La Legión del Unicornio – Capítulo 1: Bienvenido a la Era de la Realidad

Traducido por Kavaalin

Editado por Nemoné


Dentro de los 100 años, después de que la Legión del Unicornio luchara contra el Dragón de la Muerte, las criaturas mágicas comenzaron a desaparecer lentamente.

Las otras especies inteligentes aparte de los humanos, como elfos, enanos, hombres lobo y hombres bestia, empezaron a abandonar estas tierras  por diversas razones en busca de un nuevo hogar. Los humanos se convirtieron en la única especie en este continente con intelecto superior.

Los historiadores generalmente coinciden en que esto significó el fin de la Era Legendaria.

–Lim Boladier.

<<Registros históricos del continente Ulia>> Pergamino 18.

Suspirando, Ellen bajó su último libro.

Durante el tiempo que había estado en la capital, ya se había leído todos los libros sobre la Era Legendaria. Cada uno de esos textos hacía alguna mención a la Legión del Unicornio, pero ninguno contenía información sólida.

『Todos los miembros de la Legión del Unicornio se sacrificaron para luchar contra el Dragón de la Muerte. 』

Ese parecía ser el acuerdo de los historiadores modernos.

Ni siquiera se preocuparon de conocer sus nombres, pensó el elfo mientras salía rápidamente de la librería.

El bar Los Tres Piratas, ubicado en los barrios bajos, había recuperado su ambiente después de la guerra. Sus suministros eran aceptables, pero los precios se habían elevado por varios cientos. Esto forzó a los mercenarios a aceptar trabajos con grandes recompensas más entusiastamente. También aumentó un poco el ritmo en que creaban cadáveres.

Si los cadáveres no eran los suyos propios, con toda seguridad, los mercenarios vendrían a este bar después de trabajar. Esta tradición ha existido ya por 300 años y probablemente seguiría por mucho más.

Era realmente fácil olvidar el paso del tiempo en esta concurrida atmósfera.

Una mujer que cargaba a un bebé, caminaba con dificultad entre los hombres del bar, ocasionalmente hablando en voz baja con un tono lastimero. Las respuestas que recibía eran o regaños groseros, o bromas vulgares.

Ellen, sentado en un rincón alejado del bar, sostenía una moneda de plata y dudaba en cómo podría dársela. De repente, alguien la tomó de entre sus dedos, llamando al dueño del establecimiento.

—Dos jarras de vino de la Finca del Amanecer.

Ellen giró la cabeza para mirar al asertivo cliente. Este era un miembro perteneciente al grupo al que se había unido en la misión para emboscar a los rebeldes durante la guerra. Todos lo llamaban Caín.

Caín era un sujeto bastante único, no porque su rostro lo hiciera especialmente memorable o algo.

En verdad, su atuendo siempre había sido el mismo que el de hoy; Una armadura pesada de pies a cabeza, e incluso su rostro estaba cubierto.

Era porque, en los meses desde que Ellen lo conocía, incluso a pesar de haber estado juntos en varias misiones, todavía no podía captar completamente lo que esta persona estaba pensando.

Este individuo completamente blindado, era un lobo silencioso y solitario. Casi siempre aceptaba misiones sin compañía.

En las raras ocasiones en que operaron juntos, él siempre se iba inmediatamente después de que la misión se hubiera completado. Incluso la recompensa era recolectada a través de un intermediario. Sin embargo, sus habilidades y sentidos no podían ser ignorados.

Por ejemplo, durante la misión contra los rebeldes, Caín lanzó secretamente varios hechizos de área. El momento fue perfecto, sin que ninguno se diera cuenta. Los demás en el grupo afirmaron que su condición parecía ser excepcionalmente buena hoy. 

Si no fuera por su familiaridad con la magia, y la excepcional visión nocturna de un elfo, Ellen probablemente también lo hubiera pasado por alto.

Un guerrero con talentos mágicos seguramente sería de gran ayuda para cualquier equipo, sin embargo, él elegía esconderlo. Ellen no era alguien a quien le gustara indagar en el pasado de otra persona, por lo que eligió guardar silencio. No obstante, no puede evitar prestarle especial atención a esta persona desde entonces.

Si tan sólo no fuera tan asocial, sería una buena elección para los empleadores…

Pero asocial parecía ser un término demasiado leve, extremadamente retraído era una descripción más precisa. Nunca se le vio saludando a nadie. Que asintiera a cambio de un saludo ya era un gesto muy amistoso.

La mayoría de las veces, hablar con él era similar a hablar con una pared. Puede que fuera porque las circunstancias de su reunión eran un poco diferentes, o porque Ellen era una de las pocas personas de entre los mercenarios que intentó mantener una relación de amistad con él.

Caín mantenía una actitud reaciamente amistosa hacia él, pero hoy era el primer día en que interactuaban tanto entre ellos.

El dueño del bar miró la moneda de plata con sospecha. La colocó en su boca para morderla y la observó por largo rato, antes de finalmente dirigirse al mostrador y volver un momento después, para colocar dos jarras en la mesa y decir con una voz ronca:

—No hay suficiente en la bodega.

Las jarras sólo estaban llenas con vino hasta un poco más de la mitad, ciertamente no era suficiente como para valer media moneda de plata. Pero parecía que Caín no era el tipo de persona que haría un alboroto, así que recibió las jarras sin pronunciar palabra.

Ellen esperó a que se sacara su yelmo [1], pero este simplemente levantó el visor y se inclinó hacia un lado, vaciando la bebida adentro. No es como si el elfo no tuviera curiosidad, simplemente no quería ser entrometido.

Y así, en el concurrido bar, sólo esta esquina parecía estar en silencio. No fue hasta que el guerrero bajó su jarra y reacomodó su visor, que Ellen acercó su propia jarra a él y dijo gentilmente:

—Puedes decirme, ¿por qué no debería darle caridad a esa mujer?

Caín rió sarcásticamente dentro del yelmo en tono bajo.

—El niño que está cargando es comprado. Puede que una monja del Gran Templo tuviera un niño y, a pesar de que no podría anunciarse como un milagro, aún podría cambiarse por unas pocas monedas.

—Pero, eso es…

—Sólo hasta que ese niño cumpla seis o siete años, ya no podrá ganarse la simpatía de nadie. Entonces será vendido al burdel La Sirena que se encuentra ubicado en la próxima cuadra. Después de eso, ella podrá comprar otro.

El elfo lo miró conmocionado, esperando que todo fuera una broma, pero lógicamente podía entender que Caín estaba diciendo la verdad.

Como si pensara que la reacción de Ellen era un poco exagerada, Caín se paró y le palmeó el hombro.

—A veces me pregunto de dónde vienes, ¿de hace trescientos años, durante la Era Legendaria? De todas formas, bienvenido a la Era de la Realidad.

—En la Era de la Realidad —Cuando Caín acercó su jarra, Ellen le preguntó sin siquiera mirarlo—. ¿Tienes que ser tan cuidadoso al ser un Paladín?

El brazo blindado se congeló por un momento.

—Es porque en la Era de la Realidad, la gente tiene más fe en esto que en los dioses.

No negó su sospecha, y el sonido de la armadura se fue haciendo gradualmente distante.

Ellen miró al objeto que Caín había colocado en la mesa, una moneda de plata. Dudó por un momento, acercó su mano hacia su jarra con vino, la tomó y la bebió toda.

En el pasado, sus amigos le decían frecuentemente que era demasiado rígido y disciplinado, ni siquiera bebía vino, algo que era inofensivo y disfrutable. Ahora que lo había probado, se sentía decepcionado.

Tal vez debería haberlo probado hace trescientos años. El vino de entonces probablemente hubiera sabido tan dulce como ellos afirmaban, al menos, no sabría de la forma en que lo hacía ahora, con una amargura que quemaba hasta en esos vacíos espacios de su corazón.

Para su tercera jarra, el elfo se sintió como si estuviera esperando. Quizás en algún momento, alguien abriría la puerta mientras reía ruidosamente y llamaría su nombre, quejándose de lo difícil que había sido tratar con el viejo gigante del que se habían encargado hoy.

Pero, incluso hasta que el bar cerró, aquellos por los que esperaba nunca llegaron.

Porque fueran los gigantes o ellos, ninguno se encontraba ya en este mundo.


Aclaración:

[1] El yelmo es la parte de la armadura que protege la cabeza.

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