El Fundador del Diabolismo – Capítulo 32: Pastizales (1)

Traducido por Shiro

Editado por Sharon


En el área de Shudong abundaban los ríos y valles. Con picos imponentes y un terreno irregular, solo suaves brisas recorrían la zona, haciendo que la mayor parte del lugar estuviera envuelto en niebla.

Caminando en dirección hacia donde el brazo apuntó, los dos llegaron a una pequeña aldea.

Algunas casas de lodo estaban parcialmente cercadas. Una camada de pollitos de colores entraba y salía de los patios, picoteando el suelo en busca de arroz. Un gallo grande y de plumas brillantes estaba parado en una pata sobre un techo. Con una cresta que se agitaba, miraba hacia abajo con altivez, su cuello girando de izquierda a derecha. Por fortuna, nadie tenía perros. Era probable que estos aldeanos pudieran conseguir unos pocos trozos de carne apenas unas cuantas veces al año, ni siquiera tendrían huesos para alimentar a los perros.

Frente a la aldea, había una ramificación que conducía a tres lugares diferentes. De estos, dos estaban bastante despejados y con un gran número de huellas. Resultaba obvio que los recorrían con frecuencia. Sin embargo, el último estaba cundido de malezas. Un letrero cuadrado de piedra se hallaba inclinado en este camino. Debido al tiempo y la intemperie, ahora había una gran grieta en la mitad, por la que incluso asomaban malas hierbas marchitas.

Dos grandes caracteres, los cuales parecían indicar el nombre hacia donde conducía el camino, habían sido grabados en el letrero. Aún se podía deducir que el último decía «ciudad». Sin embargo, el superior era complejo tanto en forma como en trazos. También daba la casualidad que la grieta pasaba justo por allí, varios fragmentos de piedra estaban esparcidos por el suelo. Wei WuXian se agachó e hizo las malezas a un lado. Pero aún después de mirarlo por un largo rato seguía sin poder descifrar lo que decía.

Casualmente, la dirección hacia la que había apuntado el brazo era, de hecho, este camino.

—¿Por qué no le preguntamos a los aldeanos? —preguntó Wei WuXian.

Lan WangJi asintió. Por supuesto, Wei WuXian no esperaba que él preguntara. Por lo que, con una gran sonrisa, se acercó a una mujer que estaba alimentando a las gallinas.

Entre el grupo de mujeres, algunas eran mayores y otras jóvenes. Al ver que un hombre desconocido se acercaba a ellas, todas se pusieron nerviosas, dando la impresión de estar a punto de arrojar sus palas al suelo y salir corriendo al interior de sus casas. Solo después de que Wei WuXian intercambiara algunas palabras con ellas mientras sonreía con alegría fue que comenzaron a calmarse y a responderle con timidez.

No obstante, sus expresiones cambiaron en cuanto señaló el letrero y les hizo una pregunta al respecto. Entonces hicieron una pausa, y de mala gana, hablaron con él. Durante la conversación, no se atrevieron a mirar en absoluto a Lan WangJi, quien esperaba junto al letrero. Con las comisuras de sus labios aún elevadas, Wei WuXian escuchó con atención. Eventualmente, el tema de conversación pareció cambiar, y las mujeres lucieron más calmadas. A continuación se fueron relajando hasta sonreír un poco.

Lan WangJi los miraba desde lejos. Esperó por un rato, pero Wei WuXian no parecía tener intenciones de regresar. Enfocando su atención en el suelo, pateó una pequeña piedra que estaba a sus pies.

Luego la pisó por una largo rato, haciendo rodar a la pequeña e inocente piedra una y otra vez. Cuando levantó de nuevo la mirada, vio a Wei WuXian sacar algo de sus mangas y obsequiarle a la mujer que más habló.

Lan WangJi permaneció inmóvil por un momento, rostro inexpresivo. Cuando ya no podía soportarlo más y estaba listo para acercarse, Wei WuXian por fin regresó con tranquilidad.

—HanGuang-Jun, debiste haber ido —le dijo una vez llegó a su lado—. ¡Había conejos en el patio!

Lan WangJi no reaccionó ante su comentario chistoso y respondió con fingida indiferencia:

—¿Qué te dijeron?

—Este camino conduce a la ciudad de Yi. El primer carácter en el letrero es «yi».

—¿«Yi», como en caballerosidad?

—Sí y no.

—¿Y eso por qué?

—El carácter es el correcto, pero no el significado. No es el «yi» de caballerosidad sino el «yi» como en casa de ataúdes [1].

Pasaron por encima de la maleza y siguieron el camino, dejando el letrero atrás.

—Las chicas dijeron que, desde hace mucho tiempo, la mayoría de las personas de esa ciudad mueren temprano, bien sea porque sus vidas son cortas o porque ocurren muertes accidentales. Es por eso que hay muchas casas de ataúdes, para poder almacenar los cuerpos de manera temporal. También, se especializan en hacer ataúdes, dinero fantasma, y otros tipos de productos y otro tipo de objetos funerarios. Todos allí son hábiles en la confección de ataúdes o maniquíes de papel, la cual viene a ser la razón por la que la ciudad se dio a conocer por ese nombre.

Aparte de la maleza marchita y las piedras por el camino, también había grietas y baches difíciles de notar. Lan WangJi prestaba constante atención adonde fuera que Wei WuXian pisara.

—También dijeron que rara vez las personas van a la ciudad de Yi. Los residentes tampoco salen de allí a menos que estén exportando productos funerarios. En los últimos años, no han visto a casi nadie salir de allí. Nadie transita por este camino. Eso explica por qué es tan difícil pasar por aquí.

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿Qué les diste?

—Oh. ¿Te refieres a eso? Era rubor.

Cuando estaban en Qinghe, le compró un pequeño compacto de rubor al charlatán que le dio información acerca de la Cresta Mortífera, y desde entonces lo había llevado consigo.

—Debes mostrarle tu agradecimiento a la personas que les haces preguntas, ¿no es así? Les quería dar dinero, pero estaban tan asustadas que no se atrevieron a aceptarlo. Parece que les gustó mucho la fragancia del compacto. Probablemente nunca han usado algo así, así que se los di. —Tras una pausa, añadió—: HanGuang-Jun, ¿por qué me miras así? Sé que la calidad del compacto no es muy buena, pero ya no soy como solía ser antes. Ya no tengo una tonelada de flores y joyería para darle a las chicas. De verdad no tenía otra cosa para darles. Al menos es mejor que nada.

Como si un recuerdo desagradable hubiese emergido, las cejas de Lan WangJi se crisparon, y volvió su cabeza con lentitud.

Recorriendo el camino irregular, la maleza fue disminuyendo, permaneciendo solo a los lados, y la vía se ensanchó. Sin embargo, la niebla se hizo más densa.

Entonces vieron la puerta de la ciudad en ruinas al final del camino.

La torre frente a la ciudad tenía la pintura desvaída y el techo deshecho. Con una esquina desprendida, lucía inusualmente ruinosa. Las paredes de la ciudad estaban cubiertas por grafiti, mientras que las puertas, una vez rojas, eran casi blancas y todos y cada uno de los clavos en ellas estaban negros y oxidados. Por último, el par de puertas estaba sin pestillo, como si alguien hubiese entrado abriendo una pequeña rendija.

Sin siquiera haber entrado, la intuición les decía que el lugar debía estar lleno de fantasmas y demonios desenfrenados.

A medida que Wei WuXian se acercaba, examinó los alrededores con detenimiento.

—El feng shui es terrible —comentó ya en las puertas de la ciudad.

Lan WangJi asintió con parsimonia.

—Montañas yermas y ríos turbulentos.

La ciudad de Yi estaba rodeada por acantilados escarpados. Estos se inclinaban hacia el centro de manera extrema, luciendo amenazadores y estrechos, como si estuvieran a punto de derrumbarse en cualquier momento. Limitada por estos picos masivos y oscuros, y además envuelta en la niebla blanca fantasmal, el lugar parecía más espantoso que los mismos monstruos. Solo estar allí de pie hacía que las personas se sintieran sofocadas, ansiosas y muy amenazadas.

Desde tiempos antiguos, se ha dicho que la grandeza de una persona da gloria a su lugar de nacimiento, y lo opuesto también es válido. En algunos lugares, debido a la ubicación, el feng shui podría ser horrible en sobremanera. Al estar rodeado por una ráfaga natural de energía siniestra, no sería extraño que los que allí vivieran murieran temprano o gozaran de mala suerte en general. Además, si todos sus antepasados vivieron allí, serían aún más desafortunados. Sumado a eso estaban las irregularidades como cadáveres andantes o almas errantes, porque era claro que la ciudad de Yi era un lugar así.

Lugares como estos por lo general quedaban en ubicaciones apartadas que no estaban bajo el control de ninguna secta de cultivo. Por supuesto, incluso si lo estuvieran, las sectas tampoco querrían ayudar. Tales situaciones eran muy molestas, incluso más que el Abismo Acuático. Al menos este último podía ser ahuyentado. Sin embargo, el feng shui era difícil de cambiar. Si nadie lloraba frente a sus puertas, las sectas hacían la vista gorda y fingían que no sabían.

Para los residentes de la ciudad, la solución más sencilla era irse; pero para las familias que llevaban generaciones viviendo en un mismo lugar sería casi imposible para ellos decidir abandonar el lugar en el que crecieron. Incluso si de cada diez personas cinco o seis tuvieran vidas cortas, tres o cuatro restarían, lo cual no era demasiado insoportable.

Los dos se detuvieron frente a las puertas de la ciudad y se miraron.

Entonces, con las bisagras que parecían a punto de ceder, las dos puertas de la ciudad, aunque desalineadas, se abrieron lentamente con un chirrido.

Ante sus ojos, no había calles bulliciosas ni cadáveres violentos. Solo un tono blanco perenne que lo envolvía todo.

La niebla era incluso más densa que en el exterior de la ciudad, permitiéndoles ver solo una calle larga y recta delante de ellos. A los lados, no había transeúntes, solo casa inquietantes.

Cerca el uno del otro, entraron juntos a la ciudad caminando con naturalidad.

Aún era de día, pero no se escuchaba ningún sonido en la ciudad. Aparte de la ausencia de voces humanas, tampoco se escuchaban graznidos ni ladridos. Era de lo más peculiar.

Por otra parte, dado que este era el lugar al que había apuntado el brazo izquierdo, sería aún más extraño si no fuera peculiar.

Siguieron caminando por la calle. Mientras más se adentraban, más espesa se tornaba la niebla, como si la energía maliciosa permeara el aire. Al principio, aún podían ver lo que fuera que se encontrara a diez pasos de distancia, pero luego se volvió imposible distinguir algo que no estuviera a cinco pasos. Al final, no podían ver ni siquiera sus manos si las ponían frente a ellos.

Mientras más caminaban, más se acercaban el uno al otro. Solo podían ver sus rostros si caminaban hombro a hombro.

Un pensamiento de repente le vino a Wei WuXian: Si alguien se aprovechara de esta niebla y se colara entre nosotros, sería difícil saber si lo notaríamos o no.

De pronto, pisó algo con el pie. Miró hacia abajo, pero no logró discernir lo que era. Agarró la mano de Lan Wangji con firmeza para que no siguiera se alejara caminando, se agachó y entrecerró los ojos. Una cabeza con mirada enojada destacó entre la niebla, saltando a su vista.

El rostro era el de un hombre con cejas pobladas, ojos grandes y dos manchas de rubor que destacaban enormemente.

Cuando Wei WuXian pisó la cabeza, casi la mandó volando, por lo que sabía cuánto pesaba. Al ser tan ligera, esta sin duda no era humana. Entonces la apretó. Gran parte del rostro del hombre se hundió y el rubor se corrió.

Era una cabeza hecha de papel.

La cabeza de papel había sido elaborada hábilmente. Aunque el maquillaje era muy dramático, los rasgos eran más bien delicados. La especialidad de la ciudad de Yi eran los productos funerarios, así que por supuesto que la técnica para la elaboración de maniquíes de papel era decente. Entre estos existían los maniquíes sustitutos, los cuales la gente creía que, si se quemaban en nombre del difunto, sufriría en el infierno en su lugar. También había sirvientas y muchachas hermosas, que cuidaban con atención de los difuntos en el otro mundo. Por supuesto, lo único que verdaderamente hacían era aliviar a los vivos.

Esta cabeza de papel debía pertenecer probablemente a un «luchador del otro mundo». Tal como su nombre lo indicaba, era un peleador que se decía era capaz de proteger al difunto del acoso de otros fantasmas o jueces engañosos [2], y evitaba que el dinero fantasma que quemaba la generación más joven tampoco fuera robado por otras almas. La cabeza de papel debía tener, sin duda, un cuerpo grande y robusto de papel con el que hacía juego. Probablemente alguien había arrancado la cabeza y la había arrojado a la calle.

Los mechones de cabello eran de color negro azabache y bastante brillantes. El cabello estaba unido con firmeza al cuero cabelludo, como si fuera propio.

Realmente está bien elaborada. ¿Le pegaron cabello humano real?

De pronto, una sombra delgada pasó a su lado.

Esta era muy extraña. Pasó corriendo a su lado rozando su hombro, e inmediatamente después desapareció de forma instantánea en la espesa niebla. Bichen se desenvainó por cuenta propia, persiguiendo la figura, pero pronto regresó a su vaina.

Lo que se escapó había corrido demasiado rápido, ¡un humano no podría haber alcanzado esa velocidad!

—Presta atención. Ten cuidado —le advirtió Lan WangJi.

Aunque solo lo rozó al pasar, era difícil garantizar que la próxima vez que se les acercara no haría otra cosa.

—¿Escuchaste eso? —preguntó Wei WuXian, enderezándose.

—Pasos y una caña de bambú.

Estaba en lo correcto. En ese momento, además de los pasos apresurados escucharon otro ruido extraño. El repiqueteo se escuchaba con bastante claridad. Era como si alguien golpeara con rapidez una caña de bambú contra el suelo. Wei WuXian no sabía por qué los pasos iban acompañados por este sonido.

Frente a ellos, en la profundidad de la niebla, se escuchó otra serie de pasos.

Esta vez, eran ligeros, lentos y más numerosos. Parecía como si un grupo de personas se estuviera acercando con cuidado pero sin decir nada. Wei WuXian sacó un talismán incinerador de pesadumbre y lo arrojó hacia adelante. Si llegase a haber algo rodeado por energía maliciosa frente a ellos, se quemaría, y el fuego iluminaría un poco el área.

Notando que habían lanzado algo en su dirección, el grupo atacó de inmediato.

Una multitud de ataques coloridos se precipitaron en su dirección. Bichen se desenvainó con calma y se deslizó frente a Wei WuXian, bloqueando los ataques áuricos condensados de las espadas. Al otro lado, las personas balbucearon en confusión; y al escuchar las voces Lan WangJi envainó a su espada de inmediato.

—¿Jin Ling? ¡SiZhui! —exclamó Wei WuXian.

—¿Por qué eres tú de nuevo? —Como esperaba, no había escuchado mal. La voz de Jin Ling se escuchó entre la niebla.

—Bueno, en realidad, ¡yo soy quien quiere saber por qué estás aquí!

Lan SiZhui trató de contenerse, pero su voz rebosaba con deleite.

—Joven Maestro Mo, ¿también está aquí? ¿HanGuang-Jun está con usted?

Al escuchar que Lan Wangji podría estar también allí, Jin Ling cerró su boca en seguida, como si hubiese sido silenciado de nuevo. Probablemente temía que lo castigaran otra vez.

—¡Seguro que sí! Ese resplandor fue de Bichen, ¿no es así? Fue Bichen, ¡¿cierto?!

—Sip. Está aquí, justo a mi lado. Deberían acercarse.

Tan pronto los chicos supieron que quienes estaban frente a ellos eran amigos y no enemigos, dejaron escapar suspiros de alivio y corrieron hacia ellos sin demora. Aparte de Jin Ling y algunos jóvenes discípulos de la secta Lan, también había siete u ocho chicos con túnicas de diferentes sectas, los cuales actuaron con precaución. Probablemente también eran discípulos con antecedentes sobresalientes.

—¿Por qué están todos ustedes aquí? Con un ataque como ese tengo suerte de tener a HanGuang-Jun a mi lado. ¿Qué habrían hecho si hubiesen lastimado a gente ordinaria?

—No hay gente ordinaria aquí —replicó Jin Ling—. ¡No hay gente en absoluto!

Lan SiZhui asintió.

—Es de día pero hay niebla en todas partes. Y no hay ni una sola tienda abierta.

—Eso no importa por ahora. ¿Cómo se encontraron? No me digan que se pusieron de acuerdo para ir juntos de cacería nocturna.

Para Jin Ling todos eran unos fenómenos, y como su interacción con los discípulos de la secta ya había sido negativa, ¿cómo era posible que quisieran ir de cacería nocturna juntos?

—Esa es una larga historia. —Lan SiZhui continuó con su explicación de manera obediente—: Originalmente estábamos…

De repente, una serie de chasquidos sonó. El ruido inusualmente penetrante de una caña de bambú golpeando el suelo se escuchó entre la densa niebla.

[1] Es una edificación que funge como «depósito de ataúdes temporal y en la que se almacenan temporalmente los ataúdes que contienen cadáveres de personas fallecidas recientemente mientras esperan a que sean transportados al lugar de entierro».

[2] El en folclor chino, cuando alguien muere va al inframundo para ser juzgado por un juez. De esto hay varias versiones y no es muy relevante.

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