El Fundador del Diabolismo – Capítulo 11: Refinamiento (2)

Traducido por Shiro

Editado por Sharon


La cicatriz acaparó la atención de Wei WuXian por completo, haciéndolo pensar que había visto mal. No podía centrarse en el rostro de la otra persona, y su respiración también fluctuó un poco. De pronto, un destello blanco apareció frente a sus ojos, como si nieve hubiese caído delante de él. Poco después, el resplandor azul de una espada penetró a través de la nieve, lanzando en su dirección una ráfaga de viento ártico.

¿Quién no sabía que esta era la famosa espada de HanGuang-Jun, Bichen?

¡Mierda, es Lan WangJi!

Wei WuXian era bastante adepto a huír mientras esquivaba espadas. Rodando por el suelo, apenas y logró esquivar el ataque. Hasta tiempo tuvo de quitarse una hoja de su cabello mientras salía corriendo del manantial. Corrió como alma que lleva el diablo, topándose con personas que cumplían su deber durante la ronda nocturna, quienes lo agarraron y regañaron.

—¿Por qué estás corriendo? ¡Correr está prohibido en el Descanso en las Nubes!

Al ver que se trataba de Lan JingYi y los otros, estaba extasiado, pensando que finalmente sería perseguido montaña abajo.

—¡No vi! ¡No vi nada! ¡Les aseguro que no estaba espiando a HanGuang-Jun bañarse! —les dijo de inmediato.

Los jóvenes estaban atónitos a causa de su insolencia. Sin importar dónde estuviera, HanGuan-Jun era una alta y sagrada montaña que debía contemplarse con asombro, especialmente entre los discípulos más jóvenes de la secta. ¡Se había acercado al manantial para ver a Hanguang-Jun bañarse! Sólo pensar en ello sería considerado el más grande crimen, para nunca ser perdonado. Lan SiZhui estaba tan asustado que incluso su voz cambió.

—¿Qué? ¿HanGuang-Jun? ¡¿HanGuang-Jun está adentro?!

Lan JingYi lo agarró furioso.

—¡Maldito manga cortada! ¡¿A-A-Acaso es alguien a quien tú puedas espiar?!

Wei WuXian golpeó el hierro cuando aún seguía caliente y confirmó su convicción.

—¡No vi cómo luce HanGuang-Jun sin ropa en absoluto!

Lan JingYi echaba humo de la ira.

—¡Estás diciendo que trescientos taels [1] no están enterrados aquí! [2] Bueno, si no lo hiciste, ¿por qué estás merodeando por aquí? Mírate, ¡no tienes la dignidad de ver a nadie!

—No hables tan alto… El ruido está prohibido en el Descanso en las Nubes —dijo Wei WuXian después de cubrir su rostro con sus manos.

En medio del alboroto, Lan WangJi salió desde atrás de las cortinas de plantas de eupatorio con su cabello suelto, vestido con una túnica blanca. La conversación no había terminado aún, y él ya se encontraba ordenadamente vestido, con Bichen aún desenvainada. Los chicos se apresuraron a saludarlo.

—HanGuang-Jun, Mo XuanYu es terrible. Sólo lo trajiste porque nos asistió en la aldea Mo, y aun así él… él… —Lan JingYi fue el primero en apresurarse a hablar.

Wei WuXian pensó que, esta vez, la situación sobrepasaría su umbral de resistencia y lo echaría de la secta. Sin embargo, Lan WangJi sólo le dirigió una ligera mirada. Después de un momento de silencio, envainó a Bichen con un sonido metálico.

—Se pueden retirar.

Sólo eran tres palabras átonas, pero no daban cabida a una opción alternativa. La multitud se dispersó de inmediato. Lan WangJi agarró a Wei WuXian con calma por el collar de su túnica, y lo arrastró hacia Jl jingshi. En su vida pasada, los dos eran de altura similar, de contextura delgada y altos. Cuando se ponían de pie uno junto al otro, la diferencia era casi imperceptible. Sin embargo, después de despertar en otro cuerpo, Wei WuXian era apenas más bajo. Por lo que, una vez cayó en sus manos, le fue imposible luchar contra él. Wei WuXian se tambaleó e intentó gritar, pero el otro dijo con frialdad:

—Aquellos que hagan ruido serán silenciados.

Amaría que lo echaran de la montaña, pero no quería ser silenciado. Wei WuXian no podía entenderlo en absoluto. ¡¿Desde cuándo la secta Gusu Lan toleraba algo tan desvergonzado como espiar a uno de sus cultivadores más distinguidos mientras se baña?!

Lan WangJi lo llevó hasta el Jingshi, directamente dirigiéndose al cuarto interno, y lo dejó caer sobre la cama con un golpe sordo. No pudiendo levantarse al inicio, tuvo que retorcerse un rato para sentarse derecho. Originalmente quería quejarse de forma coqueta buscando que el otro lo detestara. No obstante, al alzar su cabeza, vio que sostenía a Bichen en una mano, mirándolo de forma autoritaria.

Estaba acostumbrado a verlo con la cinta de la frente, el cabello ordenadamente peinado, y escrupuloso hasta el más mínimo detalle; nunca lo había visto así, con el cabello algo suelto y con prendas de vestir delgadas. Wei WuXian no pudo evitar mirarlo un par de veces más. Tras el esfuerzo de cargarlo y arrojarlo en la cama, el collar de Lan WangJi, el cual estaba cerrado, ahora estaba ligeramente abierto, mostrando sus prominentes clavículas y la profunda cicatriz roja debajo de ellas.

Al verla, la atención de Wei WuXian fue capturada de nuevo.

Cuando aún no se había convertido en el Patriarca de Yiling, él también tenía una cicatriz como ésta.

Y la marca en el cuerpo de Lan WangJi era exactamente igual a la que tenía en su vida pasada. La posición o la forma no eran importantes, por lo que era natural para él reconocerla, cosa que lo sorprendió.

Hablando de ello, aparte de la marca, las treinta y tantas cicatrices del látigo disciplinario en su espalda eran también sorprendentes.

Lan WangJi se había hecho famoso a una edad temprana. Con la alta valoración que le dieron, se convirtió en uno de los cultivadores más reconocidos en el mundo del cultivo, además de ser uno de los dos jades, de quienes la secta Gusu Lan estaba tan orgullosa. Cada una de sus palabras y acciones eran usadas por los ancianos como ejemplos de excelencia para discípulos. ¿Qué clase de error imperdonable cometió para ser castigado de esta forma?

Nada más con ver las cicatrices del látigo disciplinario, el albacea bien pudo haberlo matado. Tan pronto como esta arma impacta con la piel, la marca no desaparecerá durante el resto de la vida del portador, para que lo recuerden por siempre y nunca cometan el mismo error de nuevo.

Siguiendo su mirada, Lan WangJi bajó la vista, tras lo que tiró de su collar para cubrir la marca junto con sus clavículas, transformándose de nuevo en el indiferente HanGuang-Jun. En ese momento, el tañido resonante de la campana se escuchó desde lo lejos.

La secta Gusu Lan tenía reglas estrictas, incluyendo un horario preciso en el que se debía ir a dormir a las nueve de la noche y levantarse a las cinco de la mañana. La campana era un recordatorio.

—Dormirás aquí —le dijo Lan WangJi mientras escuchaba atentamente las campanadas.

Sin darle oportunidad de contestar, se volvió y entró a otra habitación del Jingshi, dejándolo solo, tumbado en la cama y confundido.

Tenía dudas sobre si habría adivinado su identidad, aunque su incertidumbre carecía de sentido y razón. Como el sacrificar el cuerpo era una práctica prohibida, probablemente no había muchas personas que supieran acerca de ello. Los pergaminos que se transmitían a través de las generaciones muy posiblemente eran piezas parciales de la totalidad del proceso, lo cual imposibilitaba que éste alcanzara el máximo potencial. Como todo continuaba de este modo, menos y menos personas creían en ello. Mo XuanYu sólo pudo invocar a Wei WuXian porque estudió un pergamino secreto, donde sea que lo haya encontrado en primer lugar. De cualquier modo, Lan WangJi no pudo haberlo reconocido sólo por las melodías horribles que tocó con la flauta.

En ese momento se preguntó si tuvo una relación sincera con Lan WangJi en su vida pasada. Aunque estudiaron juntos, se lanzaron a aventuras, y hasta pelearon, todas estas experiencias eran como pétalos que caían sobre agua en movimiento: iban y venían.

Lan WangJi era un discípulo de la secta Gusu Lan, lo que significaba que debía ser «íntegro», bastante incompatible con la personalidad de Wei WuXian. Él pensaba que su relación no era exactamente mala, pero tampoco era buena. Lo más probable era que la opinión del otro fuera la misma que la de todos los demás; «excesivamente desenfrenado y no lo suficiente virtuoso, sólo es cuestión de tiempo antes de que ocasione un desastre». Después que Wei WuXian traicionó la secta Yunmeng Jiang y se convirtió en el Patriarca de Yiling, tuvo algunas disputas significativas con la secta Gusu Lan, especialmente durante los meses previos a su muerte. Si Lan WangJi estuviera seguro acerca de su identidad, seguramente ya habrían tenido un enfrentamiento a gran escala.

Sin embargo, no estaba seguro de qué pensar sobre la situación actual. En el pasado, sin importar lo que hiciera, Lan WangJi no toleraba nada, pero ahora, inclusive haciendo uso de todos los métodos que tenía bajo su manga, éste seguía transigiéndolo. ¡¿Debería felicitarle por su progreso?!

Después de permanecer absorto durante un tiempo, Wei WuXian se giró y salió de la cama, desplazándose en silencio a la otra habitación.

Lan WangJi yacía acostado de lado, parecía estar ya dormido. Sin hacer sonido alguno, una sombra se le acercó.

Aún no se rendía, esperaba conseguir de él la ficha de jade para el tránsito. No obstante, apenas extendió la mano, las pestañas de Lan WangJi se agitaron, y abrió los ojos.

Wei WuXian tomó una decisión rápida: se lanzó sobre la cama.

Recordaba que detestaba el contacto físico con otras personas. En el pasado, un solo toque era suficiente para que el delincuente fuera expulsado. Si, incluso después de esto, lo seguía soportando, entonces esta persona no era Lan WangJi. ¡Incluso podría pensar que su cuerpo había sido poseído!

La totalidad del cuerpo de Wei WuXian estaba sobre el otro, arrodillado con las piernas separadas a cada lado de su cintura. Sus manos estaban apoyadas sobre la cama de madera [3], atrapando a Lang WangJi entre sus brazos. Entonces gradualmente comenzó a inclinar su cabeza. La distancia entre las dos caras fue reduciéndose más y más. Cada vez más cerca. Hasta el punto en que se volvió difícil respirar para Wei WuXian. En ese momento, el otro finalmente abrió la boca.

—Bájate —dijo después de unos momentos.

Wei WuXian templó su desfachatez.

—No.

Un par de ojos color claro lo miraron fijamente a una muy corta distancia.

—Bájate —repitió.

—No. Si me permitiste dormir aquí debiste haber sabido que algo como esto ocurriría.

—¿Estás seguro que esto es lo que quieres?

Por alguna razón, Wei WuXian sintió que debía considerar con cuidado su respuesta.

Cuando estaba a punto de curvar sus labios en una sonrisa, sintió cómo su cintura se fue adormeciendo, y sus piernas flaquearon. Con un golpe sordo, cayó encima del cuerpo de Lan WangJi.

Sus labios quedaron congelados en una semicurva. Su cabeza estaba sobre el lado derecho del pecho de Lan WangJi y no podía mover un sólo músculo.

—Entonces quédate así toda la noche —le escuchó decir. Su voz era grave y profunda. Su pecho vibraba ligeramente con cada palabra que pronunciaba.

Wei WuXian no se esperaba terminar así. Se movió, intentando levantarse, pero su cintura seguía doliéndole y se sentía flácida. Sólo podía permanecer pegado al otro en una situación tan incómoda, sintiéndose un poco confundido.

¿Qué diablos le pasó a Lan Zhan en estos últimos años para terminar así? ¡¿Es este el mismo Lan Zhan de antes?! ¡¿No debería ser él quien fue poseído?!

De pronto, cuando sus pensamientos estaban tan desordenados como un huracán, Lan WangJi se movió ligeramente. El ánimo de Wei WuXian mejoró de inmediato, asumiendo que no podía soportarlo más. No obstante, él solo agitó su mano.

Las luces se apagaron.

♦ ♦ ♦

Shiro tiene algo que decir:

Wei Ying: ¡No vi nada! ¡Juro no haber espiado a Lan Zhan bañándose!

Lan Zhan: Mírame.


[1] Un tael es una unidad de peso utilizada tradicionalmente en el Asia Oriental que equivale a unos 40 gramos. Wikipedia.

[2] Trescientos taels no están enterrados aquí: este es un proverbio muy famoso en China. Cuenta la historia de un hombre que enterró su dinero bajo tierra, y colocó un aviso que decía algo así como «trescientos taels no han sido aquí enterrados». Este es un ejemplo de alguien quien evidentemente trata de proteger su inocencia al inventar una muy mala mentira.

[3] Cama de madera: en el pasado —y en casas tradicionales en el presente—, las camas eran duras y de madera.

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