El Fundador del Diabolismo – Capítulo 34: Pastizales (3)

Traducido por Shiro

Editado por Sharon


En ese momento, la lámpara de aceite resbaló de sus manos, pero Wei WuXian logró rescatarla cuando estaba a punto de caer al suelo. Tras lo que la acercó al fuego ardiente del talismán, encendiéndola y colocándola sobre la mesa.

—¿Los hizo usted, señora? Están bien hechos.

El resto por fin se dio cuenta que la gente en la habitación no eran humanos, sino maniquíes de papel.

Tanto las cabezas como los cuerpos de los maniquíes habían sido confeccionados con delicadeza, y eran del mismo tamaño que una persona real. Había hombres, mujeres e incluso niños. Todos los hombres eran luchadores del otro mundo, confeccionados con cuerpos altos y corpulentos y expresiones iracundas. Todas las mujeres eran bellezas de rasgos delicados con el cabello en moños simples o dobles. Aún envueltas en ropa de papel, sus gráciles posturas saltaban a la vista. Y los patrones eran casi que más finos que los brocados reales de las túnicas; algunos habían sido pintados en colores intensos y vívidos, mientras que otros eran grises cenicientos. Las mejillas de cada uno de los maniquíes tenía dos manchas de rubor, buscando simular la complexión rosácea de una persona viva. Sin embargo, ninguno de ellos tenía pupilas; los ojos estaban completamente blancos. Y cuanto más llamativo fuera el rubor, más sombría era su apariencia.

Había otra mesa en la habitación. Sobre esta, había algunas velas de varias longitudes. Wei WuXian las encendió una a una, y la luz cálida iluminó la mayor parte de las esquinas de la casa. Aparte de los maniquíes de papel, también había dos coronas de flores ubicadas en ambos lados de la habitación. Papel dorado, dinero fantasma y pagodas estaban amontonadas en las paredes.

Jin Ling ya había desenvainado ligeramente su espada, pero al ver que solo era una tienda que vendía productos funerarios, dejó escapar un suspiro discreto de alivio, envainando de nuevo su espada. En el mundo del cultivo, cuando un cultivador pasaba a mejor vida, nadie empleaba las espeluznantes y caóticas exequias de la gente común. Como nunca antes habían visto tales cosas, después del susto inicial, curiosidad invadió sus corazones. Con la piel de gallina, encontraron esto incluso más emocionante que una cacería nocturna de bestias ordinarias.

Sin importar cuán densa fuera la niebla, no podía colarse en las casas. Desde que entraron en la ciudad, esta era la primera vez que podían ver con claridad sus rostros, lo cual calmó sus mentes. Wei WuXian notó que se relajaron, y le preguntó a la anciana:

—¿Sería posible que nos facilite su cocina?

La mujer parecía fulminar la lámpara con la mirada, como si le desagradara la luz.

—La cocina está atrás. Úsenla como gusten. —Después de estas palabras, se metió en otra habitación como si estuviera evitando una plaga; y cerró la puerta con tanta fuerza que algunos chicos se estremecieron.

—¡Sin duda hay algo malo con esa vieja bruja! Ustedes…

—Está bien. Silencio —interrumpió Wei WuXian a Jin Ling—. Necesito que alguien me ayude. ¿Algún voluntario?

—Yo puedo —se apresuró a decir Lan SiZhui.

—¿Entonces qué hago? —inquirió Lan JingYi erguido como un palo.

—Quédate así. No te muevas a menos que te diga. —Wei WuXian se fue a la cocina después de contestarle, y Lan SiZhui lo siguió.

Sin embargo, tan pronto como entraron, un olor nauseabundo los abrumó. Lan SiZhui nunca antes había olido algo tan terrible como esto. Sintió su cabeza dar vueltas, pero logró evitar salir corriendo. Jin Ling también los siguió, pero salió de inmediato después de entrar.

—¡¡¿Qué rayos es esto?!! ¡¿No deberían estar pensando en una cura?! —Abanicó el aire tan rápido como pudo.

—¿Hmm? Llegas en el momento perfecto. ¿Cómo supiste que iba a llamarte? Ayúdame —le dijo Wei WuXian.

—¡No vine a ayudar! ¡Urgh! ¡¿Mataron a alguien y olvidaron enterrarlo?!

—Joven señorita Jin, ¿vienes o no? Si vienes, entra y ayuda; si no, regresa y dile a alguien más que venga.

—¿A quién llamas «joven señorita Jin»? ¡Cuidado con lo que dices! —rugió pellizcando su nariz, debatiéndose en su interior entre entrar o irse; diciendo al final con altivez—: Bueno, quiero ver qué diablos intentan hacer.

Al terminar de hablar, irrumpió en el interior. No obstante, lo tomó por sorpresa el estruendo que se escuchó cuando Wei WuXian abrió un cofre que se encontraba en el suelo, que era de donde provenía el hedor. Adentro, había jamón y pollo. La carne roja estaba cubierta de manchas verdes, las cuales estaban cubiertas de gusanos blancos que se enroscaban.

Jin Ling se vio forzado a salir de nuevo, y Wei WuXian agarró el cofre y se lo entregó.

—Deshazte de él. En cualquier parte está bien mientras no nos alcance el olor.

Con el estómago revuelto y la cabeza llena de dudas, Jin Ling hizo lo que le dijeron, tras lo que usó un pañuelo para limpiarse los dedos con ferocidad, botándolo al terminar. Cuando regresó a la cocina, vio que Wei WuXian y Lan SiZhui habían sacado agua del pozo del patio con dos tubos y que ahora se encontraban limpiando la cocina.

—¿Qué hacen? —demandó Jin Ling.

—Como puedes ver —le contestó Lan SiZhui mientras limpiaba con diligencia—, limpiamos el fogón.

—¿Para qué limpian el fogón? No es como si fuésemos a cocinar o algo similar.

—¿Quién te dijo que no lo haríamos? Vamos a hacer comida. Puedes limpiar el polvo. Quita todas las telarañas de allí —dijo Wei WuXian.

Sus palabras sonaron con tanta naturalidad, con tal seguridad, que con escoba en mano, Jin Ling de alguna manera obedeció. Aunque, mientras más limpiaba, mayor era su sensación de que algo no iba bien. Justo cuando estaba a punto de arrojarle el plumero a Wei WuXian en la cabeza, este abrió otro cofre, haciendo que volviera a salir de la habitación a causa del susto. Por suerte, esta vez, no hubo hedor.

Los tres trabajaron con rapidez. Después de poco tiempo, la cocina lucía totalmente diferente. Por fin la casa ya no parecía maldita y abandonada, en su lugar viéndose un poco más animada. En una esquina, había madera cortada; la amontonaron en el fogón y la encendieron con una talismán de fuego. Entonces colocaron una olla enorme con agua, previamente lavada, sobre el fuego y la dejaron hervir. Por último, WeiWuXian sacó un poco de arroz glutinoso del segundo cofre, lo lavó y lo puso en la olla.

—¿Harás congee? —preguntó Jin Ling.

—Ajá.

Jin Ling arrojó el trapo de limpieza al suelo.

—¿Ves cómo te enfureces después de trabajar solo un poco? —comentó Wei WuXian—. Mira a SiZhui. Es quien más ha trabajado y no ha dicho nada. ¿Qué hay de malo con el congee?

—¿Qué hay de malo con el congee? ¡Es muy aguado y desabrido! Espera… ¡No tengo nada en contra del congee! No es eso lo que me molesta.

—De igual forma no es para ti —contestó Wei WuXian.

Jin Ling se enfureció aún más.

—¿Qué dijiste? ¡Después de que trabajé tanto, ¿no hay para mí?!

—Joven maestro Mo, ¿el congee puede curar el envenenamiento ocasionado por un cadáver? —preguntó Lan SiZhui.

Wei WuXian sonrió.

—Sí, pero no es el congee el que cura el envenenamiento; es el arroz. Es medicina folclórica. Por lo general, aplicar el arroz glutinoso sobre el rasguño o la mordida. En el futuro, si llegaran a encontrarse en una situación similar, pueden probar esto. Aunque dolerá mucho, funciona de manera eficiente y sin falta. Pero, como en este caso el envenenamiento se debió a causa de un polvo que fue ingerido y no por un rasguño o mordida, solo podemos hacer un poco de congee para que coman.

En ese momento, Lan SiZhui comprendió.

—Por eso quería entrar a una casa con alguien dentro. Solo una casa habitada podría tener una cocina, y solo en una cocina habría arroz glutinoso.

—Quién sabe por cuánto tiempo ha estado ese arroz allí. ¿Aún puede comerse? Esta cocina no ha sido usada como mínimo por un año. Hay polvo en todas partes y la carne estaba podrida. No me digas que esa vieja bruja no ha comido en todo un año. Es imposible que haya practicado inedia. ¿Cómo sobrevivió?

—Pues hay dos opciones. O nadie ha estado viviendo aquí y, en realidad, ella no es la dueña de la tienda; o simplemente no necesita comer —contestó Wei WuXian.

—Si no necesita comer, entonces estaría muerta. Pero la anciana claramente respira —comentó Lan SiZhui en voz baja.

Con una espátula, Wei WuXian revolvió el contenido de la olla con indiferencia mientras añadía ingredientes de varias botellas y frascos.

—Cierto. No han terminado de explicarme. ¿Por qué vinieron juntos a la ciudad de Yi? No fue casualidad que primero se hayan encontrado entre ustedes y luego a nosotros, ¿no es así?

Las expresiones de los chicos se tornaron serias al instante.

—Yo, la gente de la secta Lan, y los de las otras sectas estábamos persiguiendo algo —dijo Jin Ling—. Yo vengo del área de Qinghe.

—Nosotros venimos de Langya.

—¿Qué perseguían?

—No lo sabemos —admitió Lan SiZhui, negando con la cabeza—. Nunca le vimos la cara. No sabemos qué, quién… o de cuál organización es, exactamente.

Unos días atrás, después de dejar escapar a Wei WuXian y mentirle a su tío, Jin Ling había estado preocupado de que esta vez Jiang Cheng de verdad le partiría las piernas, por lo que decidió escabullirse y desaparecer por unos días; no apareciendo frente a su tío hasta que su ira sosegara. Huyó inmediatamente después de entregarle a Zidian a un subordinado de confianza de Jiang Cheng.

Una vez llegó a una ciudad al perímetro del área de Qinghe, decidió hacer una parada en su viaje, descansar un poco y buscar adónde iría para su próxima cacería nocturna. Esa noche, mientras memorizaba hechizos en la habitación de una posada, Campanilla, quien yacía a su lado, de pronto comenzó a ladrarle a la puerta. Ya era tarde, y Jin Ling le ordenó que parase, sin embargo, escuchó que alguien llamaba a la puerta.

Aunque Campanilla había dejado de ladrar, seguía inquieto. Enterraba sus garras en el suelo y gruñía. Ya en alerta, Jin Ling preguntó quién era pero no recibió respuesta alguna, por lo que continuó haciendo sus cosas. No obstante, después de una hora, volvieron a llamar.

Jin Ling salto por la ventana junto con Campanilla. Rodeó el lugar y subió por las escaleras hasta el primer piso con la intención de ver quién se estaba metiendo con él en medio de la noche. A pesar de sus esfuerzos, no encontró a nadie. Esperó en silencio por un rato, pero no vio a nadie acercarse a su puerta.

Decidiendo prestarle atención a este incidente, dejó a Campanilla cuidando la puerta. Estaba preparado para atacar en cualquier momento, y pasó la noche en vela. Pese a esto, nada ocurrió. Solo escuchó algunos sonidos extraños, como si goteara agua.

A la segunda mañana, un grito se escuchó afuera de su habitación. Jin Ling abrió la puerta de una patada solo para pisar un charco de sangre. Entonces algo cayó al suelo. Echándose hacia atrás, apenas logró evitar que lo golpeara.

¡Era un gato negro!

Alguien, no mucho tiempo atrás, clavó el cadáver de un gato encima de su puerta. Los extraños sonidos que escuchó eran los de la sangre goteando en el suelo.

—Sucedió lo mismo en otras posadas en las que me quedé, así que pasé a la ofensiva. Donde fuera que escuchaba noticias acerca del cadáver de un gato, iba hasta allá para ver si daba con la persona que se estaba metiendo conmigo.

Wei WuXian se giró hacia Lan SiZhui y le preguntó:

—¿Pasó lo mismo con ustedes?

—Sí. —Asintió—. Unos días atrás, estábamos en una cacería nocturna en Lanka. Durante la cena, una noche, de repente sacamos de la sopa la cabeza desollada de un gato… Al principio, no sabíamos que éramos el blanco de alguien, pero esa misma noche, cuando nos cambiamos de posada, encontramos el cadáver de un gato en las sábanas. Sucedió lo mismo durante varios días seguidos, por lo que empezamos a perseguirlo. Así fue como llegamos a Yueyang y nos encontramos con el joven maestro Jin. Cuando descubrimos que íbamos tras el mismo objetivo, decidimos trabajar juntos y solo llegamos a esta zona el día de hoy. Le preguntamos a un cazador en la aldea frente a una tableta de piedra y nos indicó el camino a la ciudad de Yi.

¿Un cazador?, pensó Wei WuXian.

Los chicos debían haber pasado por la aldea frente a la bifurcación del camino después de que Lan WangJi y él pasaran por allí. Sin embargo, no vieron a ningún cazador en ese momento. Solo habían algunas mujeres tímidas que alimentaban a las gallinas, las cuales dijeron que los hombres se encontraban transportando artículos y que no regresarían en mucho tiempo.

Mientras más pensaba Wei WuXian en ello, más solemne se tornaba su expresión.

De acuerdo a la historia, el oponente de los chicos no hizo otra cosa salvo asesinar gatos y deshacerse de los cadáveres. Aunque sonaba y parecía aterrador, en realidad, no resultaron lastimados. De hecho, estos eventos despertaron su curiosidad, tras lo que decidieron llegar a la raíz del asunto.

También, estos discípulos se encontraron en Yueyang. Wei WuXian y Lan WangJi también vinieron a Shudong de Yueyang. Parecía como si alguien estuviera guiando a propósito a los jóvenes confundidos para que se encontraran con ellos dos.

Guiarlos a un lugar peligroso para enfrentarse a la extremidad violenta de un cadáver feroz… ¿No fue esto lo mismo que sucedió en la Aldea Mo?

No conforme con eso, esta no era la parte más complicada del asunto. Lo que Wei WuXian más temía era que… el Amuleto del Tigre Estigio podría estar en la ciudad de Yi en ese preciso momento.

Aunque él no quería aceptar esta posibilidad, era, sin embargo, la explicación más razonable. Después de todo, incluso existió alguien que podía restaurar la mitad faltante del amuleto. A pesar de que los rumores decían que habían lidiado con esa persona, quién sabe dónde estaría el amuleto que había restaurado.

De pronto, Lan SiZhui, quien había estado en cuclillas en el suelo para avivar la llama, levantó la cabeza.

—Sénior Mo, creo que el congee ya está listo.

Aplacando sus pensamientos, paró de revolver. A continuación, agarró un cuenco que Lan SiZhui había lavado y probó una cucharada.

—Está listo. Sírvelo y dale un cuenco a cada persona envenenada.

Sin embargo, tras recibirlo, Lan JingYi solo se había llevado una cucharada a la boca cuando lo escupió.

—¿Qué es esto? ¿Veneno?

—¿Cómo que veneno? ¡Es la cura! Es congee de arroz glutinoso —explicó Wei WuXian.

—Primero que nada, no sé por qué el arroz glutinoso sería la cura, ¡pero nunca he comido un cuenco de congee tan picante! —exclamó Lan JingYi.

El resto de los chicos también habían probado sus raciones y asintieron todos al mismo tiempo, sus ojos llenos de lágrimas. Wei WuXian se acarició la barbilla. Él había crecido en Yunmeng. La gente de allí era bastante tolerante a las especias, pero la inclinación de Wei WuXian por ellas era más que acérrima. Cada vez que ponía pie en la cocina, la comida terminaría tan picante que incluso Jiang Cheng podía solo romper su cuenco y maldecir. Sin embargo, por alguna razón, la situación siempre se escapaba de su control, y acababa añadiendo cucharada tras cucharada de condimento. Parecía que, esta vez, tampoco pudo contener sus manos.

Por curiosidad, Lan SiZhui tomó un cuenco y probó un bocado. Aunque su rostro se enrojeció y sus ojos se llenaron de lágrimas, frunció los labios y se abstuvo de escupirlo.

Este sabor… es tan aterrador que siento como si ya lo hubiese probado a pesar de ser esta la primera vez, pensó para sus adentros.

—Todas las medicinas son venenosas en cierta medida. Las especias te harán sudar y eso hará que te mejores más rápido —le dijo Wei WuXian.

Los sonidos de asco que dejaron escapar los chicos revelaron su desconfianza. No obstante, con expresiones llenas de amargura, se comieron el congee. En cuestión de segundos, sus rostros enrojecieron y sus frentes relucieron con sudor mientras sufrían en agonía.

—No está tan mal, ¿o sí? —No puedo evitar comentar Wei WuXian—. HanGuang-Jun también es de Gusu y él tolera las especias bastante bien. Así que, ¿por qué están ustedes así?

Lan SiZhui contestó con una mano cubriendo su boca:

—No, sénior. HanGuang-Jun come platillos muy suaves. Nunca come especias…

—¿De verdad? —Wei WuXian hizo una pausa.

Él recordaba que en su vida pasada, antes de que traicionara a la secta Yunmeng Jiang, se encontró con Lan WangJi una vez en Yiling. En ese momento, aunque era ampliamente vilipendiado, no llegaba al punto en que todos querían golpearlo. Por lo tanto, desvergonzadamente, invitó a Lan WangJi a que cenara con él para recordar juntos el pasado.

Todos los platillos que Lan WangJi pidió en esa oportunidad estaban a rebosar de pimientos Sichuan, por lo que siempre había pensado que su gusto por las especias era igual al suyo.

Aunque ahora que pensaba en ello, no podía recordar si Lan WangJi había levantado o no los palillos. Por otra parte, incluso  olvidó que había ofrecido pagar la comida, por lo que Lan WangJi terminó pagando por todo al final. Por esta razón, era natural que olvidara un detalle tan pequeño como este.

No sabía por qué pero, de pronto, tenía muchas ganas de ver el rostro de Lan WangJi.

—Sénior… ¡Sénior Mo!

—¿Hmm? —Wei WuXian regresó al momento presente.

—La puerta de la habitación de la anciana… acaba de abrirse —susurró Lan SiZhui.

Por alguna parte había entrado una extraña ráfaga de aire, abriendo ligeramente la puerta de la habitación. La puerta se abrió y se cerró, revelando por un breve momento el vago contorno de una sombra encorvada sentada junto a una mesa en la espantosa oscuridad. Wei WuXian les indicó que no se movieran y entró solo.

La luz tenue de la lámpara aceite y las velas de la habitación central se coló al interior. La anciana se encontraba sentada con la cabeza gacha, como si no se hubiese percatado que alguien había entrado. Un pedazo de tela yacía sobre sus rodillas, tensada con firmeza en un tambor de bordado, dejando en claro la actividad que estaba realizando. Sus dos manos estaban juntas, y con rigidez intentaba pasar un hilo a través de una aguja.

Wei WuXian se sentó a la mesa con ella.

—Señora, ¿por qué no enciende la lámpara si está enhebrando una aguja? Déjeme ayudarla. —Tomó la aguja y el hilo y la enhebró al primer intento. Una vez se le regresó a la mujer, salió de la habitación como si no hubiese pasado nada y cerró la puerta detrás de él—. No es necesario que entren.

—Cuando fuiste, ¿comprobaste si la vieja bruja estaba viva o no? —preguntó Jin Ling.

—No la llames así. Es bastante descortés. La anciana es un cadáver viviente —explicó Wei WuXian.

Los chicos se miraron entre ellos.

—¿Qué es un cadáver viviente? —inquirió Lan SiZhui.

—De pies a cabeza, todo indica que son un cadáver, pero la persona, en realidad, está viva. Eso es lo que es un cadáver viviente.

Jin Ling quedó estupefacto.

—¡¿Dices que sigue viva?!

—¿Viste adentro? —preguntó Wei WuXian?

—Sí.

—¿Qué viste? ¿Qué estaba haciendo?

—Enhebrando una aguja.

—¿Logró hacerlo?

—No…

—Correcto. No es capaz de enhebrar una aguja. Los músculos de la gente muerta están demasiado rígidos como para realizar acciones muy complejas como esa. Las marcas en su rostro no son manchas de edad, sino lividez posterior a la muerte. Y no necesita comer tampoco. Pero puede respirar, lo que hace que esté viva.

—P-Pero, la señora es muy anciana. Muchas mujeres ancianas no tienen buena vista y no pueden enhebrar agujas por sí solas —dijo Lan SiZhui.

—Por lo que la ayudé. Aunque, ¿no notaste algo más? Desde que se abrió la puerta hasta que la cerré, no parpadeó una sola vez.

Los chicos parpadearon varias veces.

—Las personas vivas parpadean para evitar que se nos irriten los ojos. La gente muerta, por otro lado, no necesitan hacerlo. Y, cuando agarré el hilo y la aguja, ¿alguien vio cómo me miró?

—Sus ojos no se movieron… ¡pero su cabeza sí! —exclamó Jin Ling.

—Precisamente. La mayoría de la gente, cuando mira hacia algún lugar, mueve por lo general sus ojos, sin importar cuán leve sea este movimiento. Sin embargo, los ojos de las personas muertas no se mueven, porque no pueden llevar a cabo acciones tan sutiles. En su lugar, solo pueden mover la cabeza y el cuello.

—¿Deberíamos estar tomando apuntes? —preguntó Lan JingYi, atónito.

—Un buen hábito, ¿pero creen que tendrían tiempo de revisar sus apuntes en una cacería nocturna? Grábenlo en sus mentes.

—Los cadáveres ya son bastante extraños. ¡¿Por qué existen cosas como cadáveres vivientes?! —preguntó Jin Ling entre dientes.

—La gente muerta tiene muchas desventajas: músculos rígidos, movimientos lentos y así sucesivamente. No obstante, también tienen algunas ventajas: ausencia de miedo hacia el dolor, incapacidad de pensar, lo fáciles que son de controlar. Alguien pensó que podía subsanar las desventajas de los cadáveres y así crear marionetas perfectas con cadáveres. Así fue como tuvieron origen los cadáveres vivientes.

Aunque los chicos guardaron silencio, una única oración estaba escrita en todos sus rostros: «¡Esa persona debió ser Wei-Wu-Xian!».

¡Pero yo no he hecho tal cosa!, pensó él mientras debatía entre llorar o reír.

¡Aunque de verdad sonaba a algo que él haría!

—Está bien. —Se aclaró la garganta—. Wei WuXian fue quien dio origen a esto. Él, con éxito, creó a Wen Ning, o el General Fantasma. Para ser honesto, siempre he querido preguntar, ¿a quién se le ocurrió este título? Es tan tonto. De cualquier modo, hubo otros que quisieron imitarlo, pero no eran lo suficientemente buenos. Así, usando medios impropios en personas vivas, crearon a los cadáveres vivientes. Una imitación fallida —concluyó.

Al escuchar el nombre de Wei WuXian, el rostro de Jin Ling se petrificó.

—Wei WuXian usó medios impropios —resopló.

—Sip. Entonces, los que crearon a los cadáveres vivientes usaron los medios más impropios de los medios impropios.

—Sénior Mo, ¿qué deberíamos hacer ahora? —preguntó Lan SiZhui.

—Algunos cadáveres vivientes no saben que están muertos. Pienso que esta anciana es uno de esos cadáveres confundidos. No la molestemos por ahora.

De la nada, repiqueteos de una caña de bambú golpeando el suelo se escucharon.

El sonido provenía de una ventana cercana, la cual estaba sellada con listones negros de madera. Todos los discípulos de la habitación central palidecieron. Desde que entraron a la ciudad, este sonido los había acuciado. Ahora, cada vez que lo escuchaban, entraban en pánico.

Wei WuXian les señaló que guardaran silencio, y todos contuvieron el aliento cuando lo vieron acercarse a la ventana y mirar a través de una angosta rendija entre dos listones.

Tan pronto como se acercó, lo único que pude ver fue blancura, lo que le hizo pensar que la niebla afuera era tan espesa que no permitía que se viera más nada. De pronto, sin embargo, la blancura se encogió con rapidez hacia atrás.

Entonces, vio un par de ojos blancos y horrendos, reluciendo en la rendija entre los listones. La blancura no era la niebla, sino un par de ojos sin pupilas.

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