Actor de Reparto Masculino – Capítulo 24 – Arco 3: Fantasía Occidental

Traducido por Shiro

Editado por Ayanami


Aunque Osmund había sanado la mayoría de las heridas que requerían más atención, debido a la gravedad de las mismas, Aurora sigue aturdida y mareada, perdiendo y recobrando el conocimiento.  Ni siquiera pudo reunir la energía para mantenerse despierta por el tiempo suficiente para comer la cena. De repente, justo cuando se está adormeciendo, ligeramente, detecta algo extraño. Después de sobrevivir a situaciones extremadamente peligrosas y luchar en incontables batallas, Aurora había desarrollado una aguda intuición, similar a la de una bestia. Y, este sexto sentido está sonando su alarma, sus vellos se erizan.

Al abrir los ojos, lo primero que hace es mover su mano para agarrar el arma atada a su cintura. Aunque todavía se siente débil, rápidamente, entra en su modo de combate. Obligándose a erguirse, apoyando una rodilla contra en el suelo, dirige su mirada hacia la entrada, preparándose para interceptar a quienquiera que entre a atacarlos.

Pero, después de esperar mucho tiempo, sus alrededores siguen sin cambio alguno, desprovistos de movimiento y sonidos que indiquen alguna actividad, Contrario a lo que sus ojos ven, la sensación inminente de muerte se incrementa. Sólo entonces, Aurora tiene la claridad mental para observar su entorno y evaluar la situación actual.

Fuera del tronco hueco, el cielo purpúreo plomizo, se oscureció más, viéndose más extraño que antes. Las nubes negras convergían en un mismo lugar, creando un rostro demoníaco enorme en las alturas, que observaba las tierras debajo de él. Al otro lado de la entrada, Osmund se encuentra de pie, inmóvil, de espaldas a ella. Su cuerpo está totalmente tenso. No quedaban rastros de su comportamiento, suave y gentil, el cual había sido reemplazado por un aura afilada.

Y Nardred… ¡¿Adónde fue Nardred?!

Alarmada, Aurora se levanta bruscamente. La figura esbelta y familiar élfica no se veía por ningún lado.

— ¿En dónde está Nardred? —Preguntó, llena de ansiedad, después de llegar junto a Osmund.

—Salió… —le responde con serenidad y un toque de misterio, pero Aurora no tiene tiempo, ni paciencia, para descifrar el significado tras estas palabras.

— ¡¿Salió?! ¡¿Y no ha regresado?! —Exclama, mientras pisotea el suelo con frustración —es demasiado peligroso ahí fuera, ¡¿cómo puedes permitir que salga solo?! ¡Tengo que buscarlo!

A pesar de su débil condición física, desenvaina su espada y sale corriendo del tronco hueco. Apretando los labios hasta formar una delgada línea, Osmund la siguió sin decir una palabra.

Tan pronto como obtuvo la información sobre la dirección hacia donde había visto a Nardred, no perdió tiempo en seguir sus pasos, llamando repetidamente el nombre del elfo, mientras se mantenía alerta.

Por supuesto, no obtuvo respuesta. Pero, lo que era realmente preocupante es que los animales peligrosos y las plantas anteriormente agresivas, ahora, se estaban retirando, temblando de miedo. Con todo ser vivo permaneciendo inmóvil debido al miedo, los dos, naturalmente, no se encuentran con problemas. En lugar de que esto calme su ansiedad, los hace sentir más intranquilos. Evidentemente, lo que sea que esté detrás de esta sensación escalofriante y oscura es extremadamente sobrecogedor. Tan intimidante que los seres violentos en las Tierras Oscuras no pueden evitar sentir horror.

Aurora tiene el mal presentimiento de que, mientras más se adentra en esta dirección, más cerca estará del origen de esta peligrosa energía. Si Nardred realmente está en algún lugar por aquí…es probable que un desastre los esté esperando.

Sin embargo, a pesar del miedo, ninguno de los dos aminora sus pasos. Aurora siente, en su corazón, que todos son camaradas. Por lo tanto, incluso si se ven amenazados con la posibilidad de morir, no pueden abandonar a un amigo a su suerte.

—Es la fuente de la oscuridad —dice Osmund a su lado, un rastro de incredulidad en su voz.

— ¿La fuente de la oscuridad? —Repite Aurora frunciendo el ceño, mientras observa al hombre esperando su esclarecimiento.

—Es donde están reunidas todas las emociones negativas del mundo. Un punto único donde nacen los seres más siniestros, sórdidos y salvajes, al igual que…el más poderoso —le explica y añade: —Alguien despertó la fuente de la oscuridad.

— ¡¿Dijiste alguien?! —Los ojos de Aurora se agrandan —no te refieres a Nardred, ¡¿verdad?!

—No lo sé —dice Osmund negando con la cabeza —rezo por que no lo sea.

— ¡Ciertamente, no puede ser! —Afirma con firmeza y aprieta los dientes —Nardred, definitivamente, no haría algo tan peligroso, ¡a menos que no tenga alternativa!

Mirando a Aurora, nota que en el rostro de la joven dama hay ansiedad, preocupación y esperanza. No hay vacilación, duda o miedo. Claramente, confía plenamente en sus dos compañeros, y los trata con la mayor sinceridad.

Ambos callan, y corren tan rápido como pueden hacia donde se encuentra la fuente de la oscuridad.

A medida que la fuerza opresiva se intensifica, para resistir la corrosividad masiva que proviene del poder oscuro, un resplandor puro y sagrado envuelve el cuerpo de Osmund. Debido a que Aurora no posee esas habilidades, sólo puede depender de su magia de viento para proveerse de calidez y así tratar de disipar la niebla que la rodea. Sin embargo, los resultados obtenidos son extremadamente pobres. Gradualmente, manchas negras verdosas aparecen en su rostro, pero ella sigue implacablemente.

Cuando llegan al lugar donde se encuentra la fuente de la oscuridad, eventualmente, encuentran la figura que han estado buscando con todo su corazón y mente.

El elfo, de cabello negro, está de rodillas en el suelo, encorvado sobre sí mismo, mientras gemidos agonizantes escapan de su garganta. Una niebla negra y espesa lo envuelve y, lentamente, se infiltra en su cuerpo. Misteriosas runas negras comienzan a estropear su pálida piel, cada carácter se encuentra saturado de un poder oscuro que induce al miedo instintivo en las personas.

— ¡Nardred! —Grita Aurora, corriendo hacia el elfo. Incluso antes de recorrer, la mitad de la distancia que los separa, una niebla negra la bloquea y repele, haciéndola retroceder.

Incapaz de atravesar la barrera sin armas, levanta su espada y la mueve hacia abajo buscando atravesar el obstáculo en vano. Llamando, repetidamente, el nombre de Nardred, una y otra vez, ora desesperadamente para que él luche contra la oscuridad, o al menos, levante la cabeza y responda de alguna manera.

Contraria a la casi frenética respuesta de Aurora, al ver a Nardred en esta situación, Osmund permanece a un par de pasos de distancia de la barrera negra, calmado y sereno, mientras lo estudia cuidadosamente. Sólo hasta que la heroína ha agotado sus fuerzas, apoyándose en su espada, mientras respira dificultosamente es que finalmente se mueve.

A medida que la oscuridad se vuelve más densa, la luz que envuelve el cuerpo del protagonista aumenta en intensidad. Las dos fuerzas opuestas se encuentran, resistiéndose mutuamente, cada una busca ganar. Su rostro palidece gradualmente, pero sus pasos nunca flaquean. Poco a poco, avanza, disminuyendo la distancia entre él y Nardred.

Aurora detiene sus ataques unilaterales, observando a Osmund con ojos llenos de anticipación y frágil esperanza. Rezando para que tenga éxito en traer de vuelta a Nardred. Siendo el Santo Hijo de la raza Celestial, es el vástago más atesorado de los Dioses. Si hay alguien que puede apartar al elfo de esta impureza, es él.

Sin embargo, las cosas no se desarrollan tan fácilmente como ella quisiera. Justo cuando la mano de Osmund está a punto de tocar el hombro del otro, el elfo la golpea ferozmente.

Retrayéndola, el protagonista da un paso atrás sorprendido, mirando sin hablar cómo Nardred, lentamente, se endereza. Los originalmente brillantes y dorados iris del elfo se tornaron de un rojo oscuro y sanguinario, complementado con un brillo frenético y despiadado en sus ojos. Su doloroso estremecimiento se detiene, permitiéndole ponerse de pie erguido, un aura imponente reemplaza su discreto comportamiento previo.  La leve sonrisa en sus labios se llena de petulancia, haciéndolo ver aún más extraño.

A pesar de lo mucho que detesta admitirlo, en el fondo, sabe que su amigo Nardred se ha ido, y que no regresará nunca.

Su amigo, que parecía ser frío, apático y distante, pero que en realidad era gentil, tímido y solitario. El elfo que se dispuso a aprender con seriedad el arte de la espada junto a ella, quien era diligente, trabajador y atento, se ha ido. Reemplazado por una entidad demoníaca.

—Oh, ¿vinieron ambos? Osmund, Aurora —Nardred finalmente habla. Aunque la voz no ha cambiado, el tono frío hace que la piel se ponga de gallina.

—Nardred…exactamente, ¿qué está pasando aquí? —La voz de Aurora se quiebra y su visión se nubla. El parpadear con la intención de aclararla, resulta en que lágrimas caigan por sus mejillas.

— ¿Hmm? ¿Hablas de esto? —El elfo alza su mano a nivel de sus ojos, lanzando miradas apreciativas a las runas negras que decoran su piel —quería ser fuerte y, finalmente, he alcanzado lo que tanto anhelaba. ¿No deberías felicitarme?

— ¡Nardred! ¡Sabes que esto está mal! —Grita Aurora— ¿Por qué? ¿Por qué tú habrías de…

—Regresa conmigo —Osmund interrumpe las palabras de la joven dama, su tono es suave y firme, mientras observa a Nardred —has sido corrompido por la oscuridad y requieres de purificación

—No me tomes por tonto —Nardred se burla con desdén— ¿Purificarme? ¿No es eso condenarme a morir? ¡Todavía no he vivido mi vida plenamente!

— ¡No morirías! —Insiste Osmund, dando una paso hacia adelante para tomar su brazo —confía en mí, no te dejaré morir. ¡Siempre te acompañaré!

— ¡Como si te creyera! —Se aleja de él, su expresión se endurece —además, ¿qué me sucederá una vez que sea purificado? Aún si no muero, ¡me vería obligado a vivir un infierno! ¡Estoy harto de ser débil y de que todos me humillen!

—Siempre estaré a tu lado. Nadie podrá humillarte nunca más —le promete con un tono lleno de firmeza.

— ¡Yo también! ¡Prometo ayudarte en todo lo que pueda! —Añade Aurora inmediatamente después.

—No necesito a nadie —dice mientras permanece impasible —sólo puedo confiar en mí mismo. Sólo puedo creer en mi propia fuerza

Aparentemente, no dispuesto a gastar su aliento, el elfo gira para irse sus iris azules se contraen y Osmund avanza con la intención de detenerlo. Sin embargo, lo que hace es enfurecerlo.

La bruma negra se condensa en una daga de doble filo que arremete contra el protagonista, cortando una pieza de la larga manga —una vida por una vida. Me salvaste una vez y por esta vez te dejaré ir —ruge, mientras le lanza una mirada asesina —sin embargo, si intentas detenerme de nuevo, ¡no seré indulgente!

Con la mirada fija en Nardred, una expresión de profundo dolor surca el atractivo rostro del Santo Hijo. Después de un momento de tenso silencio, levantó su cetro —tengo que detenerte. No soporto verte caer aún más profundo en la oscuridad.

Una suave risa burlona escapa de los labios del elfo y dice:

—Eres bienvenido a intentarlo. ¡Ya no soy ese débil e impotente Nardred!

Apenas termina de decir esto, se abalanza sobre Osmund como un rayo negro. La hoja afilada choca dos veces contra el cetro. Mientras el elfo recoge su brazo para atacar una tercera vez, Osmund desenvaina una espada de su cetro y hace un ataque horizontal. Cayendo hábilmente medio agachado para esquivar la espada, Nardred contraataca con su mano libre. Todo a su alcance se marchita, excepto por el Santo Hijo, a quien lo envuelve un bucle de luz.

A cierta distancia del enfrentamiento, Aurora se encuentra de pie, pensando en intervenir una y otra vez. Sin embargo, se abstiene de hacerlo, ya que es consciente de que sus habilidades actuales son insuficientes para detener a cualquiera de ellos. Por lo tanto, lo que le queda es sólo preocuparse, temiendo que uno de ellos salga mortalmente herido. Sin importar sus preocupaciones, en un duelo a muerte, siempre habrá un vencedor y un perdedor. A menos, por supuesto, que ambos lados sufran.

Magia oscura arremete agresivamente, buscando mutilar y herir. Sin embargo, la magia de luz sólo busca proteger a su ejecutante y frenar a su enemigo, como si no deseara lastimar a la otra parte. Al final, una hoja negra se hunde en el pecho de Osmund, lo que le impide seguir luchando.

— ¡Osmund! —Exclama Aurora, alzando su espada, corre a su lado, queriendo bloquear la hoja oscura ensangrentada. Es una pena que esté demasiado lejos, sólo es capaz de ver con horror cómo la daga se dirige, infaliblemente, hacia el delgado cuello, deteniéndose apenas entra en contacto con la piel.

Una delgada línea roja resalta contra la blanca piel de Osmund, pero éste no desvía la mirada, en su lugar, clava sus ojos llenos de profundo afecto y emociones ondulantes en el elfo.

Una cortina de cabello negro bloquea el rostro de Nardred. El arma en sus manos no flaquea en lo más mínimo, luciendo ante el mundo como una estatua.

Aurora se detiene en la mitad de su ataque, sin atreverse a respirar, mientras el dolor, la angustia y una pizca de esperanza luchan entre sí por ocupar su corazón.

Nardred no mató a Osmund. Aún conserva sus sentimientos, sin importar cuán pequeños sean.

Bajo la mirada aprensiva de Aurora, Nardred finalmente se mueve. Retrocediendo hacia atrás con rapidez, observando  a Osmund con frialdad dijo:

—Te perdonaré la vida esta vez, pero no la próxima…

El último abre su boca para contestar, pero un ataque de tos le impide hacerlo y su túnica blanca se llena de sangre. Sin deseos de quedarse y escuchar lo que el herido tiene que decir, Nardred gira sobre sus talones y se va.

A toda prisa, Aurora corre hacia Osmund para estabilizar su cuerpo tambaleante, agarrándolo por el brazo para evitar que persiga a Nardred. Luego, levanta la cabeza y grita abruptamente hacia la figura que se retira:

— ¡Nardred! ¡Sé que todavía recuerdas! ¡Sé que aún albergas sentimientos por Osmund! ¡¿Estoy en lo cierto?!

El elfo se detiene por una fracción de segundo, pero no se da la vuelta, un momento después, su silueta se desvanece en la densa niebla, dejando atrás a los amigos que hizo a lo largo de este viaje, quienes se quedaron viendo en dirección adonde éste desapareció, como esperando por un milagro.

Pero el milagro nunca ocurrirá.


Shiro
\'¡Wei Ying, regresa a Gusu conmigo!\'. XD Sé que es un capítulo triste pero el diálogo entre Zhao Xihe y Sui Yuan me recordó esa escena emblemática de The Grandmaster of Demonic Cultivation. Espero hayan disfrutado el capítulo. <3 <3

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