado con Lan WangJi. No había ningún transeúnte por las calles vagamente iluminadas por luces parpadeantes. Sin necesidad de buscarlo por los alrededores, la figura vestida de blanco se veía al final del camino de pie, inmóvil, y con la cabeza gacha.

Antes de que hiciera algún sonido, alzó la cabeza y lo vio. Luego de vacilar por poco tiempo, fue a su encuentro con expresión sombría.

Wei WuXian no sabía por qué, pero involuntariamente retrocedió un paso.

Nada le costaba imaginarse manchas de sangre escarlata en las comisuras de los ojos de Lan WangJi. Debía admitirlo… su rostro se veía aterrador.


Shiro
Ahora le parece aterrador, ya veremos luego..

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