La Tierra está en línea – Capítulo 147: Los suertudos jugadores de reserva

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


—Al principio, los jugadores supervivientes no notaron la existencia de la gente invisible porque estos no se diferenciaban de los jugadores ordinarios. Aparecían de repente, y antes de que alguien pudiera reaccionar, los supervivientes eran asesinados —explicó Chen Shanshan.

Ni siquiera Tang Mo habría imaginado que los invisibles fueran los seis mil millones de humanos que habían desaparecido de la Tierra. Resultaba comprensible que los supervivientes ignoraran ese hecho.

Chen Shanshan continuó:

—El hecho de que esas personas invisibles se autodenominan «retornados» y que tampoco supieran que los dos mundos se están fusionando, demuestra que viven en un lugar exactamente igual a la Tierra.

La niña dibujó dos círculos en el papel y rotuló: «Tierra A» y «Tierra B».

—Antes de la aparición de la tabla de clasificación del tiempo, la gente invisible solo tenía dos tipos de actividades —explicó—. Primero, participar en los juegos de la Torre Negra; segundo, descansar. Cada vez que completan un juego, obtienen un descanso de diez minutos. Pueden optar por no descansar y entrar al siguiente juego, pero pienso que la mayoría elige reponer fuerzas. El lugar donde descansan debe de ser idéntico a la Tierra.

Tang Mo asintió.

—Incluso después de la aparición de la tabla, la gente invisible solo puede moverse entre dos lugares: las instancias de la Torre Negra y ese espacio de descanso.

Ambos cruzaron una mirada y concluyeron al unísono:

—Ese lugar es exactamente igual a la Tierra.

De no ser así, la gente invisible habrían notado los cambios al llegar aquí. Sin embargo, todos las personas invisibles que Tang Mo ha encontrado —desde los más débiles hasta el número 89 del ranking, Li Chaocheng— permanecían ajenos a la verdad: los dos mundos se estaban fusionando, y ellos estaban viniendo a la Tierra.

Tang Mo meditó un momento.

—Por eso la Torre Negra llamó a Mu Huixue «jugador del Distrito 3 de China» y a Dijen Galava «jugador del Distrito 1 del sur de Asia».

Fu Wenduo asintió levemente.

—Dijen Galava suena a nombre indio, lo que sugiere que el Distrito 1 de Asia del Sur es, probablemente, Nueva Delhi. En cuanto al Distrito 3 de China, es muy factible que se trate de Guangzhou o Shenzhen.

Tang Mo siguió el hilo de su razonamiento.

—Uno es un jugador indio, el otro un jugador chino. Está claro que, en el mundo de la gente invisible, la Torre Negra también dividió a los jugadores por regiones. Lo curioso es que esa división geográfica coincide exactamente con la del mundo real. Así que…

—¡¿También viven en la Tierra?! —preguntó Jack, comprendiendo por fin lo que los otros querían decir.

Chen Shanshan negó con la cabeza, aunque luego asintió con indecisión.

—No lo sé. Tal vez no exista una nueva Tierra, y la gente invisible viva junto a nosotros. Por ejemplo… podría haber alguien durmiendo justo a mi lado. Pero como los dos mundos aún no se han fusionado, yo no puedo verlo… ni él a mí. O tal vez la Torre Negra realmente creó otra Tierra, y las personas invisibles están jugando allí, intentando superar el cuarto piso para regresar. —Hizo una breve pausa antes de añadir—: Esa última frase no es mía. Fue la Torre Negra la que les ordenó «volver a la Tierra».

El silencio cayó como un muro entre ellos.

Para los jugadores supervivientes, poco importaba si la gente invisible vivía en una segunda Tierra o si coexistían, invisibles, a su lado. El hecho en sí seguía siendo igual de aterrador.

—Ahora hay dos asuntos importantes —dijo Tang Mo con voz grave—. En primer lugar: Fu Wenduo acaba de superar el tercer piso de la Torre Negra. Su dificultad fue mayor de lo habitual, así que esta le otorgó una recompensa adicional: recomendó a los jugadores supervivientes despejar el cuarto piso lo antes posible. —Tang Mo miró a los presentes y añadió, con énfasis contenido—: En segundo lugar… debemos acabar con ellos uno a uno.

Fu Wenduo tomó la palabra con serenidad:

—Podemos intentar superar el cuarto piso dentro de unos días. Si lo comparamos con la dificultad del tercero, el cuarto no debería ser imposible. Solo debemos mantener la cautela y habrá una oportunidad de completar la instancia.

—¿Qué quieres decir con «acabar con ellos uno a uno»? —preguntó Jack.

Tang Mo no contestó. Su mirada se desvió hacia la chica sentada en la silla.

Chen Shanshan tenía el cabello desordenado, como si llevara días sin preocuparse por su aspecto. Se apartó un mechón de la cara y comenzó a exponer su razonamiento con calma meticulosa:

—Es innegable que algunas personas invisibles ya han descubierto la verdad sobre la fusión de ambos mundos. Los jugadores supervivientes también podrían hacerlo. Pero es aún más innegable que la gran mayoría de la gente invisible lo ignora.

»Creen que los jugadores supervivientes de la Tierra son solo cerdos porque no tienen números en el cuello… y los matan sin pensarlo. —Hizo una pausa, y una tenue chispa de emoción asomó en su voz—. Esa es nuestra oportunidad.

Fu Wensheng, tras escuchar un buen rato, comprendió de inmediato.

—¿Quieres decir… que los mataremos cuando estén desprevenidos?

Las palabras fueron directas, sin malicia, pero el aire en la habitación se tensó al instante.

Pasó un momento antes de que Fu Wensheng bajara la voz:

—Hermano, entiendo lo que quieres decir. Las personas invisibles aparecen solos y no toman precauciones contra nosotros. Si los eliminamos, habrá un enemigo menos cada vez. Así, cuando los dos mundos se fusionen por completo, la situación será más favorable para nosotros. Pero… no existe un odio profundo entre ambas partes.

Los jugadores de la tabla de clasificación del tiempo obtenían recompensas por matar, y los invisibles intentaban acabar con ellos. Sin embargo, los supervivientes de la Tierra no podían participar en ese marcador. Tang Mo había matado a Li Chaocheng y, aun así, no obtuvo el número dorado en su cuello. Entonces, ¿por qué los humanos de ambos bandos debían asesinarse entre sí?

Sería mejor que todos pudieran coexistir en paz.

Fu Wensheng no dijo lo que realmente pensaba, pero la idea le pesó en el corazón: quizás, una vez fusionados los dos mundos, la gente invisible compartiría el mismo entorno que los supervivientes. Ya no habría necesidad de matar para obtener tiempo de descanso. Tal vez entonces… ya no tendrían que luchar.

Fu Wenduo bajó la mirada hacia su primito. El pequeño, confundido, preguntó vacilante:

—Hermano, ¿por qué me miras así?

Fu Wenduo respondió con frialdad implacable:

—Estoy comprobando cómo puedes llevar el apellido Fu.

—¿Eh? —El niño parpadeó, desconcertado. Luego, al entender la insinuación, su rostro palideció: su primo lo estaba llamando estúpido.

Fu Wensheng se sintió agraviado, pero no se atrevió a replicar.

Tang Mo soltó un suspiró y se dispuso a intervenir, pero antes de que pudiera decir algo, la voz serena de Chen Shanshan volvió a resonar:

—Fu Wensheng, tu hipótesis no es imposible… pero la probabilidad es muy baja. Yo diría que no supera el 10 %. —Alzó la mirada, seria—. No viste a Li Chaocheng, el número 89 de la tabla de tiempos. Creía que fingía bien, pero Tang Mo y yo notamos su verdadera hostilidad hacia los cuatrocientos millones de jugadores supervivientes.

Chen Shanshan narró los hechos con calma:

—Quería matar a esos cuatrocientos millones de personas. En otras palabras, la gente invisible que no son cerdos ya no pueden ser juzgados con la mentalidad de una persona ordinaria. Pequeño Sheng, imagina que de pronto te arrojan a un juego de supervivencia sin fin, donde solo tienes diez minutos de descanso. No hay tiempo para comer ni dormir. Vives con los nervios al límite, y tras tres meses así… ¿en qué estado crees que estarías?

Fu Wensheng abrió la boca, pero no emitió sonido alguno.

Sabía que no habría sobrevivido tres meses. Y, si lo hacía, probablemente habría perdido la cordura.

—Ese es un punto —prosiguió Chen Shanshan—. Luego se abrió la tabla de clasificación del tiempo. Si fuera yo, creo que habría enloquecido en el instante en que la Torre Negra anunció ese sistema. Quiero vivir. Quiero comer. Entonces tengo que matar.

Tang Mo la observó en silencio. La chica de cabello corto hablaba con absoluta seriedad, sin una sola mentira en la voz.

Si la llevaran al límite, realmente mataría.

Mataría para seguir con vida. Tal vez no asesinaría a inocentes al azar, pero tampoco dudaría en eliminar a quien la amenazara. Porque lo único que querría sería vivir.

Los tres días posteriores a la apertura de la tabla de clasificación del tiempo debieron ser los más oscuros en el mundo de la gente invisible.

Incluso si no querías matar, otros vendrían a matarte. Algunos vieron crecer de forma vertiginosa el número dorado de sus cuellos; otros murieron el primer día. Llevaban tres meses sin descanso, agotados por los juegos interminables de la Torre Negra. Esta vez, por fin, el descanso era definitivo.

Habían atravesado un infierno y soportado un trato inhumano, todo por una sola razón:

Su mala suerte.

La Torre Negra había dicho que la suerte también era un tipo de fuerza.

No lograron cargar el juego exitosamente, y ese fue el precio.

Tang Mo preguntó de repente:

—Los jugadores supervivientes se dividen en tres tipos: los oficiales, los de reserva y los polizones. ¿A quién creen que odian más los invisibles?

Jack se rascó la cabeza, pensativo.

 —¿A los polizones? —aventuró.

La Torre Negra detestaba a los polizones.

Tang Mo dirigió la mirada hacia Fu Wensheng, que bajó la cabeza sin responder.

Fu Wenduo contestó en voz baja:

—A los jugadores de reserva. —Y añadió—: Después están los jugadores oficiales y, por último, los polizones.

El extranjero parpadeó antes de comprender.

—Sí… es a los de reserva…

Los invisibles los odiaban más que a nadie.

Los polizones habían entrado al juego porque habían matado a alguien; tras la conexión de la Tierra, sufrieron las consecuencias impuestas por la Torre Negra.

Los jugadores oficiales tuvieron suerte: activaron un juego durante aquellos tres días y lograron superar la instancia.

Pero los verdaderamente afortunados fueron los jugadores de la reserva. Constituían la mayoría de los supervivientes, y algunos ni siquiera sabían por qué habían sido elegidos. Simplemente, sobrevivieron.

No tuvieron que participar en los juegos interminables de la Torres Negra.

Tampoco eran odiados por la Torre Negra.

Y con superar el primer piso, ya podían adquirir habilidades.

Quizás algunos invisibles no desearan enfrentarse a los jugadores supervivientes y solo quisieran vivir en paz cuando ambos mundos se fusionaran.

Pero la mayoría sentiría un odio imposible de borrar.

Eran peligrosos, pues su fuerza superaba ampliamente a la de los jugadores supervivientes.

A sus ojos, los jugadores supervivientes no eran más que cerdos.

Y cuando los dos mundos se fusionaran, el conflicto entre ambos bandos sería inevitable.

Jack permaneció pensativo un largo rato, , hasta que por fin murmuró:

—¿No hay manera de…?

Los ojos de Tang Mo se tornaron fríos de repente. Se volvió hacia la ventana, pero fue Fu Wenduo quien reaccionó primero: estaba ya junto al balcón y se lanzó al exterior como un rayo.

El instante siguiente trajo un chasquido agudo: su arma negra chocó con una hoja afilada. Apoyándose con una mano, Fu Wenduo aterrizó en el patio; frente a él, una figura esbelta retrocedió tres pasos antes de recuperar el equilibrio.

El grupo se precipitó al patio al instante. Tang Mo reconoció el rostro que la penumbra apenas dejaba ver y su expresión se oscureció. Apretó la pequeña sombrilla entre los dedos, vigilante, atento a cualquier amenaza que pudiera aparecer en la noche. A su lado, Fu Wensheng palideció y, temblando, sacó una pistola, pegándose a Chen Shanshan: si el enemigo atacaba, iría con ella, pues ambos eran los más débiles.

Los ojos de Jack se abrieron de par en par al ver a la persona.

Chen Shanshan musitó, con la voz cargada de extrañeza:

—¿Lian Yuzheng?

Recortada contra la noche, la mujer de cabello largo era, sin duda, Lian Yuzheng, la cantante más famosa de China.

Su rostro mostraba un leve corte sangrante y los pantalones, rajados, dejaban a la vista un tajo en la rodilla. Su cabello, empapado en barro y salpicaduras de sangre, pendía enmarañado.

Tang Mo sintió que algo no encajaba y desvió con rapidez la mirada hacia el arma negra de Fu Wenduo: esta no tenía ni rastro de sangre. Acto seguido, una premonición extraña se instaló en su pecho.

Fu Wenduo miró con indiferencia a la joven que permanecía no muy lejos. Su semblante era sereno, pero su cuerpo estaba tenso, en alerta constante ante el entorno.

Tras tres segundos de silencio, Fu Wenduo habló con calma:

—Estás sola.

Lian Yuzheng guardó silencio largo rato.

—Sí —respondió al fin.

Tang Mo avanzó, la voz tensa:

—¿Y qué de lo de «solo tres veces»?

—No tiene que ver con eso —contestó ella—. Fue mi decisión buscarlos. El líder no lo sabe. Aunque ahora… quizá ya lo sepa.

La mente de Tang Mo trabajó a toda prisa y la respuesta tomó forma en su corazón. Miró a Fu Wenduo; este, a su vez, le asintió con la cabeza. Chen Shanshan captó que algo no iba bien, pero desconocía la relación entre la organización Tian Xuan y Tang Mo, y no alcanzó a intuir la verdad.

Lian Yuzheng respiró hondo antes de hablar con calma:

—Qi Heng ha muerto. Lo mató un invisible. Esa persona tiene más de tres mil minutos de tiempo de descanso; debería figurar en la tabla de clasificación del tiempo. Ya deberían saber lo que es y entender lo que quiero decir. He venido a pedirles cooperación.

La frase quedó suspendida en la noche. El rostro de Lian Yuzheng estaba inexpresivo, su tono monocorde, pero todos percibieron la hondura de su dolor.

—Quiero matar a los invisibles —declaró.

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